No es la primera vez que la televisión nos muestra, con un pseudo sentido antropológico, la vida, las costumbres y las artes de ciertas comunidades “primitivas”. Hasta el momento, por lo menos lo que yo recuerdo, fueron los documentales producidos para la pantalla chica los que monopolizaron la difusión masiva de la observación participante, otrora dada a conocer por informes o literatura de viajes de tipo etnográfica. El interés por este tipo de temáticas siempre fue un hecho notable que hoy pretende ser aprovechado por los productores de televisión para reforzar un fenómeno que viene mutando conforme pasa el tiempo, los reality.

Del maridaje de estos dos géneros televisivos, los documentales y los reality show, surgió Perdidos en la tribu. La nueva apuesta de TELEFE y Eyeworks Cuatro Cabezas parece confirmar que la tv verdad aún tiene mucho para dar, sobre todo si nos atenemos a las mediciones de audiencia o nos guiamos por su proliferación en otros canales. La versión local cuenta con el respaldo de múltiples emisiones exitosas de países como Holanda, Bélgica, Alemania, Noruega, España, Nueva Zelanda y Australia. La clave del programa consiste en realizar un proceso inverso al que tuvo lugar con las sucesivas expansiones europeas, en este caso, serán los anfitriones quienes tendrán que educar en sus costumbres a los huéspedes para decidir sin son dignos de residir junto a ellos.

El argumento es simple: tres familias de perfiles diferentes parten rumbo a destinos desconocidos para convivir, cada una de ellas, con una tribu en particular de Asia o África. El desafío consiste en superar las barreras culturales, aprender las costumbres y ser aceptados como parte de la comunidad que “les tocó en suerte”. La recompensa para los participantes, además de ser parte de una experiencia intercultural, es una importante suma de dinero -300.000 pesos- para aquellos que logren el objetivo pasados los poco más de 30 días que deben permanecer en el lugar. Un aplomado Mariano Peluffo, incansable remador de interminables horas de programación, es el encargado de llevar adelante el hilo conductor de los problemas y vicisitudes que se les presentan a las familias  participantes, pero no solo a ellas. Un interesante recurso, es la utilización de una especie de confesionario in situ en el que los miembros de las familias así como también los de las tribus comentan sus problemas de interacción social. Gracias a ello, edición mediante, se muestran las desavenencias de ambas culturas sobre aspectos muy naturalizados que parecen incompresibles para la visión del otro: la comida, el amor, los sentimientos, la religión, el vínculo con el espacio y el tiempo, etc. Un consejo tribal sigue y juzga el desempeño de los participantes, el único momento en el que ellos cuentan con un traductor que les posibilita entender lo que se les está diciendo. Este es uno de los elementos que más momentos irrisorios genera puesto que cuando la urgencia apremia hacerse entender es un elemento clave.

Detrás de cada familia hay una historia que poco a poco se vislumbra y es en función de ésta que las enseñanzas aprendidas cobran un valor particular. La familia Funes (Eduardo, su ex esposa Nancy Scalia y sus hijos Gaspar y Francisco) convive con los Mentawai (Indonesia). Su mayor desafío, hasta el momento, ha sido volver a actuar como una familia, respetarse y enseñar a sus hijos a que se respeten.

Los Moreno (Guillermo, su esposa Lila Patrini y sus hijos Alan, Lucas, Nicole y Aldana) conviven con los Hamer (Etiopía). Para ellos, el reto consiste en valorizar la figura de su padre como sostén de la casa quien pasó por momentos difíciles cuando estuvo sin trabajo, lo que lo llevó a perder su autoestima y su lugar en el seno de la familia.

Por último los Villoslada (Rubén, su esposa Laura Adami y sus hijas Brenda y Nayla) son hospedados por los Himba (Namibia). Una familia de empresarios que debe aprender a valorar lo que tienen y dejar a un lado las comodidades que el dinero puede comprar,  en tanto el valor del trabajo puede ser enriquecedor como un fin en sí mismo.

Perdidos en la tribu capta el interés de los televidentes de múltiples formas. Nos muestra sociedades que tienen mucho para enseñar, que recuperan lo simple y nos devuelven una imagen del otro ya no subjetivada por nosotros sino por ellos.

Juan Gerardi – De la redacción

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