A 30 años de la guerra, Malvinas ha vuelto al centro de la escena nacional. Una nueva escalada con Gran Bretaña, incitada en gran medida por el gobierno inglés, hace que la guerra de 1982 y su recuerdo vuelvan a tener un alto grado de agitación, en un tema siempre sensible para la sociedad argentina. Este lugar de privilegio que ha ganado en los medios de comunicación y en la agenda presidencial es una novedad absoluta, de hecho, la memoria hacia Malvinas estuvo muchas veces signada más por el olvido que por el recuerdo.

La guerra de Malvinas es un tema incómodo de abordar. Por un lado, es hacer mención a una causa justa que enarbola nuestro país desde hace casi 180 años. Paralelamente, es hacer referencia a la sangrienta dictadura militar que gobernaba nuestro país por aquellos días. Quizás esto explique que pese a ser la única guerra internacional que protagonizó nuestro país en el Siglo XX, el campo de las ciencias sociales no haya producido un estudio profundo y complejo sobre el conflicto bélico de 1982. Las referencias de los académicos suelen limitarse, tal como afirma la antropóloga Rosana Guber, a una serie de afirmaciones deplorando aquella “guerra absurda” con la cual “un general borracho” había llevado a la muerte a “muchachos de 18 años sin instrucción ni equipamiento”, para enfrentar a “la segunda potencia de la OTAN”. Es decir, a la hora de analizar la guerra, el énfasis está puesto en verla como “algo de los militares” (Guber, 2001).

Desde la derrota en 1982 se han elaborado muchas memorias de Malvinas que, según las intencionalidades de quienes las construyen, proponen un sentido de la guerra y con ese fin recuerdan algunas cosas y silencian otras. Es así que en este apartado, me propongo recordar una historia que ha sido “olvidada”. Se trata de la experiencia bélica llevada adelante por el submarino ARA San Luis durante la contienda. Para esto tomaré como fuente el diario de guerra escrito por Rafael Guaraz, quien se desempeñaba como Cabo Primero Enfermero naval. Este tipo de fuente me parece particularmente interesante, en especial porque sus escritos dan versiones de la guerra con la menor mediación entre el acontecimiento vivido y narrado, evitando así las resignificaciones producto de la memoria elaboradas con posterioridad a la guerra.

El diario de Guaraz comienza el 11 de Abril, cuando el San Luis recibió la orden de partir desde Mar del Plata hacia el sur. En esos momentos la flota inglesa, integrada por más de cien barcos, se dirigía hacia el Atlántico Sur con el objetivo de retomar el control de las islas recientemente recuperadas por la Argentina.

La fuerza de submarinos argentina estaba integrada por los submarinos ARA Santa Fe, ARA Salta y ARA San Luis. El Santa Fe era un submarino tipo “Guppy” de la Segunda Guerra Mundial, que para ese año, 1982, se proyectaba quedara fuera de servicio, al igual que su gemelo el ARA Santiago del Estero, que había sido radiado en 1981. Si bien el Salta y el San Luis eran modernos buques que habían sido incorporados por la Armada Argentina en 1974, sus condiciones distaban de ser las mejores. La tripulación del San Luis estaba compuesta por 35 hombres y su comandante era el Capitán de Fragata Fernando Azcueta.

El primer destino sería las aguas del Golfo Nuevo, cuyo nombre código era “Enriqueta”. Funcionaría como una zona de espera y el tiempo allí fue aprovechado para ultimar los preparativos para una guerra que ya no se veía lejana. Cuando se encontraban en dicha zona se produjo la avería de la computadora control tiro, lo cual era una limitación que resultaría determinante en el uso de armas. Pese a estas deficiencias, a finales de Abril, el San Luis recibió la orden de ingresar en zona de guerra y ubicarse al norte de la isla Soledad, próximos a la costa.

