“Muchos hay propensos a figurarse España como una apacible región

meridional engalanada con los lozanos encantos de la voluptuosa Italia.

Antes al contrario, si se exceptúan algunas de las provincias marítimas, es,

en su mayor parte, un áspero y melancólico país, de montes escabrosos

 y amplias llanuras; desprovistas de arboles; y un silencio y soledad

 indescriptibles que tienen muchos puntos de contacto con el aspecto selvático

y solitario del África”(1)

Andalucía, la región más austral de la península ibérica, es además, una de las más pobres de España, sino la más. El territorio andaluz fue el último en ser reconquistado por la corona de Castilla y Aragón de manos de los musulmanes. Lo “moro” está muy presente, en el paisaje, en la arquitectura, en la gente, aunque el andaluz promedio reivindique su pasado cristiano con un fervor inusitado y niegue cualquier vestigio de ascendencia árabe.

A principios del siglo XIX, cuando Napoleón invadió la península, allí es donde se refugiaron los liberales españoles arrinconados durante cuatro años en “la tacita de plata”: Cádiz.

Ya en el siglo XX, Andalucía fue un sangriento escenario de la guerra civil española cuando desde África, los batallones del bando sublevado cruzaro el Estrecho de Gibraltar para desplegarse por la península. Durante los años de la guerra casi toda Andalucía se mantuvo fiel a la República, salvo por un reducto donde los nacionales tuvieron un fuerte arraigo: Granada.

Andalucía además ha sido la cuna del flamenco, de las chicas con gracia, del sol y la vida relajada en las costas del Mediterráneo.

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Al costado de la ruta, olivo, olivo y más olivo. De Granada a Jaén, de Sevilla a Granada, de Granada a Málaga. El olivo es el mayor y casi exclusivo cultivo de la zona. Donde vayas a tomarte una caña te enchufan aceitunas (no lo digo como queja eh), y el aceite de oliva es buenísimo y muy barato. La ciudad de Jaén, uno de los lugares donde mayor cantidad de olivas y aceite se produce, es la segunda ciudad con mayor índice de parados (desocupados) del país. El olivo es un cultivo estacional, sólo da trabajo en la época de cosecha, y además los adelantos tecnológicos agrícolas han conseguido la utilización de máquinas para el trabajo que antes hacían personas en varios de los procesos de la oliva. El problema con Andalucía es que depende de ese solo producto que estaba, hasta ahora, subvencionado por el Estado. En unos meses ese subsidio a los productores dejará de aplicarse y los parados aumentarán considerablemente. Y es que en los pueblos casi que se vive únicamente de la agricultura y sus derivados. Además, la terrible sequía que está azotando a toda la península no ayudará mucho a la situación.

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En la Catedral de Granada, en uno de los muros exteriores está tallado en la piedra un nombre: Primo de Rivera, el dictador español de la década del ’20; alrededor, hay algunas manchas de pintura roja producto de algún intento de escrache. Adentro del templo, una placa en el altar mayor recuerda a los sacerdotes asesinados durante la guerra civil (y no a otras víctimas). Rémoras de la dictadura franquista. Por ley, los símbolos del franquismo están prohibidos en los lugares públicos, nos cuenta un profesor, pero los intramuros de la iglesia no tienen que atenerse a esta interdicción.

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Las elecciones en Andalucía. En marzo de este año Andalucía era el único bastión que conservaba el PSOE. Para el partido socialista español conservarla significaba una pequeña luz al final del túnel negro en el que ha ingresado. Y aunque el PP ganó las elecciones, no obtuvo la mayoría absoluta, por lo cual deberá ceder varios espacios de poder en manos de la Izquierda Unida y del PSOE. La campaña en la última comunidad autónoma en celebrar elecciones fue ardua y crispada, y el PP se guardó el anunció de varios recortes mucho más drásticos de los que venía haciendo desde que asumió el mando nacional para después de la votación andaluza.

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Granada. La construcción de un subte en una ciudad de 240.000 habitantes parece un chiste. Sin embargo, es un espejo del derroche del que fueron parte los españoles durante estos últimos 20 años. La especulación inmobiliaria no significó solamente la construcción de edificios y urbanizaciones para la venta bajo crédito. La obra pública también tuvo su parte ostentosa con la construcción de museos inmensos en ciudades menores, espacios para ferias y exposiciones como los predios construidos para la Expo Sevilla del ’92 o la Expo Zaragoza del 2008, ambos actualmente abandonados, en desuso. El metro de Granada es un proyecto onerosísimo, absolutamente innecesario en una ciudad pequeña y sin mayores problemas de circulación. Por otra parte, su construcción aún no fue terminada, pese a que las obras empezaron hace varios años, y ha afectado a muchísimos comerciantes de la zona de la Avenida Ronda que hace años que la ven cerrada por obras ese acceso de la ciudad. Resabios de un pasado esplendido y no tan lejano que los españoles vieron escaparse como arena entre los dedos….y es que acá, nos cuenta un inmigrante Marroquí que vive hace 28 años en Granada, “nadie ahorró una puta peseta”.

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María Laura Mazzoni – De la redacción

(1) Irving, Washington, Cuentos de la Alhambra, Ediciones Miguel Sánchez, Madrid, 2002 [1832], pg. 25.

 

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