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Este octubre se cumplen 50 años del comienzo del Concilio Vaticano II, hito fundamental en las transformaciones del catolicismo moderno. Para recordarlo, conversamos con el Padre Hugo Segovia, persistente renovador, ciudadano ilustre y una figura importantísima de la cultura marplatense.

El Concilio Vaticano II fue una transformación de la Iglesia católica, un acercamiento al mundo moderno en la liturgia, en la pastoral, ¿cómo fue que sucedió esto?

El Concilio lo hizo el centro de Europa, es una típica elaboración de la teología centroeuropea. Francia, Alemania, Holanda, Bélgica. En el caso de la reforma litúrgica, había obispos que iban a las parroquias y se encontraban con que la misa era en francés. Y le decían: bueno Monseñor, si Ud. no quiere, no de misa. Y había que aguantársela. Esos fueron los pioneros, los que se jugaron. Tampoco gente “loca”. No, ellos tenían sentido de lo que era la participación de la gente. Si yo oro, ¿como lo voy a hacer en una lengua que no se comprende? Lo otro era una cuestión de Cristiandad, porque para los que se oponían a estas cosas la Iglesia estaba asegurada por la lengua, el latín. Argumentos parecidos a  los que ahora piensan que el matrimonio igualitario va a destruirlo todo. La unidad de la Iglesia no la hace el latín, sino el Espíritu Santo. Bueno, incluso he visto ahora algunos grupos acá en Mar del Plata que hacen la misa en latín. Les he dicho: van a tener que hacer un curso previo de latín para entender la misa (risas). Eso es arcaísmo.

¿Cuál fue el eje del Concilio?

El gran tema era el aggiornamiento, la adaptación de la Iglesia. Y ahí entramos en otro aspecto que es cómo se “encultura” el Evangelio, para evangelizar la cultura. Y ahí ves cómo han fracasado las misiones en Asia, por ejemplo, donde sólo han llevado los mismos templos que están en Europa. Bueno, la intención jesuita de unificar los ritos chinos con los católicos fue frenada por Roma en la época de la Reforma [siglos XVI y XVII. N del E.]. Hay una carta del Emperador chino a Roma que decía que si le mandaban 100 misioneros jesuitas más, China se convertía al catolicismo. Hoy es una religión minoritaria. Pensemos que, por esa época, Lutero no quiso separarse de la Iglesia, pero le mandaron a negociar a un dominico… lo más tradicional.

Sabemos que hubo muchas resistencias a las reformas de la Iglesia…

Hay gente que me ha dicho “yo a la misa no vengo a hacer sociales”. ¡Precisamente! Sí se viene a eso. Ahí está la unidad de todos nosotros, en sentido teológico y sociológico. Por eso el compromiso viene de una participación litúrgica que tenga que ver “con” la historia. La misma predicación tiene que aterrizar en la historia: no de lo que “pasó en aquel tiempo” sino de cómo esto sigue pasando ahora. Ese problema fue conflictivo en la época del Concilio. Los curas que predicaban lo social. Hay una anécdota española de dos mujeres que salen de misa y una le dice a la otra “viste estos curas de ahora que se la pasan hablando de los pobres y la justicia, y nosotras no existimos” y la otra le responde “no te preocupes que al Cielo vamos a ir las de siempre”.

Los dos primeros obispos de Mar del Plata fueron grandes renovadores, ¿no?

El primer obispo de Mar del Plata, Monseñor Rau era un gran teólogo, profesor de Teología durante 25 años. Vos fíjate que habiendo estudiado acá en Argentina, él era conocedor del alemán y había traducido a los grandes teólogos contemporáneos. Él tuvo el gran mérito de ser un difusor, con un lenguaje muy sólido y expresivo. Te cuento una anécdota. Yo estaba estudiando en Roma y él fue para allá por el Concilio Vaticano. Mis compañeros chilenos, peruanos, mexicanos me decían que nunca habían escuchado a alguien tan claro. Fijate que después Rau condena la ordenación de Argentina a la Virgen María por Onganía, diciendo que eso no es algo que deba hacer un país. Una opinión importantísima. Él era un tipo indiscutido. Pero antes del Concilio, después ya no. Fijate que Monseñor Tato recorría las diócesis del país juntando votos para que a Rau no lo designaran en la comisión nacional de liturgia, ¡y hay algunos que se ofenden cuando pasa eso en el Congreso! (risas)

Mar del Plata tuvo dos figuras brillantes, Rau y Pironio, en una época convulsiva para la Iglesia. Era el año 72, Pironio estaba en Bogotá como secretario del Celam [Comisión Episcopal latinoamericana, Nota del Ed.], y Monseñor Plaza lo llamó y le dijo “vas a ser obispo de Mar del Plata, es hora de que construyas después de todo lo que has destruido”. Pironio era uno de los teólogos “liberacionistas”. Aunque más espiritual que social, tenía contacto con la Teología de la Liberación. La fama de Pironio había comenzado con el Concilio latinoamericano de Medellín, ahí lo conoce Paulo VI, que tenía una gran captación de figuras.  En esa época, Monseñor Tortolo, presidente de la Conferencia Episcopal, decía que el Celam era “una mafia”. Pero creo que habría que hacer una historia crítica de ellos, ver cómo se fueron dando estas posiciones. Porque Plaza tuvo cosas importantes, fue el único obispo que se atrevió a hablar del cadáver de Eva Perón en el año 58 y tuvo bombas por eso. Es un personaje muy complejo.

Hace unos días leía un libro de Le Monde Diplomatique sobre el obispo Romero y descubrí  que había una relación íntima entre Romero y Eduardo Pironio. ¡Qué bárbaro, qué maravilla, lo que Pironio ayudó a Romero! Y lo que muestra es las muchas miserias de la Iglesia, las acusaciones de los colegas contra Romero.

¿Cómo ve a la Iglesia actualmente?

Están aislados. No ven que hay que trabajar con el mundo que tenemos.

Alejo Reclusa- De la redacción

En la presente entrevista queremos acercarles a nuestros lectores algunas inquietudes que le transmitimos a Eduardo Aliverti, uno de los periodistas más prestigiosos de la Argentina, sobre el actual momento político y la particular situación del mapa comunicacional en nuestro país. 

Eduardo, desde tu lugar de comunicador, formador de opinión, ¿cuál es tu balance de estos primeros meses de la segunda gestión de Cristina Férnandez de Kirchner?

Creo que por un lado se revela un gobierno bastante más encerrado en sí mismo que durante la etapa anterior. Las decisiones se toman en un núcleo cada vez más reducido, y no es que eso esté necesariamente mal sino que podría estar mostrando una inclinación a no abrir juego en cuanto a la formación y proyección de nuevos cuadros. Tengamos en cuenta que una líder de las dimensiones de Cristina tiene plazo fijo, constitucionalmente hablando, y que el 2015 está a la vuelta de la esquina. Por otra parte, también es cierto que la Presidenta parece decidida a correr el proyecto más hacia izquierda, como, sin ir más lejos, lo exhibe la expropiación de Repsol. Si esto es así, ofrece dudas el marco de alianzas necesario para sostener un recueste de esa naturaleza. Debería ser lo más amplio posible; pero en ese caso no veo, por ejemplo, la conveniencia de profundizar un choque con la CGT. En ese sentido, sí se desnuda que la ausencia de Kirchner adquiere dimensiones preocupantes porque era él quien se encargaba de administrar el barro de las relaciones sectoriales. Hoy por hoy, estos aspectos pueden parecer secundarios porque persiste la inexistencia de oposición exceptuando a la mediática. Pero con miras de mediano o largo plazo son elementos que cabe considerar.  Nada de lo que acabo de decir va en perjuicio de seguir evaluando a este Gobierno como lo mejor que le puede pasar al país. Sólo digo que es importante mirar el horizonte sin perder pensamiento crítico.

