Tag Archive: Emmanuel Juan


Si tratáramos de describir Californication en pocas palabras, las siguientes no podrían faltar: sexo, alcohol y drogas. Sin embargo, si nos quedáramos solamente con ello significaría que no vimos ni siquiera un capítulo de esta rebuscada serie estadounidense.

Sorprendentemente, arranca planteándonos un tema altamente conflictivo como es la relación casual que mantiene el protagonista, Hank Moody (David Duchovny), con una menor (Madeleine Zima, sí, la de La Niñera) que por los azares del destino viene a ser la hija del tipo que se quiere casar con su ex pareja (Natasha Mc Elhone). A partir de este conflicto con el que comienza la serie, nuestro antihéroe moderno empieza a recorrer una larga lista de dilemas morales en los que tratará de redimirse y ser el héroe que su hija (Madeleine Martin) espera que sea. Por otro lado, el listón de héroe no es muy alto, solamente debe dejar de tomar todo lo que encuentra (tanto alcohol como mujeres) y tratar de romper el bloqueo que tiene tras el éxito de su ultimo libro “God hates us all”.

Es increíble que en una serie en la que el sexo, y lo escatológico ligado a éste, predominan, los pasajes de humor y las problemáticas morales aparecen desarrollados a la perfección. Por ahí leía que la cadena Showtime la vendía como una serie de sexo. Cualquiera que la haya visto no se quedaría con eso… Pero para el puritanismo dela TV estadounidense (donde varias cadenas tienen vínculos fuertes con ministros religiosos o hasta alguna secta) claramente esto debe advertirse.

Hagamos foco en el protagonista principal. Hank Moody es un personaje fascinante, un hermano gemelo y contrapuesto al agente Mulder. Dos siameses separados al nacer que vivieron historias distintas y que, ahora, son dos caras diferentes de una misma moneda.

Hank Moody es un escritor de raza, desesperado y frenético, que no se supo subir al siglo XXI. Ha escrito un libro exitoso y con él han hecho una película horrible y taquillera. Ahora todo el mundo lo conoce por ese film espantoso, y él odia que los demás sospechen que tuvo algo que ver con eso.

En la vida afectiva le va todavía peor. Su mujer, a la que ama, y su hija de trece años, ya no viven con él. Lo han dejado por imbécil, por pedante, por infiel, por irresponsable y por inmaduro. Su mujer y su hija ahora viven con otro hombre, Bill, un señor de saco y corbata, millonario, exitoso y aburrido. Las chicas necesitaban ese contraste. Y Hank lo sabe, pero sufre.

Su mejor amigo y editor lo obliga a escribir un blog para sobrevivir. Un blog es la cosa más espantosa a la que puede rebajarse un escritor como Hank Moody. Lo dice muy claramente en una entrevista, en el quinto episodio de la primera temporada. Internet no es su mundo…

Californication es el viaje frenético de un hombre desesperado que busca reconstruir su vida. Que descubre lo equivocado que estuvo al echar por tierra su verdadero amor. Es un tango, de punta a punta. Sólo desea que su mujer lo perdone, que su hija lo ame y, en tercer lugar, volver a escribir con pasión.

Emmanuel Juan – De la redacción

A veces está bueno darse algunos gustos, y conversar con Carlos Altamirano vaya que lo es. Algunos de los Salieris de gira por Mendoza, en el campamento de la Juventud Socialista, tuvieron ocasión de conversar con uno de los fundadores de Punto de Vista y miembro del Club de Cultura Socialista, un intelectual “todo terreno” que ha transitado diversas disciplinas como la crítica literaria, la historia, la sociología y los estudios culturales. Sin más preámbulos, les dejamos los extractos de la hora y media conversadas, un verdadero lujo para Palabras transitorias.

 

¿Cómo ve el panorama político argentino luego del triunfo de Cristina Fernández en 2011 y de cara a este 2012?

