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El ángel caído

No es la primera vez que Martín Córdoba escribe en  esta sección destinada a expresar lo que sucede alrededor con cierto grado de ironía, tampoco será la última o al menos eso espero como anfitrión. Este mes nos propone reflexionar sobre dos cualidades irreverentes de la personalidad de un ser humano que pueden llegar a marcar el destino de una persona, la soberbia y el orgullo. Entre ambos conceptos se abren paso una serie de distinciones que parecen condenar a una cualidad mientras exoneran de culpa y cargo a la otra. En el entre acto, el autor comete aquello que más rechazo le genera, pero salva la cuestión reivindicándose con un antiguo nuevo amigo. (Juan Gerardi – responsable de sección)

 

“¡Cómo has caído del cielo, Lucero, hijo de la Aurora!

Has sido abatido a la tierra dominador de naciones!

Tú decías en tu corazón: “escalaré los cielos; elevaré

 mi trono por encima de las estrellas de Dios; me

 sentaré en el monte de la divina asamblea, en

el confín del septentrión escalaré las cimas

de las nubes, seré semejante al Altísimo”.

 (Is 14:12-14. San Jerónimo. 382 D.C)

 

Mientras trataba de concentrarme en la lectura, alrededor de las cinco y media de la tarde, una voz televisiva llamó mi atención. Se trataba de un participante del programa de TV, Cuestión de peso, que  luego de haber sufrido una especie de “atracón”, siendo sometido a las interpelaciones del panel de médicos y profesionales de la salud, no asumía otra actitud que la de contestar de manera arrogante y superadora. Esta situación trajo a mi mente una discusión que horas antes había tenido con un ex amigo, quien en representación de divinidades paganas me reclamaba por el actual culto monoteísta de argentinos y argentinas; llevando nuestra conversación a una reflexión sobre el orgullo, la soberbia y su relación con la bondad de las personas.

Podría decirse que el orgullo es una buena cualidad, el reconocimiento egocéntrico de nuestras aptitudes, nuestro esfuerzo y nuestros logros. Sin embargo, el límite que existe con la soberbia radica en la imprevisibilidad de la superación del “yo”. Esto quiere decir que el orgullo está bueno, porque es una manera de avanzar y proyectarse, reconociendo lo que hacemos bien; siempre y cuando sea para con uno mismo. El momento en que ese orgullo, que sentimos y emanamos, se transforma en sonrisitas y miraditas de reojo, desde el preciso instante que el desprecio se convierte en nuestro nombre de pila, cuando nos auto asignamos fanáticos de nosotros mismos creyendo que el universo es en realidad una conspiración  de los dioses para posibilitar nuestra existencia, es ahí, cuando Lucifer monta su barrilete para descender a la tierra y apoderarse de nosotros.

El orgullo es sabio, porque nos da confianza, realza el ego y nos da ánimo para encarar la vida. La soberbia es considerada por los creyentes el mal de todos los males. Es el pecado original, ya que de él nacen o se derivan los otros. La soberbia es mala consejera. Es un arma de doble filo hasta para los propios soberbios. Primero, porque los ciega llevándolos incluso a reiterar sus propios errores; segundo, porque no les da posibilidad de ser autocríticos; y, por último, y creo que es lo más importante, porque genera un espíritu competitivo que destruye a las personas.

Cuando una persona no escucha a nadie, se cierra a las críticas y considera que todo lo que hace lo hace bien, despierta en los seres humanos un sentimiento rechazo, sin importar su situación personal, su pasado ni su porvenir. Esta virulenta reacción me hizo pensar en la discusión previa con mi antiguo amigo. Pensé en los argumentos que él me dio para definir a la soberbia como algo que identifica a una persona oscura, siniestra y egocéntricamente insoportable. En un primer momento no lo escuche, le dije que el soberbio era él, que no tenía la capacidad analítica para despojarse de prejuicios y que las formas de hablar o dirigirse no hacían al fondo de la cuestión. Las personas se definen por sus acciones, no por sus modos. Luego de lo sucedido,  reflexioné nuevamente sobre lo irritante que puede  resultar  escuchar  a una persona extremadamente autorreferencial; incluso traté de hacerlo despojándome de todo tipo de vínculo ideológico  y personal y me di cuenta que mi amigo tenía algo de razón.

