Abro la puerta y empiezo a mirar

–          ¿Me busca a mí?

–          Sí. –Le contesto a quien me está hablando desde el fondo del local.

–          Vení- me dice y me hace gesto con la mano para que me acerque.

–          ¿Me esperás 5 minutos? Y señala la computadora.

–          Por supuesto.

Me acomodo en la larga mesa en la que sé que hubo una reunión. En la otra cabecera de la mesa, aún se encuentra una productora del programa que está intentando arreglar una entrevista para el programa de la mañana siguiente. Aprovecho para recuperar el aliento que perdí tratando de llegar puntual a las 10. Día agitado el de nuestro entrevistado, me digo para mí. A las 9 terminó su programa de radio en Vórterix, después tuvo una reunión de trabajo y ahora está casi listo para conversar conmigo.

Mi cabeza sigue volando. Creo que yo tampoco me quedo atrás. Siempre que vengo a Buenos Aires termino a las corridas. Sólo cuando desembarco en Retiro tomo conciencia de la interminable cantidad de cosas que pretendo hacer en un a semana. 8:40 bajé del colectivo, me tomé el subte rumbo a lo de unos amigos, me cebé unos mates y volví a salir rumbo al encuentro de mi entrevistado con lo necesario para después trabajar en el archivo. Igualmente creo que el grado de inconciencia esta vez superó todos los límites. Ni siquiera tuve en cuenta que habían anunciado paro de subtes para casi toda la semana y no soy un tipo que se mueva muy bien en la superficie de esta ciudad. Quizás sea porque sé que es la última entrevista que voy a hacer en muchos meses. En mi fuero íntimo trato de convencerme que no es la última, pero la  verdad, a esta altura del año, no lo puedo saber. Debe ser esto, sumado a la expectativa que tengo sobre lo que puede salir de entrevistarlo a él, lo que haga que no repare en esfuerzo y corridas.

En Arenales y Larrea, en Recoleta, me está esperando Reynaldo Sietecase, periodista y escritor. En uno de esos cafés, muy modernos, muy luminosos y bien puestos, que se han vuelto tan típicos, primero allá y después acá, donde uno puede gastar en un café con leche y un tostado lo mismo que en un asado en cualquiera de las parrillas al paso que podemos encontrar en la rotonda de Champagnat y 180 o en Champagnat entre Beruti y Libertad. De repente, algo me saca de mis pensamientos y me vuelve a la realidad. Es la voz de Sietecase que me dice:

-Bueno, ¿de qué querés hablar?

Sólo me resta encender el grabador y empezar a preguntar.

Bueno Reynaldo, lo primero que me gustaría que hagas es una lectura del panorama político actual. ¿Cuál te parece que son los desafíos del gobierno? ¿Cómo analizas el rol de la oposición tanto de centro izquierda como de derecha?

El principal adversario del gobierno no está ni en la oposición ni en el sindicalismo sino en la economía. Me parece que la inflación, por ejemplo, es la principal amenaza por lo que significa como factor de erosión de los salarios y como elemento desestabilizador de lo que el gobierno llama “el modelo”, que yo nunca termino de saber que es, pero donde es claro que el salario es central en la estrategia económica. Éste es el principal escollo en un contexto mundial muy complejo. Los que piensen que la crisis internacional no afecta a la Argentina están mirando de forma muy simplista la cosa. Se está hablando de corralito en España, del derrumbe de Grecia… En algún momento esas cosas terminan afectando al mundo en general. En cuanto a la cuestión política me parece que la tiene más fácil. No sólo tienen la supremacía en las cámaras sino también una superioridad política importante que se combina con dificultades en la oposición para articular alternativas políticas creíbles de cara a las próximas legislativas. Por eso, me parece que en el plano político la cuestión parece más amable. En todo caso, el gobierno se inventa sus propios problemas como apurar la interna con Scioli, de una forma para mí muy estrambótica, muy singular pero propia del kirchnerismo. Adelantar la pelea con el gobernador de Buenos Aires no parece tener mucha lógica pero el kirchnerismo parece sentirse a sus anchas. También está la pelea con el sindicalismo de Moyano que no parece que vaya a ser sencilla. Pareciera que el gobierno mantiene esa dinámica que impulsó Néstor Kirchner de crecer en la confrontación. Yo creo que el adelantamiento de la interna con Scioli como la pelea tan heavy con Moyano puede terminar afectando lo otro que te decía, la cuestión económica. Pero bueno, es parte de la estrategia del gobierno.

