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Cortitas al pié

El que se crea un artista en esta ciudad es un reverendo zapallo. Los que queremos ser algo somos “agitadores culturales” en la era del post punk / grunge. Nos gusta el agite, agitamos, somos agitadores: queremos que lo demás se agite. No escribimos poemitas para recitarlos en los palacios municipales: trabajamos, actuamos, editamos, leemos, nos reunimos, gritamos y lloramos. Escribimos, sí: también y además. Ese mundo del agitador es el mundo de Agustín, cuya escritura quebrada pero no cansada es el fiel reflejo de la diversidad de acciones que le ponemos a la máquina para que se mueva. Y agite.(Joaquín Correa, responsable de sección)

  1. Llegado el momento ¿no sentiré el peso, culpable de varios silencios? El encuentro será un estallido. Partes multicolores, sangre de otro.
  2. ¡Juan! ¡JUAN! No podés salir del aula. No. ¡No! Aunque éstas no sean clases normales, lo mismo. Ya hablamos mil veces vos y yo, hagamos las cosas bien. Juan. ¡JUAN!
  3. Todo producto pesticida contiene sustancias cuya función es facilitar su manejo o aumentar su eficacia. Estos ingredientes no son especificados en las etiquetas del producto. En humanos, los síntomas de envenenamiento incluyen irritaciones dérmico-oculares, náuseas, mareos, edema pulmonar…
  4. ¿Y la obra cómo va? ¿Cómo ya no la hacen más? ¡Pero si yo quería verla! Me quedé con las re ganas, por qué no avisaste…
  5. Qué formato se le imponía, era algo difícil de definir. Las matrices de sus precedentes eran irrastreables.
  6. Sí, me encanta En tercero de Formación Actoral. Sí, no… mal. Aparte te re cambia la relación con tu cuerpo, con la gente. Ahora estoy haciendo una escena con una compañera, alucinante mal. Re-conectamos desde el primer ensayo.
  7. …descenso de presión sanguínea, reacciones alérgicas, dolor abdominal, pérdida masiva de líquido gastrointestinal…
  8. Bien ahí, Juan. Bueno, ahora tenés que encontrar a qué refiere este “la” en “la protege”. Exacto. ¿Por qué? Bien. Subrayalo e indicalo con una flecha.
  9. Viernes. Boedo e Independencia. Una luz en picada ilumina un portero viejo. “Si… para la de las once y cuarto”. “¿Qué obra?”. “El violín…” Miro a mi compañera, más rápida. “El viento en un violín”. “Por la entrada de México”. “Dos”. “Estudiantes”. $140. En 15 minutos, la fila de gente continúa pasando el bar, el portón a la calle y casi hasta la esquina. Atravesamos la puerta y el escenario hacia los asientos. Calculo, entre la luz de los tachos. Doce, quince filas. Ancho, ¿18? Cuando comienza la función, llego a ver apenas cinco butacas libres en todo el teatro. Copa de malbec: $16. Finca Suárez (“¿?” -nos miramos). ‘Ensalada vegetariana’ es todo lo poco que promete el título de un caos de base tortilla de hortalizas naranjas y choclo, hojas (todas las hojas que hay), semillas, aceto, parmesano y pesto de rúcula. Ni el vino ni los fantasmas tienen cuerpo, pero ambos vienen a buscarnos y cruzamos las vías del tren mirando el cielo. Todo en el sucuchito del centro cultural.
  10. Es Canesa y Catriel. Agarrás Champagnat, pasás la rotonda, Vértiz y ahí nomás Tetamanti. Pasás Mario Bravo, Guernica, Piñacal, Chanal, Manrique y ahí, Catriel. Después, Labardén, Lobería, San Cayetano y Canesa. ‘Partiendo de un conflicto imaginado, escribir una breve escena teatral donde se desarrolle el modo en que los personajes lo afrontan.’
  11. Ah, no, no lo conozco. De él creo que no vi nada, no sé… Y no, poco… Lo último que ví, Ubú, la de Yanícola. Síi, un flash, un flash, el tipo es un re clown mal. Y creo que después de esa vi Baraka, también, los cuatro, unos genios. Pero no, después nada.
  12. Bueno, pero escuchame. Te quedan dos nomás. Acordate lo que dijimos hace un año, Juan, vos no querías saber nada… Y ahora, si el tipo este te pide el título para laburar ahí, ¡es un esfuerzo más y ya está! Te queda cerca de tu casa… En dos patadas lo liquidamos, con el de matemática tenemos la mejor onda.
  13. “Limomenta especial”. Vaso transparente de 500cc. Capa espumosa blanca con moteado verde oscuro, húmedo. Abajo, una turbiedad eterna de jengibre dulce y cítrico. “Fiebre de guerra”. JG Ballard. El tiempo se detiene entre los libros del pasaje, sus paredes de escaleras y anaqueles, los ojos del café que sólo bucean solos un decurso intraducible.
  14. …vómito, pérdida de conciencia, destrucción de glóbulos rojos, falla renal. Los ingredientes principales con alta tasa de toxicidad son: sulfato de amonio, benzisotiazolona, propinilbutilcarbamato…
  15. Diego. 11 años. TP N°1. Sintetizar un posible conflicto teatral.

