Los números redondos siempre ejercen un atractivo especial. No es extraño entonces que los 30 años sobre el inicio de la Guerra de Malvinas hayan generado un mayor interés por saber lo que ocurrió en 1982. En esta ocasión, y para responder al interés que ha generado en gran parte de la sociedad lo ocurrido y lo que ocurre actualmente con las Islas Malvinas, es que hemos decidido consultar a dos especialistas en Relaciones Internacionales. Oscar Mastropierro y Jorge Battaglino, nos acercan sus reflexiones sobre una serie de cuestiones que suelen estar ausentes al hablar sobre Malvinas: cómo asiste el Derecho Internacional a cada una de las partes involucradas en el conflicto, el rol de los Organismos Internacionales y sus resoluciones y la diversas estrategias implementadas por los distintos gobiernos argentinos para recuperar el control sobre las Islas. Los invitamos a que pasen a leer esta “Conversación” recargada y esperamos que las respuestas de nuestros entrevistados arrojen un poco de luz sobre estos temas que suelen quedar en la obscuridad.  

Dr. Jorge Battaglino. Investigador Adjunto del Conicet y Profesor del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella

¿En qué cuestiones del derecho internacional se ampara la República Argentina para reclamar las islas Malvinas? En contrapartida, ¿a qué apela Gran Bretaña?

Existen varios principios y normas del derecho internacional en los que se ampara el reclamo argentino.  Quizás el principal sea el de uti possidetis iure que sostiene que los nuevos estados surgidos de los procesos de independencia en América Latina, conservarían las antiguas fronteras de las colonias del imperio español en América. De este modo,la Argentina heredaba los derechos españoles sobre los territorios del desaparecido Virreinato del Rio dela Plata, que incluía a las Islas Malvinas.

La Argentina también se ampara en todas las resoluciones dela ONU sobre descolonización que apoyan el reclamo de nuestro país.

La posición de los británicos se apoya más en la idea de ocupación efectiva del territorio y de autodeterminación de los isleños. Sin embargo, la resolución 2065 dela ONU establece que las Islas Malvinas no pueden ser descolonizadas atendiendo el principio de autodeterminación y que el mismo debía considerarse en relación a otros principios de mayor jerarquía, como el de la unidad territorial del Estado. En este sentido, la autodeterminación no puede aplicarse a Malvinas porque sus habitantes actuales son una consecuencia del desalojo violento de los legítimos residentes argentinos.

¿Cómo se habían manejado las relaciones exteriores entre ambos países antes de la guerra? ¿Había avances? ¿Qué ocurre después del conflicto?

La Argentina había desarrollado una política de cooperación con los isleños durante la década de los 70’s. También se habían producido avances en las negociaciones sobre la soberanía, se plantearon distintos tipos de acuerdo de cesión, de condominio o de arriendo que tuvieron distintos grados de avance. Sin embargo, todos ellos chocaron con la férrea oposición de los kelpers que llevaron a cabo un eficaz lobby en Londres.

¿Podría analizar la estrategia actual del gobierno? ¿Cómo influye el contexto internacional en el éxito o fracaso de las mismas?

La Argentina ha desarrollado una política de regionalización de la cuestión Malvinas que incluye a todos los países sudamericanos. Este apoyo tiene un significado distinto en esta etapa porque la región tiene creciente peso internacional; es decir, el respaldo sudamericano tiene un nuevo significado histórico. Por ejemplo, Gran Bretaña ha intentado cambiar la opinión de países como Chile y Brasil mediante el envío de funcionarios de alto nivel, sin embargo, ambos países han mantenido su posición favorable al reclamo argentino.

¿Qué opinión le merece el documento “Una visión alternativa” dado a conocer por un grupo de reconocidos intelectuales y periodistas?

El principal problema que encuentro en el documento es que presenta una descontextualización histórica llamativa. Más allá del hecho central de que la postura que propone conduce a la perdida definitiva de las islas, es notable como el documento parece aceptar la realidad de la fuerza. Desconoce y premia a las potencias coloniales que durante siglos no han hecho más que expoliar y sacrificar generaciones enteras de pobladores de las regiones periféricas del planeta.

Malvinas es una consecuencia evidente del colonialismo, una de las 16 colonias que aún subsisten. El hecho de que Malvinas sea una colonia no es algo que sostenga solamente la Argentina o los países latinoamericanos; es el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas el que ha reiterado año tras año que existen 16 territorios no autónomos a ser descolonizados, siendo Malvinas uno de ellos.

Respecto a la preocupación del documento por la autodeterminación de los isleños, podríamos decir que las distintas resoluciones de la ONU, principalmente la 2065,  señalan que las islas no pueden ser descolonizadas atendiendo ese principio. Esto no implica que la Argentina no tenga que considerar a los isleños, por el contrario, existen arreglos institucionales, propios de los estados plurinacionales, que permitirían que los kelpers conservaran su modo de vida bajo la soberanía de la Argentina.

