Es lunes a la noche y estamos esperando en el barcito del centro cultural “El Séptimo Fuego” a Leo Rizzi, Cecilia Martín y Marcos Moyano del Grupo Teatrantes. Tras ver una nueva función de “La Razón de las Bestias” vamos a conversar con ellos acerca de la obra que protagonizan y que tiene como personajes a José Rondeau, Pancho Ramírez y a La Delfina.


¿Cómo fue que decidieron hacer una obra de ficción histórica con personajes que no suelen estar muy presentes ni siquiera en el relato histórico académico?

Cecilia: En realidad no fue mérito nuestro.

Leo: En 2008 se hizo una convocatoria de dramaturgos por medio de La Comedia de la Provincia de Buenos Aires para escribir obras en función de un programa que tienen que se llama El Teatro y la Historia. Son ellos los que nos encargan la escritura de la obra y nos dan el tema.

Cecilia: No es un tema menor esto que nos plantean. Había doce temas seleccionados, entre los que estaba lo que ocurre tras la batalla de Cepeda. Nosotros no pudimos ir a las reuniones donde se repartieron los temas porque estábamos de gira con otro espectáculo y nos asignaron éste. Es como ustedes dicen: el menos conocido fue el que los otros grupos dejaron libre y el que agarramos nosotros.

Leo: Igual la historia que en realidad nos dan es “La ciudad y los bárbaros”. Lo que tenían en la cabeza era otra cosa: lo que pasaba en Buenos Aires tras la batalla de Cepeda. Nosotros tomamos tangencialmente eso. Nos dieron una descripción de la idea, pero cuando empezamos a investigar nos empezaron a llamar la atención otras cosas: la figura de Ramírez, el tema de la imprenta, y empezamos a seguirle la carrera a José Rondeau. Encontramos en un historiador que, después de la batalla, Pancho Ramírez se encuentra a Rondeau en un pajonal y le perdona la vida, y sobre esa imagen empezamos a trabajar. Esos siete días de tregua tras el combate en los que nadie sabe qué pasó, y menos porque Rondeau vuelve con el discurso cambiado, nos pareció que eran perfectos para la ficcionalización y ahí nos metimos.

Cecilia: El otro tema era cómo jugaba la mujer. En la Historia los espacios de las mujeres no son tantos, y como la obra debía tener dos o tres personajes apareció la oportunidad de introducir a “La Delfina”. El desafío era no contar la historia de amor sino darle un enfoque más político. Queríamos congeniar la pasión de ella con la razón de Ramírez, trabajar esa tensión. También empezamos a jugar con cosas más de ficción sobre ella, la hicimos media hechicera.

Leo: Después empezamos a investigar y nos encontramos con un fraile que escribía una especie de folletín donde criticaba a Ramírez, (a todos en realidad). Era como la revista “Humor” de 1820. Leíamos cosas increíbles y las empezamos a homologar con un autor teatral llamado Alfred Jarry que empieza a escribir teatro del absurdo 50 años antes de la aparición de este género teatral y este cura está escribiendo ese tipo de humor antes que Jarry.

Cecilia: Este cura arma sus críticas en base a cartas ficcionadas. Imagina distintos personajes que se escriben entre sí, por ejemplo Ramírez y María Retazos. En las cartas, María le hace preguntas y Ramírez le contesta y de esa forma va filtrando su pensamiento.

Leo: Escribió también versos que nos permitieron salir de la solemnidad; de hecho tomamos cosas de él para la obra, cosas muy guarangas que nos permitieron captar la picaresca de la época.

¿Cual es la relación de ustedes con la Historia?

Cecilia: Si bien yo estudié Historia, es un pasado muy olvidado ya que nunca ejercí como docente, hay una base pero no un conocimiento profundo. Piensen que yo estudié durante la dictadura donde muchas de estas cosas no se veían y después me dediqué al teatro. Pero igual fue un deleite volver a la historia.

Leo: Cuando nos dicen el tema no me acordaba nada, no recuerdo si lo estudié en el secundario, pero cuando empecé a leer e investigar, me empecé a entusiasmar. Me maravillé. La obra la escribimos con Mónica Rech y ella estaba como yo.

Cecilia: Estuvo bueno primero investigar y después entrar con la mayor desfachatez en la historia. La entrada del que sabe menos permite que esté más puro a la hora de dejar la solemnidad de lado.

Leo: También aparecieron otras cosas. Encontramos representaciones sobre los festejos de las batallas y ahí fue cuando se nos ocurrió introducir lo de los títeres.

Cecilia: Lo de los títeres en la obra nos permitió dar mucha información que nos parecía importante para el espectador, como el miedo en la ciudad, las propuestas monárquicas y las negociaciones con el príncipe de Luca, pero de una forma bien teatral.

Eso es muy interesante, ya que en el relato más simplista de la Revolución  no aparecen las discusiones sobre las formas de gobierno, las disputas entre republicanos y monárquicos.

Cecilia: La verdad es que cualquier profesor de historia puede tomar cualquiera de los aspectos presentes en la obra y discutirlos y retrabajarlos.

Leo: Igual nuestra intención no fue hacer una obra didáctica, ni cuando la escribimos ni cuando hicimos la puesta en escena.

Pero cuando la presentaron en las escuelas, ¿cuál les parece que fue la recepción?

Leo: Creo que lo que más gusta es la puesta en escena, que es otro proceso, y que tiene que ver con esa ligazón con el hoy a partir de los diálogos o de los objetos actuales presentes en la obra.

