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Peter Sellers es un gran comediante. Parece una verdad instalada, refrendada por éxitos (La fiesta inolvidable, La pantera rosa, Dr. Insólito, entre tantas). Sin embargo, es poco conocida su faceta como actor dramático, o en roles dramáticos. Esos que la crítica suele ponderar como actores serios, dignos de Oscares, dueños de los papeles memorables. (Como si hacer reír fuese más fácil, como si no existiese habilidad artística para lograr eso también). Sellers tuvo ambas facetas.

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Desde el Jardín (Hal Ashby, 1979) es una película pequeña. No por su duración ni por su mala factura. Al contrario. Lo que la hace pequeña es la trama, la historia que quiere contar. Y no por ello carece de profundidad. Basada en la novela homónima de Jerzy Kosinski, quién también oficia de guionista, el film narra los días de Chance (o Chauncey Gardiner), un jardinero que estuvo al servicio en una casa desde niño y que nunca salió de ella, que tampoco sabe leer ni escribir (con algún indicio de problema mental que no se especifica). El protagonista se ve obligado, tras la muerte del dueño de la casa, a salir al mundo y por un accidente en la calle termina en la casa de Benjamín Rand, empresario y presidente de una entidad empresaria de los Estados Unidos. Se hace íntimo de Rand (Melvyn Douglas) y de su mujer, Eve (Shirley MacLaine), conoce al Presidente de los Estados Unidos (Jack Warden) quien toma sus consejos sobre jardinería como hábiles sugerencias para la crisis económica.

Pero, ¿de qué trata?…Uyy qué dilemaa!!! Me parece bastante difícil asegurar que trata de esto o aquello. Al verla varias veces, siempre me da la sensación que aborda algo distinto, quizá allí radique la atracción que me causó la primera vez, y que hace que la siga viendo. Cada nueva proyección permite una lectura diferente y eso está bueno, realmente muy bueno. Imaginemos cómo sería lo contrario: historia cerrada, personajes encuadrados, linealidad, final feliz, pochoclos, butacas, alfombra roja!!! (¡Ojo: a Hollywood le va bastante bien con esta fórmula!). La primera vez que la vi pensé que hablaba simplemente de política, que Chance era una excusa para hablar del poder, de las corporaciones, de la democracia, de los medios de comunicación. La siguiente ocasión sentí que había algo más, estereotipos, crítica social, una sociedad estadounidense de los 60’ donde los negros y los blancos se encontraban todavía en escalones sociales muy diferentes (a pesar de las prédicas de M. Luther King todavía un blanco con traje y corbata era más confiable que un negro súper culto). La tercera me surgió otra mirada nueva, más subjetiva quizás, que ponía el acento en el problema de la comunicación. Acostumbrados estamos a manejarnos en una relación emisor – receptor que nos es cómoda. Nos comunicamos creando un receptor “promedio”, suponiendo que se establece un mismo registro entre el emisor del mensaje y quien lo recibe. Chance demuestra la falla del sistema, encuentra sin saberlo una grieta y permanece, se escabulle, se filtra, sobrevive. El protagonista, lejos está de entender el significado de los mensajes que recibe, pero responde con lo que sabe (de plantas y programas de televisión), brindando contestaciones totalmente coherentes en determinados momentos u otras que tienen efecto por ser las esperadas por su interlocutor.

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Chance, es simple, se muestra tal como es, responde sobre jardinería, sobre cuidar las raíces, sobre el crecimiento de la primavera y el verano. Su franqueza es un valor que se muestra escaso y que por ello mismo cotiza en los altos círculos del poder en los que se ve inmerso. Sin pasado conocido, nadie puede usar nada en contra suyo, la corporación confía en alguien con tan altas cualidades para una campaña presidencial.

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El film termina con una escena memorable. Es Chance quien camina por encima de un lago, sin hundirse. Como si no pesara nada, como si no llevara nada en su espalda para caer al fondo. Es magia…Chance, en efecto, hace magia. Cambia la fría vida de Rand y su mujer con su intensidad y sencillez. Sellers lo hizo posible. Sellers, el gran comediante.

     Benjamín M. Rodríguez–De la redacción

N. de R.: Se agradece la colaboración en la ilustración de este artículo a Magdalena Salomon (http://www.wix.com/magdalenasalomon/ilustraciones).
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