El verano llega a su fin y La conversación cierra su temporada de verano con una nueva entrevista a uno de los numerosos elencos de teatro marplatenses. En esta ocasión conversaremos con parte del grupo “La Rosa de Cobre” (Federico Poleri, Alejandro Arcuri, Esteban Padín y José Luis Britos) quienes estuvieron presentando “Mayo, La Historia dentro de un Teatro” en el Centro Cultural América Libre, una interesante obra sobre los avatares del elenco del Coliseo Provisional de Comedias días antes del cabildo abierto que destituyó al Virrey Cisneros y conformó la Primera Junta.


¿Cómo es que llegan a esa historia?

Federico: Aclaramos que no fue por el Bicentenario (risas). Fue de casualidad. Alejandro Arcuri, uno de los directores y actores, me pasa un cuento de Borges (“El tema del traidor y del héroe”), y yo empecé con la idea de adaptar ese cuento a una obra de teatro. El cuento trata de una crisis pre-revolucionaria y se nos ocurrió adaptarlo a la Revolución de Mayo. Ése era el proyecto original. Cuando empecé a buscar material sobre eso, aparece esta situación en un teatro de Buenos Aires, este hecho de censura, en un libro de Vicente Fidel López. Esto va a ser lo que vamos a terminar contando. Aparecía como un detalle de color, lo contaba Pigna, lo contaba Galasso, pero nos fascinó la historia. Buscamos más material, no había mucho. Ese hecho, además, nos permitía a nosotros contar temas que son preocupación del grupo, que ya aparecían en la obra “La Rosa de Cobre”, sobre todo el rol del artista en la historia. Después nos dimos cuenta que estábamos en el año del Bicentenario, pero llegamos tarde a todos los subsidios (risas).

¿Cómo es para ustedes, que son artistas, meterse con la historia?

Alejandro: Creo que es difícil no entreverarse con la historia. Si lo relacionamos con la historia del grupo, también está relacionada con una historia real de la Argentina, un escritor que escribe una novela, Arlt. En todo caso lo que intentamos ver es el aprovechamiento estético de un hecho histórico. Es interesante arraigarse en parte de la historia, meterse en sus vericuetos. Estuvimos obligados a investigar. Y de ahí nos paramos para contar otras cosas, como qué nos toca como artistas, como gente del “bajo pueblo”, en qué parte de la historia nos toca participar.

¿La intención es la anécdota? ¿Contar algo que no se sabe?

Alejandro: No precisamente. No es contar algo recreándolo, sino ver de qué nos sirve para contar algo nuevo. Aunque también es la recreación de un discurso histórico.

Federico: Pero si vos pensás en lo central de la obra, no tiene que ver con contar nuestra lectura del hecho histórico. Hay una sobrecarga de información a partir del Bicentenario. Eso de romper con Billiken ya está hecho. Ya está resuelto. A nosotros sí nos servía pensar cómo se vincula este acontecimiento histórico con los sectores que no están vinculados directamente con el mismo. A nosotros nos atraen mucho estos aspectos tangenciales. Dan tela para cortar y nos permiten opinar sobre un montón de cuestiones. De todos modos, terminamos haciendo apreciaciones “historiográficas” u opinando sobre el destino de los revolucionarios.

La misma elección de French y Moreno ya es una postura…

Federico: Sí, e incluso nos burlamos de cierto “acartonamiento” de la cuestión histórica. Pero el punto no era ver cómo salimos en el año del Bicentenario. Aunque tampoco era una cuestión puramente estética, como se ve.

Alejandro: Sí, y estaba pensando justamente en el curso que tomó la escritura de la obra, que fue ahondar bastante en la relación French-Moreno, a corrernos de ese eje que era mucho menos rico y centrarnos en esos actores, “cuatro anónimos”. Desarrollar la historia de ignotos, pensando cuántos de ellos serán un aporte a los procesos revolucionarios o a cualquier tipo de proceso. En este punto, creo, se enriqueció la dramaturgia. Y así pensamos no en Moreno, sino en este tipo que pretende hacer de Moreno.

Esteban: Para nosotros fue un trabajo previo muy arduo, y también se sumaba la incertidumbre por la experiencia que hay en este tipo de obras. Son complicadas porque la versión histórica le termina ganando al hecho artístico. Uno puede terminar sobrecargando de cuestiones históricas que no son efectivas para el hecho artístico. Para nosotros era difícil tratar de hacer una recreación, y se encontró a través del personaje de Moreno, que en realidad es un actor pretendiendo hacer de Moreno y todo el conflicto que implica hacer semejante personaje, tan duro, tan mármol.

