Esta crónica es un desafío doble. No sólo tengo que contarles en 1.000 palabras de qué va Mad Men, la serie protagonizada por Jon Hamm y que en Estados Unidos transmite AMC, sino que además tengo que tratar de decir algo original y entretenido que no reitere lo que ya apareció sobre esta serie en Orsai, la revista de Hernán Casciari. ¿Es posible hacer esto? No lo sé, pero no importa, la fascinación y adicción que generó Mad Men en Euge y en mí, hacen que el intento  valga la pena.

Podría arrancar diciendo que la reconstrucción histórica es casi perfecta, que pocas veces van a poder ver alguna película, serie o cualquier otro producto de ficción, que recree tan bien los años ‘60 en Estados Unidos, y la explosión de la sociedad de consumo. y no estaría mal. Los procesos históricos no son sólo el telón de fondo para el desarrollo de la trama de la serie. De forma sutil, pero con la fuerza suficiente para sostener las distintas historias, ciertos hechos políticos y sociales de esta década, rica en cambios, conflictos y transformaciones, se hacen presentes a lo largo de las 5 temporadas y son parte del encanto de la misma. Así es posible ver la llegada a la Casa Blanca del que Eric Hobsbawm definió como el presidente norteamericano más sobrevaluado del siglo XX, John Fitzgerald Kennedy, su posterior asesinato y el impacto que generó en seguidores y detractores. No menor fue el espacio dedicado al miedo que suscitó entre la población estadounidense la posibilidad de una catástrofe nuclear durante la crisis de los misiles con Cuba y la Unión Soviética en 1962, en plena Guerra Fría. A medida que la serie avanza también es posible ver la intervención de Estados Unidos en Vietnam, la lucha por los derechos civiles además de la aparición de la cultura hippie y la paulatina transformación del rol y espacio ocupado por la mujer en la sociedad. Este último aspecto debe ser de lo más logrado en la serie. Y no precisamente por la liberación sexual; los escritores llegan mucho más allá. Por fuera de las posiciones maniqueas conviven “en pie de igualdad” dos modelos de mujeres, la clásica ama de casa, sostén del marido y dedicada a criar a los hijos, con aquella que no se resigna al rol asignado por la sociedad patriarcal y que busca abrirse paso en el mundo. Ojo, esto no quiere decir que el machismo de la época no esté presente; todo lo contrario, se refleja de forma ejemplar la actitud de la mayoría de los hombres antes los cambios y creo que eso es lo que le da más valor a este enfoque. Lejos de legitimarlo, o naturalizarlo, se utiliza el contraste para dar cuenta de lo radical del cambio que se estaba produciendo. Si todavía siguen conmigo es probable que se estén preguntando ¿pero, de qué va Mad Men? ¿Qué serie puede dar cabida a todo esto? Y si me conocen, también se preguntarán ¿por qué Euge se enganchó tanto con esta serie?

Básicamente, Mad Men está centrada en la vida de Don Draper, el creativo principal y figura estelar de una empresa de publicidad de la ciudad de New York. Los libretistas lo hicieron un personaje polémico, complejo, contradictorio, seductor en todos los aspectos. No es extraño que por momentos nos parezca irritante, soberbio, casi despreciable pero que sin embargo en la escena siguiente nos resulta admirable, inteligente, entrador y elegante. Sin embargo lo más interesante desde la primera temporada es el debate interior de nuestro protagonista entre el hombre que dice ser, Don Draper, y su verdadera identidad, la de Dick Whitman y los esfuerzos por mantener oculto este gran secreto.

Si hay algo que tiene de rico esta serie es la complejidad de sus personajes, el tiempo que han dedicado para que los actores los desarrollen, para que los hagan crecer. Al mismo tiempo que todos se cruzan con lo que le ocurre a Don, también tienen lugar para sus propias historias. Como podrán imaginar, los personajes femeninos son centrales. Pero no sólo aquellas mujeres que son las parejas de Don. ¿Si tiene muchas mujeres? La respuesta es afirmativa: una mujer, dos ex esposas y varias amantes. Todas con vuelo propio, sobre todo Anna Draper, mujer del verdadero Don Draper y con el que nuestro personaje tiene una extraña y compleja relación. Tampoco se quedan atrás Betty Draper, su primer amor y en los papeles, segunda ex mujer, y Megan Calvet, su actual compañera. Sin embargo dos de sus colegas también. Así es que podemos ver el crecimiento de Peggy Olson, una chica de pueblo que se incorpora para ser la secretaria de Don pero que termina convertida en una de las creativas más importantes de la empresa que acompaña este crecimiento profesional con cambios en su forma de “ver la vida”. También Joan Holloway, la jefa de secretarias que al final de la 5 temporada no sólo es el sostén emocional de la firma sino parte de la sociedad anónima, y que tiene el lugar suficiente para contarnos sus relaciones amorosas y los desafíos de su nueva maternidad.

Hasta ahora les he vendido un panorama muy femenino, pero lo cierto es que los hombres también tienen un lugar importante. Roger Sterling y Peter Campbell son los dos personajes que más interactúan con nuestro protagonista. El primero es uno de los socios mayoritarios, el otro es un ejecutivo dispuesto a ganarse un espacio en la compañía. Ambos tienen idas y vueltas en su relación con Don y algunos de los mejores momentos de la serie son protagonizados por este trío. La ambición de Peter, su ímpetu y su atolondramiento contratan con el estado de relajación en el que vive Roger, su estilo de vida disipado y despilfarrador y su apetito competitivo domesticado. Ambos se disputan la atención y la amistad de Don además de rivalizar entre sí a medida que la estrella para los negocios de Pete crece y la de Roger parece irse apagando. Unas líneas se merece Sally Draper, la hija mayor de Don. Apenas presente en las primeras temporadas, con el divorcio de sus padres y su ingreso en la adolescencia, su protagonismo irá creciendo de la mano de una conflictiva relación con su madre, una “idolatrización” de su padre y un amor juvenil con un vecino.

No hay dudas que esta descripción sobre los personajes de esta serie es corta e inacabada. Sobre todo porque es una de las principales virtudes de Mad Men. Si a esto le sumamos lo desarrollado de sus historias, lo poco lineal y predecible de la historia general, además de unos juegos de cámara y planos que describen y cuentan tanto como las mejores escenas de Cóppola en El Padrino, tenemos un cocktail explosivo. Ahora sí creo que es posible que entiendan  porque con Euge disfrutamos de ver Mad Men y que estemos pendientes y ansiosos esperando el próximo capítulo, aunque ahora que nos pusimos al día,  ya será hasta la próxima temporada.

Alejandro Morea- De la Redacción

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