Hace ya varios años que ha sido recuperada, y ensalzada nuevamente, la imagen de Héctor Germán Oesterheld dentro del ámbito artístico y político de la Argentina (léase “Corto y Juan”, en Palabras Transitorias del mes de Octubre). Sin embargo, no ha sucedido lo mismo con una figura que supo ser tanto o más popular dentro de los guionistas de cómic argentinos. Hablamos de Robin Wood, un hombre que, aunque debutó en el mundillo de la historieta cuando Oesterheld ya era todo un prócer, supo igualarlo como uno de los autores más prolíficos y como uno de los más ricos a nivel de calidad literaria dentro del país. ¿Está acaso este limado poniendo a Robin Wood a la altura de Oesterheld? Totalmente.

Como en las historias del alemán primero, y de Hugo Pratt más tarde, es más que normal encontrar pilas y pilas de texto en las obras de Wood, incluso cuando este, a priori, es un autor mucho más enfocado en temáticas “de acción”. Aún así nunca tuvo, realmente, el mismo reconocimiento que HGO. Incluso por aquellos años, el paraguayo se sentía ninguneado por Oesterheld y distintos autores que le recriminaban el no formar parte de ninguna agrupación, de ningún proyecto político. Su reacción ante estas acusaciones era clara:

“¡Andate a la puta que te parió! ¡Vos sos de familia bien! ¡Fuiste a la universidad, tal vez seas una buena persona, pero tenés un ego que te domina, y desde aquí, desde la confitería La Paz, estás luchando por la clase obrera! Pero el único que ha sido obrero fui yo, ustedes viven todavía en casa de mamá y papá, estudiando, yendo a marchas.” (http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/26-6065-2006-01-07.html)

Y es que, nacido en Paraguay en el seno de una colonia australiana, habiendo laburado en fábricas y siendo un completo autodidacta, Robin Wood (su nombre original, no un seudónimo) era realmente un exponente proletario inmerso en el submundo de las historietas. El odio profesado por Saccomano y Trillo hacia Wood por su escasa propensión a tomar partido en política llevó a reacciones del paraguayo:

“pero aquí yo soy el único que ha sido obrero, todos ustedes son universitarios, estudiantes, burguesía, aquí el único que ha sido obrajero en el Alto Paraná, que ha trabajado como levantador de piedras en el Chaco, que ha sido obrero de fábrica, soy yo. ¿Y ahora ustedes me llaman a mí fachista, capitalista, burgués?”

Wood fue el creador de uno de los personajes más importantes de la historia argentina: Nippur de Lagash, el incorruptible, el errante, un guerrero sumerio que huye de su ciudad cuando es tomada por un corrupto y traicionero gobernante enemigo, y a la que promete volver para liberarla. Dentro de los comics de aventuras Nippur desarrolla como ninguno antes la evolución de un personaje. Nippur crece, vive nuevas aventuras y aprende de ellas. En un formato en el que la mayoría de los personajes suelen encontrarse en su plenitud, sumando fuerzas y exudando vitalidad, el sumerio es, casi desde un principio, un hombre cuyos años de auge ya pasaron. Y continúan haciéndolo con el desarrollo de la historia. Nippur se modifica con el paso del tiempo. Con las heridas de los enemigos (ese ojo perdido en la indispensable “Laris, sobre el espejo del desierto” y el consecuente parche que lo acompañaría para siempre) y con las heridas de las mujeres. Justamente una de estas últimas da pie a una de las dos narraciones más políticas de Robin Wood.

El errante vuelve a Egipto, recordando a la fallecida Nofretamón, uno de sus grandes amores, y durante los festejos en conmemoración de la victoria egipcia contra los hititas de la que  participó. El faraón invita para esta celebración a los Hombres de Fuego, una secta de guerreros que, siguiendo un estricto código moral, se habían retirado a las montañas con sus familias. Tras la primera noche de fiesta, y durante la madrugada, los soldados del gobernante, celosos de la intachable reputación de estos guerreros y del amor que su pueblo les profesa, se encargan de acorralarlos y asesinarlos mientras se encuentran desarmados. Podría hacérsele montones de críticas a Wood, y tal vez un sobreanálisis de la historia nos terminaría dejando en un lugar crítico a la misma, pero lo cierto es que nadie, repito, nadie aún en el mundo de la historieta argentina, últimamente tan propenso a la inmersión política, se jugó nunca con una representación que fuera tan abiertamente vista como, desde su publicación, una referencia a la relación del presidente Juan Domingo Perón y el ala izquierda del partido justicialista. Esto probablemente sea lo más gorila que escribí en mi vida, pero la verdad, no he leído cómic alguno, ni el colorido Sueñero de Breccia, ni nada del genial Oesterheld, que representara una lectura más clara del movimiento peronista que ciertas obras de Robin Wood.

En “Historia de una rebelión” esto es más fuerte, aunque menos claro. Allí Nippur relata, como testigo, sin prácticamente influir, los acontecimientos de una antigua revuelta de esclavos encabezada por un orgulloso muchacho. Las palabras que Wood pone en boca del sumerio son más que claras:

“Hay dos formas de enfrentar al mundo, amigo. Una es embistiendo ciegamente y rompiéndote ciegamente el cuello contra él. Y la otra es dejar que el mundo se mueva y ponernos a su par y no en su camino. El toro es un animal fuerte, amigo, pero el zorro vive más años.”

Del trabajo a la casa y de la casa al trabajo ¿no? Un esclavo dice al líder de la rebelión que “Se lucha solamente por llenar el estómago. Y el de los esclavos está lleno, mientras que nosotros masticamos dignidad, digerimos dignidad y nos morimos de hambre y dignidad”. Probablemente las intenciones de H.G. Oesterheld hayan sido muchísimo más loables. Pero si algo no entendió fue la situación y mentalidad del pueblo, ya no sólo peronista, sino argentino en su conjunto. Wood lo hizo a la perfección. Duele, pero lo hizo. Y ningunearlo como suele hacerse en el mundillo del cómic local (e internacional teniendo en cuenta que Nippur de Lagash es, en países como Italia, todo un clásico) es de una hipocresía y una injusticia rampantes.

Este artículo carece de muchísimas cosas (en particular calidad, tiempo y espacio) pero cuando digo que Wood ha sabido captar el espíritu del peronismo, e incluso del “peronismo original”, si es que eso existe, estoy prácticamente convencido. El alcance de este genial paraguayo va más allá del justicialismo y toca, en realidad, cualquier esbozo de estado de bienestar en cualquier locación geográfica del mundo ubicada temporalmente a mediados del siglo XX. El errante es bastante claro acerca de por qué relata esta historia cuando dice: “Tal vez no quiero que la olviden, porque si las pequeñas rebeliones son olvidadas, irán creciendo de volumen y un día destrozarán nuestro mundo y harán temblar a los dioses en sus lejanas moradas”

La vuelvo a leer y me sigue pareciendo mucho más efectiva que esa bosta de la cortina de hierro.

            David Fernández Vinitzky –De la redacción

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