Como parte de las tradicionales actividades que todos los veranos se despliegan en la cartelera marplatense, tuve la posibilidad de presenciar el show de una banda que sinceramente creía desaparecida o, por lo menos, fuera del circuito musical de los festivales apuntados al turismo de masas.

La banda en cuestión es Virus. Liderada en sus comienzos por Federico Moura, fue emblema de la década del ’80 y junto con Soda Stereo serían las fundadoras de un estilo artístico y musical totalmente renovador en comparación con lo que se venía produciendo a nivel local. Sus apariciones públicas y puestas en escena eran estéticamente transgresoras para la época. Los peinados extravagantes, la incorporación de instrumentos modernos, las canciones que tocaban temas sexuales o formulaban críticas al mundo musical en el que se movían y las ácidas burlas a la estructurada vida social la posicionaría por un breve tiempo en los márgenes de una cultura “under” que aún acuciaba los duros golpes de los años más crudos del gobierno militar.

Y digo sólo por un breve tiempo, ya que 4 años después de su surgimiento (1981) se consagrarían con exitosos discos y presentaciones masivas en diferentes partes de Argentina, y disfrutaría de una amplia popularidad en el exterior. Todo ello, a su vez, manteniéndose alejada de los megafestivales oficiales que se impulsaron tanto durante la Guerra de Malvinas como con el retorno de la participación política democrática post caída del gobierno miliar.

Pocos años después fallecería Federico Moura, su líder natural. Para 1990 Virus se disolvería, resurgiendo en 1994 de la mano de Marcelo y Julio Moura.

Al enterarme del recital me pareció buena la oportunidad de escuchar en vivo una banda que, aunque representante de “mi generación”, no soy, personalmente, un aficionado suyo (o por lo menos, no en comparación con algunas pocas personas que tuve a mi alrededor y que cantaron emocionadas todos los temas).

Pero, luego de una corta espera escuchando la banda que oficiaba de soporte, las motivaciones (o expectativas) iniciales se fueron disipando con el correr del show principal. Si bien la convocatoria fue numerosa debido al carácter del recital (gratuito, en el centro, en temporada de verano), percibí en el público una rara apatía. Es decir, casi ningún tema motivó el coreo, las palmas, o el “agite” de la gente, pese a que la banda verdaderamente conserva un estilo rockero impecable, con un sonido potente. Quizás, el mismo hecho de ser un público que no asistió tanto por su fanatismo sino por ser un recital “al paso” (un público que probablemente fue el mismo que el día anterior escuchó a Palito Ortega), hizo de esta presentación algo apagado y cuasi monótono. Aunque debo admitir, insisto, que si bien la banda sonaba muy bien, la voz y el carisma de Marcelo no puede compararse con el de su hermano. Actualmente la banda platense carece de un frontman que haga de nexo entre el público y el escenario, y eso repercute en la calidad del espectáculo.

Este hecho me llevó a pensar otras cuestiones relacionadas con todas aquellas bandas que, luego de una prolongada separación, se reúnen nuevamente haciendo (ab)uso de los viejos hits que las hicieron populares. En definitiva, Virus es una banda de los ’80, con un estilo y unas letras propias de aquella década. El mensaje de los temas más conocidos como “Hay que salir del agujero interior”, “Wadu Wadu”, “Imágenes Paganas” o “Soy moderno, no fumo” tuvieron una llegada muy limitada durante el recital. Lo que representa un gran contraste, por ejemplo, con los viejos hits que aún siguen sonando de Soda Stereo. Presentándose aquí una paradoja, puesto que son bandas afines, que crecieron juntas, pero que en la actualidad tienen alcances totalmente disímiles.

La diferencia sustancial, a mi parecer, recae en un aspecto que parecería menor, pero que termina por ser medular. La banda de Cerati permaneció en escena durante 7 años más, luego del cambio de década, actualizándose e innovando artísticamente mientras que Virus desde su vuelta al rodeo en 1994 sólo saco un disco de estudio: “Nueve”. Valiéndose para sobrevivir en el circuito (ya sin tanta popularidad) de sus clásicos hits ochentosos, sin capacidad de una renovación musical adecuada.

Joaquín Marcos – De la redacción

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