A la memoria de Francisco, mi bisabuelo, y Juan José, mi tío abuelo. Y dedicado a Lina, mi abuela, y Sofy, mi tía, separadas desde muy chicas por la Guerra Civil Española.

Estamos en Burgos, Castilla y León. Afuera hacen -3,7º, son las 8 de la noche y por la puerta entra Concha, una burgalesa bajita de 76 años, toda emponchada pero de pollera, pese a la nieve. Unas 10 personas se encuentran en un local del Ayuntamiento para la reunión mensual de la Asociación para la Recuperación de Memoria Histórica de Burgos (ARMHB).

Este año les otorgaron aún un subsidio del gobierno nacional de €20.000, porque ya estaba aprobado el presupuesto del año anterior, pero no creen que vuelvan a recibirlo, por lo menos no ese monto. Los miembros de la ARMHB están organizando las charlas en los institutos (colegios secundarios) para 2012. Todos los años, miembros de la ARMHB, víctimas de la guerra y el franquismo, se acercan a las escuelas para hablar de lo que pasó. Nos dicen que su objetivo es contar lo que pasó en la Guerra Civil Española y dejar un mensaje de tolerancia y paz, resaltando en los horrores que causa una guerra civil, además de ocuparse de la búsqueda de desaparecidos en la zona de Burgos.

Ésta es una línea con la que también ha comulgado el PSOE. Sin embargo, la ARMH no está ligada a este ni a ningún partido político, y considera la Ley de Memoria Histórica aprobada durante el gobierno de Rodríguez Zapatero una ley débil y blanda. Otras asociaciones como Foro por la Memoria, ligada al PCE, llevan a cabo una tarea similar, en cuanto a la búsqueda de víctimas desaparecidas durante la guerra, pero judicializando los crímenes que van descubriendo, lo que en esta España negada a la revisión y condena de los crímenes de la guerra y posterior dictadura provoca menos adeptos y una ralentización del resarcimiento a los familiares de las víctimas.

Son mujeres –ancianas- en su mayoría, quienes emprenden, con el acompañamiento de un psicólogo, la dura tarea de dar testimonio del horror de la guerra a través de sus propias experiencias.

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-“Eras hija de un rojo y ya, tenías que callar y punto”, cuenta Concha. Ella es una de las mujeres que prestan testimonio ante jóvenes de 16 a 18 años todos los años. Su padre fue asesinado en diciembre de 1936. Era un albañil sindicalizado de Sedano, al noroeste de la provincia de Burgos, y para diciembre del ’36 –a seis meses de comenzada la guerra- la virulencia represiva había amainado en la zona. Pero el día de la Virgen, el 8 de diciembre, estaba en su casa porque era feriado. Allí lo encontraron los nacionales y lo trasladaron a la cárcel de la zona, donde su familia se enteró, a los pocos días, que había muerto. Sus restos fueron encontrados hace poco en una fosa de Sedano junto con los cuerpos de cinco mujeres. Y es que otra costumbre que tuvieron los nacionales fue asesinar, en represalia, a las mujeres de los soldados que habían ido a combatir por la república. Concha y su familia siguieron viviendo en el pueblo de Sedano y fueron señalados por sus vecinos como rojos hasta que se marcharon.

Otra de las mujeres que dan testimonio cada año en los colegios es Sofía. Su padre era Secretario del Ayuntamiento del gobierno republicano de un pueblo de la ribera del Duero –Gumiel de Izán-, y, con tan solo 6 años, vio cómo la vida que había conocido hasta entonces se desvanecía. Su padre y su hermano mayor fueron denunciados por rojos por el farmacéutico del pueblo. Ambos fueron encerrados en la cárcel de Burgos, de donde se les firmó la salida en libertad en septiembre de 1936, para ser llevados, junto con otros 44 prisioneros, a un monte de encinas cerca de Villamayor de los Montes y allí fueron asesinados. Su hermana mayor, amenazada, debió escaparse hacia el noroeste, para tomar en Vigo un vapor hacia Argentina sin pasaje de vuelta. Sofía, su madre y un hermano más chico se refugiaron en el pueblo de su padre donde pasaron miserablemente los primeros años de la dictadura.

Naty también ha colaborado con la tarea de difundir los crímenes del franquismo. Cuando tenía tan sólo cuatro meses perdió a su  padre y a su madre, que estaba embarazada. Los cuatro hermanos de la familia quedaron al cuidado de sus abuelos quienes les contaron su historia. En su caso, las envidias familiares tuvieron un rol fundamental en la denuncia a sus padres, ya que los miembros de la familia que los denunciaron se quedaron luego con algunas tierras de la familia.

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En la reunión también está José Luis. Hace pocos meses la ARMHB encontró una fosa donde se exhumó el cadáver de su abuelo. Éste había sido electo Alcalde del pueblo de Castrogeriz por un partido de izquierda obrera local, de corte anarquista.  El abuelo de José Luis había logrado saltar del camión que los conducía a una muerte certera en una fosa como era la costumbre en ese momento. Buscó refugio en la casa de un familiar en las cercanías, pero fue denunciado por su propia familia y asesinado inmediatamente.

La ARMHB releva testimonios orales sobre la ubicación de las diferentes fosas que se encuentran por toda la provincia de Burgos. En general, los vecinos más viejos de la zona tienen conocimiento de dónde enterraban los cuerpos en las noches, ya sea porque fueron testigos directos o porque sus padres les contaron lo que habían visto. Y es que Burgos fue una zona de brutal represión, ocupada la provincia por los sublevados, en el norte se han encontrado muchas fosas comunes de víctimas de la represión franquista. Este es un dato curioso si se tiene en cuenta que la Provincia de Burgos se adhirió inmediatamente al levantamiento de los nacionales y por lo tanto no hubo allí una resistencia local que justificara el ensañamiento en la represión. La coordinadora de la ARMH Burgos nos explica que si bien el General Mola dio órdenes expresas de represión sistemática de todo aquel que se decantara por una idea de república, de izquierda o que estuviera sindicado; en las denuncias entre familiares y vecinos muchas veces también se pusieron en juego factores como la envidia o los enfrentamientos anteriores por temas personales.

Entre sus miembros, la ARMHB cuenta con arqueólogos y antropólogos forenses que se encargan de exhumar las fosas. Con palas mecánicas y, a mano con picos y palas, los miembros de la ARMH buscan los restos de personas asesinadas en esos años. Las muestras tomadas en las fosas son cruzadas con las pruebas de ADN de aquellos familiares que creen tener alguien cercano en la fosa encontrada. Es un trabajo de hormiga. En España no existe un banco de datos genéticos que nuclee a todos los familiares de desaparecidos de la Guerra Civil, por lo que el trabajo se hace uno por uno y a través de una pesquisa minuciosa.

Sin una ley ni políticas de estado que encuadren la búsqueda de las víctimas del franquismo, y con la crisis económica amenazando el futuro de la subvenciones que reciben, el trabajo de la ARMH está en peligro, y con ello la revisión y la memoria de un pasado no tan lejano, y que aun no ha resuelto la división que ha marcado a España a lo largo de todo el siglo XX.

María Laura Mazzoni – De la redacción

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