Creo que, para sintetizar, destacaría dos rasgos de la situación que emergió después de octubre, dos datos inéditos. El primero es la magnitud del triunfo electoral de Cristina Kirchner, el 54 % es un voto inédito respecto de las elecciones presidenciales desde 1983 hasta el presente y significa un fuerte respaldo electoral, que le da un mandato democrático. El otro dato, importante, es que la segunda fuerza, aunque a mucha distancia, es por primera vez una fuerza animada por el proyecto de construir una alternativa progresista de centro izquierda, empleando un lenguaje periodístico, que se reunió en el Frente Amplio Progresista detrás de la figura de Hermes Binner, y que tiene en el Partido Socialista, al menos desde mi punto de vista, su principal columna. No sólo por el prestigio de Binner, un prestigio asociado a la gestión, primero en la ciudad de Rosario y luego en la gestión de la provincia de Santa Fe. Yo diría que logró representar en el escenario político una línea diferenciada que evitó dos extremos: la oposición sistemática, es decir, nada que proviniera del oficialismo debía o podía ser aprobado, y la otra tentación, en la que han sucumbido, desde mi punto de vista, algunas fuerzas que no muchos años atrás hubieran sido parte de un encuentro con el FAP, como es el caso de Sabbatella por ejemplo, que en el proyecto de acompañar con aires más progresistas ha entrado en una dinámica que puede presumir que corre el riesgo de una disolución de su papel en el interior de la coalición de gobierno.

Entonces, la gran cuestión para una fuerza, en este caso de la cual yo me definiría como un “amigo”, un “amigo del Partido Socialista”, es un desafío grande, en el sentido de que, a diferencia de lo que ocurría en los años ’90, en los años de Menem, donde se podía decir: “el adversario y las políticas a las que debería oponerme resultaban claras” -contra el partido del mercado, contra el neoliberalismo, contra la desprotección y la flexibilidad laboral, todo lo que significó un cambio drástico, dramático, en el paisaje social argentino en los años ’90-… Conducido de la mano de Menem y del peronismo, el partido peronista fue el partido del ajuste en los años ’90. Ahora quien ocupa el gobierno aspira no sólo a representar un proyecto progresista sino a monopolizar el espacio del progresismo. Por lo tanto, el progresismo es un espacio en disputa. Este es un hecho sobresaliente en el sentido de que no está dado quién va a ser el que va a quedarse con ese espacio. Y por lo tanto, la estrategia que elabore el socialismo, el FAP, para construir esa alternativa tiene que emplear un arte político sofisticado. Sobre todo si no quiere ser sólo una fuerza de tipo testimonial, aplicada a la denuncia, a señalar los defectos, los déficit, y para eso debe tener en el horizonte el proyecto de ir desarrollando una fuerza que aspire mañana, pasado mañana, o después de pasado mañana, a ser una fuerza en condiciones de gobernar la Argentina. El FAP aspira a gestar una nueva mayoría política, una nueva mayoría social. Teniendo en cuenta esto, la apuesta y los desafíos son complicados, pero bueno, también son excitantes, ¿son ricos, no?

 

En función de lo anterior, ¿qué distingue, para usted, esta experiencia incipiente del Frente Amplio Progresista, de otras experiencias previas que aspiraban proyectarse a un electorado similar, como pudo ser el ARI de Elisa Carrió o el FREPASO y la posterior alianza con la UCR?

Comencemos por el FREPASO, porque fue la primera. Yo creo que el FREPASO no tenía una visión genérica de sus dirigentes respecto a qué es lo que tenía que tratar de agrupar en su interior. Tenía ambición política de gobierno, cosa que le daba una dinámica particular, a diferencia de otras fuerzas que están acostumbradas a hacer el papel de “tribunos de la plebe”: denunciar lo que le pasa al pueblo y esperar que de la crisis del gobierno se les abra la puerta. Pero el defecto del FREPASO era que su núcleo dirigente (y la figura principal Chacho Álvarez quien era aquel que tenía la visión más estratégica) hizo apuestas apresuradas. Yo diría “una gran ansiedad por llegar a jugar en las ligas mayores”. Estaba yo cerca de esta experiencia, por lo tanto la conozco. Y estuve entre los que pensó que el Frente Grande debía trabajar por ser la tercera fuerza. No por ser la fuerza que estuviera en inéditas condiciones de ser gobierno y por lo tanto ir a cualquier coalición con el radicalismo. Aceptar a De la Rúa, que en ese momento en el radicalismo y en la opinión pública estaba instalado, como una figura a la que se le otorgaba un alto crédito. Ahí aparece la falta de un elemento estratégico, no era la ocasión del Frente Grande para la experiencia. El Frente Grande debía hacer algo que ha hecho el socialismo, que es la experiencia de gestión. Y no sólo porque esto forme personas competentes en la gestión pública. También porque eso enseña o entrena sapiencia para saber cuándo dar el paso adelante, cuándo esperar. Eso no ocurrió con el Frente Grande, que terminó haciendo de “garante” a una parte del progresismo en el voto a De la Rúa.

