En el marco de las II Jornadas de Derechos Humanos “Universidad y Escuela”, tuvimos el privilegio de conocer a Andrés Zerneri, un artista plástico argentino cuya peculiaridad se nota inmediatamente. Andrés nos dedicó unos minutos para poder explicarnos su particular mirada sobre el arte y la política. Sus proyectos reflejan con claridad sus valores rectores: la idea siempre presente del “artista colectivo” es encarnada por cada gesto de Andrés y su posicionamiento ideológico se presenta con contundencia en cada parecer  u opinión que esboza ante todas nuestras preguntas.

 

Andrés, para empezar, contános un poquito ¿quién sos, a qué te dedicas?

 Yo soy Andrés Zerneri, soy artista plástico. Como decía hoy en la charla, para mí el arte, la política y la comunicación son sinónimos, son la misma cosa, y trato de conllevar mi oficio como una trinchera para decir mis ideas, para pelearla. Y siento que mis fuerzas se multiplican, sobre todo en la obra colectiva. Eso me parece que es un espacio para poder seguir indagando, aprendiendo. Obras colectivas como la que yo hice: el monumento al Che Guevara, esa es una obra bastante difundida y con esa misma experiencia, salimos con esta nueva tarea de construir un monumento a los pueblos originarios. Algo que no sólo se circunscribe a los pueblos originarios, sino que básicamente es una excusa para que mucha gente que no conoce información sobre su propia identidad, pueda enterarse.

Yo creo que el arte tiene un rol fundamental en eso, en la persuasión, en el juego didáctico de construir, de jugar a construir algo que es divertido pero que, a la vez, tiene mucha seriedad por la forma en que lo hacemos. Y en el mensaje que queremos dar. Una obra que va a ser la escultura más grande en bronce que se va a hacer en la Argentina, producto de la donación de 200.000 llaves. Ese bronce, donado por la gente, solidario, candente, rompe un poco la tradición de la historia de los monumentos en nuestro país, que es nefasta. La historia universal del bronce es bastante nefasta ya que el poder siempre ha tomado ese método de homenaje, o de la doctrina “a quien deberíamos brindarle homenaje”, instaurándonos en nuestro patrimonio escultórico esculturas que no tienen nada que ver con el pueblo. Por eso es que en los monumentos el General Roca es la persona más reproducida en nuestro país.

¿Nos interesa saber cómo te surgió esta idea del artista colectivo, del arte colectivo como idea? ¿Cómo la has llevado adelante? Por otro lado, también nos interesa saber ¿cómo se ha dado la relación, siempre conflictiva, ya sea por presencia o por ausencia del Estado, del Gobierno, de los políticos en general?

 Yo reniego del Estado porque soy medio anarco y de allí nace mi amistad con Osvaldo (Bayer). Soy desestructurado en todo, salvo en la parte en que a Osvaldo le obedezco como no debería obedecer un anarquista. Cuando él dijo que se debía realizar un homenaje a los pueblos originarios, como se hizo con el Che, para mí fue una orden. Me salió la parte más “milica” que tengo. Yo lo sentí como una orden y nos pusimos a trabajar en ese sentido. Primero, con una consulta a las mujeres de los pueblos originarios.

La intención de que el Estado no participe, es porque yo siento, y siempre sentí, que la fuerza popular tiene realmente una capacidad de organización muy grande, que no está dormida para nada. Pero me parece que este juego de construcción colectiva ayuda a estimularla. Es un ensayo de organización. Porque después con esta misma metáfora podemos hacer un montón de otras cosas. Si decimos que juntamos 75.000 llaves para el monumento al Che, podrían ser 75.000 ladrillos, 75.000 chapas, 75.000 formas de la participación popular que construye. Que en vez de pedir, da. Es un ejercicio político maravilloso. Y porque yo como custodio de este proyecto, en el que todavía nos faltan 5 toneladas de bronce, no aceptaría, bajo ninguna condición, que alguien me diera todo el bronce junto. De ninguna manera. Lo que necesitamos es una forma de construcción lo más legítima que se pueda, para que el día de la inauguración, podamos decir realmente, sin mentir, que fue una obra colectiva, legitima y construida por el pueblo. Y dada al Estado. Siempre recibimos de ellos, sin consulta previa, quienes serían nuestros próceres.

¿Qué peso tienen, para vos, tanto las obras del Che como de la mujer originaria, desde la impronta de los monumentos, en el legado que puedan dejar, en la forma en que fueron concebidos y la relación con el Estado nacional?

 Yo creo que si no hacemos un laburo intermedio, para apropiarnos del significante, lo que va a quedar es una cultura medio fea. Porque la verdad que el monumento del Che, parece un “play móvil” (risas), pero lo que yo rescato es que esa escultura, que la construimos con los hijos del Che, con mis vecinos, con alumnos, gente que venía a donar llaves, chicos de colegios que donaban llaves y, de repente, se encontraban con que yo estaba trabajando con la escultura y se quedaban ayudándome. La escultura quedó medio fulera, pero lo importante es ese método. La forma en que se construyó. Queda en mi la responsabilidad de ahora hacer una mejor escultura con la mujer originaria, porque sino me van a abuchear…

Pero yo creo que la intención de la forma en que se construye es lo más importante. Y la escultura termina siendo como la prueba física de la gente que participó. Esa es mi idea. La propia escultura como una excusa. Se cumple un verdadero objetivo cuando la gente que cree que no tiene nada que ver con los pueblos originarios, se entera. Se entera que en la Argentina hablamos no sólo un idioma, sino 14 lenguas, que el 61% de la población tiene un vínculo genético con los pueblos originarios. Se entera que somos un país, pero también 23 o 30 naciones. Comprender toda esta información, que a la vez es difícil de procesar, nos va a dejar una responsabilidad cívica mucho más grande.

Por último, te queríamos preguntar qué formas hay de participar en este proyecto y cómo sigue esto.

 La idea del monumento a la mujer originaria surge de una propuesta de Osvaldo Bayer (ver video). Además, era necesario poder colocar toda esa logística y toda esa red que participó en el monumento del Che en otro proyecto que apunte hacia el mismo lado. En el sentido de la identidad, una identidad que tiene que ver con las ideas y quienes somos. Es necesario que participe mucha gente, que se ponga con el tema de contar al otro lo que estamos haciendo, pero también con estos centros de acopio, que no requiere de autorización previa. Cualquier persona puede bajar el cartelito que esta en la página(1), que dice “deposite aquí su llave para el monumento a la mujer originaria”, eso se imprime, se pone en una caja o en un bidón, y ya queda instaurado como un centro de acopio. Y después, acá en Mar del Plata, se ponen en contacto con el Rectorado de la Universidad, que es el centro de acopio general, y resolvemos con ellos la forma de poder llevarlo a Capital Federal. Que es donde estamos acopiando todo el bronce. Y, quizás lo más rico, “la frutilla del postre”, es donde vamos a emplazar este monumento. Cuando esté terminado, esta escultura de 10 metros de altura, “el monumento de bronce más grande que va a haber en la Argentina”, se lo vamos a donar a la Ciudad de Buenos Aires, a Macri. Pero no porque Macri nos caiga bien, sino porque, justamente, la intención es que la ciudad que más postergó históricamente los derechos de los pueblos originarios reciba en carácter de donación esta escultura. Con una condición: que se saque el monumento al General Roca que está a 100 metros de la Plaza de Mayo, y que se emplace, en ese mismo lugar, este monumento construido por el pueblo.

       Fernando M. Suárez y Martín Tamargo – de la redacción

 (1) http://www.andreszerneri.com.ar/monumento_mujer_originaria.htm
Anuncios