El grupo de investigación “Problemas y Debates del Siglo XIX” de la Facultad de Humanidades de la UNMDP invitó al Dr. Emir Reitano, docente e investigador de la Universidad Nacional de la Plata, especialista en Historia Colonial, a presentar su nuevo libro. Tras la charla nos acercamos a conversar con él. En un bullicioso café frente al complejo universitario, la tardecita del 17 de diciembre, nos acomodamos: pedimos unas gaseosas, encendemos el grabador y comenzamos a disparar.

Lo primero que te quisiéramos preguntar es con respecto a la historia colonial, ¿hacia dónde te parece que va la agenda historiográfica?

Lo que ha sucedido es que a muchos colonialistas, especialmente tardocolonialistas que encontramos muy atrayente el siglo XVIII, nos interesa conocer qué sucede cuando se produce el quiebre político, que ocurre tras 1810. Por eso nos acusan de “invasores”, pero es lógico que suceda, porque las dudas que se te generan es qué pasa con la economía y con los sectores sociales cuando viene la revolución, las guerras de independencia, etc. Es muy seductor avanzar -a todos los historiadores nos resulta muy difícil volver atrás-. Cuando uno arranca en 1750 comenzás a avanzar y es muy raro que vuelvas a 1710, porqué querés ver qué está pasando con eso que empezaste a investigar. Esto es lo que nos ha vuelto invasores del siglo XIX y por lo que también el colonialismo a veces parece acotarse, especialmente ahora cuando con el Bicentenario aparecen nuevos temas y problemáticas. Sin embargo, el colonialismo siempre tiene temas nuevos que aparecen. Hoy afortunadamente hay una remirada para el siglo XVII, no tanto para el Río de la Plata pero sí para Tucumán, Salta o Córdoba. Se están haciendo cosas muy interesantes sobre cómo funcionaba ese espacio colonial, cómo se organizaba, mirando las dinámicas sociales y económicas, prestando atención a las elites pero también a los sectores subalternos.

También ha influido en esto que la cantidad de historiadores profesionales en el interior se ha incrementado.

Afortunadamente en los últimos años en el país ha crecido mucho la investigación gracias al plan de incentivos de las universidades y la apertura del CONICET. Es realmente muy interesante lo que se está viendo en la investigación en sociales. Antes, hace 25 años, todos salíamos para la enseñanza media y hoy la mitad de los alumnos que se están recibiendo se orientan hacia la investigación. Han crecido las publicaciones, hay una gran cantidad de tesis de doctorado muy interesantes y de intercambios académicos.

¿Y con el resto del continente? ¿Se comparten las agendas de investigación con historiografías de otros países de América Latina?

Se comparten pero sin embargo hay diversidad. Lo que pasa es que las realidades regionales son muy distintas. Las agendas igual son muy autónomas pero se han incentivado los intercambios, sobre todo con Chile y Brasil. En esto ha pesado también que muchos historiadores se hayan ido a doctorar al extranjero. El crecimiento de las ciencias sociales ha colaborado mucho con esta cuestión.

¿Y qué pensás sobre esta complicada triada de investigación, docencia y divulgación?

El género más difícil es la divulgación histórica y lo es porque necesitás talento literario, conocimientos  históricos, claridad y bagaje cultural propio, y esto no abunda. También es muy tentador para la gente comprar ecuaciones fáciles (es lo que vende): muchos de los historiadores que hacen divulgación nos ofrecen explicaciones simples cuando la realidad no es así pero la gente compra eso. La vida es compleja y la historia es compleja porque la sociedad es compleja; hay que partir de esa premisa. Entonces, mucha gente piensa que ya suficientemente complicada tiene la vida y quiere resolver el pasado de forma simple o quieren que le refuercen aquello que ya está pensando y eso vende.

¿Quiénes te parecen que deberían ser los “encargados” de la divulgación? Porque son pocos los casos de historiadores profesionales haciendo divulgación…

Cuando yo era chico lo hacía Félix Luna y hacía cosas muy buenas. Reunía estas condiciones de las que hablábamos antes. Era un intelectual formado. Hacía cosas de divulgación interesante como el libro sobre los caudillos o escribía un libro serio de investigación como “El 45” y también se daba el tiempo de escribir novelas históricas como “Soy Roca”. La novela histórica también es un género lindo pero en los últimos años la mayoría son bastante desastrosas.

¿Qué opinión te merece lo ocurrido con el Bicentenario de la Revolución de Mayo? ¿Tenés alguna opinión sobre el rol jugado por los historiadores en esta coyuntura?

Los Bicentenarios son complicados, o los quinto centenarios o lo que sea. Pero han servido y mucho. El bicentenario de la Revolución Francesa desencadenó una catarata de discusión intelectual interesantísima. EL quintocentenrario también ha logrado una gran publicación y que se releyeran los clásicos y nuevas líneas historiográficas. Yo esperaba algo así en Argentina pero no sucedió. Ha habido una producción importante pero no llegó a ese nivel de discusión y nunca llegó al público masivo. Todo quedó dentro de un círculo cerrado, no llegó a insertarse dentro del plano cultural más general, ni siquiera en los diarios se manifestó. Parece que la discusión del Bicentenario para el público pasó por otro lado. Hubo 4 o 5 fórmulas sencillas de algunos historiadores de divulgación y nada más. Lo que la gente sí va a recordar es el impacto de los festejos. Eso sí realmente fue muy agradable. Los Festejos van a quedar en el recuerdo más que la discusión historiográfica y eso es importante de señalar. Creo que a la gente últimamente es difícil llegarle con “la historia”, no sé si es porque es un público distinto al de hace algunos años pero a los historiadores nos cuesta mucho llegarle a la sociedad. Mi libro sobre los portugueses mis amigos del barrio no lo van a leer, saben a qué me dedico pero no lo van a leer. Y esto no sé hasta dónde es culpa nuestra, en gran medida seguro que sí.

No sé qué pensás vos pero creo que en algún punto las Carreras de Historia deberían aggiornarse. No en función de lo que demanda el público sino en función de formar profesionales que estén capacitados para desempeñarse en estas nuevas tareas relacionadas con la divulgación.

Quizás haya que ver cómo lo trabajamos nosotros en la formación como lo planteas vos. Recuerdo que cuando salió el libro de Lanata, con ese remanente discurso que desde Adolfo Saldías se repite sobre la historia que nunca nos contaron, yo le digo a Carlos Mayo, en ese entonces mi director: – ¿Vio lo que sacó Lanata? Y Carlos Mayo me dijo: – Sí, pero la culpa es nuestra. Y creo que tenía razón. Nosotros dejamos esos espacios vacíos. Ojo que no me pongo en dueño de “la historia”, “la historia” es de todos, del periodista y del historiador

Cuando hay una demanda de la sociedad y los historiadores que tienen una formación específica no ocupan el espacio no pueden después echarle la culpa al otro que sí lo hace.

Exacto. Hay que hacer un mea culpa. La televisión ayuda para vender, pero no es el condicionante final para la llegada a la gente.

Alejandro Morea – De la redacción

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