Tag Archive: Alejandro Morea


Fin de Ciclo

A mediados de octubre del 2011 me encontraba enfrente de la computadora tratando de ordenar mis ideas para la editorial que iba a encabezar el Nº 12 de Palabras Transitorias. Hoy, un año después, otra vez estoy intentando darle forma a lo que se supone que debería resumir lo hecho en este último año.

Debo ser sincero, sin saber bien que iba a decir, ya había elegido el título que encabezaría esta nota. Maneje otras opciones, es cierto. No fue lo único que se me ocurrió. Pensé en Fin de fiesta, la canción que cierra el álbum en vivo de Kevin Johansen e inclusive en Fin de la Revolución, principio al orden, vicio de (aspirante) a historiador. Sin embargo creo que mi opción es la adecuada y voy a tratar de explicarlo.

El año pasado, a la vez que intenté explicar un poco los orígenes del Grupo Salieris y su recorrido, sobre todo para aquellos que no nos conocían, intenté dar cuenta de las formas que había adoptado la revista en los once meses previos, sus secciones, hacia donde habían discurrido y demás pormenores de nuestro pequeño emprendimiento. Este año me toca una tarea diferente porque Palabras Transitorias y el colectivo que está detrás se encuentran en un lugar distinto.

Como toda iniciativa o propuesta de estas características, nos tuvimos que enfrentar al desafío de tener que consolidar el proyecto iniciado hace ya dos años. Superado el envión inicial y las ganas que todo lo pueden, debimos esforzarnos más que nunca para seguir construyendo y publicando una revista que disfrutáramos leer, para evitar las mesetas, e inclusive los precipicios. Y aunque en esta etapa de consolidación tuvimos altas y bajas, creemos que hemos salido bastante airosos. En este punto me gustaría detenerme y explicar las razones. Para enfrentar este difícil momento resultó fundamental el ida y vuelta con los lectores. Hace rato que tengo la sensación de que Palabras Transitorias ya no me pertenece, a ninguno de los integrantes del Grupo Salieris en realidad. Podría recurrir a las estadísticas para asegurar lo que voy a decir pero creo que no gano nada. Tengo la seguridad que en este año hemos publicado más notas de amigos y colaboradores que propias. Esto no es un problema, todo lo contrario. De algún modo, lo que nos habíamos propuesto al transformar el blog en revista se logró: ser lo suficientemente abiertos, tolerantes e interesantes para que muchas otras personas se sumen a escribir, a participar de la revista. Algunos de ellos lo han hecho más de una vez y se nota que no solo han sabido leer “de qué iba la revista” y cada una de sus secciones, sino que también supieron darle su propia impronta. Fueron apropiándose de Palabras Transitorias y han dejado su huella. No hay dudas que esta inyección de aire fresco fue fundamental para llegar a este segundo aniversario y por eso les damos las gracias. Ha sido muy reconfortante sentirnos acompañados y que nos hayan elegido para manifestar sus opiniones, contarnos aquello que estaban con ganas de decir. Igualmente imagino que todavía se deben estar preguntando que tiene que ver el título con todo lo relatado.

A mi entender, lo dicho alcanzaría para plantear, que al cumplirse dos años de la publicación del primer número, es posible hablar del cierre de una etapa en Palabras Transitorias. Sin embargo tengo que ir más allá. El desarrollo y crecimiento de la revista se ha dado en simultáneo al de los integrantes del Grupo Salieris. Aquel grupo de estudiantes de la Facultad de Humanidades, que comenzó organizando ciclos de cine en la biblioteca de nuestra Universidad, hoy se encuentra desparramado en toda Mar del Plata y con una importante sucursal en Buenos Aires. Estamos más grandes y con nuevos compromisos. Las tareas y los importantes desafíos que cada uno de nosotros ha decidido enfrentar en este último tiempo nos están dificultando continuar con la revista, al menos en el formato actual. Por eso, al cumplirse dos años de nuestro primer número, les tenemos que comunicar que por un tiempo, dejaremos de publicar Palabras Transitorias.

Para los que formamos el Grupo Salieris la experiencia de llevar adelante esta revista ha sido algo espectacular, que nos presentó múltiples desafíos y de la cual hemos aprendido mucho. No solo nos enriquecimos intelectual y culturalmente con esta experiencia, sino sobre todo como personas y no tengo dudas en que sabremos capitalizar lo hecho hasta acá. Esto no es un adiós, es más bien un hasta luego, aunque todavía sin fecha concreta de regreso o formato específico: ¿Radio? ¿Papel? ¿Televisión? Todo puede suceder. En nuestro interior somos concientes que este no es el final, sólo un breve descanso para recuperar fuerzas, repensar situaciones y volver con más fuerza. Creo que no me equivoqué con el título. Fin de Ciclo. Bienvenidos al número 24 de Palabras Transitorias. Hasta la próxima.

