Originalmente, y como puede leerse en la descripción de “La NovenaMusa”, esta sección tenía como objetivo profundizar un poco sobre el mundo de la historieta y aledaños, intentando descubrir ante ojos no entrenados todo lo que han brindado a la cultura popular. Desde hace exactamente un año, específicamente en la política argentina comenzó a utilizarse de forma intensiva la figura del protagonista del cómic argentino por excelencia. Sí, vamos a referirnos un ratito sobre El Eternauta, pero no sólo de la ópera magna de Héctor Germán Oesterheld, sino también de uno de sus principales socios creativos: Hugo Pratt.

“El Tano” y “El Alemán” combinaron fuerzas en los albores del cómic nacional moderno allá por la década del ’50 para dar a luz a varias de las historias más grandiosas que hayan poblado las páginas de los tebeos argentinos: Sargento Kirk, Ernie Pike, Ticonderoga Flint; sagas, personajes e historias de un nivel realmente extraordinario en un tándem creativo de ensueño, sorprendente en un país que no sobresalía particularmente entre las escuelas europeas o americana.  Con el transcurrir de los años sus caminos se separarían, pero sus obras cúlmines legarían al mundo dos personajes inolvidables.

 

Oesterheld publicaría entre 1957 y 1959 (cuando todavía hacía equipo con Pratt) El Eternauta, de la mano del maestro Francisco Solano López, el exponente más importante del cómic argentino, la historia de una invasión extraterrestre a la tierra enfocada en un grupo de sobrevivientes de la ciudad de Buenos Aires. El guión de Oesterheld manejaba a la perfección la ciencia ficción, el suspenso, la acción y la cercanía de los lugares (“la batalla del Monumental” solía ser mencionada por Roberto Fontanarrosa como uno de los momentos más intensos de su vida en las canchas de fútbol). Pero con el transcurso del tiempo se podría corroborar que este relato iba mucho más allá, y que tenía implicancias políticas de gran relevancia. Hoy la frase de Oesterheld es enunciada y enarbolada por casi cualquiera: “El héroe verdadero de El Eternauta es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe “en grupo”, nunca el héroe individual, el héroe solo“. La historia de la resistencia contra los Ellos llegaba mucho más lejos de lo que cualquiera hubiera intuido en su momento. En los ’50 la ciencia ficción estadounidense tuvo The Invasion of the body snatchers; la Argentina tuvo “El Eternauta”.

Años más tarde, la militancia del autor dentro de Montoneros recubriría a su obra de un halo político más que nunca. La secuela de El Eternauta tendría mucho menos vuelo y perdería buena parte de la fuerza de la historia original (la supervivencia, el temor a lo desconocido, el gradual descubrimiento de la aterradora verdad) pero acentuaría su carácter de propaganda. A ello llamaban los tiempos.

Pratt, en tanto y mientras Oesterheld comenzaba a radicalizar su discurso y a transformar en cada vez más explícitas sus ideas expuestas en El Eternauta, daría a luz en 1967 en la revista Sgt. Kirk (que tomaba el nombre del personaje que había creado con HGO) a “una de piratas” ambientada en la Primera Guerra Mundial que lo pondría, como autor, a la altura de Stevenson, Conrad y London: La Balada del Mar Salado. En ella debutaría un personaje enigmático, fascinante y encantador, un aventurero que respondía al nombre de Corto Maltés. Con el transcurrir de los números, el protagonista, un marino nacido enLa Valeta que oscila entre lo romántico y cínico, criado en las juderías de Andalucía y de pasaporte británico, se comería la trama y empujaría a su autor a continuar relatando sus historias.

Para entonces Pratt ya se había destapado como uno de los narradores más talentosos que diera el cómic moderno. Uno de sus colaboradores (y herederos), Milo Mannara, solía bromear con que Pratt “contaba bien hasta los chistes”. Y algo de eso había. De Oesterheld había sacado aquel vicio de contar con viñetas más prolíficas en textos que en ilustraciones. Arte que también iría puliendo con el paso de los años para derivar en un estilo inconfundible con su uso intensivo de la tinta china que lo acercaría más a lo progresivo del viejo Breccia que a Milton Caniff, su influencia inicial.

 

En las historias de Corto Maltés los villanos terminan siendo tanto o más fascinantes y/o disfrutables que los héroes (que abundan en mezquindades, vicios y defectos): la mano derecha ejecutora del genocida Ataturk, una asesina buscadora de tesoros, una red de alcahuetes judíos, el recurrente ejército británico, y el imprescindible psicópata y renegado siberiano Rasputín (quien por momentos le disputa y gana el protagonismo al mismo Corto). Hay maldad y bondad por todos lados, donde se la espera y donde no. Lo único que en estas historias es palpable como un enemigo cruento e inclemente es el paso del tiempo: la certeza que nos aborda al entender el advenimiento de una época en la que nada tienen que hacer estos individuos sobre la faz de la tierra. He ahí que el “final” de Corto Maltés sea un comentario en una historia completamente distinta, durantela SegundaGuerra, en la que un guerrero musulmán comenta que escuchó rumores que indicaban la desaparición del marino mientras luchaba para el bando republicano enla GuerraCivilEspañola.

Cada historia es hija de su tiempo y contexto. El Eternauta surgió durante la resistencia peronista y se radicalizó en sus sucesivas apariciones conforme las izquierdas argentinas recrudecían su lucha. Como dijimos, representaba el héroe colectivo que hacía frente a la potencia que intentaba llevarse puesto a los humanos y al país.

Corto Maltés surgió y maduró, en cambio, a la vera de las revueltas en distintos puntos de Europa de fines de los ’60, y su perfil de aventurero, hombre de mundo, anarquista-individualista, romántico, y dueño de un mix (entre cinismo y bondad) maravilloso lo transformó casi de inmediato en una figura reivindicable por distintos movimientos juveniles del viejo continente.

Ambas figuras continúan, hoy en día, vigentes y son enarboladas por distintos grupos y sectores políticos en Argentina y en Europa. Cada una supo condensar un momento, una situación, una lucha, un desarrollo, y de última, supo predecir una inevitable derrota. Primero, ante el cambio de los tiempos, la indefectible transformación del mundo en una sociedad que no es nuestra bajo ningún punto de vista. Segundo, ante la prepotencia del arsenal militar y los recursos deLa Potencia. Laaventura y la resistencia (y la muerte de ambas). Pratt y Oesterheld. Corto y Juan.

David Fernández Vinitzky –De la redacción

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