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PALABRAS TRANSITORIAS

Una publicación de Grupo Salieris

  Octubre- AÑO 2 -Nº 24

ÍNDICE

Editorial

Fin de ciclo. por Alejandro Morea

 

Caleidoscopio

Palabras. por Magdalena Salomon

 

La conversación

“Hay que trabajar con el mundo que tenemos”. Entrevista con el Padre Hugo Segovia. por Alejo Reclusa

 

Paravalancha

La historigrafía obrera al desnudo. por Agustín Nieto

 

Desde la metrópoli

La conquista del desierto. por Alfredo Ves Losada

 

Subwoofer

Un trío suburbano…. por Joaquín Marcos

 

8mm

Aquello que ahora llamamos bullying. por Benjamín Rodriguez

 

Albergue transitorio

Si sé mucho no sé nada, ya mañana se verá. por Lucia Onírica Martín

 

Caja Boluda

Cuéntame cómo pasó…que nos convertimos en esto. por María Laura Mazzoni

La Novena Musa

Notas desde el año 85 después de H.P.. por David Fernández Vinitzky

 

Nota al Pie

Cortitas al pié. por Agustín Barovero

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PALABRAS TRANSITORIAS

Una publicación de Grupo Salieris

  Septiembre- AÑO 2 -Nº 23

ÍNDICE

La conversación

“La economía es economía política”. Entrevista a Alfredo Zaiat. por Alejandro Morea

 

Paravalancha

La muerte en el capitalismo. por  Agustina Vacaroni

Desde la metrópoli

Conectando con Corea desde tierras australianas. por Vanesa Rodaro

 

Subwoofer

Después el agua…. por Nicolás Leguizamón

 

8mm

Eloy De la Iglesia y el cine kinki. por Juan José Cassanelli

 

 Albergue transitorio

Enjoy the silence. por Lucia Onírica Martín

 

Caja Boluda

Between Friends. por Juan Gerardi

PALABRAS TRANSITORIAS

Una publicación de Grupo Salieris

  Agosto- AÑO 2 -Nº 22

ÍNDICE

Caleidoscopio

La conversación

“Un político trabaja por intuición, no porque leyó un texto”. Entrevista con Emilio de Ípola. por Fernando M. Suárez

 

Paravalancha

Centrales obreras, gremialismo y política. por  Gustavo Nicolás Contreras

 

Desde la metrópoli

Postales de Andalucía. por María Laura Mazzoni

 

Subwoofer

José Alberto Iglesias. por Joaquín Marcos

 

8mm

Elefante blanco…Una opinión más de uno de los de “afuera”. por Juan José Cassanelli

 

Nota al pie

Cuerpos, registros y ley. por Tomás Villegas

 

Albergue transitorio

El amor en tiempos del Facebook. por Natalia Arce

 

Caja Boluda

El fervor del 5to año. por Juan Gerardi

PALABRAS TRANSITORIAS

Una publicación de Grupo Salieris

  Julio- AÑO 2 -Nº 21

ÍNDICE

Caleidoscopio

La nariz en la alcantarilla. por Florencia Ciancio y Magdalena Salomon

La conversación

“Lo que estamos produciendo es gimnasia de análisis” Entrevista con Darío Barriera. por María Laura Mazzoni y Pedro Berardi

 

Paravalancha

Inflación o inflamación (o Los riegos de confundir gordura con hinchazón). por  Marcos Giménez

 

Desde la metrópoli

Leyendas urbanas y política en un cementerio porteño. por Joaquín Marcos

 

Subwoofer

Piazzolla: Pulsaciones de vida. por Juan Castagnari

 

8mm

Las batallas del pueblo: el documental chileno como expresión social y política. por María Noelia Ibañez

 

Nota al pie

¿Es o se hace?. por Martín Kohan

 

Albergue transitorio

El ángel caído. por Martín Córdoba

 

Caja Boluda

Esa serie que no vamos a volver a ver…. por Benjamín M. Rodríguez

Fin de Ciclo

A mediados de octubre del 2011 me encontraba enfrente de la computadora tratando de ordenar mis ideas para la editorial que iba a encabezar el Nº 12 de Palabras Transitorias. Hoy, un año después, otra vez estoy intentando darle forma a lo que se supone que debería resumir lo hecho en este último año.

