Esta vez nos encontramos en la Librería Polo Norte para tomarnos un café y charlar un rato sobre periodismo y política con Jorge Kostinger, director de la carrera de periodismo de Eter en Mar del Plata y conductor del programa de radio local “El Puente”.

A

Jorge, acercános tu opinión sobre el panorama periodístico nacional en este momento político particular.

 Me parece que hay una ideología periodística que está en su máximo esplendor, que responde al pensamiento de la clase media urbana, sobre todo de la Capital Federal, y eso se extiende hacia todo el país como periodismo nacional. En el conflicto político actual hay una polarización que genera un ocultamiento de la realidad. Hay una realidad “invisibilizada” por los grandes medios de comunicación. Con muchos ejemplos (por citar uno: la situación de la comunidad Qom). Digo, hay en ese “cerco” sobre el discurso y esa anulación del pensamiento crítico grandes “beneficiados”: sean los llamados “medios hegemónicos” o sean los medios autodenominados “contrahegemónicos”, que en realidad buscan su propia hegemonía; para decirlo en términos gramscianos: los medios “K” junto a los “medios hegemónicos” en su totalidad son la “ideología hegemónica”. Contra ellos no se para nada. Hay, sí, un periodismo que se para al margen. Podemos dar el ejemplo de la revista “Mu” o de lavaca.org. Me parece que estos medios se van a encontrar con otro panorama una vez que avancen las tecnologías y sean más profundos ciertos vectores que hoy apenas se vislumbran. Internet está teniendo la capacidad de “personalizar” la información, ajustada como un guante a los deseos de uno. Eso se va ir puliendo hasta encontrarse con medios que construyan una realidad algo distinta. En un momento se habló de los “prosumidores” (Alvin Toffler). Es decir, que ya no se es solamente consumidor de noticias, sino también productor. Y esto pasa permanentemente en las redes sociales: uno está haciendo un “recorte” de la realidad, eligiendo determinados temas y descartando otros, con lo que cada persona empieza a constituir un “medio de comunicación”: sus gustos musicales, políticos, sus temas de interés. Seguimos consumiendo medios masivos, pero me parece que en términos históricos van a tener una “vida corta”.

Bueno, alrededor de eso Eliseo Verón tiene una mirada negativa. Dice que Facebook y Google lo que están haciendo es recortar la potencialidad democrática que tiene Internet, al restringir y orientar el consumo.

 Si, pero también me parece que es partir de la base de que uno “vive” en Internet y no vive en la realidad. Digamos, da la sensación de que uno sólo conoce gente en Internet. Uno se junta con gente en la calle, va a marchas donde uno conoce otra gente y aquí es donde uno puede “saltar el cerco”. Uno vive la “vida real”.

Si, pasa un tiempo acotado en la web…

 Aunque es cada vez más tiempo. Pero me parece que las relaciones interpersonales no se van a cortar. En todo avance tecnológico hay gente que dice que esto es la panacea y gente que lo critica. A ver, en todos los reclamos y conflictos del norte de África en seguida se dijo “fue por Facebook”: y la verdad es que un porcentaje ínfimo de los egipcios, de los tunecinos y de los de Bahrein (no sé el gentilicio -risas-), tiene acceso a Internet. Fueron porque fueron, y a ponerle el cuerpo y no a “postear” por lo que estaban en la marcha.

En función de la transformación de los medios y la personalización de la información ¿cómo se encara la formación del periodista? Porque parece que se van deslizando las alternativas clásicas de trabajo. No es lo mismo una redacción que Internet, y quizás mucha gente ya no te consume un medio “entero” como un diario o la programación entera de una radio.