Los modos y las formas que tiene una persona para dirigirse a otra hacen a la empatía del vínculo. Si una persona te cae mal, difícilmente puedas ver algo bueno en su accionar,  resulta imposible que la veas como realmente es. Eso es lo que le dije hoy a mi nuevo amigo de antaño. Pero también le dije que  la soberbia no es mala consejera, no tanto, al menos, como la ira que genera en los demás. En definitiva, todos nos creemos o nos creímos  alguna vez imprescindibles en algo, mucho más si esa condición es alentada por alegato popular.  Si la soberbia fuera el pecado original, el paraíso estaría desierto, el planeta tierra superpoblado, y el apocalipsis  causado por el egoísmo  de nuestro creador. Orgullosos y soberbios, según el cielo que nos mire. ¿Buenas y malas personas? Eso, es otra cosa.

Martín Córdoba – Columnista Invitado

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Derecho del Trabajo

Aunque sabemos, percibimos, tanto en un bando como en el otro, que el momento histórico en el que vivimos está labrando huellas en la historia de nuestro país -y tan sólo la mención de “bando”, consensuada por los actores en la práctica aunque negada en el discurso, da cuenta de la profundidad de la escisión-, todavía no sabemos bien la forma de las mismas.  El balance sobre la experiencia kirchnerista todavía no está escrito, el ciclo todavía no ha terminado. Pertenece a las futuras generaciones, y a sus futuros historiadores. Eso no quita que no pongamos nosotros cotidianamente en la balanza aquellas cosas que creemos deben ser aplaudidas o criticadas, porque en esa reflexión están nuestras posiciones ante la sociedad y la política, ahí formamos nuestra identidad. En este número, Martín Córdoba realiza una particular lectura de uno de los aspectos más importantes de la vida de los argentinos, el trabajo, y con datos pretende demostrar los avances que se han sucedido en la sociedad post 2001.  (Alejo Reclusa – responsable de sección).

El 1 de mayo del 2012 se recuerda, una vez más, el día internacional del trabajador. En esta ocasión, más que conmemorar, utilizaremos  la fecha como excusa para reflexionar sobre la condición actual del trabajo  y del trabajador en la Argentina. El texto con el que se encontrará el lector está anclado en la idea  de que los cambios sociales, si bien parten del reclamo y la lucha social, logran convertirse  en algo real y duradero  cuando existe voluntad política para que los mismos se lleven a cabo. Proponemos una análisis del cuerpo legislativo complementado por un paneo de las condiciones macroeconómicas del país, para, en definitiva, conocer la posición del trabajador argentino en el modelo económico del actual gobierno.

Antes de comenzar, es válido aclarar que al tratarse de un análisis político-legal, las situaciones descriptas responden a tipos ideales, con lo cual, toda condición de excepcionalidad queda fuera de nuestro alcance. Sin dudas, los aspectos  más importantes  se refieren a: trabajo no registrado y trabajo parcialmente registrado, que data hoy día  en una cifra aproximada del 35% de la masa laboral.

El trabajo, como concepto,  es entendido como la ejecución de una actividad productiva, organizada y remunerada que implica un esfuerzo físico y/o mental que produce bienes y servicios para atender a las necesidades humanas. Según el economista Abba Lerner(1), estas necesidades son eficientemente satisfechas cuando la distribución de los bienes y servicios productivos son eficientes. En la Argentina, desde el peronismo, y luego con la incorporación constitucional en 1957 del artículo 14 bis, el trabajo se ha convertido en un derecho que el Estado debe garantizar a  todos los ciudadanos. En el ámbito legal, ese derecho se encuentra regulado, entre otras leyes, por la ley 20.744. Esta ley de “contrato de trabajo” define al trabajo en relación de dependencia como “toda acción lícita que se preste en favor de quien tiene la facultad de dirigirla, mediante una remuneración’’ (artículo 4), excluyendo el caso de que la beneficiaria de tales servicios sea la administración pública nacional, provincial o municipal, o que se trate del trabajo doméstico (artículo 2). Teniendo en cuenta esto ¿Qué es  lo que el Estado nacional debe garantizar como derecho constitucional? Lo que el artículo 14 bis dice  se encuentra vinculado con esa  visión productiva de eficiencia asignativa descripta por “Lerner”,  que tiene que ver con un equilibrio entre incentivos para el desarrollo productivo, y la distribución de utilidades en pos de un aumento  estructural de la población de consumo para perpetuar el crecimiento de la producción. En este sentido, las garantías constitucionales podrían resumirse de la siguiente manera: garantía de acceso a un trabajo digno y estable a toda la población; salario acorde al trabajo realizado en pos de una buena calidad de vida; y por último, seguridad social para todos los ciudadanos durante y posteriormente a la edad laboral.