Debo ser sincero, sin saber bien que iba a decir, ya había elegido el título que encabezaría esta nota. Maneje otras opciones, es cierto. No fue lo único que se me ocurrió. Pensé en Fin de fiesta, la canción que cierra el álbum en vivo de Kevin Johansen e inclusive en Fin de la Revolución, principio al orden, vicio de (aspirante) a historiador. Sin embargo creo que mi opción es la adecuada y voy a tratar de explicarlo.

El año pasado, a la vez que intenté explicar un poco los orígenes del Grupo Salieris y su recorrido, sobre todo para aquellos que no nos conocían, intenté dar cuenta de las formas que había adoptado la revista en los once meses previos, sus secciones, hacia donde habían discurrido y demás pormenores de nuestro pequeño emprendimiento. Este año me toca una tarea diferente porque Palabras Transitorias y el colectivo que está detrás se encuentran en un lugar distinto.

Como toda iniciativa o propuesta de estas características, nos tuvimos que enfrentar al desafío de tener que consolidar el proyecto iniciado hace ya dos años. Superado el envión inicial y las ganas que todo lo pueden, debimos esforzarnos más que nunca para seguir construyendo y publicando una revista que disfrutáramos leer, para evitar las mesetas, e inclusive los precipicios. Y aunque en esta etapa de consolidación tuvimos altas y bajas, creemos que hemos salido bastante airosos. En este punto me gustaría detenerme y explicar las razones. Para enfrentar este difícil momento resultó fundamental el ida y vuelta con los lectores. Hace rato que tengo la sensación de que Palabras Transitorias ya no me pertenece, a ninguno de los integrantes del Grupo Salieris en realidad. Podría recurrir a las estadísticas para asegurar lo que voy a decir pero creo que no gano nada. Tengo la seguridad que en este año hemos publicado más notas de amigos y colaboradores que propias. Esto no es un problema, todo lo contrario. De algún modo, lo que nos habíamos propuesto al transformar el blog en revista se logró: ser lo suficientemente abiertos, tolerantes e interesantes para que muchas otras personas se sumen a escribir, a participar de la revista. Algunos de ellos lo han hecho más de una vez y se nota que no solo han sabido leer “de qué iba la revista” y cada una de sus secciones, sino que también supieron darle su propia impronta. Fueron apropiándose de Palabras Transitorias y han dejado su huella. No hay dudas que esta inyección de aire fresco fue fundamental para llegar a este segundo aniversario y por eso les damos las gracias. Ha sido muy reconfortante sentirnos acompañados y que nos hayan elegido para manifestar sus opiniones, contarnos aquello que estaban con ganas de decir. Igualmente imagino que todavía se deben estar preguntando que tiene que ver el título con todo lo relatado.

A mi entender, lo dicho alcanzaría para plantear, que al cumplirse dos años de la publicación del primer número, es posible hablar del cierre de una etapa en Palabras Transitorias. Sin embargo tengo que ir más allá. El desarrollo y crecimiento de la revista se ha dado en simultáneo al de los integrantes del Grupo Salieris. Aquel grupo de estudiantes de la Facultad de Humanidades, que comenzó organizando ciclos de cine en la biblioteca de nuestra Universidad, hoy se encuentra desparramado en toda Mar del Plata y con una importante sucursal en Buenos Aires. Estamos más grandes y con nuevos compromisos. Las tareas y los importantes desafíos que cada uno de nosotros ha decidido enfrentar en este último tiempo nos están dificultando continuar con la revista, al menos en el formato actual. Por eso, al cumplirse dos años de nuestro primer número, les tenemos que comunicar que por un tiempo, dejaremos de publicar Palabras Transitorias.