Alejandro Morea- Director

La Conversación no suele caracterizarse por ser una sección que busque estar detrás de la última información. Sin embargo, nos hacemos espacio para dar cuenta de algunos problemas y temas importantes de actualidad. Para conversar un poco sobre el panorama económico argentino decidimos consultar a un especialista y nos pusimos en contacto con Alfredo Zaiat, periodista especializado en economía, director del suplemento Cash de Página 12, conductor de Cheque en Blanco y panelista de los programas Con Sentido Público y  Guetap. (1)

 

Para comenzar Alfredo, nos gustaría que hagas un balance de la economía Argentina y cuáles son los principales problemas para el Gobierno en este contexto de crisis internacional.

La economía argentina no puede ser entendida sin tener en cuenta los factores internos y factores externos. Los factores externos tienen que ver con la crisis internacional, que impacta fuertemente en países con los que Argentina tiene importantes intereses comerciales como ocurre con Brasil. A nivel interno, la política de tratar de evitar una devaluación regresiva, una devaluación que produzca una fuerte redistribución de ingresos hacia los sectores más concentrados de la economía. Entonces, en ese contexto, por el lado del sector externo, tenés una fuerte desaceleración del crecimiento económico de Brasil que impactó negativamente en industrias muy dependientes de las exportaciones a este país y que por consiguiente provocó un retroceso industrial en el primer semestre de este año para la economía argentina. Por el lado local, el desafío que tomó el gobierno de evitar una devaluación, un ajuste fiscal o el endeudamiento masivo para evitar caer en las crisis cíclicas provocadas por las restricciones externas lo llevó a tomar medidas con el control al acceso de divisas y a un control de importaciones. Ambas medidas impactaron de manera negativa en la actividad económica lo que provocó una caída en el nivel de actividad general. Ahora, esto es lo que se reflejó durante el primer semestre de este año. Una vez que la economía local adaptó su funcionamiento a las restricciones a las importaciones y a los límites al acceso de moneda extranjera, y si a eso le sumamos las políticas tomadas por Brasil para mejorar su actividad económica, es posible ver que en el segundo semestre la economía reinició un proceso de crecimiento leve, pero crecimiento al fin, con una tendencia positiva para fin de año y con perspectivas de continuidad para el año próximo.

En el último tiempo se han escuchado muchas voces acerca de la necesidad de encarar una reforma fiscal. Sin embargo se ve poco movimiento en la oposición como en el gobierno con respecto a esto. ¿Por qué te parece que ocurre esto y en qué sentido te parece que habría que hacer esta reforma?

La inmovilidad frente a una reforma tributaria tiene que ver con la resistencia que ejercen los sectores privilegiados. Como ejemplo podés poner lo que ocurre con los jueces que no pagan impuestos a las ganancias sobre sus ingresos. El poder judicial realiza un fenomenal lobby tanto en poder legislativo y en el poder ejecutivo para evitar que avance una de las posibles medidas de reforma tributaria. Igualmente, cuando se piensa en reforma tributaria creo que hay que alejarse de la idea de una mega reforma tributaria. Lo que debería hacer el gobierno es avanzar en proyectos específicos para eliminar nichos de privilegio como el que te mencionaba de los jueces. Otro proyecto debería avanzar sobre la exención de pago de ganancias en la renta financiera, otro sobre la exención de pago por ganancias de capital, otro es la reinstauración del impuesto a la herencia y después, en última instancia, pensar en una disminución en el impuesto al valor agregado, es decir en el IVA. No se si en términos generales, pero por lo menos sobre las canastas básicas de alimentos.

Otra cuestión sobre la que te queríamos consultar es sobre el “sujeto” en la economía. Tanto en los discursos de Néstor Kirchner como de Cristina Fernández se alude a la idea de reconstrucción de una “burguesía nacional”. Sin embargo lo ocurrido en el último tiempo con YPF parece marcar un camino alternativo más ligado a lo que podría ser llamado un “Capitalismo de Estado”. ¿Cuál de estas dos alternativas te parecen más fructíferas en función del contexto internacional del que hablábamos al principio y las características de la economía argentina?

Conviven ambas estrategias. Lo que es cierto es que el kirchnerismo ha intentado por varias vías la reconstrucción de una “burguesía nacional”, política que hasta ahora se ha demostrado con escaso resultado. Se inició con esta idea voluntarista de que con un crecimiento económico muy elevado y el fomento al mercado interno el empresariado iba a invertir y por consiguiente convertirse en una burguesía dinámica, tanto por su rol de inversión como por el desarrollo de nuevas tecnologías o de innovación productiva. Lo cierto es que esto no se verificó. Después tuvo la estrategia de “argentinizar” grandes empresas privatizadas que con lo de YPF se mostró fallida. Por consiguiente, el Estado pasó ocupar espacios en eslabones importantes de la producción fundamentalmente a partir de YPF. Yo creo que ahora hay un último intento, más estratégico, que tiene que ver con el proceso de sustitución de importaciones, con la aspiración de regenerar una industria nacional y por consiguiente empresarios nacionales comprometidos con el destino nacional, es lo que Aldo Ferrer denomina “densidad nacional”.

Una última pregunta, tiene que ver más con tu trayectoria como economista y periodista. Cuando arrancaste a estudiar economía, ¿te imaginabas trabajando como periodista o fue una posibilidad que fue apareciendo después en tu horizonte?