El gran robo. Tres pibe menor de edad de noche en lo de uno de ellos. Quieren salir a roba tiene dos armas pero estan re drogados y borracho y discuten.

  1. Si Borges había hecho cuentos para eximirse de la tarea de ejecutar novelas que en ellos proyectaba, ¿por qué no podía él elaborar notas para un artículo que no llegaría… ocupando, sugerentes, su silencio… suplantándolo?
  2. Profe, usted a qué edad… tuvo su primera vez.

¿Por qué quieren saber eso?

Acá el amigo no la puso todavía y se va a quedar con todo adentro.

Pero bueno, para eso no tiene que tener relaciones sexuales obligatoriamente. ¿Qué les dicen en las clases de educación sexual?

No tenemos.

  1. … isobutano, metil pirrolidinona, ácido pelargónico, polioxietileno-amina (POEA), hidróxido de potasio…
  2. Y usas guantes, ¿no? Bien, bien. No, por las dudas. El título decile que recién está la semana que viene, lo tiene que firmar la directora. Bien. Y, Juan, cuidado con el tema de los fertilizantes y eso porque esas cosas pueden ser medio jodidas, ¿viste?
  3. Paro. Los chicos son retirados por sus padres. A espaldas de la directora, los más grandes se escapan por un alambrado. Gaby deambula. ¿12? Buzo blanco con la cara de Mickey, arrugado, sucio en la espalda con tierra. Su cara es todo el sueño que puede haber en la tierra.

¿Usted es profe de tercero?

Si. ¿Vos estás en segundo?

Primero. ¿Cómo se llama?

Agustín. ¿Vos?

Gaby.

¿Y tu mam- ¿Y no te puede venir a buscar nadie?

No, está durmiendo ahora mi tía.

¿Y si la llamamos desde la dirección?

Na… No va a venir.

¿Pero cómo no? La llamamos, dale.

Deje. Nomás que tenga el vicio, el resto ni le importa.

  1. De todos los mecanismos de defensa, que otras ramas de las “psciencias” llaman benévolamente mecanismos de afrontamiento, el más siniestro era el que segregaba las hormonas correctas para entumecer.
  2. El perro necesita espacio, casi químicamente. Flori, luego de los primeros diez días que vivió con nosotros en vez de en la cocina de su solitaria dueña, dejó de morder; después cambió su trato a las macetas cuando ella empezó a llevarla a la playa en las mañanas (no dejábamos de pensar en esas señoras con perros de espalda chata y tranco corto, sin elongación de los tendones que unen las patas al cuerpo; perros con agorafobia, perros con vértigo del horizonte). Y los gatos no tienen dueño. Para el resto de los habitantes de la ciudad, la oficina, el súper y el gimnasio reemplazan trepar árboles, cazar, recolectar y perseguir. Si a la edad de piedra sobrevivimos los más ágiles, en la era de google, la endorfina que no quema grasa generaría deudas invisibles al cuerpo. ¿Cuántas enfermedades secretas están planeando nuestras células irradiadas de red 3G y sedentarismo? ¿Quiénes serán los naturalmente seleccionados cuando el hacinamiento, el HD y el Activia nos harten hasta hacernos huir? ¿Quedarán frutas no transgénicas? ¿Podremos todavía producir las enzimas que digieran las proteínas crudas de las últimas hojas silvestres?
  3. …sulfito sódico, ácido sórbico e isopropilamina. El ingrediente activo (glifosato) está clasificado como extremadamente tóxico.
  4. ¿Y plantan otras cosas o frutas de invierno nomás? Ah, mirá… Albahaca, menta. ¿Rúcula también? Bueno, un montón, Juan. A mí me encanta, ¿vos no te guardás algo de lo que sacás vos?
  5. Al fin y al cabo, sólo se entrelazan en mí, su único punto de encuentro, espacio circular en torno a un vacío, hilo que une fideos en esos collares que hacíamos en el jardín de infantes, ordenando las hebras para que el centro no se haga un nudo de pasta seca, manos húmedas y algodón.