Para los que formamos el Grupo Salieris la experiencia de llevar adelante esta revista ha sido algo espectacular, que nos presentó múltiples desafíos y de la cual hemos aprendido mucho. No solo nos enriquecimos intelectual y culturalmente con esta experiencia, sino sobre todo como personas y no tengo dudas en que sabremos capitalizar lo hecho hasta acá. Esto no es un adiós, es más bien un hasta luego, aunque todavía sin fecha concreta de regreso o formato específico: ¿Radio? ¿Papel? ¿Televisión? Todo puede suceder. En nuestro interior somos concientes que este no es el final, sólo un breve descanso para recuperar fuerzas, repensar situaciones y volver con más fuerza. Creo que no me equivoqué con el título. Fin de Ciclo. Bienvenidos al número 24 de Palabras Transitorias. Hasta la próxima.

Alejandro Morea- Director

Esta es una historia de violencia, de violencia escolar, de aquello que ahora se llama bullying y que no es otra cosa que el hostigamiento y la violencia entre estudiantes. El contexto, sin embargo, es otro. La historia de Evil (Solo contra sí mismo) transcurre en Suecia a mediados del siglo XX (las alusiones a Elvis y Charly Parker así lo sugieren); un país monárquico en tránsito a la socialdemocracia por ese entonces.

El protagonista es Erik Ponti, un estudiante violento que es expulsado de todo el sistema público sueco y que tiene que terminar sus estudios, cumpliendo el deseo de su madre. Su casa también es un ambiente violento. Su padrastro lo golpea a cinturonazos y su madre para evadirse toca el piano. Ella es quien decide, entonces, enviarlo al internado Stjärnsberg, reducto educativo de los nobles y ricos suecos, donde Erik como última oportunidad deberá terminar sus estudios.

Stjärnsberg no es una escuela común: es de elite, pero donde la disciplina es sostenida por los propios estudiantes. Es todo el ejemplo de un orden social que en nada se condice con el que el sistema público intenta abarcar por ese entonces. Las escenas del comedor son ilustrativas del clima reinante en la escuela. En las mesas se ubican los estudiantes según el título nobiliario de sus padres, luego por su riqueza en orden decreciente. La disciplina es ejercida brutalmente por los miembros del consejo estudiantil, a través de una serie de castigos brutales, como el golpe de la vinagrera, el golpe del cuchillo, el rincón del burro, el ring: castigos que tienen un orden establecido y una consecución específica.

Como decíamos, la escuela es un reducto de los nobles, que ven con malos ojos la iniciativa socialdemócrata que se está llevando a cabo. De hecho, abundan las especificaciones al respecto. El presidente del Consejo Estudiantil, Otto Silverhielm, se refiere al profesor Berg, entrenador de deportes, como “no es tan malo pero dicen que es socialdemócrata”. Párrafo aparte merece el profesor de Historia: un nazi acérrimo que cree que las diferencias físicas devienen de tipos raciales como “germánico” y “sureño”.

Este orden social empieza a tambalear con la llegada de Erik. Advertido por su compañero de habitación y luego su más fiel amigo, Pierre Tanguy, de que debe hacer lo que le dicen y evitar destacarse, Erik trata de terminar sus estudios en la escuela pero resistiéndose a los castigos, tratando de no sacar la violencia que ya ha manifestado en otras instituciones. Éste es el camino del protagonista, y es por ello que está “sólo contra sí mismo” (tal su título en castellano). Encontrará, sin embargo, apoyos para su cometido. Al de Pierre, se le sumará pronto el de Marja, miembro del personal de servicio escolar que pronto comenzará un romance con Erik, lo que está terminantemente prohibido en el orden stjärnsbergiano.

