El punto de inflexión sobre la emergencia de una mirada sospechosa acerca del esquema ideológico de los Estados Unidos durante las primeras etapas de la guerra fría, lo constituye el film A la hora señalada (High noon; 1952) del director austríaco Fred Zinnemann (1907-1997). Si bien este realizador aportó títulos significativos dentro de la industria cinematográfica estadounidense (1), la impronta de esta obra reside en su carácter de realización colectiva. Principalmente, porque su argumento es la transposición, en clave metafórica, de la experiencia traumática que sufrió el guionista, Carl Foreman, al ser citado y proscripto por el Comité de Actividades Antiamericanas. Tal comité aplicó en 1947 una política purgativa en Hollywood, confeccionando listas negras que contemplaban a aquellos actores, guionistas, directores, etcétera, sospechosos de filiación comunista (2).

A la hora señalada narra la historia del marshall Will Kane (Gary Copper), quien en el mismo momento de contraer matrimonio con la joven cuáquera Amy (Grace Kelly) y pronto a renunciar a su cargo, recibe la noticia de que tres ex convictos, Pierce (Robert Wilke), Jack Colby (Lee van Cleef), y Ben Miller (Sheb Wooly), esperan en la estación del poblado, el retorno de Frank Miller (Ian Mac Donald) en el tren del mediodía. Miller, detenido tiempo atrás por Kane tras asesinar a un hombre, regresa de la cárcel con el objetivo de llevar a cabo su venganza.

Inmediatamente, la trama adquiere dinamismo, centrándose en el comportamiento que asumirá Kane sobre este acontecimiento. Decidido a enfrentar a su rival –que no se mostrará hasta las escenas culminantes-, planea reunir a un grupo de vecinos para reducir a sus oponentes, argumentado que en su carácter de marshall no puede dejar desprotegida al resto de la población. No obstante, serán sus  amigos y principalmente su esposa, quienes le impedirán el ejercicio de sus funciones y lo incitarán a que abandone la comunidad para hallar resguardo en otra localidad.

Las resoluciones visuales que describen a los acontecimientos siguientes, nos muestran claros indicios de una obra madura, en la que se perfila un excelente empleo de los recursos fílmicos para dar cuenta de las transformaciones psicológicas que se proyectan en la personalidad del protagonista. El montaje, por el cual se alternan planos generales –en los que se insinúa, a partir de la visualización del carruaje desplazándose por la pradera transportando a los esposos, la supuesta búsqueda de un espacio más seguro-, con primeros planos del rostro de Kane –connotando los dilemas éticos que le suscitan eludir su destino-, le adjudica al film un significado que debe ser interpretado en clave del presente que se pretende representar. Esto es, entender la sucesión de imágenes desde una lectura ideológica que denota los cambios en la subjetividad individual frente a situaciones extremas, siendo esto una clara referencia simbólica a las consecuencias de la “caza de brujas” desarrollada por el macartismo.

Sin embargo, las mutaciones en la subjetividad adquirirán un carácter colectivo, evidenciándose en la reacción del resto de los habitantes de la comunidad, que mayoritariamente le negarán el apoyo a Kane.

Esta construcción ficticia plasmada en el film, remite sin duda a las peripecias sufridas tanto por Foreman como así también por otras personalidades de la industria hollywoodense, acusadas por su explícita militancia en el Partido Comunista. Muchos de estos profesionales del cine debieron abandonar su actividad, al ser perseguidos y condenados por el Comité de Actividades Antiamericanas. El proceso que se abrió con los juicios iniciados por esta entidad, conllevó a que varios de los imputados se transformasen en delatores de sus propios compañeros, o que, en su ostracismo, negasen seguridad y protección a los más comprometidos, exponiéndolos a su cesantía o conduciéndolos al exilio en los casos más extremos.

De tal manera, el recorrido desesperado de Kane por hallar a posibles ayudantes, y la negativa y ocultamiento de éstos, puede interpretarse como una transposición de la experiencia particular del guionista. Cuando el marshall resulte victorioso comprenderá que los sujetos que lo rodean ya no son los mismos, y que los vínculos de solidaridad y camaradería que otrora los unían están destruidos.

Kane ha perdido su confianza en las instituciones, y en la última secuencia arrojará su insignia de marshall, siendo este gesto resaltado a través de una toma en la que la cámara sigue a la estrella desprendida hasta que cae en el suelo. En la transpolación hacia el presente en el que se realiza la filmación, los acusados y juzgados por pertenecer o simpatizar con organizaciones de izquierda tampoco volverán a creer en la estructura institucional de Estados Unidos, poniendo en fuerte cuestionamiento a su supuesto sistema democrático.

Pedro Berardi – De la redacción


(1) Podemos recordar su visión particular sobre la guerra en el Pacífico Sur, en De aquí a la eternidad (From here to eternity; 1953), basada en la novela homónima de James Jones.
(2) Ver PEÑA, Fernando Martín; La guerra de un solo hombre; en www.malba.org.ar.
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