Agustín Barovero – columnista invitado

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Nuestro espacio de música hoy cuenta con un nuevo aporte externo. Un relato que se hizo desear, no por las demoras de su autor, -y no estaría demás agradecerle su paciencia-, sino por los acontecimientos de actualidad que nos fueron marcando la agenda editorial y a la cual no podíamos esquivar. Un sentido homenaje al querido Flaco Spinetta y el número especial de Malvinas, demoraron la publicación de este impecable artículo de Agustín Barovero que hoy tenemos el agrado de presentarles. Fito Páez ocupa el centro de escenario, trayendo bajo el brazo su último disco (editado no hace más de un año): Canciones para Aliens. Es un disco de covers. Y un disco de covers siempre es dificil de digerir; se lo rumea por largo tiempo; cuesta procesarlo. Se tiene la sensación que, o puede ser muy nutritivo -las menos- o  termina siendo una cagada -un número considerable de veces-. Pero los matices también existen y Agustín nos convence de ello. Rescatando los pasajes destacables y los momentos flojos, valorizando todo aquel vagaje cultural que la música representa por si misma, y que en algunos de los temas queda plasmada sabiamente. (Joaquín Marcos, co-responsable de sección).  

No es fácil escuchar hoy a Fito Páez si el primer álbum musical del que se tiene memoria en la vida es ‘El amor después del amor’. Menos contando que, junto con Serú Girán, Spinetta et al, fue también con los primeros seis discos de Páez (esos que podían contener en “segunda línea”, Carabelas nada, Tatuaje falso, Alguna vez voy a ser libre, Dejaste ver tu corazón, Fuga en tabú, Canción sobre canción…) que la década del ’80 desarrolló los músculos del cuerpo que hoy trata de escucharlo. Pero todo cambia inexorablemente, artista, obra, cuerpo… y a veces la madurez no es tal para domar el brío de las expectativas.

El disco propone algo que Páez viene haciendo, esperable en una persona cuyo árbol de melodías va secando y sólo da vestigios de la carnosidad turgente y roja de antaño: el cover…  palabra horrible para decir “versión”, que junto con break, locker, drink van sodomizando lenta e inexorablemente nuestro rioplatense.

De inmediato resuenan las palabras del local Alfredo Di Florio, figura perenne de la Rock and Pop Beach: “Mar del Plata es una ciudad llena de bandas de covers”. Escuchando el disco de Páez y poniendo oído a uno y otro fenómeno, se podría concluir: una versión de un tema es lo que se hace allí con, por ejemplo, ‘Las dos caras del amor’ o ‘Construcción’. Mar del Plata es una ciudad de viles imitadores.

