Mucha adrenalina… más que nada ansiedad. El recital empieza a las nueve, las puertas abren a las siete; pero nosotros ya estamos desde hace dos horas junto a la Puerta 9. Asientos sin numerar lo ameritan, y si le agregamos que estamos por ver a un ex Beatles ya ni hace falta aclararlo. Teníamos que tener los mejores lugares que la Cabecera B nos podía brindar…

La cita es en el Luna Park. Y si bien es un recinto chico, es el ideal para una banda que, pese a estar liderada por el baterista de los Fab Four, no tiene ni cerca la convocatoria de un Paul McCartney, que el año anterior en su paso por el país no tuvo problemas en llenar River. Pero la modestia no necesariamente se corresponde con la calidad. Y lo que estamos a punto de presenciar es un contundente recital de rock bien clásico y de muy alto nivel.

 

Se apagan las luces y crece la emoción.

Con la banda ya sobre el escenario suenan los primeros acordes de It Don’t Come Easy y el público estalla con la entrada al trote de un enérgico Ringo, que para nada deja notar sus 70 años.

Lo secundan, Rick Derringer impecable a la hora de lucirse con la guitarra, el gran (me pongo de pie) Edgar Winter!!! en teclados y saxo, Richard Page en bajo, Wally Palmar como segundo guitarrista, Gary Wright en teclados, Gregg Bissonette en la segunda batería y Mark Rivera en percusión.

Todas estrellas que individualmente se lucen sobre el escenario. Porque desde su origen ese fue el concepto de esta banda. Compuesta por muy buenos músicos, cada uno con sus proyectos particulares, All-Starr Band no es una banda para el sostén de Ringo, aunque él sea la atracción principal para los espectadores. Cada integrante tiene su lugar, su momento de gloria.

El “sistema” funciona por rotación: luego de la entrada de Ringo, y pasado Honey Don´t , fueron los turnos de Derringer con la muy rockera Hang On Sloopy; le siguió Free Ride (temon!!!!) y  Frankenstein del muy aclamado y ovacionado Winter –que, por cierto, no dejó de intercalar su saxo con estruendosos acordes del sintetizador que colgaba de sus hombros-.

Y nuevamente Ringo que, ya instalado en la batería y demostrando una gran satisfacción y buen sentido del humor al oír el ole, ole ole, Ringooo, Ringoooo, alternó temas de la gran banda inglesa con algunos propios. Yellow Submarine fue celebrado por el público con una gran cantidad de globos amarillos y ruidosos coreos. Y lo siguieron I Wanna Be Your Man, Boys y Act Naturally que hicieron estallar al Luna. Mientras que de su carrera solista nos dejó Photograph, The Other Side of Liverpool y Back of Boogaloo.

La posta también pasó por Wally Palmar que sorprendió con un cover de los Ramones, What I Like About You. Y por Gary Wright con Dream Weaver que -como explicó en un buen español- compuso en uno de sus viajes espirituales a la India junto a George Harrison.

La noche terminó a todo color con With A Little Help From My Friends, seguida de Give Peace A Chance de John Lennon.

Y aunque algunos esperábamos del bis que nunca llegó, el público quedó extasiado con las dos horas que duró el show, con la cara colmada de felicidad por haber visto a un magnífico Beatle y disfrutado de un impecable recital de rock.

 Joaquín Marcos – De la redacción

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