Con el surgimiento del discurso criollista en la década de 1880 en Argentina, se desarrolló, con mucho éxito, una literatura que rescataba temas como “lo nacional” a partir de relatos costumbristas.  Martín Coronado (1850-1919) fue uno de los dramaturgos porteños más populares de fines del siglo XIX y comienzos del XX, cuando se afianzaban en el teatro argentino las temáticas criollas. Su obra 1810 no escapa a esta corriente de la literatura nacional. Estrenada en 1910 en el Teatro Apolo por la compañía de los Podestá, la obra, además de estar en sintonía con el criollismo que eclipsaba el discurso literario, se enmarcaba en los festejos que en ese año se rindieron a la patria. Y es que la tesis que sostiene que la República Argentina, tal como la conocemos, nació el 25 de Mayo de 1810 no es nueva: sus raíces pueden rastrearse a los primeros historiadores nacionales, con Mitre a la vanguardia.  Sin embargo, Coronado no escribió su obra de acuerdo a este supuesto, sino que su pieza teatral se centra en la incertidumbre y contradicciones que primaban en esa época entre los pobladores de Buenos Aires. Los días de mayo de 1810 son retratados a través de una familia de españoles -el padre y la madre-, que tienen casa y tienda en la Plaza Mayor porteña, cuya hija es criolla, y cuyos sobrinos, a su cuidado desde pequeños, también lo son. La Revolución encuentra a estos personajes entre ajetreos domésticos y los cambia de una manera inexorable. Derrumba todo a su alrededor, y el dilema sobre qué hacer, si optar por la revolución o por la causa realista, atraviesa al clan familiar y a toda la obra.

La pieza teatral carece de zonas grises y el contexto histórico denota un estudio exhaustivo por parte del autor. El lenguaje de los personajes es el adecuado y la historia, tan verosímil como atrapante. La obra de Coronado se reestrenó este año en el Teatro de la Rivera (Complejo Teatral de Buenos Aires), con motivo de los festejos por el  Bicentenario de la Revolución.  La adaptación y dirección de esta versión 2010 están a cargo de la argentina Eva Halac, directora de teatro y titiritera que ha llevado al escenario obras como “La invención de Morel”, en versión títeres.

Ingrid Pelicori, Manuel Vicente, Pepe Monje, Paloma Contreras y Monina Bonelli, principales integrantes del elenco, sostienen interpretaciones de una calidad insuperable. La escenografía y el vestuario constituyen otros aspectos bien logrados de esta representación: la casa familiar tiene una tienda de mercería adelante, rasgo que, junto con los muebles y el vestido de los personajes, se acercan a la cultura material de la época.

Lo que no resulta tan sólido, sin embargo, es la adaptación. Sobre todo porque la separación entre acto y acto, que en teatro suele marcarse con oscuridad y silencio, se anuncia, en este caso, con la proyección sobre el telón de un video que muestra imágenes de los festejos del Bicentenario en la Avenida 9 de Julio en mayo del corriente. El video, además, se acompaña de una altisonante música folklórica. La connotación de estas imágenes le da un giro a la obra de Coronado. Mientras que el autor se limitó a mostrarnos cómo la vida de una familia del sector acomodado de Buenos Aires vive los acontecimientos de la semana de mayo con vacilaciones y sufrimientos por no saber cuál sería el orden político bajo el que se resguardarían de allí en adelante, Halac relaciona estos acontecimientos con el nacimiento y celebración de una nueva nación. Sin palabras, pero con imágenes, une los hechos de Mayo de 1810 con los festejos del Bicentenario, quitando al espectador la posibilidad de sacar sus propias conclusiones y resignificar la obra de acuerdo a los sentidos que pueda o quiera adjudicarle.

Laura Mazzoni – Enviada Especial

N. del E.: Sábados y domingos en el Teatro de la Rivera, Av. Pedro de Mendoza 1821. 75 minutos. (Miércoles y jueves funciones especiales para las escuelas).
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