Dos imágenes. Dos momentos. Dos historias. Una misma lectura. Quizás, a los ojos de muchos, parezcan hechos aislados, simples acontecimientos, noticias sueltas dentro del bombardeo mediático de todos los días. Pero, para la subjetividad de quien escribe, esos dos momentos tienen puntos en contacto sumamente fuertes.

Hace unos meses, más precisamente a fines de abril, una noticia impactó en todos los medios: en un recital de “La Renga”, un joven del público accionó una bengala naval que produjo la muerte de otro joven. Dejando de lado todo el show mediático en el que derivó el caso, que me llevaría a perder el hilo de la explicación que intento dar, lo que me interesa destacar y que creo es lo que muchas veces se deja de lado, es el hecho en sí. Más allá de los distintos grados de culpabilidad, que la Justicia deberá determinar, a lo que me estoy refiriendo es una actitud, una manera de obrar y, no menos importante, la existencia de todo un entorno (no me atrevería a llamarlo “cultura”, puesto que me llevaría a otro debate) que no sólo permite que un pibe lleve una bengala que, claramente, sino se la usa de manera adecuada puede provocar daño, sino que ese tipo de acciones están avaladas por una buena parte de la sociedad, bajo la excusa del “folclore”. Que quede claro: no cuestiono el hecho sólo porque produjo una muerte, eso es una grave consecuencia de la aprobación de mucha gente (en algún momento creo haberme incluido en ese colectivo) de ese tipo de prácticas. Sin importarle el daño que pueda producir, sin pensar en el otro.

 

El otro hecho que quisiera destacar no tiene que ver con el mundo de la música en general ni con el “Rock Nacional” en particular, pero considero que está íntimamente vinculado. Hablo de lo sucedido hace algunos días nomás, cuando, mientras River se jugaba su permanencia en Primera División frente a Belgrano, en Córdoba, un grupo de ¿hinchas? “millonarios” invadió el campo de juego en pleno partido. Su objetivo: increpar a los jugadores de su club que, supuestamente, no estaban haciendo todo lo necesario para defender al equipo, a la Institución, la historia, etc., etc. Como en el caso de la bengala mencionado más arriba, aquí tampoco me interesa la agresión y/o la temporaria suspensión del partido, destaco el hecho. El reclamo, la actitud de asumir un supuesto protagonismo por parte de este grupo que saltó a la cancha, cuando el verdadero protagonista no hace lo que yo, como hincha, demando. Eso si, después, cuando el partido termina, me voy tranquilo a casa y que el lío lo arregle otro…

 

Estas dos noticias de los últimos meses, están enmarcadas dentro de un (llamémosle) “espíritu”, que muchas veces se ha definido como “cultura del aguante” (1), que se habría originado en los años ’90 desde el fútbol y se habría trasladado también al “Rock Nacional”. Este fenómeno social, que se focaliza en los jóvenes, tiene distintas aristas. Entre ellas, la que me interesa destacar, es aquella que de alguna manera establece que “el espectador es más protagonista que el espectáculo”. Una versión popular de “el cliente siempre tiene la razón”, si se me permite la analogía. Muchas veces, cuando hablamos de fútbol hemos escuchado la frase “el marco supera al espectáculo” ó “el color de las hinchadas”, ni hablar de la entrada de la barra brava al estadio, que muchas veces se festeja como cuando sale el equipo a la cancha. En el caso del rock, un hecho que empezó a tomar relevancia hace algunos años, fue la presencia de banderas que identifican a los seguidores con cada una de ellas. Recuerdo haber visto videos de recitales de bandas de los ’70 y ’80 en donde era nula la presencia de dichas banderas. Son sólo algunos ejemplos. ¿Son sólo datos de color? ¿o es que a veces los espectáculos son tan pobres que nos conformamos con lo que queda? Tal vez sea que me estoy poniendo viejo y “elitista”, o será que no sabía de que corno escribir esta vez…

El hecho es que a veces se establece un juego perverso, en el cual en virtud de sostener una pasión genuina, se pierde el sentido de las cosas. Ya lo decía el flaco Spinetta:

Bajo la herencia la inmortalidad,
cultura y poder son esta porno bajón,
por un color, sólo por un color,
no somos tan malos todo va a estallar
… (2)

Martín Tamargo – De la redacción

 1. Una interesante explicación de este fenómeno en http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0149/obs_014.html
2. “La bengala perdida”, Luís Alberto Spinetta, 1988.
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