En agosto del 2009 salió a la luz un documento de suma relevancia para el mundo de la música: buscaba silenciar, censurar, perseguir; hacer del sonido, silencio. Para entonces se dieron a conocer las siete hojas que, bajo el rotulo de “Cantables cuyas letras se consideran no aptas para ser difundidas por los servicios de radiodifusión”, componen la lista negra del COMFER (Comité Federal de Radiodifusión) en la cual se acallaban 221 canciones que fueron censuradas (mayoritariamente) en los años de la última dictadura militar. Y digo mayoritariamente porque la lista comienza a partir de 1969, y se interrumpe luego de la derrota militar de Malvinas y la precipitación del gobierno de facto.

Al intentar elaborar un primer esbozo de los estilos musicales y temáticas censuradas podemos apreciar algunas particularidades así como también establecer diversos “objetivos” perseguidos por el aparato censurador, evidenciados primordialmente por lo que dicen los temas y por los autores damnificados.

De los estilos musicales mas hostigados, el folklore y los cantautores melódicos componen un número significativo. Siendo secundados por el rock y el folk-rock.

Entre los músicos folkloristas, el salteño “Cuchi” Leguizamón es censurado por su demasiada explicita Chacarera del expediente; Ariel Ramírez por Juana Azurduy y Es Sudamérica mi voz; así como el Triunfo agrario de César Isella.

Igualmente, quien ocupa un lugar destacado es Carlos Di Fulvio. Autor no tan conocido, pero muy virtuoso y que, verdaderamente, se merecería un artículo aparte. Cuenta con más de doce temas censurados. Un disco entero. Desde 1979 ya no se escuchan La conquista del desierto, Carne de cañón, Pasa el malón, El triunfo del alambre, Soldado frontera, La muerte de Calfucurá… Pero, claro está, la figura más rebelde de la música popular que estuvo en la mira de los censores fue Horacio Guarany que desde entonces no cantó Los pájaros de Hiroshima, Sangre de minero, La guerrillera, Estamos prisioneros, y Carceleros…entre otro temas.

En cuanto a los folkloristas extranjeros resaltan los uruguayos. Músicos identificados con la izquierda tanto por sus letras críticas como por su militancia, como Aníbal Sampayo (conocido militante Tupamaro), a quien se le prohíbe Hasta la victoria; o Zitarrosa, montevideano de origen, latinoamericano por adopción (Chamarrita del milico, Adagio en mi país, y Diez décima de saludo al pueblo argentino).

De los cantautores melódicos impresiona el gran número de españoles. Solo pienso en ti de Víctor Manuel, Elijo la locura de Luis “Auti” (errata del español Luis Aute), Miguel Gallardo, Manuel Alejandro, así como también varios temas de Camilo Sesto (Camilo Blanes), entre muchos otros. Mientras que de los locales, Cacho Castaña es tempranamente censurado (‘74/’76) con Cara de tramposo, ojos de atorrante y Si te agarro con otro te mato. De Dino Ramos, Me casé el sábado; y de Sandro, ya tardío (1981/82) se censura Su primer desengaño y La ocasión hizo al ladrón.

Pero quien representa una verdadera sorpresa por no estar eximido de esta pesquisa es Palito Ortega. Aunque está claro que el hecho de que le censurarán un tema no quita su lugar como productor de películas conformistas durante los años de dictadura.

En cuanto a las temáticas de los temas censurados, nos encontramos con otra sorpresa, que quizás no sea tal, pero que viene a romper con un mito fuertemente instaurado sobre la música de ese periodo de la historia argentina. De la larga lista, podemos ver que la intención era más que nada preservar la moralidad. Si bien hay autores que fueron censurados por el contenido político de sus temas, como es el caso de Moris y Pipo Lernoud con Ayer nomás; el representante de la Nueva Canción Chilena Víctor Jara (Te recuerdo Amanda); Pink Floyd (Another Brick In The Wall); la cantante de folk-rock estadounidense Joan Baez No nos moverán; así como también los folcloristas antes citados. Vemos que el gran porcentaje de temas no está asociado a cuestiones políticas, sino que tiene como eje el amor pasional, las relaciones carnales sin límites, el sexo explicito, la ingesta de drogas, etc.

Claro es el ejemplo de Cocaíne de Eric Clapton una apología demasiado explicita en su titulo. Otros de habla anglosajona fueron los Doors (Light my fire), John Lennon (Kiss me Love junto con Yoko), Rod Stewart (Da ya think Im sexy?) y varios de Donna Summer y Queen.

La liberacion de la mujer, con la italiana Sabina Chufinik (No, no, no) también era un ataque a los valores morales de la sociedad. El divorcio de Raúl Hormanza afectaba otro plano de la moral cristiana. O Serge Gainsburg, de origen francés, que en su tema Yo te amo, yo tampoco incluía la simulación de un orgasmo femenino. A los cuales debemos agregar la abultada lista de cantautores locales y españoles como vimos más arriba.

Si en el imaginario social se pensaba al Rock como la música contestaría por excelencia, hoy queda evidenciada una visión más matizada. Con este documento -ahora público- podemos ver que ésa no fue la preocupación primera de los censores del COMFER. Es que la dictadura utilizaba métodos más coercitivos para acallar a los cantantes “díscolos” o politizados: en radio y televisión el rock nacional no era difundido, los espacios públicos para que se desarrollara estaban clausurados y los artistas eran perseguidos por los servicios de inteligencia (“Antecedentes Ideológicos de Artistas Nacionales y Extranjeros que Desarrollan Actividades en la República Argentina” un informe de la SIDE que seria interesante cruzar con la lista del COMFER).

Como pudimos apreciar, la lista abarca varios géneros, los más significativos en número son por un lado, el folklore (o la música popular nacional) y, por otro, los cantautores melódicos –con una imponente presencia de españoles-. Mientras que el Rock y el folk quedan un poco más relegados. Y las temáticas están más enfocadas a combatir la inmoralidad que esas canciones pudieran trasmitir, más que la combatividad militante de las mismas.

 Joaquín Marcos – De la redacción

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