¿Qué perspectivas se vislumbran a futuro? ¿cuáles son/deben ser los nuevos actores políticos?

 En parte, creo que está sugerido en mi respuesta a la pregunta inicial. Los nuevos actores deberían parirse desde un recambio generacional que, en principio, sólo parecen ligados a la nutrición desde La Cámpora. Me parece valioso que eso suceda, pero tengo el temor de que sea incompleto en cuanto a la vocación de ampliar el espectro. Percibo que falta más aliento a la militancia por abajo. La Presidenta, desde su oratoria excepcional, suele convocar a una épica de cosas resueltas que, para mi gusto, deja de lado un mayor entusiasmo en el llamado a participar.

 

Teniendo en cuenta que la más firme oposición política continúan siendo los medios concentrados, ¿en qué ha cambiado el mapa comunicacional en Argentina en los últimos años?

En mucho. El relato único se acabó y los medios de la ultra-oposición están, por lo menos, en igualdad de condiciones con aquellos que trazan otra perspectiva de la realidad. Se puede discutir el grado de prolijidad de cómo se instrumentó, pero por primera vez en la historia, literalmente, hay una batalla pareja respecto de cómo se construye el sentido político desde los medios de comunicación. En lo particular, no me sorprende lo brutales pero sí lo brutos que vienen siendo los llamados medios hegemónicos para contrarrestar la ofensiva kirchnerista. Atacan de una manera bizarra. Les faltan cuadros periodísticos, es cierto, pero eso responde más bien al enceguecimiento que tienen. Otro cantar es el estadio de la nueva ley de Medios, que viene demorada en su aplicación. Estoy refiriéndome al mapa conceptual.

¿Qué impacto creés que podrá tener la Ley de Medios? ¿Cómo debe ser la formación de nuevos profesionales en este contexto?

Es uno de los grandes interrogantes, y las preguntas están interrelacionadas. Para que la ley tenga impacto real, primero debe pasar que se despejen las barreras impuestas por el tándem Clarín-juzgados. Pero eso, por sí sólo, podría no querer decir nada. Por ejemplo, el dichoso artículo 161, que está trabado en la Justicia y con ello obtura que Clarín y compañía se desprendan de las señales que les sobran, no tiene nada que ver con el hecho de que las nuevas pantallas digitales en manos de los Estados nacional y provinciales continúen sin lugar en la grilla. Dicho en otras palabras, se avanza declamativamente en la inauguración y entrega de equipos para receptar nuevos canales pero nadie los ve, no se sabe cómo operarlos. Voy a decirlo de modo más directo todavía: si auténticamente se avanza en que todos los hogares del país accedan a una buena oferta por aire, se acabó el negocio del cable en la Argentina. ¿Hay decisión política de implementar semejante revolución? Y lo que preguntan sobre la capacitación de los nuevos actores comunicacionales es clave. Suponiendo que se haga todo lo que estamos diciendo, después falta, precisamente, que la oferta sea atractiva. Para mi entender y conocimientos de cómo está manejándose el tema, que no es poco, viene muy lento el punto de la capacitación. El Gobierno despliega una energía renovadora que no guarda relación proporcional con su capacidad administrativa. Podría no poner en duda que la vocación de cambio existe, pero les aseguro que la implementación es lerda. Hace falta esparcir de una manera mucho más contundente que, como Estado, se está dispuesto a capacitar a través de recursos económicos, de convocar a la gente que sabe, de hacerlo con un sentido verdaderamente federal. La ley, como cualquier ley, es una herramienta. Después, tenés que saber usarla.

Alejandro Morea y Alejo Reclusa – De la redacción

Los números redondos siempre ejercen un atractivo especial. No es extraño entonces que los 30 años sobre el inicio de la Guerra de Malvinas hayan generado un mayor interés por saber lo que ocurrió en 1982. En esta ocasión, y para responder al interés que ha generado en gran parte de la sociedad lo ocurrido y lo que ocurre actualmente con las Islas Malvinas, es que hemos decidido consultar a dos especialistas en Relaciones Internacionales. Oscar Mastropierro y Jorge Battaglino, nos acercan sus reflexiones sobre una serie de cuestiones que suelen estar ausentes al hablar sobre Malvinas: cómo asiste el Derecho Internacional a cada una de las partes involucradas en el conflicto, el rol de los Organismos Internacionales y sus resoluciones y la diversas estrategias implementadas por los distintos gobiernos argentinos para recuperar el control sobre las Islas. Los invitamos a que pasen a leer esta “Conversación” recargada y esperamos que las respuestas de nuestros entrevistados arrojen un poco de luz sobre estos temas que suelen quedar en la obscuridad.  

Dr. Jorge Battaglino. Investigador Adjunto del Conicet y Profesor del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella

¿En qué cuestiones del derecho internacional se ampara la República Argentina para reclamar las islas Malvinas? En contrapartida, ¿a qué apela Gran Bretaña?

Existen varios principios y normas del derecho internacional en los que se ampara el reclamo argentino.  Quizás el principal sea el de uti possidetis iure que sostiene que los nuevos estados surgidos de los procesos de independencia en América Latina, conservarían las antiguas fronteras de las colonias del imperio español en América. De este modo,la Argentina heredaba los derechos españoles sobre los territorios del desaparecido Virreinato del Rio dela Plata, que incluía a las Islas Malvinas.

La Argentina también se ampara en todas las resoluciones dela ONU sobre descolonización que apoyan el reclamo de nuestro país.

La posición de los británicos se apoya más en la idea de ocupación efectiva del territorio y de autodeterminación de los isleños. Sin embargo, la resolución 2065 dela ONU establece que las Islas Malvinas no pueden ser descolonizadas atendiendo el principio de autodeterminación y que el mismo debía considerarse en relación a otros principios de mayor jerarquía, como el de la unidad territorial del Estado. En este sentido, la autodeterminación no puede aplicarse a Malvinas porque sus habitantes actuales son una consecuencia del desalojo violento de los legítimos residentes argentinos.

¿Cómo se habían manejado las relaciones exteriores entre ambos países antes de la guerra? ¿Había avances? ¿Qué ocurre después del conflicto?

La Argentina había desarrollado una política de cooperación con los isleños durante la década de los 70’s. También se habían producido avances en las negociaciones sobre la soberanía, se plantearon distintos tipos de acuerdo de cesión, de condominio o de arriendo que tuvieron distintos grados de avance. Sin embargo, todos ellos chocaron con la férrea oposición de los kelpers que llevaron a cabo un eficaz lobby en Londres.

¿Podría analizar la estrategia actual del gobierno? ¿Cómo influye el contexto internacional en el éxito o fracaso de las mismas?

