¿Cuál es el sentido de Malvinas? ¿Qué es lo que nos lleva a pensar bajo una trama desgarradora a estas islas del Atlántico sur? ¿Por qué son tan múltiples y contradictorias las miradas sobre este territorio? La política atraviesa estas preguntas y sus posibles respuestas. Pero también la cultura y especialmente su manifestación musical -la que nos interesa indagar aquí- supieron esbozar respuestas. El conflicto bélico entre Argentina y Gran Bretaña de 1982 condensa, en efecto, un antes y un después.

Un arco de contradicciones, que es tan amplio como complejo, atraviesa la temática. De Atahualpa Yupanqui recitando La hermanita perdida a Almafuerte con El visitante; del folclore tradicional, con arraigo profundo en la tierra patria, hasta el heavy metal nacido como reflejo de las nefastas consecuencias sociales del neoliberalismo; todos aportaron su visión de Malvinas, de la guerra y sus implicancias sociales. Tan vasto es este panorama que hemos decidido restringir nuestra mirada exclusivamente al período del conflicto armado, y concentrarnos exclusivamente en el Rock (lo que implica dejar de lado otras manifestaciones de la música popular).

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A priori, uno tendería a pensar que, por sus supuestas características intrínsecas, -que lo dotan de una “personalidad” contestataria- el movimiento Rock, ante un conflicto de la magnitud de la guerra de Malvinas, representaría una voz cuestionadora al accionar de las Fuerzas Armadas y el acompañamiento entusiasta de un gran porcentaje de la sociedad argentina de esa época. Sin embargo, indagando un poco en el asunto a partir de recopilar algunas expresiones de ese tiempo, nos encontraremos con que tal suposición está lejos de ser comprobada.

A la hora de buscar antecedentes de situaciones algo similares, inevitablemente nos remitimos al movimiento pacifista que se generó en los Estados Unidos, a fines de la década del ’60, con motivo de la invasión Norteamericana a Vietnam. Dicho movimiento generó una corriente política y social, que llegó a cuestionar las bases mismas del sistema de vida occidental. Pero fundamentalmente, la expresión más fuerte se arraigaba en la cultura y, especialmente, en el Rock. En la Inglaterra de los ’80, y con motivo de la implantación de las políticas neoliberales del gobierno conservador de Margaret Tatcher, el Rock y el Punk, fueron la punta de lanza de la resistencia al modelo neoconservador. Simplemente remitirse al disco de Pink Floyd  “The Final Cut” es muestra suficiente de lo que afirmamos.

Nada de esto ocurre en la Argentina. Es prácticamente inexistente un movimiento relacionado al rock que se haya mostrado abiertamente en contra del conflicto bélico con Gran Bretaña (1). Sólo luego de la derrota y con la caída del régimen militar, se alzarán voces cuestionadoras a las consecuencias de aquella guerra y al derrotero de los combatientes que la afrontaron.

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¿Festivales por la Paz? Condenas y explicaciones

El Festival de la Solidaridad Latinoamericana de mayo de 1982 (2), en el estadio de Obras Sanitarias, encubría objetivos y postulados contradictorios. Fue un sebo del cual no escaparon los mejores músicos con los que contaba el país. Se vieron seducidos por un gobierno que los mantuvo prohibidos durante 6 años, ofreciéndoles el centro del escenario porteño. Ahora el enemigo no era interno, sino externo…había que demostrar nuestra unión.

Lo complejo es que por un lado supuestamente se exigía la paz en las islas Malvinas pero también se aprovechaba para recaudar víveres y ropas para los combatientes, abalando ingenuamente las dificultades que atravesaban los movilizados.

Un clímax ideológico se levantó entre los que participaron del Festival y los que se negaron a ser cómplices de la Junta Militar. Para León Gieco, “Lo del Festival fue un invento de los managers del rock para hacer algo con el tema. Todo el mundo estaba participando pero el rock no quería formar parte del circo que fue lo de la guerra. Hasta que en un momento se decidió que había que aportar, pero no desde el triunfalismo sino desde la paz. Al menos esa era mi posición…”, de esta forma el Rock entraba en el fervor del nacionalismo que invadió a toda la sociedad durante los meses que duró la guerra. Más adelante recuerda que se sintió  “muy mal… Solamente me acuerdo de una sensación horrible y de los pibes de 18 años. Por lo demás, siempre me importó un carajo el tema del nacionalismo planteado en estos términos o la preocupación por dos islitas de mierda perdidas en el mar… Me di cuenta que los militares argentinos no sirven para nada, ni siquiera para la guerra. Y que la única vez que consiguieron un triunfo, por así decirlo, fue cuando torturaron y mataron a indefensos” (3). La misma sensación la compartió Spinetta, que se sintió usado y fue muy autocritico ante su decisión de participar.