Yo soy periodista, periodista especializado en economía. Cuando empecé a estudiar economía no creí que me iba a dedicar al periodismo. Pero ya en la última mitad de la carrera empecé a trabajar en Página 12 y me empezó a gustar el trabajo, el oficio de periodista. Las herramientas adquiridas en el estudio universitario me permitieron ampliar mis posibilidades de intervención en los medios en los que me desarrollo.

¿Qué te parece clave a la hora de la comunicación de las ciencias económicas en los medios de comunicación?

Tratar de ser claro, preciso. Que sea entendible. Estar alejado de los lobbys. Pensar en la economía para trasmitírselo a la población y no ser simple vocero de los intereses empresariales o de grandes intereses financieros o políticos. Me parece que lo relevante es tratar de trasmitir la economía con un concepto básico: “la economía es economía política”. Por consiguiente, tiene que ser una herramienta para poder interpretar los fenómenos económicos, políticos y sociales que vive la población día a día.

  Alejandro Morea- De la redacción

(1) Para la realización de esta entrevista conté con la colaboración Leandro Gutiérrez.

Esta crónica es un desafío doble. No sólo tengo que contarles en 1.000 palabras de qué va Mad Men, la serie protagonizada por Jon Hamm y que en Estados Unidos transmite AMC, sino que además tengo que tratar de decir algo original y entretenido que no reitere lo que ya apareció sobre esta serie en Orsai, la revista de Hernán Casciari. ¿Es posible hacer esto? No lo sé, pero no importa, la fascinación y adicción que generó Mad Men en Euge y en mí, hacen que el intento  valga la pena.

Podría arrancar diciendo que la reconstrucción histórica es casi perfecta, que pocas veces van a poder ver alguna película, serie o cualquier otro producto de ficción, que recree tan bien los años ‘60 en Estados Unidos, y la explosión de la sociedad de consumo. y no estaría mal. Los procesos históricos no son sólo el telón de fondo para el desarrollo de la trama de la serie. De forma sutil, pero con la fuerza suficiente para sostener las distintas historias, ciertos hechos políticos y sociales de esta década, rica en cambios, conflictos y transformaciones, se hacen presentes a lo largo de las 5 temporadas y son parte del encanto de la misma. Así es posible ver la llegada a la Casa Blanca del que Eric Hobsbawm definió como el presidente norteamericano más sobrevaluado del siglo XX, John Fitzgerald Kennedy, su posterior asesinato y el impacto que generó en seguidores y detractores. No menor fue el espacio dedicado al miedo que suscitó entre la población estadounidense la posibilidad de una catástrofe nuclear durante la crisis de los misiles con Cuba y la Unión Soviética en 1962, en plena Guerra Fría. A medida que la serie avanza también es posible ver la intervención de Estados Unidos en Vietnam, la lucha por los derechos civiles además de la aparición de la cultura hippie y la paulatina transformación del rol y espacio ocupado por la mujer en la sociedad. Este último aspecto debe ser de lo más logrado en la serie. Y no precisamente por la liberación sexual; los escritores llegan mucho más allá. Por fuera de las posiciones maniqueas conviven “en pie de igualdad” dos modelos de mujeres, la clásica ama de casa, sostén del marido y dedicada a criar a los hijos, con aquella que no se resigna al rol asignado por la sociedad patriarcal y que busca abrirse paso en el mundo. Ojo, esto no quiere decir que el machismo de la época no esté presente; todo lo contrario, se refleja de forma ejemplar la actitud de la mayoría de los hombres antes los cambios y creo que eso es lo que le da más valor a este enfoque. Lejos de legitimarlo, o naturalizarlo, se utiliza el contraste para dar cuenta de lo radical del cambio que se estaba produciendo. Si todavía siguen conmigo es probable que se estén preguntando ¿pero, de qué va Mad Men? ¿Qué serie puede dar cabida a todo esto? Y si me conocen, también se preguntarán ¿por qué Euge se enganchó tanto con esta serie?

Básicamente, Mad Men está centrada en la vida de Don Draper, el creativo principal y figura estelar de una empresa de publicidad de la ciudad de New York. Los libretistas lo hicieron un personaje polémico, complejo, contradictorio, seductor en todos los aspectos. No es extraño que por momentos nos parezca irritante, soberbio, casi despreciable pero que sin embargo en la escena siguiente nos resulta admirable, inteligente, entrador y elegante. Sin embargo lo más interesante desde la primera temporada es el debate interior de nuestro protagonista entre el hombre que dice ser, Don Draper, y su verdadera identidad, la de Dick Whitman y los esfuerzos por mantener oculto este gran secreto.