Cecilia: Todo el juego con las didascalias, las imágenes, el vestuario, ayudan en ese sentido.

Marcos: Ramírez tiene un prendedor del Che Guevara

Cecilia: El vestuario remite a una cosa “modernosa”.

¿Cómo fue el proceso de escritura?

Leo: Fue muy rápido porque había un mes para investigar y escribir. Cada obra estaba destinada para una zona determinada de la provincia, a la nuestra le tocaba la zona de Rojas y Chascomús, y cuando sale a cubrir es la única que queda sin un grupo que la haga. Lo cual refuerza lo que hablábamos al principio. Entonces decidimos hacernos cargo nosotros y fue cuando lo convocamos a Marcos para trabajar.

Cecilia: Ahí empezamos a darle una vuelta de tuerca a la obra, ya que era mucha información y decidimos introducir la discusión del actor con el personaje, la defensa del personaje desde el actor. Los cortes, junto con la lectura de las didascalias, y el juego tienen que ver con nuestra postura con respecto a la actuación. Nos permitía llevarlo a un plano imaginativo.

Si bien ustedes no buscaban que la obra tuviera un sentido pedagógico, tiene una riqueza conceptual interesante y no hay un discurso unívoco, hay muchas cosas que se pueden trabajar en esa línea

Marcos: Más allá del tema histórico lo que queda claro es que los chicos propusieron un hecho teatral, hacen teatro y es lo que se ve en la puesta en escena, es una obra de teatro.

Leo: La idea es que la gente se vaya con preguntas y no con respuestas cerradas.

Cecilia: Muchos se van a estudiar, o a leer, y se empiezan a preguntar por Artigas, por Cepeda…

¿Y en qué historiadores se basaron?

Cecilia: Leímos Halperin Donghi para tener una mirada macro sobre el proyecto de los Pueblos Libres y después trabajamos mucho con Pérez Amuchástegui porque tiene la crónica, que es lo que necesitábamos. También cotejamos con José María Rosa que abunda en detalles, lo que resulta fundamental para lo teatral.

¿Trabajan de manera distinta lo actoral al momento de hacer ficción histórica?

Cecilia: Nosotros siempre nos hemos metido con cosas históricas en realidad. Hemos trabajado con Marco Polo y con Galileo. Quizás la diferencia en este caso, al trabajar con un personaje argentino, es que pesa más lo que estamos diciendo, el compromiso es distinto. Sentimos que desde algún lugar la posición de Rondeau termina siendo  más contundente, queda mejor parado.

¿Y la confección de los personajes?

Leo: Tratamos de ver daguerrotipos, dibujos, cosas así.

Marcos: Así descubrí que Ramírez era pelado.

Leo: Las edades también eran importantes.

Cecilia: Con Delfina había muchas contradicciones, lo que nos terminó dando mucha libertad.

Leo: Por el carisma Ramírez es como una especie de rockstar de la actualidad, por eso también pensamos en ver la estética de Green Day o las chaquetas de Cold Play para armar el vestuario.

Cecilia: No queríamos la cosa militar, quizás por ser hijos del Proceso, y por eso le hicimos una estética militar más guerrillera a Ramírez y más ortodoxa a Rondeau.

¿Llegan a identificarse con sus personajes? ¿Logran una empatía con los mismos o es al revés?

Leo: Lo que pasa es que algunas cosas nos generan mucho rechazo, sobre todo con respecto a Rondeau.

Marcos: Esto que decíamos sobre cómo queda parado Rondeau es lo más complicado, porque uno piensa al final: “este tipo terminó ganando”.

Es lo que termina planteando Halperin Donghi: “…la derrota de Buenos Aires y la victoria de Ramírez es la derrota del Proyecto de los Pueblos Libres….”

Cecilia: Existía esa tensión entre proyectos y es lamentable que sólo se conozca el de Buenos Aires. La discusión sobre los modelos está presente hoy en día también. Uno ve cómo se quiere colocar a Mauricio Macri como representante del país cuando sólo es la cara de un sector de Buenos Aires.

¿Y la percepción del público?

Cecilia: Es muy loco la verdad. Hubo un señor que salió convencido de que nosotros hacíamos una defensa del proyecto centralista de Rondeau.

Marcos: Pero fue solo uno, en las escuelas los chicos salían gritando: ¡Viva Pancho Ramírez!

Leo: También hubo un día en que vimos un grupo de gente llorando y después nos enteramos que eran de la Federación Entrerriana de Mar del Plata y que estaban realmente conmovidos y agradecidos.

¿Tienen pensando seguir con esta obra o con proyectos similares?

Cecilia: Hoy por hoy, nosotros somos dueños de nuestro proyecto. Teníamos la obligación de realizar algunas funciones y ahora lo hacemos por nuestra cuenta.

Leo: Igualmente escribimos otra obra. Se hizo una nueva convocatoria y nos volvieron a llamar pero se va a hacer cargo otro director. La obra se llama “La Noche en Vela”. El tema que nos dieron era la sombra de Dorrego y está centrada en los últimos momentos de Lavalle, y el análisis que hace de su vida a partir de lo sucedido tras el fusilamiento del líder federal.

María Laura Mazzoni, Alejandro Morea y Benjamín Rodríguez – De la redacción

N. del E.: “La razón de las bestias” transita su segunda temporada.  Todos los lunes de enero y febrero a las 22 horas en El Séptimo Fuego, Bolivar 3675. Las imágenes son cortesía de Teatrantes.
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