Pero también estuvieron los que en su momento vieron con más claridad lo que implicaría su contribución en ese tipo de shows. Para Julio Moura, de Virus,  la propuesta de tocar les  pareció “…muy desagradable. No tenía nada que ver con nada, de repente éramos enemigos de los Beatles. Se trató de hacernos creer que era para ayudar a la recuperación de las Malvinas, pero terminó siendo un fraude. Nosotros queríamos que se terminara la guerra, que no tenía sentido más allá de que creyéramos que las islas son argentinas”. (4)

Estos testimonios y otros (obtenidos a 10 años de la Guerra de Malvinas) dejan entrever que ninguna banda o solista hizo manifestaciones explícitas de la guerra arriba del escenario, pero la manipulación de la propaganda oficial hizo que este recital se vendiera como un respaldo a la contienda. (5)

Lo cierto es que alrededor de sesenta mil jóvenes concurrieron al recital que también fue transmitido por televisión; porque desde entonces, los medios de comunicación foguearon al Rock nacional ante la prohibición de pasar música en inglés. Infinidad de revistas subterráneas se animaban a decir lo poco que se podía, promovían el resurgimiento del rock al tiempo que aspiraban verlo asumir su rol natural. El trabajo imperceptible se hacía desde revistas como ‘’Expreso imaginario’’, ‘’Estornudo’’, ‘’Roll’’ y ‘’Algún día’’, entre otras tantas que lo apuntalaron cuando no era prioridad, pero sí un flagrante peligro. Quienes las leían, cómo quienes los escuchaban, esperaban que digan ciertas cosas que de otro modo hubiese sido difícil de decir, que den cuenta del mundo en el que vivían. Se esperaba demasiado, porque se había aguardado más de lo debido. A posteriori se les atribuyó un rol misional que no se correspondía con el contexto político en el que el rock hizo su regreso. La guerra era una causa justa en manos impropias, al pueblo sólo le quedaba preocuparse por reducir al mínimo el costo de sus hijos, no era el momento oportuno para la negar la realidad cuando ésta mostraba el fracaso de tantos esfuerzos. Finalmente ésa fue la imagen que potenciaron los medios de comunicación y la que mayores críticas despertó.

Con esta misma lógica, pero ya con la guerra  francamente perdida, también en el año 82, volvía a los escenarios, después de una larga prohibición que se extendió por una década, el hasta entonces ignoto festival BA Rock. Su regreso significaba al mismo tiempo la confirmación de la  resurrección de la cultura rock en español y su masificación en los medios de comunicación. El estadio de Obras Sanitarias pareció guardar en su interior un curioso espíritu de congregación al que se le rendía tributo asistiendo en cada cita. El mensaje continuaba siendo confuso, pero su utilización política era una e indiscutible. El Rock nacional pese a su impostada  impronta contestataria no había podido resolver su relación con la historia, no había podido escapar a la posterior  interpretación de sus gestos y actos, pero, fundamentalmente, como quedaría confirmado, no podría escapar a su propia revisión.

Es evidente que ninguno era cómplice o colaboracionista, pero si se pecó de ingenuidad. Vieron un escenario y se subieron, sin consignas, sin banderas que levantar. Como supo decir Piltrafa, de Los Violadores, “Si el rock es rebelde ahí nadie se rebeló: levantaron la alfombra y metieron la basura abajo”. Junto al resto de la sociedad muchos creyeron en las posibilidades de la victoria, en la importancia de ayudar a los soldados, a esos jóvenes movilizados. Junto al resto de la sociedad, hace treinta años como hoy, se cuestionan las consecuencias de la guerra. Pero no la guerra. Lamentablemente, algunos aún la reivindican.

Juan Gerardi, Joaquín Marcos y Martín Tamargo –De la redacción

(1) Entendemos al hablar de “movimiento” a un amplio espectro de la vida cultural rockera movilizando y manifestándose públicamente en repudio del gobierno militar y su accionar belicista. Lo cual no descarta que hayan existido bandas que si lo hicieran, pero en este caso serían excepciones muy particulares.
 (2)Un relato de toda la jornada salió publicado en la revista de rock más importante de argentina: Pelo http://www.magicasruinas.com.ar/rock/revrock210a.htm
(3) Finkelstein, Oscar, León Gieco Crónica de un sueño, AC Editora, Buenos Aires, 1994.
(4) Sánchez Fernando y Riera Daniel, Virus una generación, Sudamericana, Buenos Aires, 1994
 (5) http://edant.clarin.com/diario/1997/05/16/c-01401d.htm
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