El Argentinazo fue el momento culmine del paradigma neoliberal iniciado con Martínez de Hoz, profundizado por el “consenso de Washington” y la complicidad dirigencial argentina. En 2001, la sociedad decidió que esa realidad no podía seguir perpetuándose ; A partir de entonces,  y como estrategia para el mantenimiento de la gobernabilidad y credibilidad en las instituciones, la condición del trabajador en la Argentina ha progresado favorablemente, pero de todas maneras, cabe preguntarse además si esta mejora responde sólo a una coyuntura de precios internacionales y recaudación en alza, o por el contrario, responde a un modelo político-económico que concibe al trabajo en clave de eficiencia asignativa,  y por ende, como elemento indispensable en el desarrollo productivo y económico del país.

Repasemos un poco los tres ítem que resumen el derecho constitucional del trabajo. Relacionado a la garantía de acceso a un trabajo digno y estable, la desocupación en argentina del año 2003 era cercana al 25%, mientras que en 2011 el índice ha disminuido al 7,2. Durante todo el segundo período menemista, el PBI nacional arrojó cifras positivas, es decir de crecimiento económico, sin embargo, ese proceso no fue acompañado por desarrollo social, ya que fue durante ese período donde el empleo se redujo de una manera tal que el desempleo llegó a  tocar los 20 puntos porcentuales. El año 2002 es conocido como el punto de inflexión para nuestro país, presentando un crecimiento negativo del -10,9%, con tasas de desocupación cercanas al 25% y una subocupación del 20%. Desde el año  2003  a la actualidad, la economía argentina presenta un índice de crecimiento positivo sostenido cercano a un promedio de entre el 8 y 9%. En esta ocasión, este proceso de crecimiento se verá acompañado por una reducción del desempleo a una cifra cercana al 7%. En este sentido,  tomando el año de inflexión como base, vemos que ese crecimiento del 9% promedio  se encuentra determinado por el aumento del aporte que en millones de pesos ha hecho  la industria, la construcción, los transportes y los servicios. Desde el 2002 al 2011 el aporte de la producción agropecuaria solo ha crecido en un 36%, mientras que los sectores de mayor incidencia en el empleo interno (por ser de iniciativa e intervención pública) lo han hecho en un 107% para la industria, la construcción en un 210% y los transportes y servicios en un 162%.  ¿Qué significa todo esto? Supone que la coyuntura económica  no es suficiente para desarrollar una sociedad equitativa y de pleno empleo, sino que más bien, tiene que ver con  un cambio de paradigma en donde la generación de empleo y de bienes y servicios  son un elemento clave para el desarrollo global, es decir, que el grado de intervención del trabajo y del trabajador en el proceso económico nacional es crucial en este modelo político -económico. Según la CEPAL “la parte más importante de la reducción de la desigualdad en Argentina  se originan en el mercado laboral, básicamente a través de una distribución más equitativa de los ingresos laborales por ocupado”(2).

Dijimos que además del acceso  a un trabajo digno, el derecho constitucional debe garantizar un salario acorde al trabajo realizado y a una buena calidad de vida. En este sentido, se ha desarrollado durante los últimos años, una serie de reformas laborales que repercutieron directamente  en la calidad de vida de los trabajadores. Desde el ámbito legal, la primera ley importante del período es la ley  de “régimen laboral” 25.877, sancionada en  el año 2004(3). De la ley 25.250, lo más importante que deroga es la reducción del período de prueba de 6 a 3 meses con una cláusula que dicta la imposibilidad de extenderlo.  En la Ley 25.877 la parte que decide extinguir el vínculo sin causa está obligada a preavisar con una anticipación de quince días, plazo que comienza a correr a partir del día siguiente a la notificación. Esta misma ley, tambien  modifica la ley 25.013 estipulando que por cada año de servicio o fracción mayor de 3 meses se percibirá un monto mínimo: M.R.M.N. Y H. (sin tope a la base): 1 sueldo mensual.

