Este número de Palabras Transitorias aparece con una propuesta novedosa, un número temático que aborda una cuestión compleja de la historia reciente argentina. Abandonando su polemismo usual, en esta ocasión, la sección ofrece dos aportes extensos que intentan abordar la cuestión de Malvinas desde distintas perspectivas analíticas, pero compartiendo una estrategia común en cuanto al género y el tono del discurso.

Ambos invitados, que son un verdadero lujo para nuestra todavía novel publicación, decidieron cubrirse con el amplio y confortable paraguas del saber profesional, buscando el rigor y el respaldo documental antes que la afirmación pretenciosa y corrosiva. Prudencia razonable frente al camino de ripio que se abre cuando uno discute esta temática con cierto fervor, equilibrio precario que intenta evitar, aunque a veces no lo logre, tanto el temerario nacionalismo beligerante como el escéptico cosmopolitismo apático. En un continuo inacabado al menos desde 1982, sino desde 1833, ese archipiélago austral es un tema que resurge periódicamente como un problema irresuelto, no un problema simple, sino uno repleto de hendijas y recovecos, sentimientos y emociones, ideas e ideologías.

Mariano Fabris y Pablo Melara nos ofrecen dos análisis rigurosos de alguna de esas implicancias, desde perspectivas visiblemente diferentes, que demuestran la perdurabilidad del tópico y justifican, a su vez, alguna de las causas de por qué hoy Palabras Transitorias se abocará exclusivamente a él. Melara aprovecha algo de su mucho más cuantioso repertorio de fuentes documentales para ofrecer una visión desde el testimonio de un protagonismo, abandonando la posibilidad del análisis desprejuiciado e imparcial del que muchas veces se jactan los cientistas sociales, el autor prefiere el minimalismo que provee el relato en primera persona, la experiencia silenciada. Asimismo se atreve a sentenciar, sin perder la prudencia, un reclamo a la ciencia y a la política sobre la cuestión de Malvinas, como bien él señala: “una asignatura pendiente”.

Por su parte, Fabris prefiere describir las consecuencias posteriores al conflicto bélico, las resignificaciones e impactos que el episodio en el archipiélago aún británico dejó en la naciente democracia. El facto decisivo de la derrota militar y la necesaria imbricación entre los militares que combatieron y aquellos que habían formado parte del brazo represivo de la Junta del Proceso de Reorganización Nacional. Los coletazos del fracaso militar y el fin de la dictadura adoptó formas mucho más concretas de las que hoy pareciéramos recordar, y otra vez el fantasma de Malvinas era un factor común. Fabris recorre así brevemente el itinerario de los “carapintadas”, esa manifestación plebeya y nacionalista del militarismo derrotado que se abalanzó sobre la virgen e ingenua democracia de Alfonsín asestándole una serie de golpes, que sin ser fatales, lo dejaron debilitado. Fue así hasta que Menem decidió ser menos condescendiente con esos militares mientras condonaba a otros cuyos crímenes parecían a todas luces más tremendos. Finalmente reconoce la actualidad de la discusión y se expide en términos nada amistosos con los intelectuales que, a través de una misiva pública, se atrevieron a poner en duda algunos de los supuestos oficiales en una intransigente posición opositora.

Queda abierta la discusión con estos dos artículos que agradecemos nuevamente a sus autores. Esperamos que estos inviten a la reflexión concienzuda y no coadyuve al conformismo y la repetición cuasi religiosa. El hecho de que la soberanía argentina pareciera no estar en duda no obsta que los argentinos debamos seguir reflexionando sobre las islas y el conflicto bélico, las implicancias de un sentimiento intenso e inconmovible ante una causa que se percibe sin lugar a objeciones como absolutamente justa.

Fernando M. Suárez – Responsable de sección

Anuncios