Ante el merecido descanso de la encargada de esta sección, me toca a mí presentar al invitado de este mes. Nos parecía que al abordar el tema Malvinas desde diferentes perspectivas no podíamos dejar de lado intentar conseguir un testimonio, una reflexión sobre cómo es visto y analizado el tema en Inglaterra. Por eso, para traernos una percepción de cómo es vivida la disputa por las Islas Malvinas por los ciudadanos de lo que fue el mayor imperio del mundo, contamos con la participación de Jerónimo Montero, quien se encuentra realizado una estancia Posdoctoral en la Universidad de Manchester. Esperamos que disfruten de la nota (Alejandro Morea – encargado ocasional de esta introducción).

 

Hace un par de semanas, David Miliband, personaje central del Partido Laborista y ex miembro del gabinete de Gordon Brown, visitó la Universidad de Manchester. Algo más de 400 estudiantes escucharon su breve charla, seguida de más de una hora de preguntas y respuestas. En la charla, Miliband (hermano del líder del Partido Laborista) respondió unas 20 preguntas, desde política interna hasta política europea e internacional. Ninguna de esas preguntas estuvo relacionada con las Malvinas. De hecho, si yo hubiera preguntado sobre el tema habría sido una falta de consideración hacia quienes tenían otras preguntas, porque solo a mí me habría importado la respuesta. Incluso en estos días en que se conmemoran los 30 años de lo que en el Reino Unido se conoce en forma unánime como “la invasión argentina de las Falklands”, las noticias sobre las Islas están lejos de ser nota de tapa. En resumen: para el pueblo inglés, las Malvinas no son importantes. De hecho, la misma BBC define a las Malvinas como “una remota colonia británica en el Atlántico Sur”. (http://news.bbc.co.uk/1/shared/spl/hi/guides/457000/457033/html/default.stm . (1)

Este desinterés va de la mano, naturalmente, de la ignorancia, cuyo vacío puede ser llenado con la información que favorezca a los intereses imperialistas. (2) Sólo de esta manera el argumento de la defensa de la autodeterminación del pueblo malvinense puede ser aceptado como lógico en casa, a pesar de ser el único argumento para justificar la ocupación. Lo cierto es que la verdadera razón para la defensa de las Islas es que las Islas son un territorio de importancia militar indiscutible. Las Islas son geopolíticamente vitales para un estado en cuyo seno anidan los nostálgicos del Imperio. Ello explica la reacción del gobierno: negarse a negociar y enviar el mensaje de que, si le parece necesario, el Reino Unido defenderá su dominio sobre las Malvinas militarmente. La economía de las Islas depende casi enteramente del ejército británico, (3) o sea que si el ejército se va, la vida en las Islas se vería fuertemente afectada, al menos en el período de transición hacia una vida soberana y completamente diferente. Consecuentemente, no es difícil imaginarse cuán marginales pueden ser las voces isleñas opuestas al yugo británico.

Si bien los principales medios no parecen tener una estrategia concreta sobre el tema (como seguramente sería el caso si se tratara de Estados Unidos), la selecta dosis de artículos sobre la cuestión enfatiza la supuesta efervescencia nacionalista y antiimperialista en Argentina, poniendo a Inglaterra, y más aún a los malvinenses, en el rol de víctimas de los desaciertos diplomáticos de un gobierno bananero. Así, los medios parecen confluir en una posición que sirve a la estrategia militarista del gobierno, que es la de dar la idea de que en Argentina la gente se prepara para una nueva guerra.

Mientras en Argentina resulta poco más que ridículo hablar de una guerra, de este lado del Atlántico la avanzada civilización británica, en la que aún viven muchas de las víctimas directas de la Segunda Guerra Mundial, se acostumbra con asombrosa rapidez a las bombas financiadas por sus impuestos que caen en lugares lejanos. La guerra es algo cada vez más naturalizado, una posibilidad siempre presente. Mientras el gobierno consiga una excusa lo suficientemente convincente para poner en el rol de víctimas a los consumidores ingleses (y, solos por extensión, a los malvinenses), la mayoría se limitará a mirar la guerra por la pantalla plana y el home theatre. Las luchas contra la guerra serían, entonces, tan marginales como las voces por la independencia de las Malvinas, Gales, Escocia e Irlanda. Y los amos del Imperio lo saben.

Jerónimo Montero – Columnista Invitado

(1) Tan remota es esta colonia que si un ciudadano británico quiere ir a las Malvinas, tiene dos opciones: un crucero o un vuelo comercial vía Chile. Las dos opciones quedan reservadas a quien pueda pagar la fortuna que cuesta el traslado (el avión cuesta más de 4,000 dólares en la época más económica). El único vuelo directo es un vuelo militar, que hace una parada para cargar combustible en una isla totalmente propiedad de la “Royal Air Force”, en medio del Atlántico.
(2) Hace unos años un oficial inglés enviado a la guerra en 1982 le contó a la BBC que cuando le dijeron que tenía que ir a las Malvinas, pensó que eran unas islas en Escocia, y no entendía qué hacían los militares argentinos invadiendo Escocia.
(3) La población de las Malvinas es de poco más de 3,000 personas, y en este momento hay unos 1000 soldados.
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