La oposición, después de las elecciones del año pasado, no logró recomponerse. El radicalismo a duras penas trata de reagruparse. El FAP, que fue el sector de centro izquierda que mejor elección hizo, y que parece con mayores posibilidades de crecimiento, sigue entrampado en algunas cuestiones internas y no termina de amalgamar un discurso. Sin embargo, yo lo veo con mucha expectativa. A mi me parece que si el Frente Amplio Progresista construye con inteligencia, de manera generosa y abierta, quizás en algún momento puede ser una alternativa al bipartidismo en la Argentina. Ahora, no se cuánto puede demorar eso. En esa construcción tiene que sacarse de encima algunos fantasmas. Para mí fue muy interesante lo que hicieron el radicalismo y el Frente Amplio Progresista en la discusión sobre YPF donde acompañaron la  expropiación de las acciones de la empresa, que no podía ser de otra manera por otro lado, sin dejar de señalar la participación del kirchnerismo en la venta de la empresa y el desastre de la política energética de los últimos años. Pero en el tema de fondo acompañaron que es lo que debe hacer un partido de oposición cuando sus ideas coinciden con lo que se plantea desde el gobierno. El socialismo ya lo había hecho con la ley de medios, donde planteó sus críticas pero acompañó o en la estatización de las AFJP. Todas esas medidas hicieron de Binner y el socialismo una opción creíble. Después está Mauricio Macri que es otro de los enemigos “impulsados” por el kirchnerismo porque le es funcional, es el enemigo perfecto. Pero me parece que esa disputa también le da la posibilidad de crecer a Mauricio Macri que está trabajando bastante, que sigue siendo una fuerza de la ciudad de Buenos Aires pero que de a poquito va tejiendo en otros lugares como la alianza que acaba de cerrar con un sector del peronismo de Santa Fe. También tiene algunas redes en el interior de la provincia de Buenos Aires.

En ese sentido ¿cómo ves el armado del FAP por fuera de Santa Fe?

Los dos tiene problemas en el armado en el interior, no son procesos sencillos, pero bueno, no les queda otra. Deberían ver esas construcciones como algo de acá a veinte años, no a cuatro o a dos.

¿No te parece que es el gran problema de todas las fuerzas políticas?

Sí, porque miden las cosas por una elección y se olvidan que el Frente Amplio uruguayo tardó 30 años en llegar al poder y que el PT perdió 5 elecciones presidenciales, tres con Lula. Nada se construye de la nada, ni en el amor ni en la amistad y menos en la política. Todo lleva tiempo. Las alianzas coyunturales en la Argentina terminaron mal, en un desastre, en una tragedia.

En función de las dudas que planteabas acerca del “modelo” del gobierno, ¿te parece que las otras fuerzas tienen un proyecto político claro?

Da la sensación que el socialismo, que gobierna Santa Fe desde hace cuatro años y Rosario desde hace veinte años, tiene una propuesta más o menos clara de gobierno. El radicalismo, como fuerza centenaria, también, creo que la tiene. Macri lo demuestra a la hora de gobernar la ciudad como lo hace. No creo que tengan demasiadas diferencias con el gobierno a la hora de plantear estrategias o planes de gobierno. El socialismo hace muchos años que está trabajando con plataformas de gobierno. El radicalismo pagó los devaneos de los últimos años, fue con Lavagna a una elección presidencial, ahora con De Narváez; eso lo ha terminado desdibujando pero es una fuerza territorial que no podes descartar. Hay que ver cuáles son los márgenes que tiene el FAP. Si es que va con el radicalismo o no, y con qué sector del mismo. Como en el peronismo, conviven dos sectores, uno más conservador y uno más progresista. Por eso es tan difícil de contar la política argentina a alguien del exterior. Cómo le explicás que, en el caso del peronismo, la misma fuerza política que vendió y remató la empresa petrolera del Estado, es la que la recupera. Y no sólo el mismo partido, sino en muchos casos los mismos hombres. El secretario informante de la venta fue Parrili y ahora es el Secretario General de la Presidencia. ¿Cómo se lo explicás a alguien del exterior? Es muy difícil de explicar el peronismo. Yo suelo decir que la palabra Perón es como la palabra Dios, se la ha utilizado para hacer lo mejor y lo peor al  mismo tiempo. Yo creo que una fuerza de centro izquierda en la Argentina sería genial, una fuerza ágil, activa y preparada para gobernar, como así también tener un buen partido de derecha republicano, comprometido con las instituciones. Eso daría estabilidad. Más el peronismo y el radicalismo quizás. Pero me parece que estaría bueno tener una fuerza por izquierda y una por derecha bien armadas. Así le quitas un poco de margen a esto de que el radicalismo y el peronismo tengan todo adentro. La verdad que es muy difícil. Tenés al peronismo haciendo todo, vendiendo todo, rematando el Estado, aplicando la flexibilización laboral y después, en todo caso, reparando el daño, reparando lo que hizo y a veces con los mismos hombres, con los mismos votantes.

