En la presente entrevista queremos acercarles a nuestros lectores algunas inquietudes que le transmitimos a Eduardo Aliverti, uno de los periodistas más prestigiosos de la Argentina, sobre el actual momento político y la particular situación del mapa comunicacional en nuestro país. 

Eduardo, desde tu lugar de comunicador, formador de opinión, ¿cuál es tu balance de estos primeros meses de la segunda gestión de Cristina Férnandez de Kirchner?

Creo que por un lado se revela un gobierno bastante más encerrado en sí mismo que durante la etapa anterior. Las decisiones se toman en un núcleo cada vez más reducido, y no es que eso esté necesariamente mal sino que podría estar mostrando una inclinación a no abrir juego en cuanto a la formación y proyección de nuevos cuadros. Tengamos en cuenta que una líder de las dimensiones de Cristina tiene plazo fijo, constitucionalmente hablando, y que el 2015 está a la vuelta de la esquina. Por otra parte, también es cierto que la Presidenta parece decidida a correr el proyecto más hacia izquierda, como, sin ir más lejos, lo exhibe la expropiación de Repsol. Si esto es así, ofrece dudas el marco de alianzas necesario para sostener un recueste de esa naturaleza. Debería ser lo más amplio posible; pero en ese caso no veo, por ejemplo, la conveniencia de profundizar un choque con la CGT. En ese sentido, sí se desnuda que la ausencia de Kirchner adquiere dimensiones preocupantes porque era él quien se encargaba de administrar el barro de las relaciones sectoriales. Hoy por hoy, estos aspectos pueden parecer secundarios porque persiste la inexistencia de oposición exceptuando a la mediática. Pero con miras de mediano o largo plazo son elementos que cabe considerar.  Nada de lo que acabo de decir va en perjuicio de seguir evaluando a este Gobierno como lo mejor que le puede pasar al país. Sólo digo que es importante mirar el horizonte sin perder pensamiento crítico.

¿Qué perspectivas se vislumbran a futuro? ¿cuáles son/deben ser los nuevos actores políticos?

 En parte, creo que está sugerido en mi respuesta a la pregunta inicial. Los nuevos actores deberían parirse desde un recambio generacional que, en principio, sólo parecen ligados a la nutrición desde La Cámpora. Me parece valioso que eso suceda, pero tengo el temor de que sea incompleto en cuanto a la vocación de ampliar el espectro. Percibo que falta más aliento a la militancia por abajo. La Presidenta, desde su oratoria excepcional, suele convocar a una épica de cosas resueltas que, para mi gusto, deja de lado un mayor entusiasmo en el llamado a participar.

 

Teniendo en cuenta que la más firme oposición política continúan siendo los medios concentrados, ¿en qué ha cambiado el mapa comunicacional en Argentina en los últimos años?

En mucho. El relato único se acabó y los medios de la ultra-oposición están, por lo menos, en igualdad de condiciones con aquellos que trazan otra perspectiva de la realidad. Se puede discutir el grado de prolijidad de cómo se instrumentó, pero por primera vez en la historia, literalmente, hay una batalla pareja respecto de cómo se construye el sentido político desde los medios de comunicación. En lo particular, no me sorprende lo brutales pero sí lo brutos que vienen siendo los llamados medios hegemónicos para contrarrestar la ofensiva kirchnerista. Atacan de una manera bizarra. Les faltan cuadros periodísticos, es cierto, pero eso responde más bien al enceguecimiento que tienen. Otro cantar es el estadio de la nueva ley de Medios, que viene demorada en su aplicación. Estoy refiriéndome al mapa conceptual.

¿Qué impacto creés que podrá tener la Ley de Medios? ¿Cómo debe ser la formación de nuevos profesionales en este contexto?

Es uno de los grandes interrogantes, y las preguntas están interrelacionadas. Para que la ley tenga impacto real, primero debe pasar que se despejen las barreras impuestas por el tándem Clarín-juzgados. Pero eso, por sí sólo, podría no querer decir nada. Por ejemplo, el dichoso artículo 161, que está trabado en la Justicia y con ello obtura que Clarín y compañía se desprendan de las señales que les sobran, no tiene nada que ver con el hecho de que las nuevas pantallas digitales en manos de los Estados nacional y provinciales continúen sin lugar en la grilla. Dicho en otras palabras, se avanza declamativamente en la inauguración y entrega de equipos para receptar nuevos canales pero nadie los ve, no se sabe cómo operarlos. Voy a decirlo de modo más directo todavía: si auténticamente se avanza en que todos los hogares del país accedan a una buena oferta por aire, se acabó el negocio del cable en la Argentina. ¿Hay decisión política de implementar semejante revolución? Y lo que preguntan sobre la capacitación de los nuevos actores comunicacionales es clave. Suponiendo que se haga todo lo que estamos diciendo, después falta, precisamente, que la oferta sea atractiva. Para mi entender y conocimientos de cómo está manejándose el tema, que no es poco, viene muy lento el punto de la capacitación. El Gobierno despliega una energía renovadora que no guarda relación proporcional con su capacidad administrativa. Podría no poner en duda que la vocación de cambio existe, pero les aseguro que la implementación es lerda. Hace falta esparcir de una manera mucho más contundente que, como Estado, se está dispuesto a capacitar a través de recursos económicos, de convocar a la gente que sabe, de hacerlo con un sentido verdaderamente federal. La ley, como cualquier ley, es una herramienta. Después, tenés que saber usarla.

Alejandro Morea y Alejo Reclusa – De la redacción

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