El Carnaval es una fiesta pagana en su origen. Antiguamente, las comunidades se festejaban a sí mismas. La fiesta implicaba una catarsis, una “venganza” simbólica de la realidad. Las máscaras y muñecos que se creaban para la ocasión satirizaban a los notables de cada pueblo. El cura, el cobrador de impuestos o el alcalde eran de esa manera ridiculizados a través de representaciones grotescas. Así se subvertía el orden de las jerarquías sociales, y la plebe se burlaba, una vez al año, de los representantes de la autoridad -del rey- a nivel local.

Su origen se ha rastreado en el Cercano Oriente, siendo luego adoptado y resignificado por las naciones católicas europeas. En los países que tienen tradición cristiana, el Carnaval se celebra precediendo a la cuaresma. Allí el carnaval es absorbido por el cristianismo, y en su esfera, es el periodo de desmadre permitido previo a la abstención generalizada de la cuaresma. Sin embargo, la fiesta ha perdido su significado religioso y hoy en día, en los países o regiones donde la celebración está muy arraigada, los festejos se extienden a los fines de semana de febrero y el primer fin de semana de marzo. Es el caso de Brasil, sede del carnaval más famoso del mundo, o de ciertos lugares de la Argentina, como Corrientes y Entre Ríos.

En la Ciudad de Buenos Aires, la época colonial dejó como legado un sincretismo en las prácticas culturales, producto de la interrelación de las llamadas castas -indios y mestizos- con las sociedades de africanos y afrodescendientes. Así, el carnaval en Buenos Aires tuvo aditivos propios de la cultura africana: el corso, con comparsas de negros y de blancos que acompañaban la marcha con disfraces y música.  Más tarde, el festejo fue cobrando importancia y las murgas fueron agregándose a los corsos.

La Dictadura Militar de 1976-1983 prohibió los festejos del Carnaval en Junio de 1976 mediante la Ley 21.329. Seguramente, la subversión del orden social que el festejo simbolizaba no convencía al régimen militar. Pero en los breves fundamentos de esta norma, con la que se modificó el calendario de feriados anuales, se puede ver otro de los motivos –quizás el más importante- que llevó a Junta Militar a eliminar los días dedicados a la celebración. La Ley 21.329 deja sin efecto los estatutos o acuerdos laborales que obligaban el pago de los días de carnaval como días trabajados. Desde el 9 de junio del 76, quien quisiera sumarse a una comparsa, podía hacerlo si encontraba alguna, pero mejor que lo hiciera fuera del horario laboral, sino quería que le descontaran el día, el presentismo y tantos otros derechos adquiridos. La prohibición por ley de los feriados de carnaval buscaba, entonces, no sólo evitar las concentraciones y los espacios que alimentaran el espíritu de protesta, sino además flexibilizar la contratación de mano de obra.

Los autores de este artículo coinciden con los Hombres Sensibles de Flores creados por Alejandro Dolina: el Carnaval es una fiesta en la que la gente se pone contenta en virtud de algún suceso que todos conocen menos ellos. Por eso suelen optar por otros bailes igual que los muchachos comandados por Manuel Mandeb y su Corso Triste de la Calle Caracas, que aprovechaban esa fecha para meditar sobre el paso del tiempo y demás faenas por el estilo.

La recuperación de estos feriados, de todos modos, permite que aun aquellos que creen que el carnaval es aburrido puedan disfrutar a su manera de estos días, del mismo modo en que aun el peor de los ateos disfruta del Viernes Santo.

María Laura Mazzoni y Alfredo Ves Losada  – De la redacción

Anuncios