La persecución contra Erik se incrementa, dada su capacidad de soportar tal cantidad de atropellos. Pronto, la estrategia se dirige a sus amigos de la escuela, por traslación, como forma de dañarlo a él y obligarlo a reaccionar. La violencia se encuentra legitimada en el ring, único momento donde puede defenderse, pero en inferioridad numérica. Allí, su experiencia en  muchas peleas previas en otras escuelas da como resultado la derrota de sus dos contendientes. Sin embargo, las vejaciones y tormentos no cesan.

Erik es inteligente, quiere ser abogado y es el mejor nadador de la escuela. Encontrará finalmente la manera de librarse de Silverhielm, el presidente del consejo y antagonista principal del film, acabando tras la humillación de éste con el acoso, persecución y violencia de los estudiantes, en una escuela que parece que pronto no será la misma.

Ondskan (título original) significa “malvado”. Así es estigmatizado el protagonista hasta que llega a Stjärnsberg. Es allí, donde verdaderamente existen malvados -que no son otros que los cultores de un orden social que empieza a modificarse-, que aprenderá a doblegar y controlar esa maldad, a cuenta gotas, para finalmente acabar con ella.

El film, estrenado en 2003, está basado en la novela de Jan Guillou y fue nominado al Oscar como mejor película de habla no inglesa. Dirigido por Mikael Häfstrom y protagonizado por Andreas Wilson, la cinta nos sumerge lentamente en una historia atrayente y que, si bien sabemos que el protagonista la superará, desconocemos el momento y la forma que tendrá la solución encontrada por Erik.

Evil es una película que, a pesar de estar situada en contextos muy diferentes, sirve para analizar y pensar la educación y la violencia, temas de gran actualidad en el último tiempo. Se inserta en un conjunto de films de reciente aparición (digamos dentro de los últimos diez años) preocupados por estas temáticas, como La ola (2008) y Entre los muros (2008) a los que podríamos sumar Elephant (2003, de Gus Van Sant, sobre la masacre de Columbine) conformando una filmografía arbitraria pero en gran medida interesante para visitar estos lugares. La puerta está abierta…

Benjamín M. Rodríguez –De la Redacción

Este octubre se cumplen 50 años del comienzo del Concilio Vaticano II, hito fundamental en las transformaciones del catolicismo moderno. Para recordarlo, conversamos con el Padre Hugo Segovia, persistente renovador, ciudadano ilustre y una figura importantísima de la cultura marplatense.

El Concilio Vaticano II fue una transformación de la Iglesia católica, un acercamiento al mundo moderno en la liturgia, en la pastoral, ¿cómo fue que sucedió esto?

El Concilio lo hizo el centro de Europa, es una típica elaboración de la teología centroeuropea. Francia, Alemania, Holanda, Bélgica. En el caso de la reforma litúrgica, había obispos que iban a las parroquias y se encontraban con que la misa era en francés. Y le decían: bueno Monseñor, si Ud. no quiere, no de misa. Y había que aguantársela. Esos fueron los pioneros, los que se jugaron. Tampoco gente “loca”. No, ellos tenían sentido de lo que era la participación de la gente. Si yo oro, ¿como lo voy a hacer en una lengua que no se comprende? Lo otro era una cuestión de Cristiandad, porque para los que se oponían a estas cosas la Iglesia estaba asegurada por la lengua, el latín. Argumentos parecidos a  los que ahora piensan que el matrimonio igualitario va a destruirlo todo. La unidad de la Iglesia no la hace el latín, sino el Espíritu Santo. Bueno, incluso he visto ahora algunos grupos acá en Mar del Plata que hacen la misa en latín. Les he dicho: van a tener que hacer un curso previo de latín para entender la misa (risas). Eso es arcaísmo.

¿Cuál fue el eje del Concilio?

