Las relaciones entre sindicalismo y política son temas que interesan por su actualidad. Darle dimensión histórica es más que necesario, habida cuenta de la rica y singular tradición que tiene nuestro país al respecto. Por eso invitamos a un especialista, el historiador marplatense Gustavo Contreras, para que nos brinde un panorama, tanto conceptual como histórico, de una situación que tiende a repetirse. (Alejo Reclusa, de la redacción)

 

La división de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y una importante fisura en la Confederación General del Trabajo (CGT), que puede devenir también en su fractura institucional, han puesto en el orden del día la discusión sobre la relación entre sindicalismo y política.

Desde los orígenes del gremialismo, la vinculación entre el accionar reivindicativo y la actividad política estuvo en el centro de los debates. Pasada una centuria, la discusión parece no estar concluida; incluso, puede sospecharse que ganó fuerza en los últimos meses. Es más, los lazos entre militancia sindical y activación política deben ser vistos como una tensión constante y conflictiva tanto en los gremios como en los partidos políticos que pretenden representar a los trabajadores. En todo caso, los altercados al respecto expresan las complicaciones existentes para maridar dos polos que encierran virtudes que no son fáciles de complementar, aunque su combinación no deja de mostrarse como un horizonte deseable. Por un lado, la unidad de acción en un gremio generalmente se logra cuando se interpela a los trabajadores en tanto tales (asalariados, explotados, obreros), y se relegan las posiciones político-partidarias e ideológicas que tienden a dividirlos como colectivo laboral. Un pretendido apoliticismo recurrentemente se postula en este sentido. Por otro lado, desde su génesis, las organizaciones obreras fueron impulsadas y desarrolladas por militancias sindicales que se nutrieron de conceptos políticos e ideológicos. Anarquistas, socialistas, sindicalistas revolucionarios, comunistas, radicales, peronistas, etc., se destacaron en la formación de asociaciones reivindicativas de los proletarios.

Lo cierto es que muchos militantes obreros señalaron que si los trabajadores no se organizaban con perspectivas políticas e ideológicas propias no sólo perdían fuerza y cohesión al no encontrar una finalidad que los agrupe y encolumne sino que, a su vez, delegaban expresamente el manejo y la concepción de la sociedad a otros sectores o a otras clases sociales, y actuaban políticamente por prescindencia o como masa de maniobra de liderazgos ajenos, que podían representar sus intereses o no. Al realizar esta precisión, sin embargo, tampoco desconocían que el énfasis en la necesidad de que las organizaciones obreras adopten decididamente ciertas orientaciones político-partidarias e ideológicas en ocasiones devenía en sectarismo, fracturas e intolerancia. El dilema citado, por lo tanto, debe ser entendido como una constante en la historia del movimiento obrero argentino, y las disímiles formas de resolverlo o, mejor dicho, de encararlo, perfiló distintas orientaciones político-sindicales, que no pueden resumirse a la aceptación o al rechazo de los gobiernos de turno ni a adscripciones político-ideológicos formales o institucionales.

Sin posibilidades de avanzar en estas breves notas en la descripción de los variados casos al respecto, pero sobre los que existe amplia bibliografía, nos remitiremos a mencionar que si se consuma finalmente la partición de la CGT, por tercera vez en la historia actuarían 4 centrales obreras en la Argentina.(1) Entre 1928 y 1930, coexistieron la Unión Sindical Argentina (USA), la Confederación Obrera Argentina (COA), la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) y el Comité de Unidad Sindical Clasista (CUSC); mientras que en 1943, se diferenciaron la CGT N° 1, la CGT N° 2, la USA y la FORA. Si en el primer caso, la fragmentación reproducía en gran medida lineamientos político-ideológicos (sindicalistas revolucionarios, socialistas, anarquistas y comunistas, respectivamente), en la segunda ocasión la situación ya no fue tan clara. Esta fractura no siguió estrictamente líneas partidarias e ideológicas. El PS y el PC se alinearon en la CGT N° 2, pero muchos de sus afiliados sindicales se alistaron en la CGT N°1. Numerosos dirigentes socialistas prefirieron priorizar su identidad gremial sobre su filiación partidaria, siendo la opción del secretario general de la CGT, el ferroviario socialista José Domenech, el caso emblemático al respecto. De igual modo, los sindicalistas se repartieron entre la USA y la CGT N°1, mientras que los anarquistas mantuvieron su convicción forista.(2)

