En el mes de mayo, los encargados de esta sección, transitamos las salas que cobijaron a la VII edición del MARFICI y nos propusimos tratar de llevarle a los lectores de Palabras Transitorias una voz autorizada sobre el estado actual de la producción audiovisual independiente. Con esto rebotando en nuestras cabezas, es que el 3 de junio nos encontramos con Miguel Monforte, realizador, investigador y docente de Cine y TV y Jurado de la sección Cortometrajes de esta recientemente finalizada edición del MARFICI, para conversar sobre el estado actual de la producción argentina y las posibilidades que se abren para los realizadores independientes con la nueva Ley de Medios.

¿Cual es el balance que hacés del MARFICI hasta la fecha?

Desde el punto de vista personal para mí es importante haber participado en la creación de un espacio. Lo que pasa con este tipo de acontecimientos es que se ha generado un espacio para que los realizadores puedan “meter” sus producciones, sean cortos, largometrajes, en lo nacional. Esto ayuda a un realizador independiente, porque sabe que existen estos lugares donde se trata la obra con respeto. Nosotros hemos impuesto, como dice el viejo Martínez Suárez, que lo seleccionado es el material más valioso que nos llega. Eso para nosotros, desde el amor por el cine, es un gran planteo ético. Además porque sabemos que hay un público que respeta eso. Como balance, sabemos que hay un espacio en Mar del Plata donde además se genera una movida “de pasillo” bien del cine independiente donde se hacen relaciones. Desde el punto de vista internacional, traer todos los años un material distinto, que el público local que es seguidor sabe que no hay otra forma de conseguirlo y más con la “ceremonia” de la pantalla grande. Además tenés la posibilidad de charlar con el director o los actores. Son muchas las cosas, estamos más que contentos con el balance.

 ¿Estás conforme, en tu rol como programador o jurado del MARFICI, con la cantidad de público que pasa por el festival?

En realidad, cuando ves poca gente, lo que uno más siente programando, cuando traslada a las salas el trabajo de 6 meses, es poco grato. No alcanza con saber que uno hizo un buen trabajo como programador, yo no puedo separar las cosas. Evidentemente hay intereses antagónicos que chocan y que hacen que nuestro festival no tenga la prensa que se merecería. En definitiva si bien el público ha crecido no es el que uno desearía. De todas maneras cuando uno se acostumbra a esto quizás disfruta más la charla con los 20 que van que si vinieran 200 que se levantan a mitad de la proyección porque no entendieron la película. Además Mar del Plata es muy particular. Mucha gente se entera del MARFICI y no va. Pero es como dice un amigo, un día van a venir los Rolling Stones al Polideportivo y el estadio va a estar medio vacío porque la gente va a preferir verlo por televisión. El marplatense no sale a ver nada. Además te implantan la idea del festival internacional de clase A, que uno quiere mucho, al que la gente va en masa a ver cualquier cosa y después se llevan una sorpresa porque la película es mala o no funciona. Opera mucho esta idea de que el festival armado desde Buenos Aires es mejor que cualquier cosa organizada localmente por cualquier hijo de vecino.

¿Con respecto a la producción cinematográfica independiente nacional, cómo la ves? ¿Ha crecido?

Ha crecido mucho. Desde los más independiente, lo más extremo, lo más “border”. Nosotros hemos recibido largometrajes hechos con cámara de fotos, con celulares. Se han hecho festivales con largometrajes hechos con celulares. Eso es ser “realmente independiente” (risas). Haciendo esa separación, hay un cine independiente, profesional, con una pata industrial (porque esta hecho para ganar plata) pero que no se atiene a las grandes productoras, que es muy saludable, que es lo que ha dado paso al “nuevo cine argentino” desde 1996  con Pizza, birra y faso, que se presenta en el Festival Internacional de Mar del Plata en esos años. Es el mal denominado “nuevo” cine argentino (porque el “nuevo” era el de los sesenta). Pero también porque pareciera que ya no tiene nada “nuevo”  para contar (risas). Es que independiente, aclaremos, significa tener una buena historia para contar y contarla como yo quiero. Sin recortes. Con formas de producción que están entre cooperativas o semicooperativas. Esa camada de cineastas independientes hoy están subsidiados por el Estado (porque los ganan todos), lo que les da una pantalla mayor, por lo que ya no les cabe la etiqueta de “independiente”. Desde el 2000 que hay una nueva camada de cineastas, de pibes que han podido estudiar. Argentina tiene más estudiantes de cine que toda Europa, es un país muy ilógico –risas-. Toda esta gente hace cine independiente. Yo recibo 300 cortos siendo jurado del MARFICI, más otros en otros festivales, casi 500 cortos, más 50 o 60 largometrajes a pulmón, si era malo o bueno había que verlo, pero es mucho.

¿Una movida cultural muy importante, no?

Sí, acá estamos acostumbrados a salir al ruedo con cualquier cosa. Y hay un público que sabe que hay una movida cinematográfica gestándose, donde hay un montón de pibes que se están expresando. Con un lenguaje novedoso y tecnologías novedosas. Estamos viviendo una “etapa de quiebre” que no sabemos a donde nos va a mandar, mínimo 20 mil años para adelante. Yo me siento orgulloso de estar presenciando esta etapa.

Y como ves el horizonte de producción cinematográfica y televisiva también, con la Nueva Ley de Medios 

La misma gente que la ha hecho no sabe bien a donde va a parar. La idea es que se genere un cambio de paradigma importante, más federal. El tema es que con la radio es piloteable, con la televisión es más difícil. Yo no quiero un canal, y su manejo. Yo quiero producir un buen producto. La televisión es una picadora de carne, donde va a aparecer de todo. Hasta que no se ponga en marcha no sabemos que va a pasar. Nadie sabe lo que hay que hacer. Porque ya sabemos que no va a haber una “catarata” de dinero del Estado (risas). Va a tener que ser más autogestionado. Podemos llegar a hacer productos berretas y desgastarnos.

¿Deberíamos hacer una transición mas escalonada?

 Sí, mi lógica mental me indica que sí. Pero cuando se toman estas decisiones, lo implantás y estalla. Habrá que separarse un poco y ver como se desarrolla esto. Mi temor es que vuelvan los pulpos en poco tiempo u otras cosas escandalosas: un tipo que tiene un canal en Sierra de los Padres y se pone dos radios. Eso es un Multimedio!! (risas) Ese tipo no entendió nada. Eso es lo que no queremos. Además con tecnología que no cubre más que un barrio y multiplicar radios, eso no lo pretendemos.

¿Qué te parece la iniciativa de contar con un canal estatal que proyecto cine de producción nacional?

Realmente estoy MUY DE ACUERDO. Hasta de forma propagandística. Lo defiendo a muerte. Además si no fuera realizado por el Estado esto no existiría. Pero esto pasa a nivel mundial. El arte, en general, no es acompañado por las empresas. Si no tiene mucho rating los empresarios no invierten, no adhieren a este tipo de iniciativas. El Estado además se tenía que hacer cargo y mostrar todo esto, porque el cine argentino, subsidiado por el INCAA, produce entre 50 y 90 largometrajes anuales de manera profesional. La mayoría de esta producción no se estrena, no tiene espacio en las salas. Es mucha plata que se invierte por parte del Estado por lo que la posibilidad de contar con el canal es una alternativa real para que esa producción circule y de alguna manera ese dinero vuelva.

Alejandro Morea y Alejo Reclusa- De la redacción

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