En el caso de Elisa Carrió yo creo que tomó un elemento que a mí siempre me pareció débil del Frente Grande, que es la visión “moralista” de la política. Reunir, hacer un llamado a la dimensión moral de la República para cuestionar a otras fuerzas políticas como fuerzas irremediablemente hundidas en la corrupción. El segundo capítulo de esta línea, el juicio moral a la vieja política en nombre de la nueva política. Y asumió un estilo de liderazgo mesiánico, con cierto estilo de arrogancia. Yo me acuerdo de una frase de Elisa Carrió, cuando estaba el gobierno de Néstor Kirchner, diciendo: “bueno, el vocabulario de Néstor Kirchner no va más allá de las 500 palabras”. Ella dirigía un partido, un movimiento que se llamaba “Argentina para una República de Iguales”. Entonces, yo decía: “¿cuántas palabras hay que usar para ingresar a la república de iguales?”. La arrogancia del universitario, del que sabe hablar. Eso para mí no era un problema referido a Néstor Kirchner. Si hubiera tenido no 500, sino 500.000 palabras ¿eso hubiera hecho mejor su gobierno? Entonces, a veces, estos gestos de arrogancia muestran una posición de quien se eleva por sobre la sociedad y juzga desde no sé qué trono a los demás. Yo creo que el estilo de conducción política de Elisa Carrió dio los frutos que dio y terminó por recoger todo lo que dio esa incapacidad para construir algo común.

     

En esta idea, que mencionaba más arriba, de que está en disputa el campo del progresismo, también han aparecido disputas en el campo intelectual. Digamos que afines a uno u otro sector encontramos tanto a Carta Abierta y otros intelectuales como también  intelectuales apoyando y diciendo “por qué creemos en Hermes Binner”. En ese sentido, ¿cómo analiza usted esta cuestión?

Primero diría que obviamente esta situación ha tenido -lo que ha ocurrido en estos últimos años, 8 años- repercusión en el campo de la cultura, de los intelectuales y ha habido alineamientos, tomas de posición, que en muchos casos reanudaron y volvieron a darle vida a ciertas tradiciones existentes. Porque la idea de la izquierda peronista no es una invención de los últimos años, hay un pasado que parecía destinado a declinar porque el peronismo menemizado o duhaldizado tenía poco que decirle o ofrecerle a esta tradición, y sin embargo la aparición de Kirchner y después más resueltamente la de Cristina Kirchner le ha dado una nueva vida, y a partir de 2008 en medio de la crisis de la relación entre el campo y el gobierno, tomó una salida esta incorporación de los intelectuales a un alineamiento oficialista. Por otro lado, también desde el comienzo, aunque no organizado de manera militante como Carta Abierta, aparecieron intelectuales que tomaban la palabra también públicamente para cuestionar al kirchnerismo por distintos aspectos: el autoritarismo, la corrupción, la pretensión a arrogarse todo lo bueno que ha ocurrido en la Argentina en los últimos -desde que yo me acuerdo, creo- a sí mismo. De modo que efectivamente esto ha dividido el medio. Todavía no hay un alineamiento en torno del socialismo que vaya más allá de lo que fue el apoyo a Hermes Binner en octubre de 2011, pero esto puede llegar a ocurrir. Entonces, también en el debate intelectual ahí se van a decantar posiciones, en el sentido de que no todos los que están en contra de los Kirchner, más allá de la oposición a los Kirchner, tienen la misma visión sobre cuál debería ser una buena política de nación. Yo puedo encontrar ahí a personas que creen que el PO encarna una alternativa y otras que pueden encontrar que el radicalismo puede ser una alternativa. Entonces una vez que se termina el factor que aglutina por la negativa, cuál es el factor que permite aglutinar por la positiva. Una ventaja que tiene Carta Abierta es que tiene un aglutinamiento por la positiva, cree en la clarividencia de Cristina Kirchner, y creo que un alineamiento en torno a un proyecto progresista tendría esa virtud, la de no sólo enrolar por la negativa, enrolar también porque se piensa que hay una manera de gobernar, una manera de desarrollar la democracia, una manera de llevar reformas sociales, una manera de ligar pluralismo y cambio, que puede respaldarse en  una experiencia y que no es sólo una aspiración. Eso está en juego en el debate de hoy.