Otras reformas importantes en beneficio de los trabajadores son las leyes que modifican algunos de los artículos de la ley de contrato de trabajo (20.744): la  ley 25.872 (2004) modifica el artículo 237 y dispone de un período de licencia de  2 horas diarias  para todo trabajador que se encuentre en periodo de preaviso de despido; la 26.088 (2006) modifica el artículo  66 y dispone que en caso de despido, el trabajador puede optar por su reincorporación hasta tanto llegue la sanción definitiva; la ley 26.341 (2007) modifica el artículo 103 y anula la posibilidad del pago del 20% del salario en canastas, alimentos o vales.;  la  26.390 (2008)  modifica los artículos 32, 33 y 119, prohibiendo el trabajo infantil, extendiendo la edad de trabajo adolescente a 16 años y eliminando la posibilidad del pago de salarios reducidos a menores o personas con capacidades motrices disminuidas; también  la ley 26.598 (2010) que elimina el artículo 141 de la ley de empleo 24.013 (1991) y permite  tomar al salario mínimo, vital y móvil como piso para futuras negociaciones o como base o índice para la determinación cuantitativa de otros institutos legales como indemnizaciones, horas extras, salario básico o eventualmente en la movilidad de las jubilaciones; por último, la ley 26727 (2011) de “trabajo agrario”  que convierte en ley el Estatuto del peón rural, el cual deja en claro que “la jornada de trabajo no podrá exceder de ocho horas diarias y de 44 semanales desde el lunes hasta el sábado a las 13 horas”, y que los trabajadores “tendrán derecho a la jubilación ordinaria con 57 años de edad, sin distinción de sexo, en tanto acrediten 25 años de servicios, con aportes”.

La repercusión que este ámbito legal llega  a tener en la cotidianeidad puede establecerse a través  de un estudio de productividad laboral realizado por la CEPAL(4), donde se determina que durante el periodo 1991-1998, con una economía de crecimiento positivo y  una producción industrial en decadencia, el índice de inversión era del 8,2 % del PBI, mientras que el índice de obrero ocupado del 20% y la productividad por obrero llegaba a un 83,3%. Para el periodo 2003-2010, con un volumen de producción industrial dos veces superior, el índice de inversión del PBI es del 24,5%, mientras que el índice de obrero ocupado es del 35% y la productividad individual llega al 46,1%.; es decir que el desarrollo  industrial y de volumen producido se debe a una política de inversión, con una mayor cantidad de obreros ocupados, una menor exigencia y una política  favorable al derecho del trabajador.

El último punto a tratar tiene que ver con la garantía constitucional de la seguridad social durante y posteriormente a la edad laboral.  Con respecto a esto, la administración nacional  iniciada en el año 2003 ha desarrollado continuos avances convirtiendo a la seguridad social y previsional en su política más fuerte. Las leyes 26.222 (2007) y 26.425 fueron las políticas  que lograron poner fin al régimen de capitalización devolviendo la administración de los recursos del trabajador al Estado nacional. La AUH y la Ley de moratoria de jubilaciones son otras dos  legislaciones complementarias que atacan el problema estructural de la desocupación y el trabajo no registrado en la Argentina. En la actualidad, el 95,1% de la población en condición de jubilarse se  encuentra jubilada, llegando a las casi 7 millones de personas incluidas dentro  del sistema previsional argentino (ubicándose como el país latinoamericano de mayor alcance previsional para su población). De esos siete, 4 millones han sido incluidos  gracias a la moratoria sancionada por la ley 25.994 (2004) conocida como “régimen de jubilación anticipada” que posibilito la jubilación de personas con aportes parciales o sin aportes totales, entre ellas, las ama de casa. A su vez, se han otorgado  23 aumentos consecutivos que llegan a representar el 1025% de aumento y ubican a la jubilación mínima desde un piso de $150 en 2003 a la cifra de $1687 en 2012. De todas maneras, lo que es aún mas importante es la ley de movilidad  previsional, que decreta  mediante la ley 26.417 (2008) dos aumentos obligatorios por año, ubicando a la jubilación mínima  muy cerca del tan anhelado 82% móvil, siendo el 74,8 actual, la cifra histórica mas cercana. En 2003, la seguridad social representaba el 4,14 de un PBI similar al del año 1996, mientras que en 2011,  la AUH  y la movilidad jubilatoria han llevado  este porcentaje a un 10% del total de un PBI nacional casi duplicado.

