Lunes 18 de octubre, son las 14:05, nos encontramos en Italia y Libertad, y nos dirigimos a la casa de la Dra. Valentina Ayrolo, investigadora del Conicet y docente del Área Argentina del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades de la UNMDP. Vamos a consultarla acerca del Bicentenario y sobre la historiografía del siglo XIX. La tarde está muy agradable y aprovechamos para conversar en el jardín, mientras disfrutamos del café que nos sirvió nuestra entrevistada-anfitriona de hoy, comenzamos a preguntar:

¿Cuál es el estado del conocimiento sobre el Bicentenario?

Respecto de lo que significa el Bicentenario como fecha de ruptura o simbólica de un proceso que se inicia antes y que tendrá coletazos después, hay un libro que es una referencia obligada y que ha envejecido muy poco: “Revolución y Guerra”. Desde el momento que Halperin Donghi escribió “Revolución y Guerra”, la historiografía se ha desarrollado mucho y ha podido re trabajar algunas ideas, redimensionar otras y completar algunas que sólo habían sido esbozadas por él. Sin ir más lejos, la importancia de las invasiones inglesas para el proceso revolucionario, que es una de las ideas fuertes del libro, se ha ido profundizando y hoy en día existen tesis doctorales, artículos, que han recuperado distintas dimensiones del proceso de militarización rioplatense; así se ha tomado nota de la importancia que tuvo para las guerras de independencia posteriores, pero también como forma de participación de la plebe como ha señalado Di Meglio, pero a su vez para las luchas facciosas intra-elite, para definir los espacios y lugares que cada uno va a ocupar.

Pero esa militarización también es importante porque aunque parezca contradictorio, le va a dar una cierta estabilidad, a mi juicio, al aparato burocrático que se está montando. El tener la posibilidad de movilizar gente implica también una capacidad de control sobre aquellos que se movilizan así como también de imponer la autoridad sobre espacios geográficos más grandes. Lo que hace la Junta con respecto a Córdoba es una demostración de fuerza física pero también política del sector que comanda la Revolución. La militarización es uno de los temas que Halperín presenta y que ha tenido un gran desarrollo.

Otro de los temas es todo lo que tiene que ver con las ideas políticas, con la representación, la legitimidad de la soberanía. Hay muchos historiadores que han retomado esos temas  y que han complejizado su estudio ya que los han trabajado hacia delante y hacia atrás del proceso revolucionario.

Después, lo que ha habido, es un gran crecimiento de las llamadas historias regionales. Se han tomado las hipótesis halperindonguianas pero también otras. Pensaba en todo lo que tiene que ver con la sociabilidad política como lo ha trabajado Eugenia Molina para la región de Cuyo. Esto tiene que ver también con el tipo de festejos, celebraciones que la academia encaró respecto del Bicentenario. En casi todos los paneles o encuentros que se han armado se les ha otorgado a estas voces del interior, o a estas otras voces del proceso revolucionario la posibilidad de hablar y exponer lo ocurrido en el interior. Me parece que las tres personas que más frecuentaron estos encuentros fueron Sara Mata, Beatriz Bragoni y Gabriela Tío Vallejo, representando a Salta, Mendoza y Tucumán y de alguna forma es una incorporación de estos espacios al registro historiográfico porteño. Otro de los espacios incorporados, a través de Ana Frega, ha sido la Banda Oriental. De ese “Revolución y Guerra” de 1972 a hoy, ha habido una expansión y un desarrollo muy importantes de estos temas.

“El objetivo es hacerlos pensar, meter a los chicos en el mundo de la complejidad histórica, la multiposicionalidad de los actores, los contextos”

¿Cuál es tu reflexión con respecto a la pareja enseñanza-divulgación? ¿Nos podrías dar una perspectiva general y después profundizar con respecto al Bicentenario?

Divulgación y enseñanza, en la Universidad, está relacionado a los problemas que tenemos los docentes en transmitir la manera de bajar los contenidos, la transposición didáctica. Nos cuesta, por inexperiencia o falta de reflexión, ayudar a los docentes a transponer didácticamente ciertos conceptos y procesos históricos. Esto está relacionado también a que nosotros no trabajamos en la carrera cuál es el sentido de la Historia o del estudio de la Historia. La Historia sirve para pensar, y si nosotros somos incapaces de hacer pensar a los chicos no tiene sentido que esté en la currícula. El objetivo es hacerlos pensar, meter a los chicos en el mundo de la complejidad histórica, la multiposicionalidad de los actores, los contextos. Eso es posible, ellos tienen la capacidad de comprenderlo, quizás somos los docentes los que no tenemos la capacidad de transmitirlo. Hay que acompañar a los chicos a que puedan pensar la Historia, que puedan pensar no a partir del sentido común, sino a partir de la construcción del conocimiento.

Respecto a la divulgación, nosotros los Historiadores tenemos un compromiso social, ayudar a la sociedad a encontrar su sentido, a responder a las preguntas sobre sus orígenes, sus identidades, comprender las distintas interpretaciones sobre estos puntos, y también transmitir “conocimiento puro”: pensar que Saavedra “era boliviano” es una aberración: -“…te das cuenta, partimos de un presidente boliviano…”, lo que debería hacer la gente es decir: -“…callate Pigna, eso no es así…”. Lo que pasa es que cuando hay que divulgar conocimiento, en vez de convocar a los historiadores profesionales, convocan a otros, porque son más divertidos, porque cuentan anécdotas de los próceres o sus intimidades. La cantidad de hijos de Urquiza es interesante para ver la tasa de natalidad, o cómo era vista la ilegitimidad de los hijos en la época, pero no para saber cuántos hijos tenía Urquiza en sí mismo, ese hecho no modificó la Historia.

Con el Bicentenario hay varias cosas interesantes: el esfuerzo del gobierno nacional por hacer un festejo inclusivo, una lógica de “kermese” donde cada provincia pudo mostrar sus cosas, donde el Bicentenario fue una excusa para disparar cuestiones del presente. También hubo interesantes iniciativas desde los canales de TV, como Encuentro, aunque también hubo “refritos” editoriales de cosas ya vistas. También quiero destacar la iniciativa de un grupo de historiadores nucleados alrededor del programa de Historia Política del siglo XIX: a la cabeza Goldman, Ternavasio y Sábato, que hicieron un video interesante, que aunque no sirve para divulgación, es interesante porque trabaja alrededor de conceptos. Intentan generar abstracción a partir de lo hechos. Por qué se está discutiendo tanto sobre nación o qué significa que la soberanía pase de los pueblos al “pueblo”. El video lo comunica bien, aunque no se si es adecuado para el gran público. Los historiadores a veces desisten de comunicar, quizás por prejuicio sobre su interés, o sobre su importancia de utilizar conceptos complejos. Le huimos a la complejidad y eso tiene consecuencias en el conocimiento sobre los procesos.

Alejo Reclusa y Alejandro Morea – De la redacción

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