¿Qué pasa con la centro-derecha en la Argentina? La figura de Macri ha quedado pendiente en este escenario electoral y aparece con mucha potencia para un futuro escenario electoral. De Narváez no tanto, pero es una figura que recuerda tanto a este menemismo y en parte también a un discurso político muy anti-intelectual, como ha dicho Marcos Novaro sobre el menemismo. ¿Para usted cuál va a ser el rol que va a jugar, o mejor, cómo complejiza este escenario esta fuerza de centro derecha?

Bueno, a ver. Una hipótesis. Yo creo que al gobierno nacional, al kirchnerismo, nada le convendría más que generar un escenario en el que haya dos rivales: Macri y el kirchnerismo. De modo que toda otra fuerza de aspiración progresista esté obligada a elegir entre esa disyuntiva. Ése es uno de los posibles y yo creo que a Macri también le conviene. Esto es parte de la complejidad de la situación. La derecha liberal clásica, expresada por el diario de La Nación, hace mucho que no tiene viabilidad como fuerza política. Pensemos en la suerte de alguien como Ricardo López Murphy -que se podría decir que es el que encarna de mejor manera esta visión que no le podría haber ido peor en la vía electoral, y creo que ahora piensa volver al radicalismo. Entonces lo que queda es esta conjunción de conservadurismo, liberalismo y populismo, ¡eh!, porque el populismo no es un monopolio del peronismo, el populismo es una manera de tener séquitos, seguidores, de no tener una ciudadanía activa. Porque yo creo que una de las cosas que distingue a una fuerza socialista es que busca producir una ciudadanía activa, no séquitos que aplaudan las decisiones del jefe sino que los cambios no sean sólo para el pueblo sino por el pueblo, porque es una manera de emanciparse de jerarquías, de sumisión, de sometimientos, que no son sólo los que produce la pobreza, a veces también los que produce el poder, el que produce la distribución desigual de los recursos culturales.

¿Qué opinión le merecen las discusiones del pasado que han surgido en el último tiempo, sobre todo con respecto a la creación del instituto revisionista Manuel Dorrego, y las disputas que hacia el interior del campo historiográfico se estuvieron suscitando?

Dentro del campo historiográfico universitario ha habido siempre discusiones, quiero decir, la discusión no es que ha surgido, no la ha provocado la creación del instituto Dorrego, porque para quien tenga un mínimo de conocimiento de cómo funciona la investigación histórica en la Argentina, sabe que no hay nada más pluralista que las cosas que se plantean ahí; no hay ninguna, -cómo llamarla- orientación que pueda decir ésta es la línea hegemónica. Y en los jóvenes es muy alto el número de historiadores que quieren hacer una historia profesional y reivindicar a la vez su posición política pro oficialista, que no admito que sea una disyuntiva: ser historiador y ser kirchnerista. Esto era el paisaje y lo conozco porque dirijo investigadores que tienen esta posición, chicos jóvenes como ustedes, chicas, que son muy competentes, muy buenos y quieren ganar su batalla, por así decir, en ese campo, mostrándose competentes, mejores que los otros. Y es cómo se juega el juego en el campo que llamamos el de la ciencia histórica. Vuelvo entonces a la cuestión del Instituto. Lo que a mí me parece censurable en la actitud del gobierno, tal como aparece en los considerandos del decreto, es que supongan que el estado tiene que definir cuál es la orientación histórica correcta. Define cuáles son los héroes que deben ser, cómo se llaman, ensalzados, contra otra historiografía que ensalzaría otros que no merecerían ese tratamiento. Eso ya ignora que el saber historiográfico, no en la Argentina, en el mundo, no gira en torno a las grandes personalidades; se habla de proceso, de estructura, de discurso, pero esa idea de saber, de una historia que se edifica en torno a grandes figuras pertenece al pasado, yo les diría a la primera mitad del siglo XX, de la historia de Mitre y de la discusión de tener un busto de Rosas o uno de Sarmiento, eso pertenece a otro estadio. Hoy muchos discuten el papel de Rosas, pero no diciendo “salvó la nación”, sino mostrando cómo fue efectivamente la gobernación de Rosas en tales y cuales años, cómo fue el marco en el que tuvo que gobernar. Vuelvo entonces a la cuestión. Para mí, lo censurable no radica en el hecho de que incluso se subvencione un centro que reclame dinero público para investigar a Dorrego o todas las personalidades. El estado no puede definir cuál es el sentido, cuál es la historia correcta. ¿Mañana qué va a ser: la genética correcta, la lingüística correcta?.

