Poco a poco nos vamos dando cuenta de las preocupaciones de nuestros columnistas, ya parte de esta casa. Quienes se atrevan rastrear los textos de Juan Cassanelli (porque esto implica algunos riesgos para los lectores), encontrarán allí inmersos un conjunto de preocupaciones, de intereses y de visiones. Juan nos introduce a un cine con fuerte contenido social, que no inmoviliza sino que aspira a construir crítica social con contenido de fondo. Eso es lo que le pide a los films y aquello que él mismo se interesa en demostrar en las siguientes líneas. Eloy De la Iglesia es un director olvidado, como señala Juan, pero que hoy al calor de la crisis que está viviendo Europa y el mundo en general debe ser reactualizado, porque nos habla de situaciones que poco han cambiado, en España, en la Argentina y allí donde busquemos. (Benjamín M. Rodríguez –responsable de sección)

“En la transición todos teníamos una enorme necesidad de contar cosas que no se podían contar. De hacer uso de la libertad. Me sentía obligado a hablar en nombre de aquellos que no tenían voz, de aquellos que no se dejaban manifestarse como tales, es decir, los marginales”. (1) Con estas palabras Eloy de la iglesia definió objeto y sentido de su rica aunque injustamente olvidada obra cinematográfica, que bien podemos ver en clave de registro histórico, valiosísimo de la etapa de transición a la democracia en España, pese a las despiadadas críticas de los especialistas en cine de aquel entonces.

De su extensa obra cinematográfica me interesa mencionar, justamente, la etapa que marcó profundamente lo que luego se conocería en España como cine kinki y que dejó como saldo Navajeros (1980), Colegas (1982), las célebres El pico I (1983), El pico II (1984), La estanquera de Vallecas (1987). En estas 5 películas Eloy de la Iglesia se sumerge en lo más profundo del lumpenproletariado español. Y bien vale utilizar este término para referirse al mundo que De la iglesia, militante del PCE y homosexual, decía querer representar.

Es sabido que los castings para sus películas se realizaban con jóvenes de los barrios marginales de Mardrid, Barcelona, Bilbao, etc (al estilo Pier Paolo Pasolini en Italia). En muchos casos eran actores que actuaban de sí mismos y que lamentablemente, tendrán en su amplia mayoría destinos similares a los que acontecían en las películas. Muertos por la adicción a la heroína o infectados de HIV, en algunos casos, antes de pasar un tiempo presos por delitos de atracos, venta de estupefacientes, etc.  El consumo de heroína causó estragos en España durante los 80, sobre todo en el País Vasco y el destino de estos jóvenes actores fue el de miles que formaron parte de lo que a sociólogos y especialistas gusta llamar la generación perdida de los 80s. La obra de De la Iglesia supo retractar como nadie este flagelo del consumo de heroína en la España posfranquista.

El más conocido es el caso de José Luis manzano, actor fetiche de los films de De la Iglesia en cuestión (actuó en 5 películas) y con quien el director mantuvo una relación tormentosa hasta los últimos trágicos días del actor en 1992. (2)  Además del citado José Luis Manzano, en poco más de 10 años la heroína se cobrará directa o indirectamente, la vida de la mayoría de los actores y parte del equipo técnico de las películas: José Luis Fernandez El pirri, Javier García, Lali Espinet, Antonio Flores (hijo de Lola Flores), etc. Uno de los poco artistas de esa época que encontraremos en actividad en la actualidad será Enrrique San Francisco, quien pese a su adicción a la heroína supo esquivar el destino de la mayoría de sus compañeros de elenco. Esta situación hizo tambalear hasta el propio De la Iglesia (y su guionista Gonzalo Goicoechea), enroscadisimo con la heroína por aquellos años 80’s, situación que lo alejará casi definitivamente de la pantalla grande hasta su última película, Los novios búlgaros, estrenada 3 años antes de su muerte en 2006, aunque de escaso valor cinematográfico.