La Argentina ha desarrollado una política de regionalización de la cuestión Malvinas que incluye a todos los países sudamericanos. Este apoyo tiene un significado distinto en esta etapa porque la región tiene creciente peso internacional; es decir, el respaldo sudamericano tiene un nuevo significado histórico. Por ejemplo, Gran Bretaña ha intentado cambiar la opinión de países como Chile y Brasil mediante el envío de funcionarios de alto nivel, sin embargo, ambos países han mantenido su posición favorable al reclamo argentino.

¿Qué opinión le merece el documento “Una visión alternativa” dado a conocer por un grupo de reconocidos intelectuales y periodistas?

El principal problema que encuentro en el documento es que presenta una descontextualización histórica llamativa. Más allá del hecho central de que la postura que propone conduce a la perdida definitiva de las islas, es notable como el documento parece aceptar la realidad de la fuerza. Desconoce y premia a las potencias coloniales que durante siglos no han hecho más que expoliar y sacrificar generaciones enteras de pobladores de las regiones periféricas del planeta.

Malvinas es una consecuencia evidente del colonialismo, una de las 16 colonias que aún subsisten. El hecho de que Malvinas sea una colonia no es algo que sostenga solamente la Argentina o los países latinoamericanos; es el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas el que ha reiterado año tras año que existen 16 territorios no autónomos a ser descolonizados, siendo Malvinas uno de ellos.

Respecto a la preocupación del documento por la autodeterminación de los isleños, podríamos decir que las distintas resoluciones de la ONU, principalmente la 2065,  señalan que las islas no pueden ser descolonizadas atendiendo ese principio. Esto no implica que la Argentina no tenga que considerar a los isleños, por el contrario, existen arreglos institucionales, propios de los estados plurinacionales, que permitirían que los kelpers conservaran su modo de vida bajo la soberanía de la Argentina.

El documento no sólo legitima una rémora del colonialismo en nuestro continente sino que además desconoce la institucionalidad local (la Constitución Argentina establece la recuperación pacifica de las islas) y la global, representada por la ONU, la institución más importante que tiene el sistema internacional.

Mgs. Oscar Mastropierro. Docente e Investigador del Departamento de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Humanas de la UNICEN.

¿En qué cuestiones del derecho internacional se ampara la República Argentina para reclamar las islas Malvinas? En contrapartida, ¿a qué apela Gran Bretaña?

Hay una argumentación que Argentina utiliza históricamente basada en la resolución dela ONU 2065 del año 1965. Esta resolución básicamente tiene tres puntos: 1- Reconoce que existe un conflicto por las islas entre Argentina y Gran Bretaña, cosa que antes no ocurría. 2- Insta a las partes involucradas a sentarse en una mesa de negociaciones y solucionar el conflicto. El tema de fondo es la soberanía sobre las islas. 3-La Asamblea General de la ONU votó a favor de la postura Argentina que sostiene que para solucionar el conflicto se debía tener en cuenta los intereses de los isleños y no los deseos como planteaba Gran Bretaña. Este fue el verdadero triunfo de la diplomacia argentina. La cuestión es qué significaban “los intereses de los isleños” en esa época. Los isleños antes de la guerra no eran británicos, eran ciudadanos de un territorio de ultramar de Gran Bretaña, llamados ciudadanos de segunda. No tenían derecho a salir de las islas e ir a Gran Bretaña. Estaban literalmente aislados del mundo porque la asistencia sanitaria y la provisión de alimentos eran una vez al mes o cada dos meses a través de un barco. La Argentina planteó que los intereses de los isleños podían ser cubiertos por nuestro país. A partir de esta resolución Argentina sostiene que el Reino Unido debe aceptar lo que dice esta disposición. Antes y después de la guerra, Argentina ha sostenido esta postura en la Asamblea General y en el Comité de Descolonización. De allí viene que en 1971 se firmaron los “Acuerdos de Comunicación” que contemplaban: alimentos frescos, frutas y verduras, asistencia médica en el continente, becas para estudiantes en el país, asistencia de combustibles líquidos y gaseosos, etc. Por otro lado, históricamente, los británicos han sostenido que lo que hay que tener en cuenta son los “deseos” de los isleños. Que son ellos los que deben decidir si quieren ser argentinos o británicos. Esto no es aceptado por nuestro país, porque sostiene que los isleños forman parte del problema. No quiere decir que no puedan opinar, todo lo contrario, pero lo deben hacer a través de Gran Bretaña. La ONU, en la resolución 2065, sostiene que los isleños no se pueden autodeterminar porque es una población implantada por los propios ingleses. Esta es una cuestión bilateral, entre Argentina y Gran Bretaña, los isleños no pueden formar parte de la mesa de negociación como una tercer parte.

¿Cómo se habían manejado las relaciones exteriores entre ambos países antes de la guerra? ¿Había avances? ¿Qué ocurre después del conflicto?

El conflicto no comienza el 2 de abril de 1982. Empieza el 3 de enero de 1833, el día en que los británicos llegan, provocan la verdadera invasión de las islas y desalojan la población de la Confederación Argentina transformándolas en colonia británica. Previamente, en 1831, hubo un conflicto con barcos norteamericanos que bombardearon las islas ante los intentos de los representantes “argentinos” de querer cobrarles un impuesto por la caza de focas. Durante el resto del siglo XIX y la mayor parte del XX, la fuerza de los reclamos fue muy dispar, a veces con mayor ímpetu otras veces con menos fuerza. Recién en 1965 es que se logran los primeros avances y en el 71 es que se firman los “Acuerdos de Comunicación”, de los que hablábamos antes. Los “Acuerdos de Comunicación” de 1971 no tenían la intención de convencer a los isleños de ese momento, sino establecer un trabajo a largo plazo. Lograr, tras 50 o 60 años, volcar los “deseos” de los isleños hacia Argentina. Los “intereses” ya nos favorecían, faltaban los deseos, pero esto se interrumpió con la guerra.

A principios de los setenta, durante el tercer gobierno de Perón, hubo también una posibilidad de abrir negociaciones para discutir el tema de la soberanía, pero demoras en el gobierno argentino, la muerte de Perón y cambios en el gobierno británico hicieron fracasar esta posibilidad. Nunca hubo negociaciones serias con respecto a la soberanía antes de la guerra. A principios de 1982 hubo encuentros argentinos-británicos para dialogar por la soberanía, cuando el desembarco ya estaba planificado, pero las reuniones de marzo ya ni se llevaron a cabo, ante las negativas de Gran Bretaña, por lo cual la Junta Militar tomó una decisión equivocada que fue autorizar el desembarco del 2 de abril.

Lógicamente, los “Acuerdos de Comunicación” quedaron cortados tras el 2 de abril y a partir de la guerra fueron los británicos los que abastecieron las islas y otorgaron la ciudadanía (británica: se sobre entiende) a los isleños. Lo que permanece vigente es la resolución 2065. En la Asamblea General de la ONU de septiembre de 1982, Argentina presenta una moción para empezar conversaciones en torno a la soberanía y los miembros votaron a favor de de la postura Argentina.