El gran tema era el aggiornamiento, la adaptación de la Iglesia. Y ahí entramos en otro aspecto que es cómo se “encultura” el Evangelio, para evangelizar la cultura. Y ahí ves cómo han fracasado las misiones en Asia, por ejemplo, donde sólo han llevado los mismos templos que están en Europa. Bueno, la intención jesuita de unificar los ritos chinos con los católicos fue frenada por Roma en la época de la Reforma [siglos XVI y XVII. N del E.]. Hay una carta del Emperador chino a Roma que decía que si le mandaban 100 misioneros jesuitas más, China se convertía al catolicismo. Hoy es una religión minoritaria. Pensemos que, por esa época, Lutero no quiso separarse de la Iglesia, pero le mandaron a negociar a un dominico… lo más tradicional.

Sabemos que hubo muchas resistencias a las reformas de la Iglesia…

Hay gente que me ha dicho “yo a la misa no vengo a hacer sociales”. ¡Precisamente! Sí se viene a eso. Ahí está la unidad de todos nosotros, en sentido teológico y sociológico. Por eso el compromiso viene de una participación litúrgica que tenga que ver “con” la historia. La misma predicación tiene que aterrizar en la historia: no de lo que “pasó en aquel tiempo” sino de cómo esto sigue pasando ahora. Ese problema fue conflictivo en la época del Concilio. Los curas que predicaban lo social. Hay una anécdota española de dos mujeres que salen de misa y una le dice a la otra “viste estos curas de ahora que se la pasan hablando de los pobres y la justicia, y nosotras no existimos” y la otra le responde “no te preocupes que al Cielo vamos a ir las de siempre”.

Los dos primeros obispos de Mar del Plata fueron grandes renovadores, ¿no?

El primer obispo de Mar del Plata, Monseñor Rau era un gran teólogo, profesor de Teología durante 25 años. Vos fíjate que habiendo estudiado acá en Argentina, él era conocedor del alemán y había traducido a los grandes teólogos contemporáneos. Él tuvo el gran mérito de ser un difusor, con un lenguaje muy sólido y expresivo. Te cuento una anécdota. Yo estaba estudiando en Roma y él fue para allá por el Concilio Vaticano. Mis compañeros chilenos, peruanos, mexicanos me decían que nunca habían escuchado a alguien tan claro. Fijate que después Rau condena la ordenación de Argentina a la Virgen María por Onganía, diciendo que eso no es algo que deba hacer un país. Una opinión importantísima. Él era un tipo indiscutido. Pero antes del Concilio, después ya no. Fijate que Monseñor Tato recorría las diócesis del país juntando votos para que a Rau no lo designaran en la comisión nacional de liturgia, ¡y hay algunos que se ofenden cuando pasa eso en el Congreso! (risas)

Mar del Plata tuvo dos figuras brillantes, Rau y Pironio, en una época convulsiva para la Iglesia. Era el año 72, Pironio estaba en Bogotá como secretario del Celam [Comisión Episcopal latinoamericana, Nota del Ed.], y Monseñor Plaza lo llamó y le dijo “vas a ser obispo de Mar del Plata, es hora de que construyas después de todo lo que has destruido”. Pironio era uno de los teólogos “liberacionistas”. Aunque más espiritual que social, tenía contacto con la Teología de la Liberación. La fama de Pironio había comenzado con el Concilio latinoamericano de Medellín, ahí lo conoce Paulo VI, que tenía una gran captación de figuras.  En esa época, Monseñor Tortolo, presidente de la Conferencia Episcopal, decía que el Celam era “una mafia”. Pero creo que habría que hacer una historia crítica de ellos, ver cómo se fueron dando estas posiciones. Porque Plaza tuvo cosas importantes, fue el único obispo que se atrevió a hablar del cadáver de Eva Perón en el año 58 y tuvo bombas por eso. Es un personaje muy complejo.

Hace unos días leía un libro de Le Monde Diplomatique sobre el obispo Romero y descubrí  que había una relación íntima entre Romero y Eduardo Pironio. ¡Qué bárbaro, qué maravilla, lo que Pironio ayudó a Romero! Y lo que muestra es las muchas miserias de la Iglesia, las acusaciones de los colegas contra Romero.

¿Cómo ve a la Iglesia actualmente?