En todas las películas aparecen casi los mismos temas: la delincuencia juvenil y la marginalidad en las ciudades españolas desindustrializadas, los “parados”, la prostitución, las familias destruidas por la situación socioeconómica,  la adicción a la heroína con todas sus consecuencias, la homosexualidad (cuyo tratamiento más profundo se la podrá ver en El diputado que fue vista hace muy poco en la tv pública argentina) y la corrupción policíal. También en menor medida aparecen narradas las disidencias regionales y los grupos armados separatistas del país Vasco.  Por otra parte De la Iglesia no se guardará críticas al periodismo, que aparece ligado al chantaje y la extorsión  y como un eslabón más de la corrupción de la clase política española de la transición. Como bien sabemos el proceso que permitió la transición a la democracia en España fue impulsado principalmente por parte de la dirigencia del propio régimen y a estos sectores se denunciará y culpabilizará de muchas de estas problemáticas abordadas en las películas. Ejemplo de ello es cuando De la Iglesia carga contra la guardia civil como promotora de las drogas pesadas entre la juventud. Podríamos conjeturar que el Vasco buscaba una explicación más a la desmovilización política de los 80’s. Lectura política no muy alejada a la  hecha por ETA, demostrada por aquellos años en atentados contra narcotraficantes.

En la breve entrevista que mencionábamos al comienzo De la Iglesia menciona la transmisión de valores mediante el cine.  Cuando aborda el tema de la drogadicción, nos presenta gente real sin edulcorantes (mucho mejor, a mi entender, que la sobrevaluada Trainspotting (1996) que necesitó más de grandes bandas sonoras que de otra cosa para tratar el asunto de la adicción a las drogas duras). Gente con valores como la amistad (en El pico I la amistad entre el hijo del guardia civil y el hijo del político de la izquierda Aberchale, atraviesa toda la película. Lo mismo se verá en El pico II en las escenas filmadas en la cárcel), gente desesperada buscando ayuda en una sociedad que no estaba aún preparada para escucharlos. Pero también gente que lucha, a su forma y como puede, por encontrar su lugar en un contexto totalmente desfavorable. Recordando la etapa de la transición en España, debemos decir que para 1980 el número de “parados” en España era el mayor de la comunidad europea (María Teresa Picaso, 1996).

Y si de valores hablamos la obra de De la Iglesia no esquiva el bulto del mensaje político y la critica social: Navajeros se inicia con la siguiente cita: “los hombres no se hacen criminales porque lo quieran, sino porque se ven conducidos hacia el delito por la miseria y la necesidad” (Ten-si, pensador chino del siglo V – A.C.). Colegas refleja la misma idea. Los 3 amigos ingresan al mundo del hampa, luego de fracasar una y otra vez en el intento de conseguir un curro digno (empleo). Por su parte El pico II también tendrá pasajes analíticos del calvario que vivían miles de jóvenes que no podían salir del consumo de la heroína: el personaje interpretado por José Luis Manzano en un momento habla de “no querer vivir, ni morir, simplemente encontrarse sumergido en el fondo de un agujero negro”. Finalmente en El pico II, la película termina con un epígrafe que reza: “dedicada a todos los presos que conocimos en Carabanchel y a todos los que luchan contra la esclavitud de la heroína”, demostrando la delgada línea que separaba ficción de realidad en el cine de De la Iglesia.

Es que el vasco le hablaba a la sociedad en su conjunto, a través de películas que contenían una gran cantidad de escenas de realismo exacerbado que superaban el límite de lo observable y permitible, para los cánones habituales de un cine que no dejaba de lado su pretensión de entretener (el caso de La estanquera de Vallecas, es la que quizá escapa a esta regla, donde el realismo exacerbado se aplaca con géneros como la comedia y personajes absurdos). Sin dudas lo revulsivo en el cine de De la Iglesia, buscaba que actuase como sacudón a una sociedad pacata y cerrada por años de dictadura, mostrando sujetos históricos de una época que todos conocían pero nadie quería reconocer.

En el contexto actual de crisis en España donde se vuelve hablar de muchos de estos temas y hasta con enviados especiales desde la Argentina (¡!) para demostrar que ellos también tienen gente “indeseable” como en nuestro temible conurbano que roba y hasta asesina para conseguir sus dosis diarias de drogas (y estoy siendo irónico para cualquier desprevenido), no está de mas volver sobre el cine kinki de los 80s y tener en cuenta  la crítica radical sobre la sociedad que tan bien supo retractar Eloy de la Iglesia, quien según Pedro Almodóvar “supo despertar cabezas”.

Juan José Cassanelli –Columnista invitado

(1)   (http://www.dailymotion.com/video/x2gzko_encuentro-con-directores-eloy-de-la_new

(2)   (ver entrevista a Pedro Cid: http://7.diariodepracticasuc3m.com/articulo.asp?idarticulo=81)

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