 Primera respuesta: no tengo ni idea (risas). Porque en realidad se nos quemaron los papeles a todos los que tenemos alguna intervención en formar periodistas. Está desapareciendo un paradigma de periodismo y va a nacer otro. Estamos en el medio: hay ciertos consejos que cobran nueva fuerza. Uno de ellos es “tratá de ser vos mismo”. Parece una frase de “Gran Hermano” (risas). Es que históricamente se formó para los grandes medios. La ambición de los formadores era que ese periodista se desempeñe en Clarín o La Nación o Página 12, y que desde allí pueda cambiar algún aspecto de la profesión o hasta la línea editorial. Como hoy esas “estructuras enormes” parece que tienden a achicarse o más bien, a fragmentarse, el consejo sigue siendo válido: cuanta más autenticidad pueda formarse, cuanto más un periodista pueda enriquecer su universo, vienen mejores perspectivas, mucho más que metido en esos grandes medios. Nunca mejor momento para mantener esas personalidades, como en el caso de su blog. Antes se decía “ahora pensás esto porque sos pendejo, pero cuando vayas ascendiendo en el medio vas a ir comprendiendo que en realidad hay que apagar el fuego en vez de encenderlo”, y terminás siendo Tenembaum que todo el tiempo está explicando para el costado que él es el mismo y nadie le cree (risas). Discutir, tener un pensamiento crítico, para romper con esa tendencia de domesticación que existía antes. Me parece que va por ahí.

Tomando el caso Clarín o el caso Murdoch como ejemplos, cómo ves la relación entres los grandes medios y el poder político, ¿pensás que se está profundizando o hay una ventana?

 El caso de Murdoch me parece que habla de la “elefantiasis” de cierto periodismo, que incluso excede muchísimo a Clarín. Y ese poder omnímodo que van adquiriendo los medios más concentrados. Pero me parece que cada vez son más los que descubren los mecanismos de este periodismo. Y que el periodismo tiene una ideología, y que el recorte no es ingenuo, y que se busca algo. Uno lo puede hablar con gente que lee Clarín y te dice: “si yo lo leo, es una costumbre, pero no puede ser que todo lo que hace el Gobierno Nacional esté mal”. Te hacen una aclaración que antes no existía, porque había una relación de confianza con el medio de comunicación. En este sentido se está mucho mejor. Se comienza a ver la preeminencia de los intereses de la empresa por sobre los intereses periodísticos. Se sabe que en cada medio de comunicación “se apuñala un poco a la verdad”. Y, entonces, se elige el puñal. Eso de ir como “llevado de las narices” por el periodismo sin ver los intereses empresariales, me parece que se está rompiendo. Y esto no es un fenómeno Kirchner sino que es pos 2001, han pasado diez años pero seguimos en esa misma línea.

En ese sentido, ¿no crees que a nivel mundial se desnuda una contradicción entre los Estados Nacionales y los grandes medios? Porque el conflicto Murdoch reveló la presión que ejercía la prensa sobre el gobierno laborista y en toda América Latina hay intentos por reformar las leyes de comunicación como ocurrió en Argentina.

 Si uno ve la propia Ley de Medios Audiovisuales, que no fue difundida correctamente, observa que tiene una profundidad que pasó desapercibida en la polarización de la discusión. Esta ley tiene un contexto internacional fuerte. Tiene que ver con  algunos esfuerzos de Naciones Unidas por contrarrestar la concentración de los medios. Por poner algún tipo de coto a la transnacionalización de los contenidos y por mantener la diversidad cultural. Hay una cumbre en Ginebra en el 2003, otra en Túnez en el 2005 pero antes, a principios de los ochenta, está el informe MacBride, que todavía es un reflejo de cómo los países centrales aplastan a los periféricos en materia de información. Si bien ha cambiado, y ya no está la UNESCO detrás de estas iniciativas después de que Estados Unidos aplastara el informe MacBride porque tocaba sus intereses…

 