Están aislados. No ven que hay que trabajar con el mundo que tenemos.

Alejo Reclusa- De la redacción

El origen de Manal esta íntimamente relacionado con el surgimiento del rock local, allá por fines de los sesentas. Las bandas que florecieron por entonces llevaban consigo el polen de la noche porteña; los antros donde la “nueva” música se creaba y compartía; y los cafés literarios donde caían desplomados a discutir sobre obras propias o ajenas y a componer hasta que el sol naciera nuevamente.

El trío que lideró Javier Martínez está conectado con este mundillo…

En 1968, las ideas que venía acumulando desde aquellas noches en la Perla del Once, empezaron a tomar color con Alejandro Medina en bajo y Claudio Gabis en guitarra, pudiendo plasmarse en un primer simple que incluía Que pena me das y Para ser un hombre más. Dos bestialidades que demuestran el intrincado reflexionar de Javier y la potencia que este trío demostrará a diario en los recitales de La Cueva y –más formalmente- en el Teatro Apolo.

***

Al año siguiente No Pibe y Necesito un amor, permitirán al grupo despegar de los subsuelos porteños, y romperla (literalmente) en el multitudinario Festival Pinap: trampolín para grabar su primer LP homónimo.

En palabras de Gabis, «Fue el día más glorioso de mi vida artística. A Javier se le rompió la batería, a Alejandro se le rompió el bajo, a mí se me rompió no se qué, pero seguimos tocando y la gente deliraba. Terminamos los tres cantando en un micrófono: Alejandro con la guitarra, Javier con los palillos y yo con la armónica y la gente delirando. Manal se consagró ese día, se hizo un grupo grande. Ese día entró a la historia» 

Con este disco Manal se asentará como “La” banda blusera local. Las barriadas, las calles emblemas del porteñismo, los trenes, el obelisco y el bajo industrial de Avellaneda Blues o Avenida Rivadavia, se entremezclan con la dureza existencial y la introspección de Informe de un día o Una casa con diez pinos.

El sur porteño toma forma, como los viejos tangos de los años ‘30. Y un nuevo público –seguidores de jazz especialmente- se acerca a los recitales.

La voz de Martínez se desgranaba por el pucho y la ginebra, pero brindaba el tono idea para el perfil blusero que buscaban. Oscura, así es la música que ofrecen. Pero las letras iluminan con tenues grises el mundo del que reniega esta generación.

***

Vía muerta, calle con asfalto siempre destrozado.
Tren de carga, el humo y el hollín están por todos lados.
Hoy llovió y todavía está nublado.

Sur y aceite, barriles en el barro, galpón abandonado.
Charco sucio, el agua va pudriendo un zapato olvidado.
Un camión interrumpe el triste descampado.

Luz que muere, la fábrica parece un duende de hormigón
y la grúa, su lágrima de carga inclina sobre el dock.
Un amigo duerme cerca de un barco español.

Amanece, la avenida desierta pronto se agitará.
Y los obreros, fumando impacientes, a su trabajo van.
Sur, un trozo de este siglo, barrio industrial.

Avellaneda Blues – Gabis-Martínez

***

El boom de esas juventudes ansiosas de un mundo nuevo y la ebullición cultural que impulsaron, fueron el humus de éste y otros grupos que no le esquivaron a la reflexión filosófica, la literatura y los estupefacientes, para componer las mejores canciones “fundacionales” de ese género que comenzaba a germinar. La novedad radica en la capacidad que tuvo Manal de producir una música autentica y genuinamente rockera, cercana al camino marcado por los sureños afroamericanos.

Manal en si misma era la novedad. Es sinónimo de La Cueva, uno de los primeros antros rockeros de Buenos Aires; de Mandioca, el primer sello discográfico creado exclusivamente para impulsar al rock nacional; y por sobre todas las cosas, de la novedosa incorporación del Blues en el naciente rock cantado en castellano…

 Joaquín Marcos – De la redacción

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