Si hay algo que tiene de rico esta serie es la complejidad de sus personajes, el tiempo que han dedicado para que los actores los desarrollen, para que los hagan crecer. Al mismo tiempo que todos se cruzan con lo que le ocurre a Don, también tienen lugar para sus propias historias. Como podrán imaginar, los personajes femeninos son centrales. Pero no sólo aquellas mujeres que son las parejas de Don. ¿Si tiene muchas mujeres? La respuesta es afirmativa: una mujer, dos ex esposas y varias amantes. Todas con vuelo propio, sobre todo Anna Draper, mujer del verdadero Don Draper y con el que nuestro personaje tiene una extraña y compleja relación. Tampoco se quedan atrás Betty Draper, su primer amor y en los papeles, segunda ex mujer, y Megan Calvet, su actual compañera. Sin embargo dos de sus colegas también. Así es que podemos ver el crecimiento de Peggy Olson, una chica de pueblo que se incorpora para ser la secretaria de Don pero que termina convertida en una de las creativas más importantes de la empresa que acompaña este crecimiento profesional con cambios en su forma de “ver la vida”. También Joan Holloway, la jefa de secretarias que al final de la 5 temporada no sólo es el sostén emocional de la firma sino parte de la sociedad anónima, y que tiene el lugar suficiente para contarnos sus relaciones amorosas y los desafíos de su nueva maternidad.

Hasta ahora les he vendido un panorama muy femenino, pero lo cierto es que los hombres también tienen un lugar importante. Roger Sterling y Peter Campbell son los dos personajes que más interactúan con nuestro protagonista. El primero es uno de los socios mayoritarios, el otro es un ejecutivo dispuesto a ganarse un espacio en la compañía. Ambos tienen idas y vueltas en su relación con Don y algunos de los mejores momentos de la serie son protagonizados por este trío. La ambición de Peter, su ímpetu y su atolondramiento contratan con el estado de relajación en el que vive Roger, su estilo de vida disipado y despilfarrador y su apetito competitivo domesticado. Ambos se disputan la atención y la amistad de Don además de rivalizar entre sí a medida que la estrella para los negocios de Pete crece y la de Roger parece irse apagando. Unas líneas se merece Sally Draper, la hija mayor de Don. Apenas presente en las primeras temporadas, con el divorcio de sus padres y su ingreso en la adolescencia, su protagonismo irá creciendo de la mano de una conflictiva relación con su madre, una “idolatrización” de su padre y un amor juvenil con un vecino.

No hay dudas que esta descripción sobre los personajes de esta serie es corta e inacabada. Sobre todo porque es una de las principales virtudes de Mad Men. Si a esto le sumamos lo desarrollado de sus historias, lo poco lineal y predecible de la historia general, además de unos juegos de cámara y planos que describen y cuentan tanto como las mejores escenas de Cóppola en El Padrino, tenemos un cocktail explosivo. Ahora sí creo que es posible que entiendan  porque con Euge disfrutamos de ver Mad Men y que estemos pendientes y ansiosos esperando el próximo capítulo, aunque ahora que nos pusimos al día,  ya será hasta la próxima temporada.

Alejandro Morea- De la Redacción

 Abro la puerta y empiezo a mirar

–          ¿Me busca a mí?

–          Sí. –Le contesto a quien me está hablando desde el fondo del local.

–          Vení- me dice y me hace gesto con la mano para que me acerque.

–          ¿Me esperás 5 minutos? Y señala la computadora.

–          Por supuesto.

Me acomodo en la larga mesa en la que sé que hubo una reunión. En la otra cabecera de la mesa, aún se encuentra una productora del programa que está intentando arreglar una entrevista para el programa de la mañana siguiente. Aprovecho para recuperar el aliento que perdí tratando de llegar puntual a las 10. Día agitado el de nuestro entrevistado, me digo para mí. A las 9 terminó su programa de radio en Vórterix, después tuvo una reunión de trabajo y ahora está casi listo para conversar conmigo.

Mi cabeza sigue volando. Creo que yo tampoco me quedo atrás. Siempre que vengo a Buenos Aires termino a las corridas. Sólo cuando desembarco en Retiro tomo conciencia de la interminable cantidad de cosas que pretendo hacer en un a semana. 8:40 bajé del colectivo, me tomé el subte rumbo a lo de unos amigos, me cebé unos mates y volví a salir rumbo al encuentro de mi entrevistado con lo necesario para después trabajar en el archivo. Igualmente creo que el grado de inconciencia esta vez superó todos los límites. Ni siquiera tuve en cuenta que habían anunciado paro de subtes para casi toda la semana y no soy un tipo que se mueva muy bien en la superficie de esta ciudad. Quizás sea porque sé que es la última entrevista que voy a hacer en muchos meses. En mi fuero íntimo trato de convencerme que no es la última, pero la  verdad, a esta altura del año, no lo puedo saber. Debe ser esto, sumado a la expectativa que tengo sobre lo que puede salir de entrevistarlo a él, lo que haga que no repare en esfuerzo y corridas.

En Arenales y Larrea, en Recoleta, me está esperando Reynaldo Sietecase, periodista y escritor. En uno de esos cafés, muy modernos, muy luminosos y bien puestos, que se han vuelto tan típicos, primero allá y después acá, donde uno puede gastar en un café con leche y un tostado lo mismo que en un asado en cualquiera de las parrillas al paso que podemos encontrar en la rotonda de Champagnat y 180 o en Champagnat entre Beruti y Libertad. De repente, algo me saca de mis pensamientos y me vuelve a la realidad. Es la voz de Sietecase que me dice:

-Bueno, ¿de qué querés hablar?