En Canciones… Páez hace muchas cosas, que en promedio salen muy bien. Hace justicia a la versión Bowie-Jagger de “Dancing in the street” en dueto con Juanse, a quien dada la naturaleza ochento-pop del tema sólo habrá conseguido porque junto al camaleón cantaba (y bailaba…) el líder de los Stones, y si lo hizo Jagger cómo no lo va a hacer Pomelo. “Rata de dos patas”, infaltable ranchera para purgar rabias virulentas, añade a teclados e influjos orquestales casi de música incidental a la larga diatriba de su letra. “Las dos caras del amor” pasa a segunda voz una plegaria en primera. Sería imposible pedir (-le a Paez) que se atenga con rigor a los ceñidos espacios de la métrica en la que la proporción casi monosilábica del inglés dice tanto y tan cómodamente. Sólo se objetaría a la versión la forzada línea ‘verás el amor’, que aparte de sonar barata y querer emular –rústicamente- el sonido final de ‘somebody to love’, no rima y cae en el vacío. Por demás, la libertad del enfoque la hace suficientemente nueva para no suscitar comparaciones que no convendrían. Su punto alto acaso sea Páez haciendo el cerrado eslalon vocal cuesta abajo que Mercury sortea favorecido del hecho de tener la voz que tendría dios si bajara a la tierra y cantara rock-pop de los 70-80. “Te recuerdo Amanda” merece una advertencia; es la más definida oportunidad en que Páez tiene de bajar un corazón de un piedrazo, y lo hace. Con su voz en reconstitución por estas décadas, sorprende y logra que la ejecución medida dé una contundencia de peso inesperado a la letra y el piano incesante.

* * *

Basta.

Construcción, de Chico Buarque, por Fito Páez.

Páez y Sujatovich cambian disonancia descendente por potencia, socialismo coral por armonía arrabalera, guitarra mareada de bossa por línea de piano de herencia garciana al modo Tráfico por Katmandú / Led Zeppelin. Tomando ciertas melodías del original, bajan el tempo y le dan un color fusionado en tanguero rioplatense. Resuena Piazzolla y Buenos Aires Hora Cero, con cuerdas y vientos fuertes de ecos de adagio sinfónico.

La letra, en versión de Daniel Viglietti, constituye el retrato de un obrero suicidado en clave de crónica monótona, con tintes de mirada extrañada por la lejanía del transeúnte desde la vereda. El acecho desde el inicio de las cuerdas graves evoca un travelling lateral perentorio. Su juego esencial es la naturaleza cíclica y variativa de las construcciones. Historia repetida, repetitiva de la rutina que lo conduce a la caída. Historia de las microhistorias mínimas al descenso, juego de modificadores en juego de conmutación estática.

Una versión de la variación ilumina la otra, las palabras se tocan poco a poco como un caleidoscopio donde las puntas se desprenden unas de otras y hallan espacio y sentido en contacto. Y los pelos se paran poco a poco cuando la figura del obrero se dibuja de la mano de los modificadores que se repiten y transmutan, embebiendo de alcohol, flacidez, delirio, liviandad y muerte su caída al vacío indiferente de la calle. A contramano entorpeciendo el sábado.

La variación juega con la acumulación intensificando las líneas del cuadro, donde no hay descripciones insulsas o desprovistas de peso, porque cada atributo está signado de la gravedad que estrella al obrero en el pavimento. A contramano entorpeciendo el tránsito.

Lo que en la original de Buarque es un tropel de vientos y voces en ascenso desprendidos de la tónica de la guitarra con una búsqueda ligeramente volcada hacia lo acumulativo y disonante, Páez/Sujatovich trasmuta lo urbano típico brasilero en porteño (incluídos el “cri-cri” y toda la caterva de ruiditos que Astor explotaba en los ejecutantes y el uso “no convencional” al tango de los instrumentos). Las cuerdas parecen ser el pasaje al momento “Kashmir” de la canción, donde se desnuda la vocación rock de sus versionantes y la muerte toma forma de música que rememora a ‘Ciudad de pobres corazones’.

 Páez decía, en una vieja entrevista previa a Giros (1985), hablando de cuál era la identidad musical argentina que él veía plasmada en su trabajo, ‘somos una mezcla concreta de muchas culturas, o sea, el mundo arjo, la berretada… y la cosa linda como el Cuchi, el Chango, el folklore, los trovadores, la milonga del sur, el candombe, y la cosa de afuera…’. En momentos donde la música de hoy (con contadas excepciones, y siempre por fuera del circuito masivo) parece no negar sino desconocer el bagaje latinoamericano profundo (los viejos viejos), se hace agua en un presente que no hace pie en el pasado. Hermosa y necesaria operación anacrónica la de las mejores versiones de este disco, Construcción entre ellas.

Agustín Barovero – Columnista invitado

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