A quienes pensaban que esta sección sólo iba a estar destinada a recomendar una película lamentamos en esta oportunidad no poder darles el gusto. Antes que nada se presenta como una ocasión oportuna para decir adiós, para despedir, a dos grandes de la comedia y del cine que se han ido en los días finales de noviembre.

Leslie Nielsen (1926-2010) será recordado por ser quién en los ’80 y ’90 hizo de esos clásicos de la comedia absurda éxitos de taquilla que dieron la vuelta al mundo. Basta recordar “¿Y dónde está el piloto?” donde Nielsen interpreta al Dr. Rumack, o mejor aún al sargento Frank Drebin en la trilogía de “La pistola desnuda”. Hacía reír sin reírse, y quizá haya sido eso lo que lo hacía realmente gracioso. Generó clásicos de la comedia con un humor absurdo plagado de “gags”, al estilo de “Supersecreto” o los clásicos de Mel Brooks, con quien también trabajó en “Drácula, muerto pero feliz”. Nos dejó también un Mr. Magoo tan ciego como peligroso y participó en innumerable cantidad de comedias con el cambio de siglo (en las distintas secuelas de Scary Movie por ejemplo) quizá como un reconocimiento de los nuevos directores a quién había arrancado tantas risas en las dos décadas anteriores. Sin lugar a dudas su talento se vio acompañado de buenos directores y actores de comedia: David y Jerry Sucker, Jim Abrahams, Mel Brooks, como directores, y Priscilla Presley, O. J. Simpson, George Kennedy, Ricardo Montalbán, dentro de los actores con quienes interactuó en los ya reconocidos “clásicos”. Siempre haciendo pasar malos momentos a la Reina de Inglaterra, al presidente Bush (padre) o interrumpiendo una entrega de los premios de la Academia, Drebin es el prototipo de policía torpe, con un gran sentido del deber, que siempre termina solucionando los conflictos, sin saber bien cómo y con un golpe extraño de la suerte.

Mario Monicelli (1915-2010), maestro de la “comedia all’italiana” fue un cineasta, pero sobre todo un guionista prolífico. Más de 60 películas dirigidas y más de 80 films en los que participó como guionista (actuó tan solamente en 4 oportunidades) evidencian una influencia notable en la cinematografía italiana, generando clásicos (de la mano de grandes actores), que traspasaron las fronteras geográficas y se hicieron conocidos en el resto del mundo. “La armada Brancaleone” o “Brancaleone en las cruzadas” satirizaron la edad media, “La gran guerra”, “Un burgués pequeño, pequeño” o “Los desconocidos de siempre” son películas que hay que revisitar por su notable vigencia humorística. Con él trabajaron todos los grandes actores del cine italiano e hicieron películas memorables. Vittorio Gassman, Ugo Tognazzi, Alberto Sordi, Marcello Mastroianni, Stefanía Sandrelli, Silvana Mangano, Totò, Sophia Loren, por nombrar algunos. Incluso en 2006 nos obsequió una parodia sobre la desorganización italiana en el frente libio durante la segunda guerra mundial con “La rosa del desierto”. Allí, ante la muerte de un soldado que estaba pronto a contraer matrimonio una vez terminada la guerra y frente a la situación de no dejar a una mujer sin su pensión, el jefe del regimiento y el cura deciden casarlos a la distancia. “Padre, ¿Usted se arregla con Dios?, Bueno, yo arreglo los papeles con mis superiores” dice el oficial a cargo de la unidad italiana. Situaciones hilarantes que mostraban un Monicelli con un sentido del humor intacto, el mismo que lo había hecho un maestro de ese género fílmico.

Películas, muchas de ellas clásicos, que vale la pena recomendar, o volver a ver en muchas ocasiones. A pesar que dijimos que no íbamos a abordar especialmente un film sí lo hicimos recordando los grandes éxitos de estos dos grandes maestros. A los que nos quedamos viendo una y otra vez “La pistola desnuda” o a quienes conocimos a Monicelli hace un tiempo, a través de amigos cultores del género o simplemente por llegar “de casualidad” (si es que existe) a alguna de sus películas, nos parece que el mejor recuerdo para ambos es retornar a sus obras. Una especie de legado, lleno de alegría y carcajadas del que, creemos, se sentirían orgullosos. La risa está de luto, pero nos abre la puerta para seguir recordándolos y riéndonos.

Benjamín M. Rodríguez – De la redacción

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