Emmanuel Juan, Fernando Suárez, Martín Tamargo y Benjamín M. Rodríguez –De la redacción

The IT Crowd es una comedia de situación escrita por Graham Linehan y producida por Ash Atalla para la emisora británica Channel 4. Hasta la fecha se han producido cuatro temporadas, cada una de seis episodio (los dos primeros episodios se emitieron por el Channel 4 el viernes 3 de febrero de 2006). Se suponía que continuaría con una quinta temporada, pero recientemente se ha confirmado que esta no se llevará a cabo, dando por terminada la serie sin un final convencional.

El nombre de la serie se refiere a los departamentos de IT, tecnologías de la información, en sus iniciales en inglés. “Crowd” se traduce del inglés como “grupo”, “gente” y como “multitud”. De este modo, el título quiere hacer un juego de palabras entre el significado “La gente del departamento de TI” y el famoso dicho “dos son compañía, tres son multitud” (“Two is company and three is a crowd”).

La serie comienza con la entrada en el departamento de IT de una tercera compañera, Jen (Katherine Parkinson), quien toma el puesto de responsable del área de IT. El problema principal que presenta este nombramiento es que Jen no conoce absolutamente nada sobre computadoras, y que consiguió el trabajo gracias a un curriculum falso y al absoluto desconocimiento por parte del dueño de Industrias Reynholm sobre informática. Tras un primer capitulo en el que quieren exponer a Jen ante su jefe (y que se resuelve de una manera increíble), Moss (Richard Ayoade) y Roy (Chris O’Dowd) acuerdan que ella sea la encargada de relaciones del área ya que el área de IT es pesimamente considerada por sus compañeros, principalmente por la incapacidad de Moss y Roy para establecer relaciones sociales.

¿Suena parecido a The Big Bang Theory no? Cabe aclarar que la serie inglesa es dos años más vieja que la estadounidense, y que pese a tener como protagonistas a dos nerds no tiene demasiados puntos en común. De hecho, la diferencia básica es que The IT Crowd se centra en el espacio laboral, y tiene unas cuantas críticas al mundo corporativo y al “espíritu de empresa” que se quiere imponer en las grandes firmas.

Una de las claves de humor de esta serie es la existencia en la serie de páginas, posters o referencias a cosas relacionadas con la informática que todo el mundo conoce, como es el caso de la parodia de Facebook llamada Friendface en el capítulo 5 de la tercera temporada. Además, cuenta con algunos personajes secundarios que son realmente hilarantes como el dueño de industrias Reynholm, su hijo (que lo remplaza tras el increíble suicidio del primero) y Richmond un cuarto compañero de IT con una historia increíble.

También los espacios que se utilizan son bastante particulares. La mayor parte del tiempo transcurre dentro de la oficina de IT, que tiene una particularidad: esta ubicada en el sótano del edificio, mientras que los demás departamentos tienen una excelente vista al Támesis, lo que redobla la condición de parias de los personajes.

En síntesis y sobre todo para no entrar a descubrir los grandes gags que tiene esta serie, es una comedia inglesa muy recomendable, bastante más irreverente que The Big Bang Theory, y sobre todo mucho más exagerada en los chistes, como buena comedia inglesa.