En la madrugada del 1 de Mayo, poco después de las 4 de la mañana, se produjo el primer ataque aéreo por parte de Gran Bretaña a las posiciones argentinas en Malvinas. La guerra real había comenzado. El San Luis, iba a tener su bautismo de fuego ese día. Encontrándose al norte de las islas Malvinas sobre el estrecho de San Carlos, los sonaristas detectaron un rumor hidrofónico que clasificaron como un destructor (Bóveda, 2007; 120). Cuando el blanco estuvo a distancia de tiro el comandante Azcueta dispuso el lanzamiento del torpedo. Debido a la rotura de la computadora de control tiro, debieron efectuar los lanzamientos sobre la base de cálculos manuales y tirando sólo un torpedo a la vez, en lugar de los tres que habilitaba el sistema cuando funcionaba normalmente. Minutos después del lanzamiento, hubo evidencias de que no se había logrado dar en el blanco. No se dispararon más torpedos en ese momento, ya que una vez que se produjo el primer lanzamiento comenzaron a realizar tareas de evasión. Producido el primer ataque, la respuesta británica fue instantánea: el San Luis fue atacado por las fuerzas antisubmarinas inglesas, buques de superficie y helicópteros. Se había pasado de ser cazadores a ser la presa.

En su diario personal, el 2 de Mayo, Rafael Guaraz escribió:

(…) creo que el día 1 de Mayo de 1982 quedará grabado en mi mente y en la de todos los que estamos aquí como el día más largo, angustioso, infeliz y desesperado de todos los vividos hasta ahora.Nunca yo, hasta ahora, me sentí tan cerca del fin como ayer…

Esta cacería duró todo el día y se prolongó hasta la madrugada de hoy (2 de Mayo). Estábamos muy cerca de la costa y rogábamos que nos ayudasen los aviones desde las Malvinas, pero nosotros no podríamos saber que allí se estaba luchando fieramente también, aunque era una de nuestras suposiciones para la falta de apoyo. Recién nos enteramos de todo lo que pasó, esta mañana cuando salimos a hacer SNK (snorkel) y pudimos escuchar noticias por la radio.

Una de las ventajas que tuvo el San Luis para evitar ser atrapado por los buques ingleses fue que estos estaban preparados para operar en el Mar del Norte, con esos mismos sonares vinieron a operar al Atlántico Sur, de menor profundidad y con fondo de piedra. Al poner sus sonares, los barcos británicos recibían “rebotes”. En más de una oportunidad, el submarino argentino pudo contrarrestar el ataque inglés asentándose sobre el fondo marino.

El día 3 de Mayo, los marinos del San Luis, a través de la radio, se enteraron del hundimiento del ARA Belgrano. Una cuestión que los hizo reflexionar sobre el drama de la guerra, y de la cual, solo un día antes habían estado tan cerca. En su diario, Rafael Guaraz anotó:

Cuando hicimos SNK pusimos la radio y nos enteramos del hundimiento del Crucero Belgrano. Nos dolió en el alma, estamos amargados por eso.

Luego del hundimiento del Belgrano, la flota argentina optó por alejarse definitivamente del combate. Tal decisión fue justificada por el comandante Gualter Allara, debido a que no habría podido contrarrestar ni neutralizar la amenaza que representaban los submarinos nucleares enemigos. Sólo un buque de guerra de la Armada Argentina permaneció en aguas malvinenses, el submarino ARA San Luis. Estuvieron solos contra todos.

Las noticias escuchadas a través de la radio no siempre mostraban fehacientemente lo que acontecía con la guerra, lo que provocaba hipótesis equivocadas dentro de la tripulación. Una de ellas fue el anuncio del hundimiento del portaaviones ingles HMS Hermes. El 5 de Mayo, Guaraz consignó:

La radio dio noticias sobre que fue averiado el portaaviones Hermes, si eso es cierto, los ingleses se las van a ver feas y más si se levanta un temporal. Eso es lo que deseamos aquí, pues si eso sucede, además de zarandearlos un poco, les va a impedir operar con aviones y tal vez helicópteros.