Federico: Yo venía trabajando con que el personaje de Moreno fuera Moreno, y José venía viendo las dificultades del personaje, y decía “justo yo tengo que hacer a Moreno”, y a través de esa inquietud es que yo empecé a escribir lo que le pasaba realmente a este actor.

Alejandro: Y para mucha gente se termina viendo un Moreno posible. Moreno se va construyendo durante la misma obra.

¿Y cuál es su relación con la disciplina histórica? En general uno piensa en la historia como algo aburrido, o ustedes piensan en recrear el hecho histórico y dicen “uy, me tengo que poner a estudiar historia”.

Alejandro: Sentimos, como en La Rosa de cobre, que hemos visitado la Historia, sobretodo el siglo XX. Arlt fue un fiel retrato de su época. Y fue una visita que nos remitía a momentos muy convulsionados políticamente. En relación a qué vínculo sentimos con la Historia, este grupo, aunque es muy heterogéneo, tiene una particular visión “de la vida”, yo no sé si esto está cerca o lejos de la Historia, pero es la Historia un tema que nos preocupa, a cada uno con su nivel y perspectiva ideológica. Algo de lo que se plantea en la obra es meterse en la Historia, para un actor meterse en la historia de la obra y en otros tipos de historias.

Federico: Hay un interés en la Historia. Para mí por ejemplo que me encargaba de la dramaturgia, y que el período no lo conocía mucho, fue un trabajo de investigación intenso. Hubo gente amiga, historiadores, que nos tiraron ideas y lecturas. Hubo una máquina que se puso a funcionar, traer material y hacer un acopio. En la dramaturgia hay un momento para definir el universo y ahí estuvo el interés por el conocimiento histórico. Libros, biografías, archivos. Mucho sobre el teatro en esa época, sobre los personajes -que existieron-, como Ana Campomanes o el propio Morantes, los primeros actores profesionales. Todo eso para mí fue una novedad, lo disfruté, fue un momento de descubrir la Historia, hasta ahí uno tocaba de oído.

Esteban: Era muy lindo estar leyendo todo el grupo al mismo tiempo, descubrir a los que escribieron la Historia, ver cómo se fue escribiendo. Hay cosas que son muy distintas, desde detalles a cuestiones ideológicas.

Federico: Lo subjetiva que termina siendo esa escritura. Por ejemplo el tema de Moreno, si es un asesinato político o no.

Ahí hubo una toma de posición…

Federico: Y ahí se encuentra la tensión entre lo que verdaderamente pasó y lo que uno quiere construir como relato. Nosotros sabemos que a través de los distintos discursos historiográficos lo que se juegan son pulsiones políticas, a veces mucho más que llegar al hecho en sí, aunque haya una búsqueda de material que te pueda arribar mucho más a la verdad. Bueno, nosotros tomamos una decisión: “para mí al tipo lo mataron”.

En la obra se trasluce su posicionamiento con respecto al arte como agente político, se ve que tienen la intención de mostrar algo…

Federico: Y una nostalgia (risas). Digo yo porque el teatro ha perdido un poco la influencia que tenía en otra época. Igual no hay que exagerar sobre ella pero que a veces molesta al poder es indudable, hay muchos actores desaparecidos en escena, inclusive acá en Mar del Plata. Nosotros buscamos generar cosas con nuestro teatro, que no pase desapercibido. No porque creamos que con el teatro se pueda cambiar el mundo pero sí como decimos en el programa: que pueda ayudar a mantenernos despiertos.

Alejandro: Cuidándonos de las penosas bajadas de líneas. No queremos algo obvio, ni tan duro, no queremos pararnos en un pedestal desde una superioridad moral. Es una búsqueda estética, transformar algo político en algo bello.

En la puesta en escena se ve una estética brechtiana, se la ve atravesada por el distanciamiento constante.

José Luis: Esa es una elección que tiene que ver con la génesis del grupo y su primer producto, “Crónicas de un comediante”, es un rasgo de nuestra identidad grupal. Evidentemente hay una jugada por el distanciamiento, por los recursos épicos que igualmente están resignificados a la luz de los tiempos. Tal vez en “Mayo” nos hemos permitido ahondar en un tránsito más emotivo que no está presente en otras obras pero sigue siendo una jugada brechtiana.

Alejandro Morea y Alejo Reclusa – De la redacción

N. del E.: La imagen es cortesía de Valeria Massa.
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