Para empezar con la crítica de The Pacific hay que tener en cuenta su producción, ya que es un aspecto en el que se la presupone revolucionaria.

The Pacific se transformó en la serie más cara de la historia, con un presupuesto cercano a los doscientos millones de dólares (superando a Lost, que ocupaba el primer lugar). La serie contó con la dirección de Steven Spielberg y Tom Hanks (directores de Band of Brothers y con gran experiencia en el cine bélico), además de Tim Van Patten, un histórico de HBO (The Soprano,  Deadwood, Boardwalk Empire). Fue rodada principalmente en Australia, y se basa en las memorias de dos soldados norteamericanos, With the Old Breed de Eugene Sledge y Helmet for My Pillow de Robert Leckie. La serie narra la historia de ambos autores y la del marine John Basilone en las batallas contra el Imperio japonés. Si estos datos todavía no pueden darnos una idea de la excelencia de la producción que tuvo esta miniserie, debemos decir que The Pacific contó con el excelente equipo de producción de HBO, así como con el de Dreamworks, el nuevo gigante de la animación.

Si The Pacific hubiera salido allá por 2001, antes que Band of Brothers, hoy estaríamos hablando de una de las mejores series de la historia, pero el hecho de que no pueda igualar (no creo ni que se acerque) a su predecesora, la deja en un escalón muy inferior. Si bien la ambientación y las escenas de guerra están muy bien logradas (aunque a veces se abuse y pueda calificarse como gore), la trama nunca logra introducirnos en los personajes que la componen, generando confusiones que no permiten seguir claramente la historia. Además, contiene escenas románticas que quedan innecesariamente insertadas, hasta el punto en el que uno no entiende de donde surgieron.

Sin embargo, el peor problema que encontré en esta miniserie es su bipolaridad. En sus diez capítulos se pueden encontrar algunos dignos del equipo que las realizó y de las expectativas generadas, mientras que otros solamente generan la espera para que terminen y ver si el siguiente es mejor.

También está presente una característica típica del cine bélico norteamericano, y que fue uno de sus motivos fundacionales del género: la apuesta a enaltecer un orgullo nacional golpeado, a través de esta epopeya de héroes anónimos. Y este es un punto que me generó escozor con esta serie, como suele sucederme con otros productos de este tipo. Si bien es obvio que en un contexto de guerra no va a apreciarse la otredad cultural del enemigo, el relato se encarga de mostrarnos a los japoneses como despiadados, capaces de cruentos ataques suicidas (dejando entrever los temores de la sociedad norteamericana post 11-S) y, por sobre todo, los describe como amarillos preparados para resistir años en una ciénaga, recurriendo a imágenes por demás cuestionables.

En síntesis, creo que esta serie contiene algunas buenas escenas, principalmente las de guerra (que es donde se nota más el presupuesto invertido), pero que al mostrarse como una secuela de Band of Brothers, queda opacada por el brillo que tuvo la primera, y que la convirtió en un clásico.

Emmanuel Juan – De la redacción

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