Hasta el momento no había reflexionado sobre el tema que da nombre a la sección, por lo menos no en un sentido literal. Debo decirlo, tampoco lo voy a hacer en esos términos en esta oportunidad. Las circunstancias me llevan a hablar, por así decirlo, de los lugares donde uno reside esporádicamente cuando está lejos de casa. De las condiciones que mueven a una persona a elegir un hotel frente a otro y de las ideas que tenemos en nuestra cabeza acerca del valor del bienestar. Sobre esto último, es muy difícil establecer los parámetros  que determinan la comodidad o incomodidad de una persona porque, en todo caso, se trata de valoraciones subjetivas. Sin embargo, existen convenciones sociales que condicionan nuestras perspectivas. Los empresarios hoteleros las conocen y abusan de ellas constantemente en la publicidad. 

 Cada viaje constituye una aventura por el simple hecho de tener esa cuota de incertidumbre que lo hace interesante. Al emprenderlo, sin premeditación alguna, me veo impelido a disminuir al mínimo los posibles riesgos de estar fuera de casa. Tener un lugar en dónde parar, a dónde volver, un punto de referencia es casi tan importante como llevar  los documentos que aseguran mi identidad.

Ahora bien, cómo seleccionarlo de entre todas las ‘’excelentes’’ opciones que encontramos en internet y otros medios de difusión, sin llegar a sentirnos embaucados por imágenes manipuladoras de la perspectiva del lado bueno. En mi caso, para no verme defraudado, indago sobre algunas condiciones que considero esenciales: la cercanía con los lugares a donde quiero ir, la limpieza y la atención. Como estarán pensando, todas son variables imposibles de determinar con cierta rigurosidad, ni siquiera la ubicación estratégica porque las descripciones al respecto utilizan frases evasivas como “zona céntrica”, “a pasos de los principales centros turísticos”, “en las proximidades de los centros comerciales y nocturnos”. Algunos buscadores, como google, tampoco son una gran ayuda en esto puesto que la escala de los mapas que ofrecen me han engañado más de una vez,  sencillamente, porque para ellos siete cuadras son cuatro!!!

En lo que refiere a las otras variables, la fidelidad de los datos que proporcionan los correos de contacto y reserva normalmente se encuentran tipificados por normas de atención estandarizadas. Sin embargo, siempre es posible advertir la impronta personalista de los empleados que da cuenta del estilo del lugar de trabajo. La prontitud con la que responden a nuestras consultas, la intención de resolver inconvenientes, la información que nos proporcionan y el estilo del discurso que utilizan son algunos de los indicadores que nos pueden servir para conocer el lugar. Esto no significa que el hecho de tutearte evidencie desidia, pero es una cuestión de estilo. Generalmente se apela al nombre de pila seguido de un formalismo riguroso que indica, a la vez, proximidad y respeto.

Entre todas las posibles formas de alojamiento que existen, los hostel son un caso aparte. Al hospedarse en uno de ellos ya sea por elección, comodidad o costo- son mucho más baratos que un hotel regular- se debe tener en cuenta que proponen además un medio de interacción social que fomenta el intercambio entre  los huéspedes, sobre todo de los jóvenes en búsqueda de nuevas experiencias. Sí, todos pensamos lo mismo: hostel es igual a “extranjeras/os descontroladas/os”, pero eso no es más que una ecuación signada por la poderosa influencia del cine americano sobre nuestro inconsciente; Euroviaje censurado es un buen ejemplo. Aunque algo de cierto en eso siempre hay!!! La clave de estos lugares son los espacios compartidos: habitaciones, baños, cocina y, en los más lujosos, gimnasio, sala de recreación o de juegos.  Ahora bien, hay que estar dispuesto a no tener un momento de soledad, en tanto, siempre hay alguien dando vueltas, que no es un familiar al que se puede ahuyentar con un grito soliviantado de afectuosidad. En la mayoría de los casos uno no se despierta de la mejor manera, su humor y apariencia se ven turbados por la incomodidad de tener que abandonar el placer de seguir durmiendo un rato más. Es cierto que existen habitaciones individuales con baño privado lo que reduce al mínimo el contacto con desconocidos, pero quedarse en una de ellas es un contrasentido con los propósitos del hostel y, digámoslo, en el fondo estamos esperando que la película se vuelva verosímil.

Mi propia experiencia indica que mientras se pueda descansar sin alteraciones por fuera de lo común, el resto de las variables importan poco. Los alojamientos no deberían ser más que eso, si uno pretende estar más tiempo en ese lugar que en el exterior haciendo lo que fuera que motivó el viaje, se estaría perdiendo el tiempo. En todo caso, lo que les puedo recomendar es que disfruten del viaje no del repositorio de nuestras almas cansadas.

 Juan Gerardi – De la redacción

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