En función de esta polarización que hay dentro de los medios de comunicación, ¿cuál es la lectura que vos hacés sobre el periodismo actual? ¿Por dónde te parece que pasa la discusión entre aquellos periodistas que apoyan al gobierno y quienes son claros opositores?

Trato de moverme tratando de hacer periodismo. A mí me parece que en la pelea entre el gobierno y los medios, los grandes medios cometieron un error grandísimo que es tirar la credibilidad por la ventana. A que me refiero: la única ventaja ética que puede tener, ya sea un periodista, o un medio de comunicación, sobre el poder político o económico es esto, en que nunca transige en cuanto a la verdad. Y a mí me parece que la primera víctima en esta pelea, como dicen los corresponsales de guerra, es la verdad, porque lo único que importa es cómo afectar al otro. En Argentina está pasando lo mismo. En algunos sectores mediáticos lo único que les importa es cómo perjudicar al gobierno, y los sectores de la prensa que defienden al gobierno piensan en atacar a los grupos monopólicos. A nadie le importa si es cierto. Y eso sí me parece que es un grave problema porque afecta a los consumidores de noticias, de información. Yo todas las mañanas, de 6 a 7, leo en la radio todos los diarios comparándolos, porque pasan cosas increíbles. Son dos relatos completamente distintos. Nunca había pasado eso en la Argentina.Y a mí me parece también bastante torpe porque este gobierno tiene muchas cosas criticables pero no hace falta forzar, ni hacer veinticinco páginas con todos títulos en contra del gobierno porque con que hagas los dos o tres que hay que hacer es suficiente y tu medio tendría credibilidad. En el caso de los que lo defienden lo mismo. El gobierno tiene muchas cosas ponderables pero no se puede defender todo. Yo siempre digo a los oyentes que es tan sospechoso el periodista o el medio que no critica nunca como el que critica siempre. Pero esto es lógica pura, no es que sea una gran idea mía. El mejor de los gobiernos comete tropelías, tiene corrupción, tiene autoritarismo y el peor de los gobiernos tiene cosas buenas, tiene aciertos en algunas políticas, hace obra pública. Ménem, por ejemplo, fue uno de los peores gobiernos de nuestro país, según mi opinión, y sin embargo te puedo nombrar veinte cosas buenas que hizo su gobierno: desde sacar el servicio militar obligatorio, el cierre de todos los conflictos fronterizos con Chile, el puente Rosario- Victoria que es la obra pública que más me toca a mí que soy de Santa Fe. También te puedo contar veinte malas. Ahora, eso no cambia mi opinión sobre que su gobierno fue una catástrofe. Es casi estúpido pensar que un gobierno hace todo bien o todo mal. Entonces, el problema es que tenés muchos tipos que hacen periodismo haciendo lobby para las empresas en las que trabajan y muchos tipos que dicen que hacen periodismo pero su tarea es defender al gobierno en cualquier circunstancia. A mí no me parece mal que lo hagan. Ahora, no me vengan a decir que eso es periodismo, es otra cosa. Yo trato de pararme en otro lado. Eso no quiere decir que tire agua bendita, digo que trato de pararme en un lugar donde se pueda contar lo que está bien, lo que está mal, explicar lo que pasa y por qué pasa. Trabajo en empresas que son privadas, que tiene intereses como todas las empresas, pero yo trato de defender mi derecho a contar sin tener esa presión de tener que decir que está todo fantástico o que está todo mal.

¿Hay mayor presión en este momento de las empresas sobre los periodistas?