Emmanuel Juan – De la redacción

Si hay una temática que casi garantiza el éxito cinematográfico de por sí, esta es centrar la trama sobre el crimen organizado. Las más grandes películas lo hicieron, dejándonos joyas que hoy en día siguen siendo tan atractivas como cuando salieron a la luz. El caso más paradigmático es el de “El Padrino”, de Francis Ford Coppolla. Basada en un libro que también fue un éxito masivo (el homónimo de Mario Puzo), nos introducía en la historia de una familia mafiosa de Nueva York para mostrarnos, en un ejemplo de la complejidad narrativa, desde su surgimiento hasta las contradicciones del “sueño americano”.

Sin temor a exagerar, The Sopranos intenta llegar a una complejidad narrativa similar.

La historia se centra en Tony Soprano (James Gandolfini) el hijo de un capo recientemente fallecido, que va a ir acrecentando su poder, tratando de afianzarse a medida que pasen los capítulos, mostrándonos las dificultades que se le presentan para acumular poder. Sin embargo David Chase (el creador de esta obra maestra) no quiso quedarse con una trama tan repetida a lo largo de una veintena de películas. Es por eso que The Sopranos se centra mucho más en los conflictos emocionales que tiene tanto el protagonista principal (que se irán desencadenando a medida que avancen las sesiones con su psicoanalista, la Dra. Melphi (Lorraine Bracco)) como los protagonistas secundarios que adquieren una importancia pocas veces vista en una serie. Tenemos que tener en cuenta que la serie consta de 86 capítulos divididos en 6 temporadas, permitiéndonos así avanzar gradualmente en las historias de los diferentes integrantes del clan Soprano y sus aliados.

En cuanto a la producción de esta serie, hay que marcar que tuvo varios directores y guionistas. Si bien el proyecto original es de David Chase, esta serie cuenta con una multitud de guionistas entre los que se encuentran Terence Winter (Boardwalk Empire), Matthew Weiner (Mad Men), Robin Green y Mitchell Burgess (CBS Blue Bloods) y hasta Steve Buscemi. Como suele pasar con las grandes obras, en un primer momento no encontraba financiación. El guion fue presentado a la Fox, que no se decidía si ponerla al aire o no, y su indecisión hizo que el proyecto llegara a HBO, que supo reconocer el ambicioso proyecto y le dio una temporada inmediatamente. Desde ya que la serie respondió rápidamente, promediando los diez millones de espectadores por capitulo.

Un dato particular es que en su primera temporada casi no contaba con actores conocidos. Cuatro actores habían actuado en Buenos Muchachos, y los demás habían tenido papeles menores. Sin embargo tras el gran éxito se incorporaron actores conocidos por su participación en grandes películas de gangsters, como Robert Loggia, Steve Buscemi y Frank Vincent, llegando a contar con la actuación de Sydney Pollack.

Otro detalle no menor que tuvieron en cuenta para confeccionar el elenco es que la inmensa mayoría de los actores son italoamericanos. De hecho hasta uno de ellos, Tony Sirico (que interpreta a Paulie Gualtieri) fue miembro de la mafia en Nueva York.

Si bien no quiero entrar en detalles acerca de la trama, me veo obligado a reconocer la gran actuación de James Gandolfini. Y es que el personaje de Tony Soprano logra hacernos pasar a través de la serie por casi todos los estados de ánimo, e incluso logra que tengamos simpatía por este personaje, pese a que veamos su violencia y sus miserias. Creo que la complejidad que tienen los personajes en general logra que nos compenetremos en sus historias personales y las pongamos en juego mientras seguimos el desarrollo de la historia personal de Tony y sus problemas en la organización mafiosa que trata de conducir.

En síntesis, es una serie compleja y extremadamente extensa, pero que vale la pena disfrutar ya que constituye una muestra de la sociedad norteamericana en el siglo XXI y sobre todo muestra de una manera increíble la disolución de la trama familiar en una sociedad (pensando un caso tan cercano a nosotros como es el de las familias italianas) en la que la familia tiene un valor central.

Una advertencia: los primeros capítulos nos introducen en la historia, pero denle la oportunidad porque realmente vale la pena.