En conclusión, es bien sabido que la realidad diaria de cada trabajador es muy distinta de la aquí descripta. La evasión empresarial y la falta de controles hacen de  la ley un “cuento chino”. De todas maneras, debe considerarse que en el pasado reciente, si bien la situación económica impuesta por un modelo privatista expulsó a los ciudadanos del ámbito institucional, los excomulgó de la sociedad de consumo y los marginó de la cultura en general, existió además un cuerpo institucional legal que amparó todas estas flagelaciones. Si bien también es cierto que el Estado pos 2001 debió humanizarse, como también es cierto que la coyuntura internacional  agropecuaria favorable  estimula  el empleo  y el bienestar socioeconómico, debe tenerse en cuenta que a todo este proceso, en este caso lo acompaña  un modelo de eficiencia asignativa, tanto de recursos como de amparos. La distribución no solo  contempla los recursos, como vimos, también incluye derechos.

Martín Córdoba – Columnista invitado

Notas

1. Lerner, Abba P. fue un economista judío de mediados del S. XX que desarrolló, desde el marginalismo económico, una serie de teorías que tienen que ver con  el desarrollo económico productivo desde  la eficiencia asignativa, distributiva y las economías de pleno empleo. Fue también un gran teorizador sobre las vías alternativas al socialismo, influenciando  al campo intelectual con  sus teorías sobre socialismo de mercado.

2. Panorama Social de América latina 2011, CEPAL, Pág. 14.

3. Esta ley deroga las leyes 25.250 y 17.183; los artículos 17 y 19 de la Ley 14.250; el artículo 92 de la Ley 24.467; los artículos 4, 5, 6, 7, 8, 10, 11 y 13 de la Ley 25.013 y el Decreto 105/00.

4. Panorama Social de América latina 2011 Pág. 29.

Bibliografía

– Lerner, Abba P. Teoría  Económica del Control: Principios de la economía de bienestar,  Fondo de Cultura Económica, México, 1951.

– Juan Carlos Torre y Liliana de Riz,  Argentina 1946-1990, en: Leslie Bethell ed., Historia de América latina, Tomo 15: “EL Cono Sur desde 1930”, Universidad de Cambridge, Barcelona 2002, Pp. 126-155.

– Panorama Social de América latina 2011, CEPAL, [en línea] 2011, consultado: 20/11/2011, Pp. 75-77, http://www.cepal.org/cgibin/getProd.asp?xml=/prensa/noticias/comunicados/8/45168/P45168.xml&xsl=/prensa/tpl/p6f.xsl&base=/tpl/top-bottom.xsl.

– Balance preliminar de las economías de América latina y el caribe 2011, CEPAL, [en línea] 2011, consultado: 02/03/2012, http://www.cepal.org/cgibin /getProd.asp?xml=/prensa/ noticias/ comunicados/8/45478/P45478.xml&xsl= /prensa/tpl/p6f.xsl&base=/tpl/top-bottom.xsl.

Impresiones

Esta rara convergencia de ideas, que hemos dado en llamar Albergue Transitorio, se complace en presentar el aporte de un lector silencioso que rompe estrepitosamente su anonimato. Martín Córdoba, atento a lo que sucede, se dice y se comenta, nos sorprende con sus apreciaciones del auto- enaltecido mundo político e intelectual de la universidad. Sugerente y provocativo, argumenta con la dosis justa de ironía y descaro para dar cuenta de su aparente desconocimiento de la “panacea intelectual” (Juan Gerardi, responsable de Sección).