Y que sacara a la UNESCO del ámbito de la ONU…

 Exactamente. Ahora lo maneja la Unión Tecnológica Internacional que está manejada por ciertas corporaciones como Siemens o AT&T. Pero hay una corriente mundial para frenar esta transnacionalización de los contenidos y defender la producción local. Es como la tasa Tobin pero llevada a la realidad y a los medios de comunicación. Obviamente ya no son capitales especulativos, no es la timba de la Bolsa, pero son los medios de comunicación. Van y no tienen frontera, no respetan ni al primer ministro británico ni al presidente de Estados Unidos o a los presidentes latinoamericanos. Pero pareciera que cada día se corre más el velo que cubría a ADEPA o la SIP, y desnuda la supuesta independencia de los medios de comunicación y de su libertad de expresión cuando en realidad están defendiendo la libertad de empresa. El caso de Bolivia es el más paradigmático por el tono racista con el que atacan a Evo Morales y su gobierno. Cuando Evo quiere impulsar una ley para que no se denigre a los aborígenes en la prensa dicen que es un intento de cercenar la libertad de expresión y uno puede ver claramente que esta acción está impulsada desde los polos más concentrados de la economía boliviana, porque les molesta, los perturba. Más allá del detalle, de la discusión sobre el discurso y la acción política de Evo Morales, no deja de ser menor que sea un indio el que gobierna Bolivia después de 500 años cuando han tenido, incluso, presidentes que no hablaban español.

Hacia adentro del grupo hemos conversado muchas veces sobre la nueva Ley de Medios y las posibilidades de Mar del Plata: ¿qué es lo que esperás vos que trabajás como periodista en Mar del Plata? Nosotros estamos esperanzados en que ciertas cosas cambien, que se modifiquen la realidad pero más como una expresión de deseo que por la seguridad de que ello vaya a ocurrir.

 Yo creo que el problema es que se considera a esta Ley, como a cualquier otra ley, como una suerte de instrumento mágico que va a cambiar la sociedad, la relación de poder, etc. Nos echamos el “polvazo” de sacar la Ley contra Clarín y compañía, y nos relajamos, creemos que se va a aplicar sola, y esto no es así. La Ley está inscripta en un contexto político, desde la propia AFSCA admiten que hay ciertas transgresiones a la ley. Por lo bajo te admiten que a la Ley la van a violar, y varias veces. Hay gente que te dice que Mariotto con cada uno que se reúne le da una licencia. La Ley dice que están invitados, en ese contexto de diversidad cultural del que hablábamos, nuevos actores y se parte en tres el espectro para que participe el Estado, ONGs e iniciativas comerciales. Pero hay un problema, hoy el pliego para acceder a una señal comercial de TV sale $150 mil y para una ONG $105 mil. Me imagino a los Wichis juntando la plata para acceder a un pliego que no saben si se lo van a dar (risas). A no ser que alguien se lo garantice que lo van a hacer, en lo que supuestamente es un concurso limpio y transparente. Entonces, ¿cuáles son esos nuevos actores?

¿La UOCRA? (risas)

 Claro. Esa diversidad de voces, esa pluralidad, hasta que no haya otras decisiones políticas, no va a estar.

Hasta que el Estado no “empodere” a esas ONG no va a suceder.

 ¡Absolutamente! El Estado tiene que jugar fuerte. Porque al mismo tiempo te están hablando de cambiar los contenidos. ¿La gente qué va a producir en un ambiente manejado por el mercado? ¿Vas a producir un documental que no sabes si te lo van a comprar? Si el Estado quiere cambiar los contenidos tiene que pagar ese documental y lo tiene que poner al aire… Pero volviendo al tema de la aplicación de la Ley y las cosas viejas de los medios de comunicación en Mar del Plata: Aldrey Iglesias sigue siendo dueño de las 3 AM de la ciudad y lo hace con testaferros, lo sabemos todos. ¿Y el Estado dónde está? Lo ves en las fotos con Scioli y te preguntás: ¿lo van a tocar? Obviamente eso depende de la actitud que tengamos nosotros. Porque sino somos más que boludos. Hubo una Coalición por una Comunicación Democrática que empujó para que salga la Ley y salió la ley, pero si no hay un poder de policía ciudadana que controle que la ley se lleve a “finish”, vamos a matar al tirano sin acabar con la tiranía. Si de parte de la sociedad civil no hay participación para controlar y decir: “Che, Mariotto, te olvidás de Don Florencio…” No lo van a hacer.

  Alejo Reclusa y Alejandro Morea – De la redacción

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