Una nueva tensión se manifestó en el congreso de la CGT realizado a fines de 1942, en el que hubo acuerdo para apoyar a la Unión Democrática de cara a las elecciones presidenciales llamadas para el año siguiente. Sin embargo, en proporciones casi iguales (22 y 23), se diferenciaron quienes pretendían que los trabajadores sean representados por los partidos de izquierda (la CGT debía respaldarlos), de aquellos que entendían que la central obrera podía expresar políticamente los intereses obreros por sí misma (la CGT como tal debía ser parte del frente electoral). Los militantes del PS y el PC querían capitalizar partidariamente su prolífera labor a favor de los sindicatos, mientras que un grupo importante de sindicatos, encabezados por la Unión Ferroviaria, rechazó la tutela de los partidos y se propuso tratar con las demás fuerzas políticas en primera persona (ya sea como grupo corporativo o como partido sindical). En la perspectiva de esta última opción confluirían sindicalistas de distintas corrientes y sobre ella se construiría, a fines de octubre de 1945, el Partido Laborista que, entre otras cosas, llevaría a Juan Perón a la presidencia de la Nación.(3) Luego, el laborismo devino en peronismo, y la participación política en primera persona de los sindicalistas se realizaría en gran medida en el interior de esa fuerza partidaria, en la que la CGT se convertiría en una de sus ramas.

Al comparar las dos fracturas del movimiento obrero en 4 centrales, podríamos decir que si la primera reconocía lineamientos político-ideológicos, en la segunda ocasión las divisiones estarían signadas por una percepción diferenciada de la relación que los sindicatos debían tener con las actividades políticas. La perspectiva laborista, finalmente, terminaría por cristalizar una tercera opción que se distanció tanto de quienes postulaban la necesaria prescindencia política de los gremios como de aquellos que, aceptando la necesidad de que los trabajadores influyan en la política nacional, delegaban estas funciones en los partidos políticos.

El reconocimiento de estas coordenadas históricas aporta elementos para una mejor comprensión de los acuerdos y las disputas político-sindicales, pasadas y presentes, del gremialismo argentino, al mismo tiempo que pone en primer plano las tensiones que se expresan en el movimiento obrero entre su politización y su unidad de acción, perspectivas que cuando coinciden, sin duda, potencian su incidencia en la solución de los problemas que aquejan a los trabajadores.

Gustavo Nicolás Contreras – Columnista invitado

(1) En la disputa interna de la CGT, también debe considerarse que, desde el año 2008 Luis Barrionuevo impulsa la CGT “Azul y Blanco”.

(2) Para conocer aquel proceso puede consultarse MURMIS, Miguel y PORTANTIERO, Juan Carlos: Estudios sobre los orígenes del peronismo, Bs. As., SXXI, 1971; TORRE, Juan Carlos: La vieja guardia sindical y Perón. Sobre los orígenes del peronismo, Bs. As., Sudamericana, 1990; DEL CAMPO, Hugo: Sindicalismo y peronismo. Los comienzos de un vínculo perdurable, Bs. As., SXXI, 2005; principalmente.

(3) En esta confluirían los sindicalistas de la USA encabezados por Luis Gay (aunque no los referenciados con los marítimos); los socialistas de la CGT Nº 1 dirigidos por Domenech (aunque no todos los socialistas, ya que muchos siguiendo la necesidad de una orientación partidaria para el movimiento obrero se alinearían con la CGT Nº 2); gremios autónomos (aunque no todos, ya que varios de ellos prefirieron seguir autónomos)…