Puede ser, pero no estoy seguro. Yo tuve quilombos en América y nos tuvimos que ir por no haber entrevistado a De Narváez. Sé que algunos otros los tienen pero yo vengo diciendo lo que quiero, esa es la verdad. He trabajado en Electroingeniería que es una empresa cercana al gobierno y al mismo tiempo lo hacía en América que estaba en la oposición. Trabajé tres años diciendo las mismas cosas en los dos lados. No cambiaba de discurso para ir a un lado o al otro. Qué sé yo. Los medios en algún momento van a tener que comprender que lo más importante es la credibilidad. Si vos no me crees a mi no me venís a entrevistar o la gente no te escucha. Por eso creo que los grandes medios cometieron un grave error cuando rifaron ese gran capital que es que la gente te crea. En este juego entraron en la dinámica del gobierno. Yo digo blanco, vos decís negro. Vos decís blanco, yo digo negro. La realidad es mucho más compleja, no es blanco o negro. Más en un país como la Argentina donde hay tantos matices, tantas historias cruzadas. Insisto, no es una cátedra de periodismo. Digo lo que hago yo.

¿Qué otra cosa te preocupa del periodismo actual?

Lo que veo en los últimos tiempos es que muchos periodistas tienen una especie de formación bancaria. Que terminan el horario de trabajo, se van a sus casas y creen que se terminó el laburo. El periodismo no es eso. Es otra cosa. Por lo menos como veo yo que hay que hacerlo. Y tampoco lo digo yo. La última vez que estuvo Ryszard Kapusinski en Argentina dijo lo siguiente: “Hay dos peligros que enfrentan los medios de comunicación. Uno tiene que ver con los periodistas, que cada vez hay más periodistas bancarios. Que hacen una rutina. Y después, por el lado de los medios, que hay cada vez más dueños de empresas que no tiene nada que ver con el periodismo”. Y la verdad que yo también advierto lo mismo. Uno, por el lado de los trabajadores, y otro,   donde hay medios en los que no sabés quienes son los dueños, no tenés idea para quien trabajas. Y después medios que tienen intereses con el petróleo u otras cosas y ponen a sus diarios, radios o revistas al servicio de sus intereses. Eso explica que haya tanto lobbysta suelto. Los medios hacen lobby para sus negocios. No están preocupados por hacer el mejor programa, vender más diarios; que sería legítimo que ganen dinero a partir de eso. El problema es: ¿qué haces cuando te dicen que no podés hablar de tal tema porque afectan los intereses que tenemos en el gasoducto la pindonga? Es complicado. Con eso hay que lidiar y más en el futuro.

Acercándonos a tu reciente paso por Mar del Plata, ¿Cuál fue la impresión que te llevaste del festival Azabache? ¿Cuál es la evaluación que haces de ese género tan particular que es el policial negro?

A mí me parece que estos encuentros le hacen muy bien a los lectores pero sobre todo a los autores porque te encontrás con colegas, escuchás cosas interesantes, conocés gente. Más en una ciudad como Mar del Plata que para mí es una de las más bonitas de la Argentina. Me parece que se ve la vitalidad del género. En el mundo, no sólo acá. Hay como un redescubrimiento del policial. Además es un género muy cercano al periodismo, por tener que trabajar con lo verosímil. Eso hace que muchas de las técnicas del relato del periodismo te sirvan para trabajar en la construcción de la novela policial. La investigación previa, la búsqueda de datos, las entrevistas que a veces tenés que hacer. Recuerdo que el año pasado me encontré con Claudia Piñeiro y me comentaba que estaba desesperada porque se tenía que encontrar con un médico forense para que le explicara como se degüella a una persona. Y es verdad, tenés que ir a hablarlo para no equivocarte y eso es casi un laburo periodístico. Es un género muy cercano al periodismo y tiene la ventaja que te permite contar una buena historia y a su vez contar la sociedad. El policial tiene siempre de fondo la sociedad y eso está buenísimo. Lees Henning Mankell y entendés más que pasa en Suecia que por los diarios. O lees a Andrea Camilleri y sabes lo que pasa en Sicilia. Eso te lo permite el policial. No hay otro género que te abra a la sociedad de esa manera. Por eso estuvo bueno lo de Mar del Plata. Son ese tipo de encuentros que revitalizan por un lado el género, porque lo abren a la gente, y nos da la posibilidad a nosotros de encontrarnos con colegas.

Alejandro Morea- De la Redacción

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