El reciente lanzamiento de su tercer disco como solista, “El perfume de la tempestad”, es sólo una excusa para escribir algunas líneas sobre Carlos Alberto Solari, “el Indio”. Sin explayarme demasiado en lo que hace al comentario de su última obra (por el simple hecho de no estar apto para realizar cualquier tipo de crítica artística al respecto), simplemente diré que “El perfume…” representa, a la vez, una continuidad con respecto a sus dos discos anteriores (“El tesoro de los inocentes” y “Porco Rex”) pero también un intento por experimentar con sonidos nuevos. Muy sólido desde lo musical y con letras que no esquivan la percepción de nuestra realidad: el papel de los medios, la religión, los marginados, la crítica al rock actual y esa sensación que el Indio explica muy bien: “Creo que lo que refleja esa tormenta que está en el horizonte es eso. Y también la actitud de los personajes. Que están como entretenidos en otras cosas mientras esa tormenta viene” (1). Como dice uno de sus temas: “Nos quieren pacientes…”.

Hasta aquí una modestísima crítica a “El perfume de la tempestad”. Como se afirmó más arriba, era sólo un disparador para comenzar a escribir sobre algo más. Hace poco, en una charla con amigos (que es de donde suelen salir las mejores ideas), discutíamos acerca del papel que los artistas -en este caso los músicos- tienen, se atribuyen o se jactan poseer con la realidad. En este sentido, tomaremos al Indio Solari como un caso particular dentro de esta “renovada” vieja discusión.

Muchas veces se ha dicho que el perfil de músico de rock nacional que ha construido el ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota no se asemeja para nada con el resto de sus colegas de género. Se le reconoce un bagaje cultural que muy pocos de los músicos del rock argentino posee. El Indio, otrora estudiante de Bellas Artes, pareciera poseer una sensibilidad con respecto a lo que lo rodea, distinta de lo acostumbrado para el medio.

En sintonía con lo dicho, también desde sus diversas (aunque escasas) apariciones públicas, el Indio se muestra diferente a otros cantantes. Desde aquella recordada aparición en conferencia de prensa (2), después de los incidentes en Olavarría en el año 1997, cuando el intendente de esa ciudad prohibió los recitales de Los Redondos, el líder ricotero, con una serie de declaraciones que dejarían mal parado a más de un pseudo intelectual, dejaba frases tales como “(…) ya tenemos la suficiente edad para, en vez de bajarles línea a los chicos, escucharlos. Porque en sus nervios hay mucha más información del futuro que lo que tipos de nuestra edad pueden tener.”; “(…) yo no creo en la malevolencia de esos corazones de 15 años”; o, refiriéndose a la actitud tomada por el intendente de Olavarría: “(…) el tiempo dirá si esa cosmovisión tan conservadora y pacata va a ser la que determine nuestras vidas”. Una simple muestra de lo que significa la coherencia y el respeto que un artista puede llegar a mostrar hacia sus seguidores. Y así, podríamos enumerar diferentes actitudes que marcan la trayectoria de Solari. Desde su compromiso con la causa de las Abuelas de Plaza de Mayo; el negarse a firmar contrato con alguna de las Multinacionales de la música; pasando por la decisión de no tocar en estadios de clubes de fútbol de Capital Federal, ya que eso implicaría entrar en el negocio de las barras bravas; hasta, simplemente, no aceptar ningún tipo de premio o reconocimiento de la “crítica especializada” por el mero hecho de no considerar a eso como signo de éxito. En fin, una postura con la que se puede acordar o no, pero que al menos, y no parece poco, reviste cierta coherencia entre lo artístico y lo ideológico.

Por otra parte, y como un método para ilustrar lo arriba mencionado, nos encontramos con el fenómeno de “Calle 13”. Una banda de origen puertorriqueño que, con el tiempo, ha ganado cierta presencia en el mundo de la música y que posee muchos seguidores en la Argentina. En un primer vistazo pareciera ser una más de esas bandas de lo que se conoce como “reggaeton”. Pero, y he aquí la cuestión, si se observa con un poco más de detenimiento todo aquello que hace a la banda centroamericana, nos encontramos con una estética y un discurso que no sólo se presenta como “alternativo” o “contestatario” en el mundo de la música, sino que además se jacta de ello. Y ni hablar si le preguntamos a sus seguidores…

Pero, como el hombre es curioso y desconfiado por naturaleza, algo no sonaba bien. Si se repasa un poco la trayectoria de “Calle 13” ( http://es.wikipedia.org/wiki/Calle_13 ) uno se encuentra con algunas contradicciones entre discurso y acción. Por un lado, vemos que sus integrantes, René Pérez y Eduardo Cabra, provienen de familias de lo que se puede denominar la elite puertorriqueña. Estudios universitarios, viajes por EE.UU. y Europa, etc. Además, descubrimos que, pese a sus letras de protesta contra la industria de la música, nada menos que la Sony Music Entertainment es la discográfica que los patrocina. También, la banda se presenta en cuanta entrega de premios organizan las grandes empresas como MTV. Finalmente, y esto es algo que nos toca de cerca a muchos, ver al cantante de la banda un día en “6, 7, 8” y al otro aparecer en un recital con el nombre de Mariano Ferreyra tatuado en la espalda, al menos resulta un poco contradictorio.

No sólo hay que ser, sino parecer, dicen por ahí…

Martín Tamargo – De la redacción

(1) Revista “Rolling Stone”, diciembre 2010.
(2) Conferencia que se puede escuchar en YouTube
Anuncios