Es casi una norma en las grandes ciudades: quienes viven en ellas rara vez desean o pueden visitar sus museos. Los templos del arte son, generalmente, territorio dominado por visitantes ocasionales, viajantes con tiempo libre, y turistas extranjeros armados con cámaras de última generación. Pero desde hace seis años, los porteños tienen un día por año –una noche, en realidad– para revertir esa costumbre tan urbana de mirar hacia adelante y no hacia los costados. La Noche de los Museos comenzó en 2004 como una apuesta de riesgo, que podía salir mal –lo que buscaba, después de todo, era que las mismas personas que rara vez asistían a ellos durante el día, lo hicieran de noche– pero salió bien, muy bien.

La fecha se coló así, sin pedir permiso, como una de las jornadas más pintorescas y convocantes de la poderosa agenda cultural porteña. Y en un noviembre cargado de recitales de rock, la edición 2010 de este evento cumplió, una vez más, con las expectativas.

El 13 de noviembre fue la sexta noche en la que los museos de la ciudad se abrieron desde las 20 hasta las 3, y este dato ilustra el peso que cada año cobra este evento: hasta 2009, el horario de cierre era a las 2, pero muchos participantes solían quedarse afuera, y por eso se dispuso extender el horario.

Durante seis horas, miles de personas visitaron cada museo, y presenciaron espectáculos que se realizaron en distintos puntos de la ciudad, desde La Boca hasta Nuñez: obras de teatro, música en vivo, danzas de todo tipo complementaron la velada en la que las calles estallaban de autos con gente que cruzaba la ciudad, y con colectivos gratuitos en los que se mezclaban adolescentes que iban a bailar y otros que viajaban de un museo a otro con guías y organigramas llenos de anotaciones.

La iniciativa tiene su correlato en otras importantes ciudades capitales europeas, en las que se inspiró. Madrid, Berlín, Paris y Bruselas tienen su noche “blanca” en la que ofrecen al público entrada gratuita a los museos hasta la madrugada y espectáculos musicales y artísticos. Aquí en Argentina, el Municipio de Vicente López también se sumó a la iniciativa ofreciendo una programación plagada de arte y espectáculos.

Según las cifras del Gobierno de la Ciudad, más de 540.000 personas pudieron presenciar las múltiples expresiones estéticas. El evento contó, por ejemplo, con la presentación de la Compañía de Danza Aérea de Brenda Angiel con un espectáculo de tangos aéreos en la Costanera Sur y con obras de teatro abiertas al público que se realizaron en la Casa de la Cultura, y en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco. La noche también ofrecía un video-arte en el Museo de Arte Español Enrique Larreta y una intervención multimedia en el Planetario.

En Puerto Madero a partir de las 22 horas  reconocidos DJ’s, como Ale Lacroix y Federico Platener,  musicalizaron la noche. Los más chicos además fueron grandes protagonistas de la noche, ya que en Chacarita, Palermo y Saavedra muchas de las actividades estaban planeadas para ellos. Obras de títeres, un taller de intervención de materiales reciclados, payasos y obras teatrales trataron de mantener la curiosidad y la vigilia del público infantil. En el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, además de sus obras plásticas, se podía disfrutar de un espectáculo de tango sentados en el patio interior del museo. Y en el Palacio Errázuriz Alvear, donde funciona el Museo Nacional de Arte Decorativo, guías especializadas invitaban a cientos de personas a conocer de cerca la cultura material de la élite porteña de finales del siglo XIX y principios del XX.

En Palermo, el Jardín Botánico abrió sus puertas para un recorrido nocturno, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) ofreció su atrayente colección permanente de arte latinoamericano del siglo XX, y hasta la Televisión Pública dejó entrar al público para mostrarles un estudio de grabación armado para la ocasión. El Museo de Bellas Artes –la joya de Recoleta- mostró, además de su importante colección permanente, una exposición que había sido presentada en 1961 por los artistas Deira, Macció, Noé y De la Vega en la Galería Peuser bajo el título “Otra Figuración”.

La parte negativa es que los museos se atiborraron, como en ediciones anteriores, de colas y colas de ciudadanos y turistas esperando para poder ingresar. Los puntos más atractivos para el público –como el Malba, el Bellas Artes o el Planetario– alcanzaron filas que podían implicar más de dos horas de espera. La temperatura templada ayudó para hacer llevadera la espera, pero esa demora es un punto a tener en cuenta.

María Laura Mazzoni y Alfredo Ves Losada- Enviados especiales

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