Durante el gobierno radical, Alfonsín tuvo que enfrentar el tema del “cese de hostilidades”, aunque formalmente no hubo declaración de guerra. Si se reconocieron hostilidades ya que se cerraron las embajadas y retiraron los diplomáticos. En el 84 hubo reuniones, pero ante el tema de la soberanía los diplomáticos británicos se retiraron. Al final del gobierno de Alfonsín, Dante Caputo, buscó una alternativa que fue lo que después se conoció durante el gobierno de Menen como “el paraguas de soberanía”. Esta consistía en poner la cuestión de la soberanía bajo una “sombrilla” y dialogar sobre todos los temas que también interesaban a ambos países como la pesca, las comunicaciones, la ayuda a las islas, la protección del medio ambiente, sin que ningún acuerdo que se llegue sobre estos temas afectara la posición de cada uno de los países con respecto a la soberanía. Al asumir Menem, lo primero que hace es restablecer las relaciones diplomáticas con Gran Bretaña y se firma el cese de hostilidades. Con este “paraguas”, y con Guido Di Tella como Canciller, es que comienza lo que se conoce como la “política de seducción” para tratar de conquistar los “deseos” de los isleños y se implementan medidas para convencerlos.

¿Podría analizar la estrategia actual del gobierno? ¿Cómo influye el contexto internacional en el éxito o fracaso de las mismas?

Lo que es seguro es que las islas no van a retornar a la argentina en el corto plazo. Cuando Rafael Bielsa era Canciller de Néstor Kirchner dijo que no importaba si pasaban 400 años, que había que seguir peleando. Si bien no resulta sencillo compararse con China, habrá que apostar a la estrategia que ellos utilizaron con respecto a Hong Kong. Los números redondos siempre generan cosas pero la escalada del conflicto no es nueva. Generalmente, se origina en el lado británico, siempre hay marinos que están alertando sobre la posibilidad de que Argentina intente retomar el control por la fuerza. A estas voces tradicionales se ha sumado la posición del Primer Ministro Británico que hasta habló de que Argentina es un país colonialista. Quizás la estrategia de responder en el mismo tono ha hecho que la burbuja por el conflicto haya crecido, sin embargo, creo que es necesario tener una postura firme ante los dichos y los actos de Gran Bretaña. Quizás algunas reacciones son exageradas como lo que ocurrió con la presencia del príncipe en las islas. Es importante el apoyo recibido por parte de los países de Sudamérica, así como también las iniciativas en la OEA y las Naciones Unidas a favor de la Argentina y en estos últimos meses que organismos como el Mercosur, la UNASUR y el Alba hayan apoyado el reclamo argentino. Sobre todo es éste último espacio que tiene países con fuertes vínculos con Gran Bretaña. También son importantes las acciones individuales de los países de Sudamérica, como el no reconocimiento de la bandera malvinense, que es una forma clara de respaldar el reclamo argentino. Lo que no creo que ayude es la negativa a que atraquen los cruceros turísticos.

¿Qué opinión le merece el documento “Una visión alternativa” dado a conocer por un grupo de reconocidos intelectuales y periodistas?

La verdad es que no estoy de acuerdo con lo que plantea este documento. Los isleños son británicos y no tienen derecho a la “autodeterminación” como dejó en claro la ONU. Que nosotros opinemos que los isleños tienen “deseos” le puede caer muy simpático a los isleños, pero no va a favorecer un acercamiento con Gran Bretaña ni cambiar la desconfianza que nos tienen después de la guerra. Hay que tener una posición firme ante ambos. Los isleños deben manifestarse a través de Gran Bretaña, no pueden sentarse a la mesa de negociación. Ya en 1995, Guido Di Tella escribió una editorial en el diario Clarín que llevaba por título: “Ahora los deseos de los kelpers” en la que daba una serie de argumentos por las cuales había que aceptar los deseos de los isleños. Di Tella les cayó muy bien a los isleños pero éstos no cambiaron su posición. No me parece que ésta sea la mejor postura. Tampoco me parece extraña la resistencia que generó esta posición y la poca trascendencia que tuvo. Creo que hay que retrotraerse a la resolución 2065 que es el documento más importante que logró nuestra diplomacia. Hoy quizás debamos buscar algún argumento más, alguna fisura que sea tan contundente como esta resolución. Rodolfo Terragno, un estudioso del tema, insiste en que el Reino Unido nos dio un nuevo argumento para encarar las negociaciones: los isleños, después de la guerra, se convirtieron en ciudadanos británicos, por lo cual no pueden ser interlocutores. Son tan ingleses como los habitantes de Londres o de Manchester.

Alejandro Morea, Alejo Reclusa y Alfredo Ves Losada- De la Redacción

El largo proceso eleccionario vivido por nuestro país y finalizado en octubre de este año, mostró un fenómeno, un proceso que se palpaba, que se intuía, sobre el cual algunos ya se habían arriesgado a hablar antes del inicio del las elecciones: la militancia juvenil. Asombrados nosotros también por la cantidad de jóvenes en las calles militando, ocupando posiciones de poder, trabajando para cambiar y transformar la realidad, decidimos que debíamos acercar nuestra mirada a ese fenómeno pero en perspectiva local. Con esta idea en la cabeza y trabajando contra el reloj para llegar al cierre de esta edición, nos propusimos hacer algo distinto para La Conversación de este número de Palabras Transitorias: tratar de entrevistar a más de una persona sobre este tema. Una estación de servicio en Independencia y Castelli, el estudio de un agrimensor en la calle San Martín, muy cerca del Centro Cultural América Libre y un café en la nueva estación terminal fueron los lugares en los que nos encontramos con diferentes militantes juveniles de nuestra ciudad para conversar. Sin la pretensión de haber reconstruido exhaustivamente el panorama de la militancia juvenil en nuestra ciudad, sabiendo que muchos quedaron afuera, los invitamos a leer lo que respondieron nuestros entrevistados.   

Walter Buceta, 31 años, Partido Socialista.

¿Cómo fue que te acercaste a militar? ¿Dónde arrancó tu militancia?

Yo empecé a militar en la Universidad. Vengo de una militancia independiente en lo estudiantil, en una agrupación que se llama Cauces. Empecé a militar en el año 2004 con la FUA y también yendo a barrios y comedores. A partir de ahí comencé a tener la militancia de manual de un estudiante de económicas de la agrupación Cauces en el Centro de Estudiantes. La agrupación también tenía su propia estructura, una forma de funcionamiento y fue dentro de esta estructura que se discutió, más o menos hace dos años, la necesidad de abrirse de la universidad, de tener otras experiencias y recorridos y se vio que el camino tenía que ver con lo partidario. Casi como un “tic” empezamos a analizar las posibilidades que más nos interesaban, sin tener demasiadas precisiones, producto de que la agrupación nunca había tenido una definición ideológica muy clara y con una composición muy heterogénea por el haber sido una agrupación independiente durante muchos años. Por una serie de cuestiones, y por el trabajo de una persona específicamente, es que el destino final de muchos de nosotros fue el Partido Socialista. Una de estas cuestiones tenía que ver con lo que intuíamos que estaba pasando en Santa Fe y Rosario y que nos parecía esperanzador. Con una experiencia progresista, más o menos parecida a lo que queríamos y con una forma de funcionar que nos entusiasmaba pero también por quien trabajó mucho para que nos acercáramos: Mariano Salgado.

Uno de los motivos por los que también elegimos incorporarnos al socialismo, además de la identificación ideológica y conceptual, fue que intuíamos que había cierta oportunidad para que nos desarrolláramos acá, porque en el partido la Juventud no existía. Por eso el objetivo fue “crear la juventud”, sumando gente, buscando una identidad pero también institucionalmente. Mi militancia ha sido eso, tratar de armar la juventud del partido, al menos hasta hace un par de semana atrás.

