Si hay una temática que casi garantiza el éxito cinematográfico de por sí, esta es centrar la trama sobre el crimen organizado. Las más grandes películas lo hicieron, dejándonos joyas que hoy en día siguen siendo tan atractivas como cuando salieron a la luz. El caso más paradigmático es el de “El Padrino”, de Francis Ford Coppolla. Basada en un libro que también fue un éxito masivo (el homónimo de Mario Puzo), nos introducía en la historia de una familia mafiosa de Nueva York para mostrarnos, en un ejemplo de la complejidad narrativa, desde su surgimiento hasta las contradicciones del “sueño americano”.

Sin temor a exagerar, The Sopranos intenta llegar a una complejidad narrativa similar.

La historia se centra en Tony Soprano (James Gandolfini) el hijo de un capo recientemente fallecido, que va a ir acrecentando su poder, tratando de afianzarse a medida que pasen los capítulos, mostrándonos las dificultades que se le presentan para acumular poder. Sin embargo David Chase (el creador de esta obra maestra) no quiso quedarse con una trama tan repetida a lo largo de una veintena de películas. Es por eso que The Sopranos se centra mucho más en los conflictos emocionales que tiene tanto el protagonista principal (que se irán desencadenando a medida que avancen las sesiones con su psicoanalista, la Dra. Melphi (Lorraine Bracco)) como los protagonistas secundarios que adquieren una importancia pocas veces vista en una serie. Tenemos que tener en cuenta que la serie consta de 86 capítulos divididos en 6 temporadas, permitiéndonos así avanzar gradualmente en las historias de los diferentes integrantes del clan Soprano y sus aliados.

En cuanto a la producción de esta serie, hay que marcar que tuvo varios directores y guionistas. Si bien el proyecto original es de David Chase, esta serie cuenta con una multitud de guionistas entre los que se encuentran Terence Winter (Boardwalk Empire), Matthew Weiner (Mad Men), Robin Green y Mitchell Burgess (CBS Blue Bloods) y hasta Steve Buscemi. Como suele pasar con las grandes obras, en un primer momento no encontraba financiación. El guion fue presentado a la Fox, que no se decidía si ponerla al aire o no, y su indecisión hizo que el proyecto llegara a HBO, que supo reconocer el ambicioso proyecto y le dio una temporada inmediatamente. Desde ya que la serie respondió rápidamente, promediando los diez millones de espectadores por capitulo.

Un dato particular es que en su primera temporada casi no contaba con actores conocidos. Cuatro actores habían actuado en Buenos Muchachos, y los demás habían tenido papeles menores. Sin embargo tras el gran éxito se incorporaron actores conocidos por su participación en grandes películas de gangsters, como Robert Loggia, Steve Buscemi y Frank Vincent, llegando a contar con la actuación de Sydney Pollack.

Otro detalle no menor que tuvieron en cuenta para confeccionar el elenco es que la inmensa mayoría de los actores son italoamericanos. De hecho hasta uno de ellos, Tony Sirico (que interpreta a Paulie Gualtieri) fue miembro de la mafia en Nueva York.

Si bien no quiero entrar en detalles acerca de la trama, me veo obligado a reconocer la gran actuación de James Gandolfini. Y es que el personaje de Tony Soprano logra hacernos pasar a través de la serie por casi todos los estados de ánimo, e incluso logra que tengamos simpatía por este personaje, pese a que veamos su violencia y sus miserias. Creo que la complejidad que tienen los personajes en general logra que nos compenetremos en sus historias personales y las pongamos en juego mientras seguimos el desarrollo de la historia personal de Tony y sus problemas en la organización mafiosa que trata de conducir.

En síntesis, es una serie compleja y extremadamente extensa, pero que vale la pena disfrutar ya que constituye una muestra de la sociedad norteamericana en el siglo XXI y sobre todo muestra de una manera increíble la disolución de la trama familiar en una sociedad (pensando un caso tan cercano a nosotros como es el de las familias italianas) en la que la familia tiene un valor central.

Una advertencia: los primeros capítulos nos introducen en la historia, pero denle la oportunidad porque realmente vale la pena.

Emmanuel Juan – De la redacción

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