En esta oportunidad, y vacaciones mediante, “Desde la metrópoli” se traslada obligada, a otra metrópoli, España. Allí está nuestra compañera María Eugenia Alemano –“Coco” para los amigos- quien nos acerca sus impresiones sobre la madre patria. (María Laura Mazzoni, responsable de sección)

Castellón, Valencia, enero de 2011

Antes de venir, mi papá me dijo “en España te vas a encontrar con el Primer Mundo. Italia no, es como en casa, pero España es el Primer Mundo”. Así, con mayúsculas. En Barcelona me dijo un amigo “los franceses dicen que África termina en los Pirineos”. Bueno, ante estas expresiones encontradas empiezo a hurgar un poco en las percepciones de varias semanas de estancia aquí, en el que supo ser un imperio donde el sol no se ponía.

Madrid: elegante, solemne. Barcelona: vibrante, bohemia. En Barcelona compartí con algunos españoles (“catalanes” tronarían ellos) una cena. Para qué empezar a hablar de fútbol y de política. Maradona sí, Maradona no; Chávez sí, Chávez no… La mutua incomprensión se hizo dueña de la escena: ellos nos ven como bárbaros (Chávez, corrupción, “la tenés adentro”), nosotros los vemos como bárbaros (franquismo, la mismísima monarquía). En Barcelona llegué a un paredón en que fusilaban a Republicanos durante la Guerra Civil; casualmente antemural de una iglesia. (-“¿No hay una placa recordatoria?” -“No, es un tema polémico…”). Eso sí, la corrección política engalana su decir y su pensar (vosotros y vosotras, “no es xenofobia”). Esa corrección se dirige a lo que ellos perciben como Su sociedad; no a esos barrios oscuros que crecen en base a la toma de viviendas por inmigrantes musulmanes y negros. Algo me sugiere que bien podrían ahorrar el dinero que gastan en limpiar diariamente los semáforos de la bella Barcelona para empezar a mirar a las personas que duermen en los cajeros.

Por mi parte, mi llave de acceso fue una mentirilla piadosa: “voy a España para ver cómo funcionan sus instituciones”. Los españoles están seguros de que sus instituciones funcionan bien aunque no creo que sepan cómo. Es más, estoy llegando a la conclusión de que “las instituciones” como tales no existen, existe la confianza o la desconfianza en ellas. Se me hace como Dios, del que no sabemos aún a ciencia cierta si existe o no, pero cada uno de los terrícolas tenemos una idea al respecto. Hablando con un gallego muy inteligente y enterado, me explica que en este país quien evade al fisco tiene su castigo, que la corrupción no es tolerada… que hace unos años el Estado seleccionó varias personalidades del mundo de las artes y el deporte para sancionarlas por evasión impositiva. Él sabía -de hecho, reivindicaba- que era una acción propagandística. Las instituciones…, quién sabe, ¿serán una cuestión de marketing? Cómo explicarle que yo vengo de una ciudad que exporta pescado y merca, y que de esta última su principal mercado es… España. Y que la cocaína que no se exporta queda dando vueltas a precios bajos a merced de espíritus tercermundistas sensibles.

Se supone que La Crisis envuelve el contexto nacional, aunque muchos sudacas al ver los Audis y Seats último modelo en la calle pensamos ¿qué crisis? Hay quien atribuye La Crisis a la “falta de productividad” asociada a una moneda exasperadamente fuerte ligada al gigante teutón. ¡Y yo que pensaba que a los argentinos no les gusta trabajar! Tendría que haber leído mejor a Marx para saber que, burgueses o proletarios, a nadie le gusta trabajar. Los españoles trabajan muy poco y muy lentamente. Tienen muchísimos feriados, hora de la siesta, recreo de la mañana para tomar una cerveza, toman otra cerveza a la tarde y (en el poco tiempo que atienden sus tareas) su parsimonia es admirable. Pero no es lo central. Bien mirado el problema, aunque muchos quisieran trabajar, con índices de desocupación que pasan el 20%, no lo lograrían. En Valencia, por ejemplo, se construyeron auténticas Ciudades Fantasmas para venderlas en hipoteca. Al mejor estilo Comunidad Movistar, llamaban al Estado para que construyera una escuela, una comisaría y todo lo necesario ante la evidente emergencia de una nueva localidad. Un negocio inmobiliario que terminó con casas vacías, pueblos abandonados y un 50% de la deuda externa de España de origen financiero. Esa misma deuda que exige el achique del sector público.

En estas condiciones, ¿puede ser que nadie se queje cuando retrasan la edad jubilatoria a los 67 años o anuncian la quita del seguro de desempleo? Por supuesto que toda oportunidad es buena para agarrársela con Zapatero que a esta altura ya es como hacer leña del árbol caído. El PSOE viene perdiendo todas las elecciones regionales al compás de una crisis que parece no tener fin mientras que los populares esperan con el cuchillo y el tenedor mientras cantan “Za-pa-te-ro di-mi-sión, Pre-si-den-te Ra-joy”. Los ánimos están caldeados. Los diarios son totalmente impiadosos. No es que el Presidente no aplique los paquetes de ajuste y el programa de la derecha europea, es que para El País, Rajoy y Merkel, lo hace muy lentamente. Por suerte, la gente es tranquila, y la película de la crisis, el futuro incierto del euro, la herida abierta del franquismo y el correlativo avance de los populares se acompaña de las buenas nuevas: la Roja inéditamente es campeona mundial y aún hay tiempo para una cervecita a la tarde.

María Eugenia Alemano – Columnista invitada

N. del E.: Agradecemos a María Eugenia Alemano y a través suyo a Virgina Ramos por la imagen del atardecer madrileño que acompaña la sección.


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