El documento no sólo legitima una rémora del colonialismo en nuestro continente sino que además desconoce la institucionalidad local (la Constitución Argentina establece la recuperación pacifica de las islas) y la global, representada por la ONU, la institución más importante que tiene el sistema internacional.

Mgs. Oscar Mastropierro. Docente e Investigador del Departamento de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Humanas de la UNICEN.

¿En qué cuestiones del derecho internacional se ampara la República Argentina para reclamar las islas Malvinas? En contrapartida, ¿a qué apela Gran Bretaña?

Hay una argumentación que Argentina utiliza históricamente basada en la resolución dela ONU 2065 del año 1965. Esta resolución básicamente tiene tres puntos: 1- Reconoce que existe un conflicto por las islas entre Argentina y Gran Bretaña, cosa que antes no ocurría. 2- Insta a las partes involucradas a sentarse en una mesa de negociaciones y solucionar el conflicto. El tema de fondo es la soberanía sobre las islas. 3-La Asamblea General de la ONU votó a favor de la postura Argentina que sostiene que para solucionar el conflicto se debía tener en cuenta los intereses de los isleños y no los deseos como planteaba Gran Bretaña. Este fue el verdadero triunfo de la diplomacia argentina. La cuestión es qué significaban “los intereses de los isleños” en esa época. Los isleños antes de la guerra no eran británicos, eran ciudadanos de un territorio de ultramar de Gran Bretaña, llamados ciudadanos de segunda. No tenían derecho a salir de las islas e ir a Gran Bretaña. Estaban literalmente aislados del mundo porque la asistencia sanitaria y la provisión de alimentos eran una vez al mes o cada dos meses a través de un barco. La Argentina planteó que los intereses de los isleños podían ser cubiertos por nuestro país. A partir de esta resolución Argentina sostiene que el Reino Unido debe aceptar lo que dice esta disposición. Antes y después de la guerra, Argentina ha sostenido esta postura en la Asamblea General y en el Comité de Descolonización. De allí viene que en 1971 se firmaron los “Acuerdos de Comunicación” que contemplaban: alimentos frescos, frutas y verduras, asistencia médica en el continente, becas para estudiantes en el país, asistencia de combustibles líquidos y gaseosos, etc. Por otro lado, históricamente, los británicos han sostenido que lo que hay que tener en cuenta son los “deseos” de los isleños. Que son ellos los que deben decidir si quieren ser argentinos o británicos. Esto no es aceptado por nuestro país, porque sostiene que los isleños forman parte del problema. No quiere decir que no puedan opinar, todo lo contrario, pero lo deben hacer a través de Gran Bretaña. La ONU, en la resolución 2065, sostiene que los isleños no se pueden autodeterminar porque es una población implantada por los propios ingleses. Esta es una cuestión bilateral, entre Argentina y Gran Bretaña, los isleños no pueden formar parte de la mesa de negociación como una tercer parte.

¿Cómo se habían manejado las relaciones exteriores entre ambos países antes de la guerra? ¿Había avances? ¿Qué ocurre después del conflicto?

El conflicto no comienza el 2 de abril de 1982. Empieza el 3 de enero de 1833, el día en que los británicos llegan, provocan la verdadera invasión de las islas y desalojan la población de la Confederación Argentina transformándolas en colonia británica. Previamente, en 1831, hubo un conflicto con barcos norteamericanos que bombardearon las islas ante los intentos de los representantes “argentinos” de querer cobrarles un impuesto por la caza de focas. Durante el resto del siglo XIX y la mayor parte del XX, la fuerza de los reclamos fue muy dispar, a veces con mayor ímpetu otras veces con menos fuerza. Recién en 1965 es que se logran los primeros avances y en el 71 es que se firman los “Acuerdos de Comunicación”, de los que hablábamos antes. Los “Acuerdos de Comunicación” de 1971 no tenían la intención de convencer a los isleños de ese momento, sino establecer un trabajo a largo plazo. Lograr, tras 50 o 60 años, volcar los “deseos” de los isleños hacia Argentina. Los “intereses” ya nos favorecían, faltaban los deseos, pero esto se interrumpió con la guerra.

A principios de los setenta, durante el tercer gobierno de Perón, hubo también una posibilidad de abrir negociaciones para discutir el tema de la soberanía, pero demoras en el gobierno argentino, la muerte de Perón y cambios en el gobierno británico hicieron fracasar esta posibilidad. Nunca hubo negociaciones serias con respecto a la soberanía antes de la guerra. A principios de 1982 hubo encuentros argentinos-británicos para dialogar por la soberanía, cuando el desembarco ya estaba planificado, pero las reuniones de marzo ya ni se llevaron a cabo, ante las negativas de Gran Bretaña, por lo cual la Junta Militar tomó una decisión equivocada que fue autorizar el desembarco del 2 de abril.