El 8 de mayo, el San Luis efectuó un nuevo ataque sobre un blanco, presumiblemente un submarino, aunque no fue confirmado. Sin embargo, no se pudieron saber los efectos de tal ataque ya que el lanzamiento del torpedo no fue preciso una vez más. El 11 de Mayo se produjo una nueva posibilidad de ataque, la tercera, esta vez contra dos buques dela Armada Inglesa que se encontraban en las cercanías de la boca del Estrecho de San Carlos. Rafael Guaraz escribió:

(…) en el momento del contacto se cubrió puesto de combate, eso fue a las 16 hs. de ayer… Pensamos que ese buque fue a cañonear a Puerto Argentino o Puerto Darwin y que iba a volver por la misma zona. Nos quedamos a esperarlos y no nos equivocamos. Pero aparecieron dos buques y a partir de ese momento se volvieron a vivir las mismas sensaciones del 1 de Mayo. Atacamos, lanzamos un torpedo, que desgraciadamente no dio en el blanco y seguimos aproximándonos a ellos y cuando creíamos que nos iban a atacar, huyeron. ¡Eran dos buques! ¡¡Y pasamos por entre los dos!! Sabíamos que sin la computadora nuestra efectividad estaba muy disminuida y lo de anoche (ya esta madrugada) nos lo demostró. En otra oportunidad y por la distancia a la que nos acercábamos, a un buque, por lo menos tendríamos que haberlo partido por la mitad y ¡que buena venganza por lo del Belgrano podría haber sido!

Ante la falla de su sistema de armas, el submarino recibió finalmente la orden de regreso a su base de operaciones. Finalmente, el 19 de mayo ingresó ala Base Naval de Puerto Belgrano, luego de 39 días de patrulla y 864 horas de inmersión.

La “desmalvinización” comenzó desde el mismo momento en que los combatientes llegaron de la batalla. Luego del 14 de Junio, fecha de la rendición de la guarnición argentina, “Malvinas”, y todo lo que ello significa, entró en un clima de silencio. El mismo se dará desde el Estado, pero también desde el arma que los envió a combatir, en este caso la Armada Argentina. Tal como sostiene el historiador Federico Lorenz, la Marina seleccionó aquellas experiencias que más impacto pudieran tener en la ciudadanía (Lorenz, 2006; 178), por tal razón aparecen difundidas el accionar de la Aviación Naval, del Belgrano y del BIM 5. Sin embargo, detrás de éstas se encuentran muchas historias que han sido silenciadas, entre ellas, las vivencias de los tripulantes del San Luis.

Ninguna de estas experiencias debería seguir siendo ocultadas.

Para finalizar me permito sugerir el repensar y dar nuevas miradas al conflicto bélico del Atlántico Sur. En general es visto como una locura o como una aventura del gobierno militar, sin embargo estas metáforas válidas, quizás, en la inmediata posguerra, no lo son en la actualidad. Ya que ese reduccionismo no permite ver las complejidades que necesariamente tuvo un hecho de tamaña magnitud como lo es una guerra. Esas visiones simplistas sobre Malvinas han hecho que el veterano de guerra tuviera dificultades para hacer escuchar sus reclamos y dar a conocer sus experiencias. Por otro lado, como sociedad, hemos evitado reflexionar sobre nuestra historia reciente, con todas las consecuencias que provoca no hacerse cargo de los hechos pasados. Y sobre todo, hemos contribuido a que Gran Bretaña fortaleciese sus intereses y aspiraciones en el Atlántico Sur, en detrimento del interés de los argentinos.

Repensar Malvinas es aún una asignatura pendiente. El 30 aniversario de la guerra es una buena oportunidad para hacerlo.

 Pablo Javier Melara – Columnista invitado

Bibliografía
Bóveda Jorge, “Uno contra todos. La historia secreta del ARA San Luís durante la Guerradel Atlántico Sur” en Revista de Publicaciones Navales, Nº 816, Abril 2007.
Guber Rosana, ¿Por qué Malvinas? De la causa nacional a la guerra absurda, Buenos Aires, FCE, 2001.
Lorenz Federico, Las Guerras por Malvinas, Buenos Aires, Edhasa, 2006.
Melara Pablo, Malvinas. Sentir la Guerra, Mar del Plata, Editorial Suárez, 2011.
Rodríguez Andrea, Guerreros sin trincheras. Experiencias y construcciones identitaria de los integrantes del Apostadero Naval Malvinas en el conflicto del Atlántico Sur, tesina de licenciatura, Universidad Nacional del Sur, 2007. (Inédito).