La universidad es un conjunto de unidades educativas destinadas a brindar una enseñanza especializada con el objetivo de formar profesionales. A ella concurren personas de diferentes edades y estratos sociales buscando realizarse, incrementar la competitividad intelectual y, por qué no, encontrar una salida laboral. Sin embargo, y ante todo, la universidad es un ámbito social y político en donde las relaciones interpersonales de amistad, conveniencia y poder  se encuentran significativamente presentes. Es así como alumnos, docentes y autoridades actúan y conviven en grupos institucionales orientados a equilibrar las decisiones y representar sus intereses. En la nota de hoy trataremos de describir las percepciones existentes sobre la interacción entre los estudiantes -inclusive de aquellos que no tocan un libro ni a patadas-, los profes, licenciados, doctores (y hasta algunos declarados médicos cirujanos de las ciencias sociales) y las autoridades, fieles responsables del necesario sostenimiento del sistema burocrático (como también de los maltratos y las insoportables caras de culo).

Al finalizar la temporada veraniega, los que hacen la feliz dejan de percibir que sus cuerpos importan para culminar unas largas vacaciones signadas por orgías de ocio. En la mente de manera instantánea, y como pasaporte a una adolescencia interminable, una postal de Peña y Funes, en esta ocasión, ilustrando un nuevo escenario. A las familiares pintadas de tipo: “vivaelrey.blogspot” o esa otra que decía algo así como “XXXX ladrona”, se antepone una renovada fachada de portones corredizos y pisos de adoquín que se ocupan de disfrazar ese enorme complejo de edificios encargados de recibir (y en gran medida de expulsar) a los jóvenes -y otros no tan jóvenes-, para un nuevo año de bellas horas de estudio. (Che… y con el plan de estudios, los concursos y la renovación de autoridades, al final, ¿qué pasó?)

Los estudiantes se acercan con muchísimas expectativas y objetivos: sea por gusto personal, genuino interés por las herramientas profesionales que brinda la universidad o como excusa para lograr una extendida adolescencia financiada por sus padres y lejos de casa. Pronto van a descubrir que sus días serán resumidos a una ecuación, cuyo resultado es el agotamiento de su última neurona disponible: Universidad + departamento + estudio + fines de semana= ¿?. El descontrol hormonal, ocasionado por lo que en la práctica es un paso hacia a la libertad y la autonomía, se contrapone a la incertidumbre generada en  los engorrosos trámites que determinan el acceso a la comunidad educativa. Una especie de tribunal, que parece hablar un idioma estilo Navi, es el encargado de recibir y anunciar los requisitos que los políticos, las autoridades y los docentes exigen para el ingreso. A medida que transcurren los primeros minutos, las expectativas generadas en torno a esa panacea intelectual (democratizadora del saber y de las oportunidades de las personas) se van desmoronando ante la mala predisposición de los jueces de turno. De esta realidad, podemos observar dos situaciones. Por un lado, están los estudiantes que, despreocupados por su incomprensión del sistema, se relajan entre amigos tomando unos mates y un FERNET por la noche. Por otro lado, están los que cuentan con un poco más de suerte, aquellos que entienden esa  lengua extranjera o reciben la ayuda de conocidos logrando inmiscuirse  en el “amiguismo”, falso e interesado, de los autodeclarados “popes”, esos mismos que con el transcurso de los años, y con la ayuda de algún genio que los apadrinó, se las saben todas.

Estos últimos, serán ¡envidiados! por  sus “amigos” quienes, seguramente (según su ego), también entregarían sus vidas por salir en la página 34 del suplemento de cultura de algún diario local (¡con suerte!). Serán alentados por los profes, licenciados y doctores, esos grandes genios formados en universidades extranjeras, que promueven la competitividad y vaticinan un futuro próspero (¡cagados de hambre y comiendo libros! ¡Qué moraleja eh!). Mientras que los llamados “cuatros de copa” se autoexcluyen de las altas esferas del saber por considerarse ajenos a ese mundo.

Entonces, quienes sean capaces de entender esa lengua extranjera, aguantar el mal humor, los amiguismos por conveniencia y las ridiculizaciones públicas podrán, con un poco de esmero e inagotables jornadas de 28 horas de lectura diaria, tener la suerte de emular las carreras de sus doctos y padrinos. Para mí, quizás, es demasiado. Ingresantes, bienvenidos a nuestra panacea intelectual. Me olvidaba, los que quieran festejar me avisan que arrancamos con unos mates, pero hasta el Fernet no paramos!!!!

Martín Córdoba – Columnista Invitado

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