Lógicamente, los “Acuerdos de Comunicación” quedaron cortados tras el 2 de abril y a partir de la guerra fueron los británicos los que abastecieron las islas y otorgaron la ciudadanía (británica: se sobre entiende) a los isleños. Lo que permanece vigente es la resolución 2065. En la Asamblea General de la ONU de septiembre de 1982, Argentina presenta una moción para empezar conversaciones en torno a la soberanía y los miembros votaron a favor de de la postura Argentina.

Durante el gobierno radical, Alfonsín tuvo que enfrentar el tema del “cese de hostilidades”, aunque formalmente no hubo declaración de guerra. Si se reconocieron hostilidades ya que se cerraron las embajadas y retiraron los diplomáticos. En el 84 hubo reuniones, pero ante el tema de la soberanía los diplomáticos británicos se retiraron. Al final del gobierno de Alfonsín, Dante Caputo, buscó una alternativa que fue lo que después se conoció durante el gobierno de Menen como “el paraguas de soberanía”. Esta consistía en poner la cuestión de la soberanía bajo una “sombrilla” y dialogar sobre todos los temas que también interesaban a ambos países como la pesca, las comunicaciones, la ayuda a las islas, la protección del medio ambiente, sin que ningún acuerdo que se llegue sobre estos temas afectara la posición de cada uno de los países con respecto a la soberanía. Al asumir Menem, lo primero que hace es restablecer las relaciones diplomáticas con Gran Bretaña y se firma el cese de hostilidades. Con este “paraguas”, y con Guido Di Tella como Canciller, es que comienza lo que se conoce como la “política de seducción” para tratar de conquistar los “deseos” de los isleños y se implementan medidas para convencerlos.

¿Podría analizar la estrategia actual del gobierno? ¿Cómo influye el contexto internacional en el éxito o fracaso de las mismas?

Lo que es seguro es que las islas no van a retornar a la argentina en el corto plazo. Cuando Rafael Bielsa era Canciller de Néstor Kirchner dijo que no importaba si pasaban 400 años, que había que seguir peleando. Si bien no resulta sencillo compararse con China, habrá que apostar a la estrategia que ellos utilizaron con respecto a Hong Kong. Los números redondos siempre generan cosas pero la escalada del conflicto no es nueva. Generalmente, se origina en el lado británico, siempre hay marinos que están alertando sobre la posibilidad de que Argentina intente retomar el control por la fuerza. A estas voces tradicionales se ha sumado la posición del Primer Ministro Británico que hasta habló de que Argentina es un país colonialista. Quizás la estrategia de responder en el mismo tono ha hecho que la burbuja por el conflicto haya crecido, sin embargo, creo que es necesario tener una postura firme ante los dichos y los actos de Gran Bretaña. Quizás algunas reacciones son exageradas como lo que ocurrió con la presencia del príncipe en las islas. Es importante el apoyo recibido por parte de los países de Sudamérica, así como también las iniciativas en la OEA y las Naciones Unidas a favor de la Argentina y en estos últimos meses que organismos como el Mercosur, la UNASUR y el Alba hayan apoyado el reclamo argentino. Sobre todo es éste último espacio que tiene países con fuertes vínculos con Gran Bretaña. También son importantes las acciones individuales de los países de Sudamérica, como el no reconocimiento de la bandera malvinense, que es una forma clara de respaldar el reclamo argentino. Lo que no creo que ayude es la negativa a que atraquen los cruceros turísticos.

¿Qué opinión le merece el documento “Una visión alternativa” dado a conocer por un grupo de reconocidos intelectuales y periodistas?

La verdad es que no estoy de acuerdo con lo que plantea este documento. Los isleños son británicos y no tienen derecho a la “autodeterminación” como dejó en claro la ONU. Que nosotros opinemos que los isleños tienen “deseos” le puede caer muy simpático a los isleños, pero no va a favorecer un acercamiento con Gran Bretaña ni cambiar la desconfianza que nos tienen después de la guerra. Hay que tener una posición firme ante ambos. Los isleños deben manifestarse a través de Gran Bretaña, no pueden sentarse a la mesa de negociación. Ya en 1995, Guido Di Tella escribió una editorial en el diario Clarín que llevaba por título: “Ahora los deseos de los kelpers” en la que daba una serie de argumentos por las cuales había que aceptar los deseos de los isleños. Di Tella les cayó muy bien a los isleños pero éstos no cambiaron su posición. No me parece que ésta sea la mejor postura. Tampoco me parece extraña la resistencia que generó esta posición y la poca trascendencia que tuvo. Creo que hay que retrotraerse a la resolución 2065 que es el documento más importante que logró nuestra diplomacia. Hoy quizás debamos buscar algún argumento más, alguna fisura que sea tan contundente como esta resolución. Rodolfo Terragno, un estudioso del tema, insiste en que el Reino Unido nos dio un nuevo argumento para encarar las negociaciones: los isleños, después de la guerra, se convirtieron en ciudadanos británicos, por lo cual no pueden ser interlocutores. Son tan ingleses como los habitantes de Londres o de Manchester.

Alejandro Morea, Alejo Reclusa y Alfredo Ves Losada- De la Redacción

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