Tag Archive: Pablo Montoya


Neblinas

La arbitrariedad del calendario quiso regalarnos un 2012 cargado de fechas y símbolos. Rodolfo Walsh hubiese cumplido 85 años si no fuera porque está desaparecido hace otros 35. Las Malvinas, ese argumento del sur, vuelven a hacer ruido después de 30 años. Mientras tanto, el pueblo argentino, esa masa informe de culpas y castigos, celebra o calla.

El cuerpo de Walsh fue llevado como un trofeo por el Tigre Acosta a la ESMA. Los cuerpos de los combatientes han sido destrozados por la memoria. Pablo Montoya se adentra en el recuerdo personal para volver a traer esas voces, esos cuerpos, y sacarlos del manto del olvido. (Joaquín Correa, responsable de sección)


Madre ponme en la chaqueta las medallas

los zapatos ya no me los puedo poner

mis dos piernas se quedaron en Malvinas.

 

El mal vino no me deja reponer de la nítida y oscura pesadilla

de Valeria Mazza besando al cordobés

que murió estaqueado, solo, entre los cuervos desangrado.

En Resistencia aquí en los dos de abriles brindamos por él.

Fito Páez, La casa desaparecida.

I

El otoño de 1982 me encontró en Munro, donde vivían mis tíos. Recuerdo que con mi primo Lucas jugábamos a la guerra, y organizábamos trincheras en la pieza para atacar al enemigo inglés, unos soldaditos verdes de plástico, con una poderosa artillería de bolitas de miga de pan. Me acuerdo también de un dibujo recurrente, una batalla aérea, establecida por seis o siete cruces pequeñas rojas y azules que eran los aviones ingleses, que siempre caían estallados a instancias de un inmenso bombardero de bandera argentina. Me acuerdo de mi hermana y de la solemnidad con que escribía cartas para un amigo soldado, el cordobés, que mi madre se encargaba de enviar por correo a las islas, por supuesto que no importa cómo, acompañadas de barras de chocolate. Me acuerdo que varios años después filmaron en Tandil escenas de “Los chicos de la guerra”, hice de extra, el papel consistía en desplazarme con otros niños a los saltos de un lado a otro de la vidriera del bar Ideal, en donde se desarrollaba la escena central, al grito de Ar-gen-tina, Ar-gen-tina… Me acuerdo porque de esas fotografías de la memoria se vale un relato, oficial, como el de Malvinas, para constituirse y perdurar, con todo lo que implica y con todas las cosas que deja de lado. Me acuerdo de esa corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos, para dejar en el camino a tanto inglés, para que todo el país sea un puño apretado gritando por Argentina…

II

Relean la carta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar.Hay allí una minuciosa descripción del programa de gobierno de la Junta y de sus efectos. Tres, cuatro años después, esa tendencia explicada por Walsh se había confirmado a fuerza de secuestros, torturas y desapariciones. La desocupación y la subocupación habían crecido de un 9,2 aun 12,7%; el salario real había caído un 40% respecto de 1974. La economía del gobierno militar atravesaba una crisis profunda, acervada por la rabia movilizada de miles de obreros suspendidos o despedidos. Luego de una escalada de luchas que incluyó una “tardía” huelga general dela CGT, dentro de un convulsivo marco social y económico acicalado por la represión, el 30 de marzo de 1982 se lleva a cabo la mayor movilización obrera durante la dictadura. 50000 personas marcharon en contra del régimen militar; similares manifestaciones ocurrieron en Rosario, Neuquén, Mar del Plata, Tucumán, y Mendoza, en donde muere a balazos Benedicto Ortiz, secretario general del sindicato minero. El gobierno militar estaba en jaque; la ocupación de Malvinas se da dentro de este contexto. Lejos de integrar una política de liberación, atentos a su restricta perspectiva territorial, lo que se pretendió con ella fue reforzar el contenido social pro imperialista del gobierno militar. El mentado desembarco reorientó el enfoque de la situación hacia una perspectiva nacionalista, corriendo del centro de la escena el protagonismo que había alcanzado la clase obrera. 30 años después…

III

Las islas Malvinas o su petróleo, esa es la cuestión. El grupo de intelectuales integrado por la sra. Sarlo, L.A. Romero y Abel Posse, entre otros, ha entendido dar en el quid. Rechaza para Argentina el derecho de soberanía promoviendo al tiempo el de autodeterminación de los isleños. Sin embargo, salomónicamente, plantean una explotación conjunta de los recursos naturales por parte de argentinos e isleños, como si la fantasía del sujeto de derecho pudiese obviar a los Estados y como si Argentina se hubiese desvinculado de su condición semi-colonial. El hallazgo de petróleo en la zona puede llegar a convertirla en un centro petrolero de escala mundial. La inestabilidad política del gobierno “nac and pop” y su crisis de abastecimiento de petróleo la vuelven una insoslayable fuente de recursos. La crisis capitalista mundial hace del archipiélago una región deseada por potencias ávidas de alimento para sus maquinarias bélicas; no es producto de la casualidad el declarado apoyo a Gran Bretaña dado por la “patria grande” de Merkel y Sarkozy, que convertiría a los isleños en súbditos del euro y no en sujetos de derecho.