Ya que estamos en este tema ¿en qué consiste la militancia juvenil dentro del Partido Socialista?

La juventud del Partido Socialista, sin hacer juicio de valor -es algo histórico- está muy mezclada con la cosa universitaria. Por la génesis del partido socialista, o el viejo PSP (Partido Socialista Popular) y lo que significa el MNR (Movimiento Nacional Reformista) para la historia del partido, es muy difícil separar la Juventud de los que militan en la universidad. Como pasa en muchas agrupaciones, la mayoría de los compañeros son los mismos en ambos espacios. Por fuera de la universidad, que era lo que no estaba construido, la militancia en el día a día está orientada a llevar hacia adentro del partido algunos debates que nosotros creemos necesarios pero también, aunque con más debilidad, tratamos de llevar estas ideas hacia fuera. Nuestras experiencias han tenido que ver con lo territorial, pero sin demasiada planificación. Con las ganas de querer salir a los barrios. Hemos ido a La Herradura, a Los Pinares, al Centenario. Casi todas las actividades están orientadas a lo cultural, a lo educativo, no sólo en términos formales, y con tratar de llevar y “convidar” a la gente los posicionamientos del partido. Mucho del trabajo estuvo referido a la participación, a la ciudadanía, a la democracia participativa, que son algunas cosas que en Rosario y en Santa Fe han sido bien trabajadas por la juventud en los últimos años. Por supuesto, como le pasa a toda juventud, algunas cosas salen bien y otras no tanto. También, y no es una cosa menor, en los dos últimos años, que es desde cuando existe la juventud, mucho del trabajo ha estado dedicado a cuestiones electorales hacia adentro y hacia fuera del partido. La militancia del último año ha sido armar mesitas, repartir volantes y plataformas casa por casa…militancia de campaña pero también mucho relacionado a la política interna del partido. La militancia para afuera tuvo mucho de llevar los posicionamientos políticos del partido como ocurrió con el 82% móvil, con la ley por el aborto. Aunque también cuando comenzó a formarse el Frente Amplio Progresista, la cuestión del programa ha sido un lugar para que la militancia juvenil fuera a la peatonal o al puerto a militar. Después nos quedó, propio del momento que nos tocó vivir, mucho trabajo interno. Mucho asado con amigos de los amigos que se querían sumar, muchas reuniones y cafés con los compañeros de la facultad que no estaban convencidos de integrarse para convencerlos.

En función de la construcción que estás relatando, ¿les sirve la estructura de los centros socialistas que tenía el partido en la ciudad?

No sirve. Yo creo que no sirve.

Esto que decís es interesante, en función del rol que tuvieron los centros socialistas en la construcción del partido en la ciudad…

Yo creo que no funcionan. Y creo que creemos que no funcionan. La verdad es que el Partido Socialista fue unificado en torno al 2000 pero la estructura y el diseño del partido no es moderno, no es ágil. La estructura actual es el consenso entre dos viejas estructuras. Quedaron algunas cosas del viejo PSP como los frentes gremiales, estudiantiles, y lo territorial, que son los centros socialistas, es más del PSD (Partido Socialista Democrático). Ahora, yo creo que no funcionan por lo siguiente: están diseñados para un momento histórico anterior, donde la participación y el acercamiento territorial con el afiliado o el vecino tenía que ver con que se acercaran al local a buscar “La Vanguardia” o participaran del asado anual o escucharan a los dirigentes del partido. La verdad que el centro nucléa a gente que no necesariamente tiene vínculos entre sí. Están organizados en función de los circuitos electorales que marcaba la ley y no en función de la realidad y necesidades del partido. Voy a poner un ejemplo para ser más claro. Hay un centro socialista, en función de esos circuitos electorales, que abarca de Juan B. Justo a Mario Bravo y de la costa a 180. Entonces, la gente del puerto, comparte el mismo centro con los que están atrás del Gaucho y la verdad es que no hay mucho para justificar que esas personas tienen algo en común más que ser ciudadanos de la misma ciudad. Tampoco creo que tengan que desaparecer, fueron muy útiles, tienen una tradición importante y son muy significativos para muchos compañeros, pero no creo que potencien el trabajo de la Juventud. Para el partido a nivel nacional, viene un momento distinto, de mayor apertura, de discutir su estructura. Lo que pasó en Rosario es interesante para mirar. El desarrollo del partido se realizó a pesar de los centros socialistas y ahí el MNR tuvo un rol fundamental en darle cierto cariz socialista a la ciudad.

 ¿Qué pensás de la militancia juvenil en general?

Desconozco si hay más jóvenes militando que en los años 2000, 2001, cuando empezamos nosotros, más o menos, a mirar la política. Pero sí creo que es más visible y más participativa la intervención juvenil. Y digo juvenil refiriéndome tanto a los chicos que participan en un centro de estudiantes secundarios o a los cuadros jóvenes que ocupan lugares de dirección. Creo que en general hay mayor necesidad de encontrar respuestas y creo que hay más participación y que esta trasciende la intervención partidaria. Hubo hechos que recuperaron la necesidad de los jóvenes de participar. Uno de estos, y creo que es el principal aporte que le hizo Kirchner a la política, es la recuperación de ciertos debates, de haber recuperado el lugar de la política, de la política como instrumento, de la política por encima de la economía. Reivindico eso. Muchos de nuestra generación nos tenemos que mirar a partir de ahí. Igual me parece que lo anterior a eso, lo que pasó en el 2001-2002, no fue una anécdota para la participación joven, no pongo el cero en Kirchner. Pongamos el cero en el 2000-2001, donde las asambleas barriales, los movimientos piqueteros y las organizaciones sociales encontraron a un montón de jóvenes participando porque la política partidaria no los incluía, porque no les daba respuestas, y sí pongamos en el 2003 una vuelta a discutir eso en términos políticos partidarios, en términos políticos orgánicos. Reivindico la militancia de todos los que creen que Kirchner los convocó a la militancia. Posiblemente a mí también, aunque no haya elegido ir para ese lugar, pero comencé a militar en esa época y seguramente tiene que ver con eso en algún punto. No sólo que reivindico esto, sino que tampoco tengo una mirada negativa de la militancia kirchnerista o de La Cámpora. Me parece que el primer debate que se tiene que dar un militante juvenil es la participación: militar sí/militar no. Después todos los que militamos discutamos, “chicaniemos”, armemos cosas, etc. Preferir la no participación de un joven antes que la participación en una estructura que a vos no te representa me parece bastante reaccionario. En algún punto reivindico la militancia peronista, aunque yo no lo comparta, por ser muy golpeada por muchos sectores. Amén de que haya alguno que “haga lo que tiene que hacer porque alguien se lo dice”, cuando vas a un escrutinio en la facultad ves a miles de pibes cantando por Cristina y esos chicos militan porque están convencidos. Así como digo eso, no creo que sea monopolio del kirchnerismo la militancia juvenil, que es algo que también se plantea. Y no lo digo por nosotros solamente. Para ser claros: el radicalismo tiene miles de jóvenes militando en todo el país. Como también creo que el socialismo tiene muchos jóvenes militando en donde el partido más se ha desarrollado, así  como también las organizaciones de izquierda tienen muchos integrantes en la UBA y otras universidades. También hay muchos militantes en lugares que uno no conoce. Resumo. Es un buen momento para la militancia juvenil. Hay muchos jóvenes participando inclusive en proyectos que yo no suscribo ni suscribiría nunca como el PRO. Yo rescato como buena la participación. Después esa participación la valoro o no en otros términos. El 2003 fue como el dar una vuelta a cómo se convoca a los jóvenes a la política, es el legado más fuerte que deja esta experiencia de gobierno. También creo que el momento que se abrió a partir de las últimas elecciones va a ser muy bueno. La inmensa cantidad de jóvenes que se sintieron convocados por el actual gobierno, por Cristina, por la mística, por los actos de gobierno, van a salir a militar con muchas fuerzas y ganas y me parece fantástico, pero del lado que quedó en la oposición hay experiencias que suman muchos jóvenes también. Binner no es un tipo joven, pero representa la expresión de muchos jóvenes del Partido Socialista. El debate entre Giustiniani y Binner lo dieron los jóvenes y no fue sólo una cuestión de discutir personas, sino programas, ideas, formas de construcción, un proyecto. Yo estoy esperanzado.

Camila Alfageme, 19 años, Juventud del EDE (Encuentro por la Democracia y la Equidad) en la alianza Nuevo Encuentro.

¿Qué fue lo que te acercó a la militancia?

Yo empecé a militar cuando entré al colegio secundario, en el 2004. Mi vieja era militante, en mi casa se discutía mucho política y así yo empecé a leer de política, de marxismo, en mi casa eran de izquierda. Me empezó a interesar tener una intervención en la realidad y no quedarme en los libros, entonces me metí en el Centro de Estudiantes. Mi militancia hasta ahora fue eso, y la Federación de Estudiantes Secundarios (FES), tratando de cambiar algunas cosas y luchar por las que faltaban como el boleto estudiantil.

Y ahora en el EDE, ¿en qué consiste la militancia juvenil? ¿Cómo funciona la organización? ¿Qué buscan?

Bueno, en principio fue este año en el que empezamos a organizarnos, porque la juventud del EDE tiene un año y medio de formación, así que mientras fuimos creciendo, armamos los diferentes frentes. Nosotros creemos que la juventud tiene que militar desde su espacio de inserción: secundarios, la Universidad, el sector trabajador, organizándonos y generando organización allí. Nosotros formamos el frente de Universidad recientemente y el frente sindical. Hacemos mucho hincapié en los debates continuos, en la formación y los talleres. Creemos que el rol de la juventud también es ese, tener un criterio sobre la coyuntura.

¿La mayor parte militan en la Universidad o tienen laburo en barrios?

Sí, el EDE trabaja en Villa Evita y ahí nosotros tenemos una escuelita de apoyo escolar -basada en la educación popular freireana, buscando otra concepción de lo que es el saber-, y ahí hay jóvenes que son universitarios pero aportan desde ese lugar. La mayoría somos universitarios por hoy, pero tenemos diferentes frentes.

¿Cuál es la política que lleva el EDE a Villa Evita?

La autogestión, una forma de trabajo junto a los vecinos del barrio. Ahora se aprobó un proyecto de urbanización que se logró a partir del trabajo con los vecinos. Militamos siempre desde ese lugar, acompañando las necesidades de los vecinos pero desde una visión colectiva. Así, la escuelita nació desde el pedido de los vecinos del barrio.

¿Y de dónde provienen los chicos y chicas que se van sumando?

Bueno, tenemos un colectivo que se sumó hace poco tiempo de compañeros que vienen de otra experiencia política, pero la mayoría de los que ingresan no tienen pasado militante. Muchos han empezado este años atraídos por el proyecto kirchnerista, por lo que generó en la juventud, esa vocación de participación. Jóvenes de 16 o 17 hasta 25 años, que nunca habían participado.

 Y a nivel general, ¿qué opinión te merece la militancia juvenil en este momento político?

Nosotros hicimos una caracterización en el último plenario provincial de la juventud del EDE en el que consideramos que la juventud tiene que dar el paso de estar en la calle, apoyando el proyecto, hacia la construcción, la organización de la juventud. Creemos que es fundamental organizarla. Hay un montón de pibes que tienen interés en participar. Se ha generado esto a partir de estos años, y aunque esté un poco mitificado que el kirchnerismo generó la participación,  si bien es un poco mito, tiene mucho de verdad. Muchos jóvenes que vienen de la experiencia del neoliberalismo, hoy tienen un proyecto que los interpela y les genera esa vocación de participar. Creemos que hay que convocar toda esa militancia que esta ahí latente para generar organización y luchar por nuestros ideales. Yo personalmente creo que ha habido un cambio, que se milita desde otro lugar, con otra concepción, mucho más optimista. Yo no viví el neoliberalismo abiertamente, en el 2001 era bastante chica, pero nos hemos criado con la sensación de que la política era mala palabra y esto ya no se ve. Se discute política en todos lados y hay ganas de participar en las nuevas generaciones.

Marina Santoro, 34 años, La Cámpora

¿En qué momento te acercaste a la militancia y por qué?

Yo provengo de una familia de clase media politizada, y eso me formó bastante desde chica, siempre había debate político en la mesa. La política estaba presente en mi casa. Hice mi primaria y secundaria en Villa Gessell, y en el 97 me mudé a Mar del Plata a estudiar en la Universidad. Era el momento del menemismo en decadencia pero era un proceso de auge de la resistencia política y social, donde el movimiento estudiantil tuvo un protagonismo importante sobretodo en la lucha contra la LES. Cuando yo llego a la Universidad había clima de conflicto, tomas, asambleas interfacultades. El origen fue, más allá de la cosa abstracta que tiene que ver con la injusticia social y cierta sensibilidad frente a los temas presentes durante el menemismo como la desocupación o las privatizaciones, por cuestiones concretas: entro a la facultad, había un clima de conflicto permanente en Trabajo Social -una carrera bastante politizada-, así que empecé a participar en el movimiento estudiantil independiente. En ese momento la Franja Morada tenía una presencia muy importante, pero la izquierda y el movimiento estudiantil independiente también. Mi participación en la política comienza como la de muchos, en la militancia social, en la resistencia al neoliberalismo, en este caso la universitaria.

¿En qué consiste la militancia juvenil hacia adentro de La Cámpora?

En términos de La Cámpora hay una cuestión más general, que es qué expresamos nosotros. Somos una amalgama de experiencias, donde a partir del año 2003 confluyen quienes venían de la resistencias al neoliberalismo de los 90, tanto en los social como en lo político, y experiencias más nuevas que son las que incorpora Néstor Kirchner a la política, así como el peronismo que no fue parte de la entrega del menemismo. Todo eso junto, más una serie de tradiciones e identidades forman La Cámpora, y nuestra emergencia en la política tiene que ver con la convocatoria de Néstor a construir el proyecto nacional. Nosotros expresamos la materialidad de ese proyecto que hoy conduce Cristina.

Eso en lo general, en lo particular de la política del día a día nos organizamos en un gran movimiento nacional, federal, que tiene 3 grandes dimensiones: el “Estado militante”, las tareas que desempeñamos en la gestión, la militancia parlamentaria provincial y nacional, con los compañeros que recientemente han asumido sus cargos, y después la militancia organizada en los frentes de masas, el laburo universitario y fundamentalmente territorial, a partir de las unidades básicas y el trabajo en los barrios, que es el gran sustento y la columna vertebral de las otras dos. Pensamos que no existe un Estado militante ni una labor parlamentaria que no tenga un apoyo en el movimiento político y social organizado, que es la militancia de miles de compañeros todos los días.

¿Y acá en Mar del Plata hacia dónde se están orientando?

Acá estamos tratando de desarrollar también esas 3 dimensiones. Tenemos una compañera, Fernanda Raverta, que es diputada provincial por la 5ta sección, una fuerza que está empezando a tener cierta presencia en la Universidad que forma parte de la experiencia del Frente de Estudiantes Kirchneristas, y también en la Unión de Estudiantes Secundarios. También tenemos desarrollo territorial en algunos barrios de la ciudad, y experiencia de gestión con algunos programas como es el Envión o Impulsores, que fundamentalmente tratan de motivar la participación de los jóvenes de los barrios periféricos -que tiene que ver con esta cuestión del “Estado militante”-. En Mar del Plata replicamos esto de las 3 dimensiones, porque hay una vocación militante para que este esquema se pueda reproducir acá. No me quiero olvidar del CEP, el Centro de Estudios Políticos, que tiene que ver con el sector intelectual, el debate de ideas y la lucha académica en general, que en la ciudad también existe. Tratamos de desarrollar, en lo que hace a la militancia social y política en general, todos los frentes y las secretarías y todas las estructuras que hagan posibles que La Cámpora se desarrolle como la herramienta política de Cristina en forma contundente, real, solvente. No somos la mejor organización, nos faltan un montón de cosas como cualquier organización política, no somos perfectos sino perfectibles, pero estamos en camino.

¿Cual es el lugar social donde reside su fortaleza? ¿Cual es su núcleo duro?

Mirá, yo creo que nuestro núcleo duro es la convicción política e ideológica, sin eso no somos nada.  Muchos creen que por ser La Cámpora una experiencia que proviene desde la ejecución del gobierno, desde la conducción del Estado, y como existe un mito en el campo popular que dice que todo aquello que se construye desde el poder no tiene convicción ideológica, no la hay.  Y eso es porque el campo popular siempre se organizó a partir de la resistencia, nosotros lo hacemos a partir del ejercicio del poder. Creemos que nuestro núcleo duro es esta convicción: construir una fuerza política socialmente organizada con fuertes principios ideológicos. Después, estratégicamente, el corazón de nuestra política es el territorio. Creemos que tenemos que desarrollar una política territorial que esté  fuertemente asentada en el territorio a partir de las problemáticas sociales de la gente. Para nosotros la política es la resolución de los problemas sociales de la gente a partir de la movilización popular y de la organización. Como dice Cristina, organizar para transformar. Eso sin desarrollo territorial no tiene ningún sustento.

¿Y cómo ves la militancia juvenil en general?

No hay movimiento histórico sin sujeto social. Hay una gran discusión sobre ese sujeto. Yo creo que los sectores juveniles son los grandes protagonistas de esta etapa, lo que no quiere decir que sean el único sujeto social. Su importancia, más que en términos de “trasvasamiento generacional”, es en términos de convicción ideológica. Es decir, no es una cuestión etaria sino ideológica. Y hoy lo que constituye al kirchnerismo es la unificación de 3 generaciones: la del 73 -la del proyecto trunco-, la de la resistencia de los 90 y la nueva generación, que son los hijos de Néstor. Pero además, el papel de la juventud es trabajar en unidad con otros sectores como el movimiento obrero organizado y los sectores populares en la construcción del movimiento nacional. El rol de la juventud es protagónico pero en función de la construcción de ese movimiento.

Alejandro Morea y Alejo Reclusa- De la Redacción

Producto del interés de los responsables de esta sección, la Ley de Medios Audiovisuales ha sido un tema recurrente de La Conversación, sobre todo sus alcances a nivel local. Por eso, no resulta extraño que al cumplirse un año de nuestra primera entrevista, volvamos sobre este tema que genera adhesiones e incertidumbres por igual. En esta oportunidad nos encontramos con Cristian Serio y Guillermo Colombo, de SNS Comunicación, para que nos cuenten los desafíos a los que deben enfrentarse aquellos que se lanzan a conformar una productora de contenidos audiovisuales en Mar del Plata.

 

Guillermo, Cristian, ¿qué vieron en la realidad que los llevó a conformar una productora de contenidos audiovisuales?

Cristian: Más que armar, intentar armar (risas). En principio, nosotros somos amigos de toda la vida y por eso decidimos arrancar algo juntos. En mi caso es continuar el trabajo, la profesión de mi viejo. Mi papá era camarógrafo y fue uno de los que, junto a otros, conformó la televisión en Mar del Plata. Siempre vinculado a Canal 8 y Canal 10 hasta que comenzó con una carrera  individual. A partir de esto yo estuve siempre vinculado a los medios desde chico. Cuando mi viejo fallece, en mi familia quedó parte de su equipamiento y yo comencé realmente a trabajar en los medios. La vinculación con Guillermo también viene de que su viejo fue periodista, por lo que también había ahí una conexión entre nosotros. Si bien cada uno tomó un rumbo diferente en nuestras etapas de formación, creíamos que podíamos conectar nuestras dos trayectorias para generar productos nuevos, que quizás todavía no tienen mucha difusión, pero que para nosotros son significativas. Ahí nuestro primer documental fue fundamental. “Memorias de las Cumbres” (http://www.youtube.com/watch?v=GJ0kpfB-aL4) marca lo que nosotros queremos hacer y fue el puntapié para conformar una productora de contenidos para Mar del Plata (1).

Guillermo: La pregunta es muy grande, lo que hace que uno no tenga un gran porqué. Hay hipótesis fuertes e hipótesis blandas. Yo tengo respuestas blandas. El que seamos los dos hijos de gente dedicada o vinculada a los medios de comunicación de Mar del Plata tiene un rol, evidentemente algo de esa movida que mamás de pendejo está ahí latente, aunque con ganas de hacerlo con otro modelo de comunicación, en sintonía con otro tipo de interpelaciones político sociales y que apareció en “Memorias de las Cumbres”. Por otro lado, aprovechamos la formación de Cristian en el marco de una televisión de tipo más tradicional, con muchos años de filmar desde un partido de fútbol hasta una nota sobre un robo y la mía más vinculada a la teoría social, dentro del marco de la Universidad, para salir a buscar otra cosa, respuestas a una realidad que la academia parecía no poder responder. Cada uno estaba intentando romper con las lógicas de los marcos en los que nos desarrollábamos y decidimos aprovechar eso y surgió esta asociación. Tenemos ciertos preceptos político-ideológicos, o estéticos, intentamos construir un horizonte. Queremos aprovechar la nueva Ley de Servicios Audiovisuales para combatir, por ejemplo, a Aldrey Iglesias, el dueño de los medios en Mar del Plata.

¿Y cuál podría ser el camino a recorrer?

