Tras una larga insistencia, el autor de este artículo se dignó a aceptar la invitación tantas otras veces postergadas de volcar sus ideas en este espacio virtual. Proveniente del campo de las ciencias aplicadas, Tomás Carrozza es un visitante vocacional del caótico mundo de las ciencias sociales, un curioso incurable y un lector entrenado. Este artículo es un resultado claro de su pensamiento, con ideas que apuntan siempre a la complejidad y al entrecruzamiento, a riesgo de caer en explicaciones fragmentarias se esfuerza por interrelacionar sus múltiples bagajes en una propuestas que nos obliga a repensar lo ya muchas veces pensado. Con ojo crítico recupera un tópico propio de su ámbito específico obligándolo a circular por sinuosos caminos que ponen en entredicho las interpretaciones simplistas de un problema inacabado. La soja como objeto complejo, fetiche político, es puesta en el centro para anudarla a una realidad social más compleja que la dotó de un significado nada evidente para observadores poco entrenados. Tomás demuestra una ambición envidiable por no dejar ningún elemento afuera de su análisis, prefiere complejizar antes que arribar a soluciones fáciles, abrir el juego antes que clausurar las discusiones. Un aporte esperado que abre un panorama fecundo para las discusiones. (Fernando Manuel Suárez –responsable de sección)

A Su y Ro, con cariño.

A veces se habla de lo trillado, como aquel recurso sobre utilizado, como lo común. A su vez, lo trillado tiene otras acepciones, relacionadas a lo agropecuario, la trilla es la operación de separar las partes de la planta al momento de ser cosechada, básicamente lo que se dice “separar la paja del trigo”. Estas dos definiciones se encuentran emparentadas en este artículo, para aquellos que de alguna u otra manera nos encontramos relacionados a lo agroalimentario resulta necesario explicar algunos conceptos “trillados” sobre el sector.

En el caso de este artículo, intentaré abordar algunos conceptos partiendo de un hecho (a esta altura podría decirse el hecho maldito del sector agropecuario) como fue aquel conflicto ocurrido en el año 2008 y que dio a luz muchos análisis y polémicas que son de utilidad para observar las múltiples relaciones entre los diferentes actores de la sociedad.

Lo ocurrido en el año 2008, conocido popularmente como conflicto campo-gobierno fue el reflejo no sólo de la coyuntura de aquel momento, sino una construcción llevada a cabo por los diferentes actores del sector agroalimentario alrededor del cultivo de soja, cuyo crecimiento comienza a mediados de los años 90.

No es fácil intentar generar un análisis sobre todo lo que hay alrededor de este sector, o mejor dicho, un análisis que intente salir de todos aquellos ya realizados. La “mediatización” de este conflicto dio a luz un nicho para la investigación en varios campos científicos y reforzó a otros que ya venían trabajando este tema.

De esta manera nos encontramos con análisis de tipo económicos, sociológico, antropológico; de derecha, de centro y de izquierda; los hay desde las ciencias naturales, que solo ven una planta, los hay desde la ciencias sociales, quienes hablan de las virtudes o defectos del “modelo sojero” o de las consecuencias de la “sojización”.

Ahora bien, la soja como planta. ¿La soja como planta? No, la soja no es una planta; o lo es por definición, tiene hojas, semillas y flores, pero nadie la piensa así. La soja es entonces un objeto atravesado por intereses de los más diversos, y constantemente resignificado, y por sobre todo sujeto a constantes tensiones, productos de la construcción que se hace alrededor de este insignificante grano, pariente de la arveja.

Entonces resulta conveniente detenerse en el año 2008, e intentar dimensionar lo ocurrido, me atrevería a decir entonces que la soja fue mucho más que una planta, hubo una construcción ideológica alrededor de ella, las izquierdas y derechas se mezclaron, o se resignificaron, y entonces planta e ideologías se encontraron de la mano y en pocos meses vimos caminar juntos a las más variopintas expresiones político-ideológicas de nuestro país. Hasta la clase media la significo a esa planta, y a través de ésta se significo un término tan abstracto y concreto como “el campo”.

Las ciencias sociales tomaron un papel más activo, y entre sus agendas de investigación empezaron a hacer más ruido aquellas preguntas relacionadas a las a las consecuencias de este cultivo en particular. Sin embargo las ciencias naturales eran mucho más consientes de la importancia de este cultivo, y del uso a nivel social aunque hicieran implicancia de las cuestiones “técnicas”.

En gran parte por este conflicto, las ciencias sociales comenzaron a hacer eco de la consecuencia de este cultivo, en una fecha similar a la del conflicto, momento en donde surgen de manera exponencial aquellas preguntas sobre el “modelo” que las ciencias naturales venían investigando hace años. Es en este momento donde resulta conveniente plantearse, desde mi humilde opinión, la relación que existe entre las ciencias sociales y exactas, o como bien lo plantea Bruno Latour la relación entre Naturaleza y Cultura.

De esta manera la soja podría convertirse en un objeto través del cual mirar a nuestro sector para caer en la inmensidad de intereses que abarca. A modo de ejemplo a través de esta planta, o por esta planta, se desato uno de los hechos más relevantes y que más polémica genero en los últimos años. A través de esta planta se genero una dicotomía que el mismo tiempo se encargo de demostrar el absurdo que era. La soja se convirtió así en el centro de un debate, para quienes estaban del lado que la veían como fuente de ingreso, y para quienes estaban del lado que la veían como una fuente de recaudación, al fin y al cabo, una fuente de ingresos.

Tome sólo algunos conceptos, y me réferi a un hecho particular de nuestro país, en donde intereses políticos, científicos, sociales, culturales y algunos más se entrecruzan y no hay límites claros de lo que abarca cada uno, lo que se puede denominar “un tejido sin costuras” y un punto de partida para que aquellos que intentamos hacer pie en el campo científicos salgamos del lugar donde estemos y entendamos que “toda planta, todo objeto, es político” y, como escuche alguna vez por ahí, “toda ciencia es social”.

Tomás Javier Carrozza – Columnista Invitado

 1.  Laotur, Bruno (2007): “Nunca fuimos modernos, ensayo de Antropología Simétrica”. Siglo XXI Editores.
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