Los soldados enviados a las islas en el 82 no formaron parte del debate de la época y cuando volvieron padecieron escarnio y olvido. Los que sobrevivieron y reclaman sus derechos hoy día llegaron a ser hasta apaleados por la gendarmería. En cercanías de un nuevo aniversario del golpe del 76, Malvinas aparece como el emergente más o menos circunstancial de una crisis de conjunto del capitalismo a nivel mundial. La lucha es hoy, por salario, por trabajo. Entre los ruidos de un edificio social que se desmorona inevitablemente -dijo en la década de 1920 un cronista de El Mundo-, no es posible pensar en bordados.

IV

La madre acaba de preparar el desayuno del niño que hoy tiene su primer acto de la escuela primaria, a 30 años de la guerra. Luego del café con leche se prende el guardapolvo y se calza la mochila de Ben 10. Salimos para el colegio, de la mano, tras un manto de neblinas.

Pablo Montoya – Columnista invitado

nota: las fuentes históricas han sido extraídas de la prensa obrera (www.po.org.ar), sección de título “Malvinas, el debate”
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Pablo Montoya es un gran escritor. Y acá lo demuestra con creces, entre citas y ese discurso elíptico de los recuerdos que no termina de decirnos lo que el deseo nos puso dentro. Los argentinos somos propensos, como alguna vez le dijo Borges a una amiga de su madre en su funeral, al acontecimiento redondo. Pablo Montoya viene a decir que sólo es una efeméride simple que hayan pasado 10 años del 2001 porque alrededor, por encima y por debajo de él pasaron, estuvieron pasando y pasarán, muchas más cosas. (Joaquín Correa -responsable de sección)   

Tu tiempo es un vidrio, tu amor un faquir

Hace diez años estaba leyendo Antígona, poco importa si porque la realidad es prolija o por capricho del azar. La cuestión es que era prácticamente inevitable pensar el modo en que todo lo que pasaba afuera se reproducía simétricamente en el texto, en la crisis desatada por esa mujer entre dos tipos de leyes: la del Estado, por ese entonces en manos de Creonte, y la de la familia, agobiada por el karma de Edipo, que había ubicado a la nieta de Layo ante la obligación de transgredir la ley para otorgarle a su hermano una digna sepultura. Interrogada por el representante del pueblo acerca de las causas que la llevaron a violar un edicto por todos conocido, esa mujer respondió: “No he creído que tus edictos pudiesen prevalecer sobre las leyes no escritas e inmutables de los dioses, puesto que tú no eres más que un mortal. (…) Si hubiese dejado insepulto el cadáver del hijo de mi madre, eso me hubiera afligido; pero lo que hecho no me aflige. Y si te parece que he procedido locamente… venga, acusada estoy de locura por un pelotudo”. Esa misma noche De la Rúa declaraba el estado de sitio.

Ayer conocía la noticia de un desalojo en una casa grande del barrio porteño de San Cristóbal. “La legislatura intervino y recomendó que atendieran a estas familias en el marco de la ley” (Telam, 18/12/11, 21.30hs). La escena parece no dejar de repetirse, una y otra vez, hace un año en el parque Indoamericano. Con firme decisión, las fuerzas del orden procedieron. “Ni siquiera nos han dado la tierra”, dijo una mamá de siete hijos, no sabemos ahora dónde está. Hubo en épocas del menemato en la tv pública una gran serie, producida por tinelli, Okupas. A puro machetazo la casa de ricardo, el pollo, walter y el chiqui fue ganada para la legalité, y así terminó todo: se los devoró la selva. A tinelli lo podemos ver de lunes a viernes a la noche -excepto los miércoles- por canal 13.

Quise acercar a mis alumnos de 3° 2ª el Martín Fierro y no se me ocurrió mejor idea que empezar por Maradona. Vimos de todo tipo de entrevistas y artículos, el documental de kusturica. Supimos que en la casa de Fiorito cuando el barba estaba triste llovía más adentro que afuera. Y que la tota, mamá, mentía o disimulaba un dolor de panza siempre a la hora de comer “porque sino no alcanzaba”. En relación al Martín Fierro, acompañé la lectura con la versión animada por dibujos de Fontanarrosa. Es inmediata la empatía que les genera a los pibes la figura del gaucho matrero… ¿a pesar de haber matado a dos personas? Sí, aún así. Muchos que no lo vieron jugar entendieron más al alcance de la mano hablar sobre diego basados en la historia de passman. Camino al pajonal en donde se guarecía el malevo desertor, elegí ser el sargento cruz: comprendí mi íntimo destino de lobo, no de perro gregario. Comprendí que el otro era yo.

Ese día de hace diez años se me tenían que terminar los cigarrillos y bajé a la estación de servicio. Mientras salía me cruzo con rodrigo martel y otros que llegaban agitados, querían ver lo que pasaba por tv como si fuese un partido de fútbol, “antes que sonara la primer bala salimos corriendo”. Fuyendo a piede e insangüentando il piano, diría Calabrese. El empleado del lugar estableció que el televisor no funcionaba. Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo… la revolución no será transmitida.

Hoy, abrí los ojos y supe que había sol, la ví a carlí con los codos apoyados en el marco de la ventana, tenía florecitas amarillas en la mano y se reía.

Pablo Montoya – Columnista Invitado

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