Emmanuel Juan – De la redacción

En esta oportunidad nos encontraremos con una historia hiper-conocida, que tiene cientos de adaptaciones y que nos ha llegado a todos, de manera directa o indirecta, lo que podría ser un grave problema. Si mantenemos una reproducción totalmente fiel podemos generar un clásico o caer en el más profundo de los olvidos…

A estas vicisitudes se enfrentaban los productores de Camelot (ver trailer) al crear esta serie, pero fueron superados de manera original, retocando algunas cosas para hacer la historia realmente atractiva como serie moderna, pero manteniéndose suficientemente fiel a la leyenda artúrica como para que el producto tenga una calidad aceptable.

 

La producción fichó para el elenco a actores como Joseph Fiennes (Shakespeare enamorado), Eva Green (Casino Royale) y Claire Forlani (¿Conoces a Joe Black?) para interpretar a Merlín, Morgana y la Reina Igraine, respectivamente. En el rol de Arturo se aventuraron y nuevamente apostaron a dar con la “próxima estrella” -tal cual hicieron con Andy Whitfield en Spartacus– por lo que ficharon al inglés Jamie Campbell Bower (de 22 años), quien ha tenido pequeñas pero destacadas apariciones en películas de Hollywood como Sweeney Todd, donde caracterizó al joven Anthony, el chico que se enamora y huye con la hija del barbero.

Para completar la fórmula, se convocó a productores con experiencia en series de época: Graham King, Morgan O’Sullivan y Michael Hirst, creadores de Los Tudor. Además, a la cabeza del equipo se suma uno de los más connotados “hombres de televisión” del Reino Unido, Chris Chibnall, escritor de la galardonada Life on Mars (un Emmy y un Bafta a mejor serie dramática dela TV británica), que oficia de guionista y productor ejecutivo.

La serie nos presenta características similares a todas las nuevas producciones de época: sexo, intrigas y violencia. Pero lo que realmente llama la atención de esta serie es que se detiene en el proceso de construcción del héroe, mostrándonos su formación hasta llegar a ser rey, y por sobre todo, las maquinaciones políticas de Merlín, responsable máximo del éxito del joven Arturo.

 

Una de las grandes curiosidades de la serie es cómo se trata el tema de la magia y todas esas historias llenas de misticismo que acompañan la historia de Arturo, desde un modo más dramático y realista. En la serie hay magia, una magia poderosa y dañina para quien la practica. Se puede intuir que es adictiva y perjudicial para la salud, también que es poco recomendable su uso, de hecho sólo Merlín y Morgana han manifestado magia en los diez primeros capítulos, pero al parecer son artes que cualquiera puede practicar pues Sybil y Viviana (dos personajes relacionados a Morgana) han estado presentes y han sido practicantes en rituales. Entre las manifestaciones sobrenaturales que pueden otorgar estos poderes encontramos la transformación física en otras personas, el control de los elementos, la clarividencia y la curación. Entre los efectos dañinos que provoca su uso incluye adicción, demencia por pérdida de control y hemorragias internas, al punto que su uso continuado o excesivo puede llevar a la muerte. No podemos dejar de marcar el parecido que tienen estas descripciones con la clásica imagen del pacto con el diablo y los poderes que le son otorgados a quien lo realiza.

Sin embargo me veo obligado de advertir a quien se interese en esta serie que hay un gran inconveniente. La cadena Starz nos sorprendió con una muy mala noticia: la serie Camelot está cancelada y no podremos ver su segunda temporada, dejando a la historia sin final y muchas de sus  tramas abiertas en espera de resoluciones. Starz ha anunciado la cancelación de Camelot tres semanas después de emitir su final de temporada. La serie que se estrenó a principios de abril, supuso para la cadena por cable el estreno más exitoso de su historia, y la audiencia, aunque más baja que en el piloto, no era alarmantemente baja, pero al parecer no ha sido suficiente para Starz.

Al parecer, la producción de Camelot, que tenía lugar en Irlanda, era demasiado costosa para los beneficios que generó y la cadena se decidió por la peor de las opciones, abandonar la serie, dejándonos a todos sin conocer cómo se habría desarrollado la trama tras la asunción de Arturo como rey. ¿Les tocará a otros continuar esta historia?…

                                                                                         Emmanuel Juan – De la redacción

A %d blogueros les gusta esto: