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Después el agua…

El mundo de las bandas locales, es un mundo difícil. El circuito se empantana rápidamente por falta de salas de ensayo, lugares donde tocar y un público complicado de complacer. Pero nada de ellos impide el silencioso pero continuo crecimiento de under marplatense, haciéndose espacio en la abigarrada agenda de la cultura artística local. Hoy, en Subwoofer contamos con la presencia de un amigo de la casa, el Negro Leguizamón, quien rompe un poco (por suerte!) con los esquemas tradicionales de esta sección. Nos hablará de una banda local, de una banda que conoceremos a través de sus palabras, que a su vez nos deja la intriga de querer escucharla. Descubrir una banda, seguirla, vivir su crecimiento musical, esperar su disco… todo eso nos transmite el Negro, todo eso genera Zoot. (Joaquín Marcos, responsable de sección)

Últimamente estoy cambiando mis hábitos, no sé si es la edad, algunos cambios personales, o que el invierno en la ciudad es crudo, pero hace ya unos meses empecé a llevar una vida más asentada, más adulta en palabras de mi abuela. Y uno de los vuelcos más importantes que significo esta “madurez” fue el alejamiento de las salidas nocturnas: no tantas salidas hasta altas horas de la madrugada, no tanto gastadero de dinero en épocas de bolsillos flacos, no mas volver a casa congelado a las 7 de la mañana.

Sin embargo, dejar esas costumbres no hizo que me quede en la cama, calentito, todos los fines de semana: eso no es para mí. Así que empecé a darme algunos gustos, chiquitos, pero que venía acumulando, y uno de ellos fue que recuperé la costumbre de ir a escuchar música en vivo; puedo decir que en estos últimos meses escuche más música que en los últimos 2 años. Abel pintos, Cultura Profética, Lisandro Aristimuño, fueron algunos de los artistas/bandas a las que fui a ver, además de bandas locales como Tantra, Luzparis, Zoot. Todas, con sus variedades de estilos, me dejaron una buena impresión, y muchas cosas para decir; sin embargo fue la última de las que nombré la que hoy me lleva a escribir esta nota.

Zoot es una banda, como dije previamente, del ámbito marplatense. Si tuvieramos que encasillar su música sería difícil hacerlo; el sonido que predomina es el rock pero fusionado con otros estilos, más bien experimental, dentro del gran mundo del “indie rock”.

 La verdad es que llegue a ellos porque un amigo toca en ella desde hace unos meses, pero la banda, por lo que supe después, tiene alrededor de 4 años de antigüedad. La primera vez que fui a escucharlos tenía pocas expectativas: era un festival en el teatro La campana, en una fría noche del mes de julio, donde más de 5 bandas de diferentes estilos harían su presentación. Las pocas expectativas se debían a un prejuicio, pues nunca había sido un asiduo concurrente a eventos musicales locales, sin embargo debo admitir que salí de ahí mas satisfecho de lo que pensaba. De esa noche en adelante, decidí prestarle más atención a la “movida” musical de la ciudad.

Así fue que, hace poco, en compañía de unos amigos (también ellos lejanos de la música en vivo) fuimos a la Bodega del Teatro Auditorium a escuchar algo de Rock, y personalmente me encontré con que la banda había alcanzado un sonido especial, maduro; sonaban muy distintos a cuando los escuche por primera vez.

No es una banda con un repertorio de canciones muy variadas, todas las veces que los fui a ver me encontré con las mismas letras, pero muy diferentes interpretaciones, haciendo que los temas sonaran a “nuevo” cada vez que me preste a escucharlos. Sus letras son abiertas, de libre interpretación, pero alguna que otra cuenta con un estilo muy “hit” de radio, ese estilo de canciones que uno escucha y no puede quitarse de la cabeza por unos días.

La formación de la banda es bastante básica: dos guitarras, bajo, batería, teclado, sumándole algunas bases electrónicas, que en su conjunción hacen que el sonido producido suene limpio, fresco pero a su vez fuerte, pesado, bien rockero (sé que es mucho decir, y a no confundir no estoy comparando, pero hay veces que encuentro en esta banda alguna influencia de la inglesa Radiohead).

Los shows suelen ser cortos, no suelen durar mas de 40 minutos, y a mi personalmente se me pasan rápido, es como una experiencia corta pero intensa, donde un sinfín de melodías invaden mis oídos y me llenan de emoción, éxtasis…Prontamente por lo avisado en su última presentación, se viene el primer disco de los Zoot para el mes de noviembre, así que yo me encuentro ansioso, esperando su salida y presentación.

 No es fácil encontrar una banda del ámbito más bien under/indie, que me guste, y a su vez nunca viene mal ayudar a difundir la música de la ciudad, así que si les gusta este estilo de música, rockero pero experimental, cuentan con tiempo y ganas súmense a los shows, me animo a decir que no se van a arrepentir.

Nicolás Leguizamón- Columnista invitado.

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Repentinamente salimos a buscar un columnista invitado, nos proponen un amante de Casablanca y nosotros, fieles admiradores de “Tócala de nuevo, Sam”, no podemos eludir la iniciativa. Pero no, grata sorpresa nos llevamos al ver que la cinta de Michael Curtiz no sería de la partida. Sin embargo, la propuesta de nuestro columnista rebasa ampliamente los objetivos de la sección. Nicolás Leguizamón nos sumerge en Into the wild, uno de esos films que me han recomendado millones de veces pero que todavía no me atrevo a ver. Y como si esto fuera poco, recoge el guante sobre lo que desde esta sección venimos proponiendo soslayadamente; la puesta en palabras de la subjetividad del espectador. Nuestro columnista lo hace con creces. ¿Será cierto que este film “vuela la peluca” tanto como se dice? Habrá que ver… (Benjamín M. Rodríguez –responsable de sección)

 

Me gusta el cine, pero no soy  un  gran conocedor de directores, actores, montaje, fotografía; lo que  me gusta son las historias y busco que al estar dos horas (promedio) frente al televisor éstas me generen algún sentimiento, que me movilicen alguna fibra nerviosa; sino ¿para qué sirve el arte en sus diferentes manifestaciones?

Así me encontré, hace no mucho tiempo, hablando con un amigo y surgió el tema del cine;  fue él quien me dijo “mirate  Into the wild, que te va a volar la cabeza”. La verdad, no tenia idea de qué se trataba ni quién era el director, actor protagonista, nada de nada (como comenté al principio no soy un erudito sobre el cine), pero ante la recomendación de alguien de confianza y de quien conozco algunos de sus gustos, me preparé para verla.

Un jueves a la noche decidí emprender la tarea. Adelanto que no es mi intención hacer un análisis de la película, sino mas bien comentar su trama brevemente y los pensamientos y sentimientos que en mi despertó, que fueron varios y muy diferentes a lo largo del film.

Into the wild es una película del 2007, dirigida por Sean Pean (sí, ése, el de Mi nombre es Sam) y protagonizada por Emile Hirsch, quien estuvo nominada a algunos premios importantes: dos nominaciones a los Oscar y a los Globos de Oro, entre otros galardones. Sin embargo, eso no la hace una película interesante, sino más bien la historia que trata.

La película comienza en el año 1992: un tren, una ruta y una carta son algunas de las primeras imágenes que recibimos. La letra algo difusa de un niño en la pantalla relata lo que parece ser un viaje, el primer mensaje a interpretar. Quien lo escribe es Christopher McCandless, protagonista del film, quien nos llevará de viaje por gran parte de Estados Unidos  mostrándonos paisajes preciosos, en una aventura difícil motivada por ideales y una fuerte historia de vida.

Christopher, quien se bautiza a si mismo en el comienzo del  viaje como Supertramp, es un joven de 23 años, recientemente egresado de la Universidad con buenas calificaciones,  con chances de  ingresar a estudiar leyes a Harvard, miembro de lo se llamaría una familia tipo (papá, mamá, hijo y hermana), a simple vista un chico como varios de los nos cruzamos por la calle todos los días. Sin embargo, en el transcurso de la  película vemos que no es tan así, pues al terminar sus estudios y sin comentarle nada a nadie, Supertramp  deja todas sus pertenencias, dona su dinero a la caridad y comienza una travesía con un único objetivo a cumplir “llegar a ALASKA”.  Vivir en la naturaleza, huir de una sociedad atrapada en el consumo, el dinero, lo material, la rutina; pero también huir de sus padres, escapar de una familia que lo absorbe, lo desgasta, que lo maltrata tanto a él como a su hermana, otra de las protagonistas de la película, pues será ella la encargada de relatarnos lo que sucedía en la casa  mientras el tiempo pasaba y las noticias sobre el paradero de Christopher no llegaban; será ella quien nos cuente de los problemas familiares existentes y como sus sentimientos  y los de sus padres van pasando del enojo y la bronca a la desesperación y la tristeza absoluta.

La película no es lineal, sino todo lo contrario. Si bien se centra en la historia de Supertramp también podemos conocer historias laterales muy interesantes en las tres etapas en que se divide la película (infancia-adolescencia-madurez). Así podemos conocer la historia de una pareja de hippies que recogen a Christopher en la ruta, la historia de un recolector de trigo que tiene problemas con la ley y la de un anciano solitario que busca adoptar a Supertramp como su nieto para perpetuar el apellido familiar.

La película es compleja. La lucha que encara el protagonista contra el sistema es, en parte, consecuencia de su bagaje intelectual, de su apertura mental y de su idealismo (palabra muy utilizada hoy en día), pero también es consecuencia de un mar de sentimientos que lo invaden.

 Al mirar la película, en algunas partes me reía y pensaba “que bueno sería dejar todo y salir, recorrer, tener nuevas experiencias y crear un mundo ideal”.  El paisaje que se nos muestra, la gente amable que Christopher conoce a lo largo de su historia me despertó un espíritu aventurero que hacia años había perdido, pero con el paso de la trama mi posición iba cambiando y me iba dando cuenta de que no sería capaz de pasar por muchas de las cosas que el protagonista atravesó (frío, hambre, problemas con la ley, golpizas). Muchos diálogos de la película son excelentes, otros no tanto, y pueden parecer trillados. La música va muy bien con lo que pasa durante las diferentes escenas y Emile Hirsch hace con su actuación que yo me crea la historia que se está contando y sufra con él los cambios que atraviesa.

“La felicidad solo es real cuando es compartida”, esa es la conclusión a la que llega Cristopher, la que la película nos termina brindando, idea que apoyo y sostengo aún cuando la sociedad en la que vivimos no sea perfecta.

Nicolás Leguizamón- Columnista invitado

 

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