Sólo me resta encender el grabador y empezar a preguntar.

Bueno Reynaldo, lo primero que me gustaría que hagas es una lectura del panorama político actual. ¿Cuál te parece que son los desafíos del gobierno? ¿Cómo analizas el rol de la oposición tanto de centro izquierda como de derecha?

El principal adversario del gobierno no está ni en la oposición ni en el sindicalismo sino en la economía. Me parece que la inflación, por ejemplo, es la principal amenaza por lo que significa como factor de erosión de los salarios y como elemento desestabilizador de lo que el gobierno llama “el modelo”, que yo nunca termino de saber que es, pero donde es claro que el salario es central en la estrategia económica. Éste es el principal escollo en un contexto mundial muy complejo. Los que piensen que la crisis internacional no afecta a la Argentina están mirando de forma muy simplista la cosa. Se está hablando de corralito en España, del derrumbe de Grecia… En algún momento esas cosas terminan afectando al mundo en general. En cuanto a la cuestión política me parece que la tiene más fácil. No sólo tienen la supremacía en las cámaras sino también una superioridad política importante que se combina con dificultades en la oposición para articular alternativas políticas creíbles de cara a las próximas legislativas. Por eso, me parece que en el plano político la cuestión parece más amable. En todo caso, el gobierno se inventa sus propios problemas como apurar la interna con Scioli, de una forma para mí muy estrambótica, muy singular pero propia del kirchnerismo. Adelantar la pelea con el gobernador de Buenos Aires no parece tener mucha lógica pero el kirchnerismo parece sentirse a sus anchas. También está la pelea con el sindicalismo de Moyano que no parece que vaya a ser sencilla. Pareciera que el gobierno mantiene esa dinámica que impulsó Néstor Kirchner de crecer en la confrontación. Yo creo que el adelantamiento de la interna con Scioli como la pelea tan heavy con Moyano puede terminar afectando lo otro que te decía, la cuestión económica. Pero bueno, es parte de la estrategia del gobierno.

La oposición, después de las elecciones del año pasado, no logró recomponerse. El radicalismo a duras penas trata de reagruparse. El FAP, que fue el sector de centro izquierda que mejor elección hizo, y que parece con mayores posibilidades de crecimiento, sigue entrampado en algunas cuestiones internas y no termina de amalgamar un discurso. Sin embargo, yo lo veo con mucha expectativa. A mi me parece que si el Frente Amplio Progresista construye con inteligencia, de manera generosa y abierta, quizás en algún momento puede ser una alternativa al bipartidismo en la Argentina. Ahora, no se cuánto puede demorar eso. En esa construcción tiene que sacarse de encima algunos fantasmas. Para mí fue muy interesante lo que hicieron el radicalismo y el Frente Amplio Progresista en la discusión sobre YPF donde acompañaron la  expropiación de las acciones de la empresa, que no podía ser de otra manera por otro lado, sin dejar de señalar la participación del kirchnerismo en la venta de la empresa y el desastre de la política energética de los últimos años. Pero en el tema de fondo acompañaron que es lo que debe hacer un partido de oposición cuando sus ideas coinciden con lo que se plantea desde el gobierno. El socialismo ya lo había hecho con la ley de medios, donde planteó sus críticas pero acompañó o en la estatización de las AFJP. Todas esas medidas hicieron de Binner y el socialismo una opción creíble. Después está Mauricio Macri que es otro de los enemigos “impulsados” por el kirchnerismo porque le es funcional, es el enemigo perfecto. Pero me parece que esa disputa también le da la posibilidad de crecer a Mauricio Macri que está trabajando bastante, que sigue siendo una fuerza de la ciudad de Buenos Aires pero que de a poquito va tejiendo en otros lugares como la alianza que acaba de cerrar con un sector del peronismo de Santa Fe. También tiene algunas redes en el interior de la provincia de Buenos Aires.

En ese sentido ¿cómo ves el armado del FAP por fuera de Santa Fe?

Los dos tiene problemas en el armado en el interior, no son procesos sencillos, pero bueno, no les queda otra. Deberían ver esas construcciones como algo de acá a veinte años, no a cuatro o a dos.

¿No te parece que es el gran problema de todas las fuerzas políticas?

Sí, porque miden las cosas por una elección y se olvidan que el Frente Amplio uruguayo tardó 30 años en llegar al poder y que el PT perdió 5 elecciones presidenciales, tres con Lula. Nada se construye de la nada, ni en el amor ni en la amistad y menos en la política. Todo lleva tiempo. Las alianzas coyunturales en la Argentina terminaron mal, en un desastre, en una tragedia.

En función de las dudas que planteabas acerca del “modelo” del gobierno, ¿te parece que las otras fuerzas tienen un proyecto político claro?

Da la sensación que el socialismo, que gobierna Santa Fe desde hace cuatro años y Rosario desde hace veinte años, tiene una propuesta más o menos clara de gobierno. El radicalismo, como fuerza centenaria, también, creo que la tiene. Macri lo demuestra a la hora de gobernar la ciudad como lo hace. No creo que tengan demasiadas diferencias con el gobierno a la hora de plantear estrategias o planes de gobierno. El socialismo hace muchos años que está trabajando con plataformas de gobierno. El radicalismo pagó los devaneos de los últimos años, fue con Lavagna a una elección presidencial, ahora con De Narváez; eso lo ha terminado desdibujando pero es una fuerza territorial que no podes descartar. Hay que ver cuáles son los márgenes que tiene el FAP. Si es que va con el radicalismo o no, y con qué sector del mismo. Como en el peronismo, conviven dos sectores, uno más conservador y uno más progresista. Por eso es tan difícil de contar la política argentina a alguien del exterior. Cómo le explicás que, en el caso del peronismo, la misma fuerza política que vendió y remató la empresa petrolera del Estado, es la que la recupera. Y no sólo el mismo partido, sino en muchos casos los mismos hombres. El secretario informante de la venta fue Parrili y ahora es el Secretario General de la Presidencia. ¿Cómo se lo explicás a alguien del exterior? Es muy difícil de explicar el peronismo. Yo suelo decir que la palabra Perón es como la palabra Dios, se la ha utilizado para hacer lo mejor y lo peor al  mismo tiempo. Yo creo que una fuerza de centro izquierda en la Argentina sería genial, una fuerza ágil, activa y preparada para gobernar, como así también tener un buen partido de derecha republicano, comprometido con las instituciones. Eso daría estabilidad. Más el peronismo y el radicalismo quizás. Pero me parece que estaría bueno tener una fuerza por izquierda y una por derecha bien armadas. Así le quitas un poco de margen a esto de que el radicalismo y el peronismo tengan todo adentro. La verdad que es muy difícil. Tenés al peronismo haciendo todo, vendiendo todo, rematando el Estado, aplicando la flexibilización laboral y después, en todo caso, reparando el daño, reparando lo que hizo y a veces con los mismos hombres, con los mismos votantes.

En función de esta polarización que hay dentro de los medios de comunicación, ¿cuál es la lectura que vos hacés sobre el periodismo actual? ¿Por dónde te parece que pasa la discusión entre aquellos periodistas que apoyan al gobierno y quienes son claros opositores?

Trato de moverme tratando de hacer periodismo. A mí me parece que en la pelea entre el gobierno y los medios, los grandes medios cometieron un error grandísimo que es tirar la credibilidad por la ventana. A que me refiero: la única ventaja ética que puede tener, ya sea un periodista, o un medio de comunicación, sobre el poder político o económico es esto, en que nunca transige en cuanto a la verdad. Y a mí me parece que la primera víctima en esta pelea, como dicen los corresponsales de guerra, es la verdad, porque lo único que importa es cómo afectar al otro. En Argentina está pasando lo mismo. En algunos sectores mediáticos lo único que les importa es cómo perjudicar al gobierno, y los sectores de la prensa que defienden al gobierno piensan en atacar a los grupos monopólicos. A nadie le importa si es cierto. Y eso sí me parece que es un grave problema porque afecta a los consumidores de noticias, de información. Yo todas las mañanas, de 6 a 7, leo en la radio todos los diarios comparándolos, porque pasan cosas increíbles. Son dos relatos completamente distintos. Nunca había pasado eso en la Argentina.Y a mí me parece también bastante torpe porque este gobierno tiene muchas cosas criticables pero no hace falta forzar, ni hacer veinticinco páginas con todos títulos en contra del gobierno porque con que hagas los dos o tres que hay que hacer es suficiente y tu medio tendría credibilidad. En el caso de los que lo defienden lo mismo. El gobierno tiene muchas cosas ponderables pero no se puede defender todo. Yo siempre digo a los oyentes que es tan sospechoso el periodista o el medio que no critica nunca como el que critica siempre. Pero esto es lógica pura, no es que sea una gran idea mía. El mejor de los gobiernos comete tropelías, tiene corrupción, tiene autoritarismo y el peor de los gobiernos tiene cosas buenas, tiene aciertos en algunas políticas, hace obra pública. Ménem, por ejemplo, fue uno de los peores gobiernos de nuestro país, según mi opinión, y sin embargo te puedo nombrar veinte cosas buenas que hizo su gobierno: desde sacar el servicio militar obligatorio, el cierre de todos los conflictos fronterizos con Chile, el puente Rosario- Victoria que es la obra pública que más me toca a mí que soy de Santa Fe. También te puedo contar veinte malas. Ahora, eso no cambia mi opinión sobre que su gobierno fue una catástrofe. Es casi estúpido pensar que un gobierno hace todo bien o todo mal. Entonces, el problema es que tenés muchos tipos que hacen periodismo haciendo lobby para las empresas en las que trabajan y muchos tipos que dicen que hacen periodismo pero su tarea es defender al gobierno en cualquier circunstancia. A mí no me parece mal que lo hagan. Ahora, no me vengan a decir que eso es periodismo, es otra cosa. Yo trato de pararme en otro lado. Eso no quiere decir que tire agua bendita, digo que trato de pararme en un lugar donde se pueda contar lo que está bien, lo que está mal, explicar lo que pasa y por qué pasa. Trabajo en empresas que son privadas, que tiene intereses como todas las empresas, pero yo trato de defender mi derecho a contar sin tener esa presión de tener que decir que está todo fantástico o que está todo mal.

¿Hay mayor presión en este momento de las empresas sobre los periodistas?

Puede ser, pero no estoy seguro. Yo tuve quilombos en América y nos tuvimos que ir por no haber entrevistado a De Narváez. Sé que algunos otros los tienen pero yo vengo diciendo lo que quiero, esa es la verdad. He trabajado en Electroingeniería que es una empresa cercana al gobierno y al mismo tiempo lo hacía en América que estaba en la oposición. Trabajé tres años diciendo las mismas cosas en los dos lados. No cambiaba de discurso para ir a un lado o al otro. Qué sé yo. Los medios en algún momento van a tener que comprender que lo más importante es la credibilidad. Si vos no me crees a mi no me venís a entrevistar o la gente no te escucha. Por eso creo que los grandes medios cometieron un grave error cuando rifaron ese gran capital que es que la gente te crea. En este juego entraron en la dinámica del gobierno. Yo digo blanco, vos decís negro. Vos decís blanco, yo digo negro. La realidad es mucho más compleja, no es blanco o negro. Más en un país como la Argentina donde hay tantos matices, tantas historias cruzadas. Insisto, no es una cátedra de periodismo. Digo lo que hago yo.

¿Qué otra cosa te preocupa del periodismo actual?

Lo que veo en los últimos tiempos es que muchos periodistas tienen una especie de formación bancaria. Que terminan el horario de trabajo, se van a sus casas y creen que se terminó el laburo. El periodismo no es eso. Es otra cosa. Por lo menos como veo yo que hay que hacerlo. Y tampoco lo digo yo. La última vez que estuvo Ryszard Kapusinski en Argentina dijo lo siguiente: “Hay dos peligros que enfrentan los medios de comunicación. Uno tiene que ver con los periodistas, que cada vez hay más periodistas bancarios. Que hacen una rutina. Y después, por el lado de los medios, que hay cada vez más dueños de empresas que no tiene nada que ver con el periodismo”. Y la verdad que yo también advierto lo mismo. Uno, por el lado de los trabajadores, y otro,   donde hay medios en los que no sabés quienes son los dueños, no tenés idea para quien trabajas. Y después medios que tienen intereses con el petróleo u otras cosas y ponen a sus diarios, radios o revistas al servicio de sus intereses. Eso explica que haya tanto lobbysta suelto. Los medios hacen lobby para sus negocios. No están preocupados por hacer el mejor programa, vender más diarios; que sería legítimo que ganen dinero a partir de eso. El problema es: ¿qué haces cuando te dicen que no podés hablar de tal tema porque afectan los intereses que tenemos en el gasoducto la pindonga? Es complicado. Con eso hay que lidiar y más en el futuro.

Acercándonos a tu reciente paso por Mar del Plata, ¿Cuál fue la impresión que te llevaste del festival Azabache? ¿Cuál es la evaluación que haces de ese género tan particular que es el policial negro?

A mí me parece que estos encuentros le hacen muy bien a los lectores pero sobre todo a los autores porque te encontrás con colegas, escuchás cosas interesantes, conocés gente. Más en una ciudad como Mar del Plata que para mí es una de las más bonitas de la Argentina. Me parece que se ve la vitalidad del género. En el mundo, no sólo acá. Hay como un redescubrimiento del policial. Además es un género muy cercano al periodismo, por tener que trabajar con lo verosímil. Eso hace que muchas de las técnicas del relato del periodismo te sirvan para trabajar en la construcción de la novela policial. La investigación previa, la búsqueda de datos, las entrevistas que a veces tenés que hacer. Recuerdo que el año pasado me encontré con Claudia Piñeiro y me comentaba que estaba desesperada porque se tenía que encontrar con un médico forense para que le explicara como se degüella a una persona. Y es verdad, tenés que ir a hablarlo para no equivocarte y eso es casi un laburo periodístico. Es un género muy cercano al periodismo y tiene la ventaja que te permite contar una buena historia y a su vez contar la sociedad. El policial tiene siempre de fondo la sociedad y eso está buenísimo. Lees Henning Mankell y entendés más que pasa en Suecia que por los diarios. O lees a Andrea Camilleri y sabes lo que pasa en Sicilia. Eso te lo permite el policial. No hay otro género que te abra a la sociedad de esa manera. Por eso estuvo bueno lo de Mar del Plata. Son ese tipo de encuentros que revitalizan por un lado el género, porque lo abren a la gente, y nos da la posibilidad a nosotros de encontrarnos con colegas.

Alejandro Morea- De la Redacción

En la presente entrevista queremos acercarles a nuestros lectores algunas inquietudes que le transmitimos a Eduardo Aliverti, uno de los periodistas más prestigiosos de la Argentina, sobre el actual momento político y la particular situación del mapa comunicacional en nuestro país. 

Eduardo, desde tu lugar de comunicador, formador de opinión, ¿cuál es tu balance de estos primeros meses de la segunda gestión de Cristina Férnandez de Kirchner?

Creo que por un lado se revela un gobierno bastante más encerrado en sí mismo que durante la etapa anterior. Las decisiones se toman en un núcleo cada vez más reducido, y no es que eso esté necesariamente mal sino que podría estar mostrando una inclinación a no abrir juego en cuanto a la formación y proyección de nuevos cuadros. Tengamos en cuenta que una líder de las dimensiones de Cristina tiene plazo fijo, constitucionalmente hablando, y que el 2015 está a la vuelta de la esquina. Por otra parte, también es cierto que la Presidenta parece decidida a correr el proyecto más hacia izquierda, como, sin ir más lejos, lo exhibe la expropiación de Repsol. Si esto es así, ofrece dudas el marco de alianzas necesario para sostener un recueste de esa naturaleza. Debería ser lo más amplio posible; pero en ese caso no veo, por ejemplo, la conveniencia de profundizar un choque con la CGT. En ese sentido, sí se desnuda que la ausencia de Kirchner adquiere dimensiones preocupantes porque era él quien se encargaba de administrar el barro de las relaciones sectoriales. Hoy por hoy, estos aspectos pueden parecer secundarios porque persiste la inexistencia de oposición exceptuando a la mediática. Pero con miras de mediano o largo plazo son elementos que cabe considerar.  Nada de lo que acabo de decir va en perjuicio de seguir evaluando a este Gobierno como lo mejor que le puede pasar al país. Sólo digo que es importante mirar el horizonte sin perder pensamiento crítico.

¿Qué perspectivas se vislumbran a futuro? ¿cuáles son/deben ser los nuevos actores políticos?

 En parte, creo que está sugerido en mi respuesta a la pregunta inicial. Los nuevos actores deberían parirse desde un recambio generacional que, en principio, sólo parecen ligados a la nutrición desde La Cámpora. Me parece valioso que eso suceda, pero tengo el temor de que sea incompleto en cuanto a la vocación de ampliar el espectro. Percibo que falta más aliento a la militancia por abajo. La Presidenta, desde su oratoria excepcional, suele convocar a una épica de cosas resueltas que, para mi gusto, deja de lado un mayor entusiasmo en el llamado a participar.

 

Teniendo en cuenta que la más firme oposición política continúan siendo los medios concentrados, ¿en qué ha cambiado el mapa comunicacional en Argentina en los últimos años?

En mucho. El relato único se acabó y los medios de la ultra-oposición están, por lo menos, en igualdad de condiciones con aquellos que trazan otra perspectiva de la realidad. Se puede discutir el grado de prolijidad de cómo se instrumentó, pero por primera vez en la historia, literalmente, hay una batalla pareja respecto de cómo se construye el sentido político desde los medios de comunicación. En lo particular, no me sorprende lo brutales pero sí lo brutos que vienen siendo los llamados medios hegemónicos para contrarrestar la ofensiva kirchnerista. Atacan de una manera bizarra. Les faltan cuadros periodísticos, es cierto, pero eso responde más bien al enceguecimiento que tienen. Otro cantar es el estadio de la nueva ley de Medios, que viene demorada en su aplicación. Estoy refiriéndome al mapa conceptual.

¿Qué impacto creés que podrá tener la Ley de Medios? ¿Cómo debe ser la formación de nuevos profesionales en este contexto?

Es uno de los grandes interrogantes, y las preguntas están interrelacionadas. Para que la ley tenga impacto real, primero debe pasar que se despejen las barreras impuestas por el tándem Clarín-juzgados. Pero eso, por sí sólo, podría no querer decir nada. Por ejemplo, el dichoso artículo 161, que está trabado en la Justicia y con ello obtura que Clarín y compañía se desprendan de las señales que les sobran, no tiene nada que ver con el hecho de que las nuevas pantallas digitales en manos de los Estados nacional y provinciales continúen sin lugar en la grilla. Dicho en otras palabras, se avanza declamativamente en la inauguración y entrega de equipos para receptar nuevos canales pero nadie los ve, no se sabe cómo operarlos. Voy a decirlo de modo más directo todavía: si auténticamente se avanza en que todos los hogares del país accedan a una buena oferta por aire, se acabó el negocio del cable en la Argentina. ¿Hay decisión política de implementar semejante revolución? Y lo que preguntan sobre la capacitación de los nuevos actores comunicacionales es clave. Suponiendo que se haga todo lo que estamos diciendo, después falta, precisamente, que la oferta sea atractiva. Para mi entender y conocimientos de cómo está manejándose el tema, que no es poco, viene muy lento el punto de la capacitación. El Gobierno despliega una energía renovadora que no guarda relación proporcional con su capacidad administrativa. Podría no poner en duda que la vocación de cambio existe, pero les aseguro que la implementación es lerda. Hace falta esparcir de una manera mucho más contundente que, como Estado, se está dispuesto a capacitar a través de recursos económicos, de convocar a la gente que sabe, de hacerlo con un sentido verdaderamente federal. La ley, como cualquier ley, es una herramienta. Después, tenés que saber usarla.

Alejandro Morea y Alejo Reclusa – De la redacción

A %d blogueros les gusta esto: