En esta edición, Desde la Metropolis se sumerge en las entrañas de Buenos Aires a través de los ojos (y de los pies) de dos amigos de la casa, que se disfrazan de superhéroes y deciden debutar juntos en la Maratón de Buenos Aires. Son dos relatos que suman 84 kilómetros y monedas al trote, en un viaje físico y mental por geografías urbanas y misteriosas.

Las calles de Buenos Aires

ya son mi entraña.

No las ávidas calles,

incómodas de turba y ajetreo,

sino las calles desganadas del barrio,

casi invisibles de habituales (1)

10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2,1… Y comenzamos a caminar, pisamos la alfombra que activa el chip y comienza, para mí y para Chalf, nuestra primera maratón.

Filípides (2) al llegar a la meta pronunció Nenikékamen, “Hemos vencido”, si desarmamos su nombre borrándole la primer silaba y las últimas dos nos queda “Nike”, una de las principales marcas de zapatillas deportivas del  planeta tierra. Así es que palabras como  “liebre” “Muro” “minuto por kilometro” o marcas como “Nike” “Adidas” “Gatorade” “PowerGel” se incorporan al vocabulario de un runner principiante, por no decir maratonista.

La Maratón Internacional de Buenos Aires, es una fiesta para aquellos que aman correr, pero también es un mundo de marcas y estilos de vida desarrollados en la capital argentina u otras grandes ciudades del interior del país o Latinoamérica. Se desarrolla por una geografía urbana que une el norte de la ciudad con la zona sur, en un recorrido de 42 kilómetros. En ese recorrido el maratonista (en nuestro caso, principiante) comienza su periplo por el Parque Tres de Febrero (3) (también conocido como “Bosques de Palermo”). Para luego desandar el camino por una larga avenida Libertador, que nos lleva hacia el microcentro o city porteña, aquel espacio de la ciudad donde las principales entidades  bancarias poseen sus sucursales centrales en el país, y que fue objeto de la furia de los ahorristas en los años 2001-2002.

Atravesado el microcentro, la Plaza de Mayo, el histórico Cabildo, la Casa Rosada y  el ministerio de Economía, llegamos al Bajo, o la avenida Paseo Colón, que nos depositará en el Parque Lezama (4).

Comenzamos a recorrer el Sur, nosotros en 1 hora y 30’ fuimos de Palermo a la Boca, barrio de inmigrantes, de futbol, y tango (5).

Y así, luego de bordear el Riachuelo, avanzamos hacia la zona más “Chic” o “Cool” de la Ciudad de Buenos Aires, aquella que al calor del menemismo construyó edificios imponentes de Skyline, y donde la Universidad Católica Argentina estableció su sede. Allí Puerto Madero, una zona muy paqueta, donde los restaurantes tienen precios elevados por un simple pollo al horno con papas, nada más que en la carta dice “Ave de corral al fuego eterno con tubérculos andinos”, o donde los casinos son flotantes.

Llegamos a Retiro, aquel barrio que en los inicios de la colonia era la zona donde se paseaba y descansaba, hoy es la llegada y salida de los ómnibus de larga distancia, de varios ramales ferroviarios, y de un paisaje de venta ambulante a gran escala no menos pintoresco que los demás.

En este punto mi carrera cambió, los dolores en mis piernas (calambres, contracturas) comenzaron a realizar lo suyo. Y fueron 17 kilómetros en los cuales todo fue distinto. Seguía, ya sin la compañía de Chalf, para luego regresar a través de la costanera norte a la zona de Palermo.

Así fue este recorrido que duró cuatro horas cincuenta minutos tres segundos. Nunca creí que la geografía urbana hubiese sido parte de una prueba deportiva, pero así fue: la metrópolis fue el escenario de mi primera maratón.

Diego Citterio –Columnista invitado

1. Borges Jorge Luis, Fervor de Buenos Aires.
2. La historia tradicional relata que Filípides (530490 a. C.), un heraldo ateniense, fue enviado a Esparta para pedir ayuda cuando los persas desembarcaron en Maratón (Grecia). El recorrido era de 240 km (150 millas) y lo completó en 2 días. Luego, según la leyenda, corrió 42 km (26 millas), desde el campo de batalla en la ciudad de Maratón hasta Atenas, para anunciar que los griegos habían vencido a los persas en la Batalla de Maratón (490 a. C.), diciendo al llegar: “Νενικήκαμεν” (Nenikékamen, ‘Hemos vencido’) y al instante murió pero no de cansancio, sino por las heridas de la batalla, ya que al parecer Filípides ya había recorrido varias veces los ciento sesenta y seis kilómetros que separan Atenas de Esparta para llevar mensajes de una ciudad a otra.
3. El Parque Tres de Febrero conforman una zona verde de 25 ha en el barrio de Palermo, en Buenos AiresArgentina. En realidad se trata de un conjunto de parques localizados entre las avenidas Casares y Avenida del Libertador, se destacan por sus arboledas, lagos y rosedales, en cuyo diseño participó el arquitecto Carlos Thays. Fue inaugurado el 11 de noviembre de 1875 y está ubicado en los terrenos que pertenecieron a Juan Manuel de Rosas y fueron confiscados por la Provincia de Buenos Aires. Su nombre conmemora la caída de este último en la Batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852 y fue propuesto por Vicente Fidel López en 1874, año en que se sancionó la ley de creación del parque.
4.  Según algunos historiadores, el parque estaría situado en el lugar en el que Pedro de Mendoza realizó la primera fundación de Buenos Aires en 1536. Este primitivo asentamiento sería abandonado al año siguiente, luego del asedio de los indígenas locales, y por ello su ubicación ha sido un tema de debate entre arqueólogos e historiadores. Sobre héroes y tumbas, novela del escritor argentino Ernesto Sábato, transcurre en buena parte dentro del parque y en sus inmediaciones.
 5. En épocas de la Colonia española La Boca era una zona de barracones para los esclavos negros. En el período independiente funcionaron allí saladeros (cobertizos en que se salava la carne vacuna para la exportación) y curtiembres de cuero. En la Boca se localizaba el principal puerto de Buenos Aires pero su poca profundidad no permitía navíos de gran calado y por eso, tras la propuesta de Eduardo Madero, el puerto se trasladó más al norte. Al ser la zona de mayor entrada de barcos, a finales del siglo XIX comenzó a ser habitado por inmigrantes italianos, principalmente genoveses, que le dieron su fisonomía actual.