Nota al pie, como ya he escrito en un texto que sólo se leerá más adelante, rara vez ha abierto sus puertas a los que vienen de afuera. Sin embargo, cada una de esas ocasiones ha sido memorable, al menos para mí que puedo contar con orgullo a esos colaboradores entre mis amigos. La amistad es una gran pasión argentina, tanto o más grande que el fútbol. Why not. Y entre amigos, hablamos de literatura, para hablar de otras cosas. Esteban Prado es el invitado del mes y le saca brillo al paño. Se detiene en Fogwill, un campeón mundial de unos huevos enormes. Y si al terminar la nota uno quiere saber más de él y lee una de sus novelas (Los pichiciegos, primero) o el mencionado Los libros de la Guerra (extraordinario), Prado no sólo habrá brillado sino que habrá metido un chumbazo en el ángulo. (Joaquín Correa, responsable de sección).

Para José que me prestó el libro.

En una nota del 98, publicada nuevamente en Los libros de la Guerra, Fogwill dice: “Por consideraciones políticas, en los años setenta sostuve y dirigí una editorial de poesía. Publicar a Leónidas Lamborghini, dar a conocer las obras de Néstor Perlongher y Osvaldo Lamborghini como editor y haber orientado como comentarista la lectura de Gelman, Girri, Viel Temperley y Carrera entre los poetas, y la de Laiseca y Aira entre los narradores son los únicos aportes a la literatura argentina que reivindico.”

En el 98, Fogwill tenía que enumerar a estos escritores para describir su aporte. Ahora se podría resumir diciendo que su aporte fue la consolidación del canon. Sin embargo me interesa otra cosa. Me interesa Tierra Baldía, su editorial, y Austria-Hungría, el primer libro de Perlongher.

El neobarroso sale de ahí y después busca parientes más lejanos, por lo que ese libro queda como  fase inaugural de algo que se va a programar más tarde y va a encontrar otros miembros más viejos y obras anteriores. Austria-Hungría va a ser, entonces, un movimiento con consecuencias retroactivas que van a desafiar la irreversilidad del tiempo.

Con la publicación de ese primer libro de Perlongher, es Fogwill quien habilita el espacio para que el neobarroso tenga a su poeta. Y asimismo vuelve, de alguna manera, o por lo menos quiero leerlo así, al neobarroso en su novela Vivir Afuera, como la nota citada, también del ’98.

En Vivir Afuera Fogwill crea a Fox, un paciente terminal, un poeta, gordo y sidoso, que muere en un hospital público y deja unos papeles, su obra, a la enfermera que se los hace llegar a Saúl, el médico, uno de los personajes principales de la novela. Cuando Saúl los lee, se transcriben fragmentos. Esos fragmentos pueden leerse como los textos de un epígono del neobarroso:

“Decía siempre ‘quitar’ en vez de sacar para diferenciarse más de los mozos porteños, como si no le bastara con su puntada pija: columnata de mármol cárneo, jardín untuoso de la república-bragueta bultucumana sobrehumana…”

Es el uso del lenguaje, el escritor gay y algo del léxico lo que permiten leerlo así. Y también un humor muy a lo O. Lamborghini. Fox, ante la pregunta de la tía por los deseos de carrera de los sobrinos, responde:

“-Yo quiero ser ambulancia, tíita. / -¡Mischiguene kopf! ¿Y por qué una ambulancia? / – Para ser toda blanca y grandota y andar corriendo como loca por todas partes haciendo aaaaaaaaaaoooooooaaaaoooaaaouuuuuuoooooooahhhhhh y para que me metan el fiambre por las puertas de atrás…”

Sin embargo, no sólo es cien por ciento neobarroso sino que también tiene bastante de Fogwill. Desarma lo social hasta llegar a la lectura cínico-conspirativa. “¡Ay Ay Ay: AIDS de los gays americanos que recalaste en estas pampas húmedas para llamarte SIDA!” Fox sabe que el SIDA tiene un origen confuso pero que no se aparta más allá de dos hipótesis sobre su origen y una lectura alegórica.

Los orígenes pueden ser dos: el sistema clínico-asistencial o el Pentágono. La primera hipótesis prevé la investigación de la inmunodeficiencia para lograr el transplante de órganos (de pobres a ricos), la segunda encuentra el origen del SIDA en el desarrollo de armas biológicas del Pentágono donde “se contempla la interrupción de la inmunidad obstinada de los cuerpos enemigos”. La lectura alegórica es el SIDA como la posibilidad de un holocausto gay que los ponga en escena, llamando la atención del mundo.

Volviendo a lo principal, Fogwill se posiciona antes y después del neobarroso. Le habilita un espacio concreto a partir de la publicación de Austria-Hungría en Tierra Baldía y luego, veinte años después, lo desarma a partir de la parodia.

La parodia, sostienen algunos teóricos, principalmente Tinianov, es el punto de saturación de una serie. Fogwill lo usa, gana para la literatura ese saber y esa noción de la parodia se transforma en un arma. Fogwill parodia el neobarroso como una forma de decir: ¡Ya está!

Al fin, a Fogwill no sólo se le pueden atribuir algunos aportes a la literatura argentina, también es quien da lugar y quita lugar al neobarroso. Fogwill está antes y después. Su obra no es un aporte a la literatura argentina es una condición básica para entender sus últimos treinta años.

Si revisamos la primera cita, vemos que entre dichos aportes, Fogwill excluye su propia obra, claro está que con la libertad que otorga la muerte ahora agregaría: “y toda mi obra, cretinos”.

Esteban Prado – Columnista Invitado