El de Uruguay es considerado el carnaval más largo del mundo… No cuenta con la ostentación de las escuelas de samba del carnaval de Río de Janeiro; ni con la tradición y despliegue estético de los de Venecia, pero reúne un poco de éstos a la vez que suma particularidades propias que lo convierten en un espectáculo interesante para disfrutar.

A principios de febrero, se les da comienzo en Montevideo con un impresionante desfile donde participan todas las agrupaciones que formarán parte de la competición oficial del carnaval, durante cuarenta días. La avenida principal toma las características del más tradicional de los sambódromos para el disfrute de un gran número de espectadores. Todo es gratuito, y hasta la televisión realiza trasmisiones especiales.

Luego vienen las “llamadas” y la tradición africana tiñe de candombe los barrios de la ciudad. La estética se asocia a un pasado de explotación y destierro: los grupos de Negros y Lubolos visten calzas negras con marcas blancas simulando los latigazos recibidos por los esclavos durante el período colonial; y el tronar de los tambores revive los sonidos de aquellas tierras lejanas dejadas atrás, de un continente que no se volverá a ver, de una aldea que pronto desaparecerá a causa del avance europeo…

Y así, con el sonar de los tambores, los barrios bajos se despiertan y todo empieza a tomar mayor color y sonido con el inicio de los tablados (hay uno por barrio), escenarios populares por excelencia -a precios muy accesibles- adonde asiste, principalmente, un público local.

La competición propiamente dicha cuenta con reglas específicas (a las que se atienen todos los conjuntos), y diferentes instancias a sortear (primera y segunda vuelta, liguilla y finales) en las cuales se van sumando puntos asignados por un jurado según la performance desarrollada arriba del tablado principal: el Teatro de Verano del Parque Rodó.

Si bien las más destacadas son las Murgas, son varias las categorías que participan junto a ellas: Los grupos de Humoristas, Parodistas, los Lubolos y las Revistas.

Los Humoristas y los Parodistas tienen algunos puntos en común, aunque compiten por separado. Además de los cantantes y del cuerpo de baile característico de los segundos, las reglas estipulan que el tipo de parodia que deben realizar tiene que estar asociada a algún cuento o novela tradicional o a alguna personalidad famosa: ejemplos de este año son la parodia de la vida de Cantinflas (parodistas Los Caballeros) o una adaptación de “Lo que el viento se llevó” (parodistas Momosapiens). Además, hay que resaltar que su popularidad es impresionante. Tienen grupos de seguidores, como es el caso del conjunto parodista Zíngaros, muy aclamado en los tablados y vitoreado por el público femenino.

Por su parte, las Revistas cuentan con una puesta en escena muy similar a las conocidas revistas porteñas de la calle Corrientes (sin tanto esplendor, por cierto). El cuerpo de baile, los cantantes y las “vedette” con sus plumas son estructurados en sketch, donde también están presentes algunos momentos de humor.

Pero el carnaval tiene sus propias vedette. Las Murgas son el plato fuerte y la atracción de todo el evento. Son las que se llevan la mayor propaganda, las notas críticas de los periódicos, el aplauso masivo del público. Constituyen el espíritu del carnaval…

Su constitución es muy particular. Cuentan con una veintena de coristas acompañados por tres instrumentos de percusión (bombo, redoblante y platillos), todo bajo la supervisión del director del conjunto, encargado de los arreglos corales y musicales. Característica particular de las murgas uruguayas, donde priman las voces por sobre los diferentes bailes festivos y ritmos de percusión.

Y es por ello que los letristas adquieren tanta importancia dentro de las murgas (Raúl Castro y Jaime Roos para Falta y Resto; los hermanos Cardozo en Agarrate Catalina son los ejemplos más conocidos). Por reglamento del concurso, los cuplés, que forman parte de la estructura de la presentación, deben hacer referencia a temas de actualidad. La política local e internacional, el fútbol, el barrio, etc. son retomados desde una mirada crítica y muy ácida (recurrentes son las referencias a las victorias logradas por la selección uruguaya en el último Mundial de Fútbol; el trauma de los mineros chilenos; los conflictos sindicales en Montevideo, la violencia). Llegando al punto de tomar posicionamientos políticos concretos, muchas veces asociándose con el discurso oficialista o con el de la oposición. Como fue y es el caso de la murga Agarrate Catalina, recientemente ganadora del carnaval 2011 (merecidamente por cierto), que luego de años de “cantar” su apoyo a José Mujica (lo que le valió el título de estar “pagada por el Frente Amplio”) pasó a adoptar una postura sumamente crítica y hasta agresiva hacia la personalidad y las medidas, supuestamente “blandas”, del actual presidente charrúa.

Así son las murgas, y así es el carnaval. No es el más famoso ni con el de mayor tradición… pero durante febrero y marzo -con una concurrencia masiva- el tablado uruguayo se convierte en el foro popular de críticas y alegrías; siendo la primacía de los arreglos corales el toque de distinción y lo que marca su diferencia con respecto a otros reconocidos carnavales del mundo.

Joaquín Marcos – De la redacción

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