G: Creo que la respuesta es generar lenguajes, medios diferentes, que propongan otra cosa. No vas a ganar en el corto plazo, pero quizás en diez años te podes transformar en la alternativa que están buscando los pibes que están disconformes con la realidad actual de los medios. Nosotros siempre fantaseamos sobre la posibilidad de armar un canal de televisión, y la pregunta es ¿qué pasamos para la gente de Mar del Plata? No tenemos una respuesta, pero es claro que una cosa que hay que cambiar son los noticieros. Llama poderosamente la atención el servilismo a cierta lógica porteña, de empresa y menemista de los periodistas marplatenses, aún de los que supuestamente son más “piolas”. Seguramente no vas a poder arrancar con todo, con un cambio total del lenguaje, pero si de a poco. No sabemos si hay una identidad marplatense, pero si la hay seguro es un horror, pero si no existe creemos que hay que intentar construirla. ¿Cómo? Mostrándole a la gente las cosas importantes que hacen los marplatenses. Tenemos un campeón mundial de boxeo, Lazarte, sin embargo no hay una instancia donde se lo de a conocer. Lo mismo ocurre con los artistas. Nosotros no sabemos nada de boxeo pero creemos que eso tiene que ocupar un lugar, pero no lo tiene porque hay una idea de periodismo que prioriza darle diez minutos de pantalla al robo de un estéreo que darle espacio a un flaco que sea un fenómeno con una guitarra. Hay que tratar de cambiar esto, de contrabalancear esto.

En función de lo que están planteando del contenido, de lo que producís para diferenciarte, se me plantea una duda. Ustedes arrancaron con un documental sobre la IV Cumbre de las Américas, pero también están planteando la idea de dar espacio al boxeo o la música, ¿Qué toman en cuenta al momento de elegir un determinado tipo de registro, para seleccionar una temática?

C: A mi lo que me estimula es ver lo que hay. Hay un campo virgen para contar lo que quieras. La realidad mediática de Mar del Plata es mediocre, porque la concibieron así y continúa de esta manera. Esto te permite contar lo que quieras. Los medios de comunicación locales están muy adoctrinados en laburar en función o para los medios de Capital Federal. Reproducen esquemas. Esto te permite que cualquier personaje que tomes, cualquier historia que quieras contar sea más rica e interesante que repetir estos esquemas y modelos prefabricados. El trabajo en los canales locales es la que te llevan a plantearte hacer otras cosas. También los cambios en las tecnologías permite esto. Con una computadora y una cámara digital podes encarar un proyecto. Mi viejo tuvo que vender un departamento para conformar su productora y hoy no necesitas vender una casa para hacerlo, si aplicás bien la tecnología que tenés a mano podes llevar adelante lo que te propusiste. Se achicó la brecha económica, hay un abaratamiento de costos. En este sentido, los periodistas y técnicos que trabajan actualmente en la televisión están capacitados para encarar una construcción audiovisual diferente, sólo falta que cambien el chip en sus cabezas. Que dejen de ver en Buenos Aires esa entelequia que dice que está bien y que está mal. En Mar del Plata se pueden hacer muchas cosas, pero volvemos al problema de cómo están planteadas estas cuestiones en nuestra ciudad. En este contexto, la Ley de Servicios Audiovisuales, puede ser la herramienta para constituir una nueva identidad comunicacional local.

G: Desde que hicimos “Memorias…” hemos aprendido mucho y encontrado nuevas formas de encarar la producción. Hoy estamos filmando una historia que tiene que ver más con los DDHH. Lo que tenemos más claro ahora es lo que le queremos contar a la gente. En la historia del mundo lo que generalmente se ha contado son 3 o 4 grandes temas: la búsqueda, el amor, las transformaciones, los desencuentros, la muerte. El primer documental fue sobre un hecho político importante (su relevancia la seguimos viendo en las remeras que dicen “yo vi enterrar el ALCA” que llevan algunas agrupaciones kirchneristas). En el 2005 se le dijo que no al “Imperio”, y había sucedido en Mar del Plata; había que contar eso. La historia que queremos contar ahora, “Una por una”, es parte de la historia personal de nosotros dos pero es también una historia de búsqueda y cambio. A ver, es la historia de un familiar de Cristian que es desaparecido, pero también habla sobre el periodo actual, que también es una época de búsqueda y transformación.

¿Se plantearon la posibilidad de hacer ficción? ¿Cuáles son las limitaciones que conlleva?

G: Mirá, hay mucha discusión con respecto al documental, sobre si este muestra la realidad. En realidad refleja muy poquito y fabrica mucho más. El primer documental fue nuestra visión sobre la cumbre, y este es nuestra “invención” sobre el relato de los DDHH. Realizar ficción implica muchas otras cosas, te permite otro juego, aunque hoy no es nuestro proyecto.

C: Es mucho más costoso e implica que intervengan más personas. Pero está buena la pregunta porque es algo que falta.

Claro, Mar del Plata tiene una buena oferta teatral pero eso nunca se traslado hacia la TV.

C: Es que tiene que ver con la conformación de los canales y la cuota de pantalla que tienen pautada. Lo único que hacen es retransmitir lo que viene de Buenos. Aires. Las tiras “grosas” de “prime time” que vienen de allá, las ficciones nacionales ¿Qué puede ofrecer Mar del Plata? Necesitas una fuerte inyección de dinero y una gran apuesta a una producción marplatense. Yo no se si la ciudad esta técnicamente preparada, creo que hubo solo un intento bastante “limitado” en canal 2 (risas). Si la ley de medios se implementa como debería, los canales tendrían que elegir qué porcentaje de ese 70% se dedicaría ficción y ahí apostar a una producción local.

En ese sentido, qué potencialidades y límites ven en la nueva Ley de Medios.

C: La potencialidad es extraordinaria. Es gratificante que se haya discutido en todo el país con un sinnúmero de actores vinculados a los medios, debatiendo democráticamente qué ley se debería aprobar para contrarrestar lo que había quedado de la ley de la dictadura. Que eso se implemente correctamente abriría la posibilidad a muchas mas personas para trabajar en medios.

En esta ciudad su aplicación está bastante lejos. Sólo Canal 8 incorporó un programa matutino que reproduce el formato de uno que hace Telefé. Es casi una consecuencia de la ley, porque vos no podes poner en Mar del Plata un programa que se llame “Baires Directo” (risas). Pero no es una producción que refleje una identidad local sino que ésta se imprime sobre un producto nacional. Ahí todavía anda faltando una vuelta de tuerca. La ley abre la posibilidad de nuevos productos, pero hay que ver cuales son las pretensiones de los canales “nacionales” para permitir que eso pase. La segunda vuelta de tuerca sería que aparezcan productos genuinos de la ciudad. Pero sólo la apertura de nuevas señales va a permitir que aparezcan nuevos productos.

G: Primero, la ley permite que se potencien discusiones que se venían dando pero ahora impulsadas por el Estado. La segunda cuestión es la esperanza de que se puedan hacer otras cosas. La reproducción de contenidos y lenguajes responde a un proceso de colonización de la subjetividad y “eso” es lo que hay que quebrar. Muy poca gente no es “conservadora de cabeza”, o quiere animarse a hacer y a pensar otras cosas, y eso tiene que ver con nuestras socializaciones. Hacer cosas nuevas cuesta mucho, pero la ley te anima a hacer “locuras” (risas).

O sea que es un posible proceso de “descolonización”…

G: Exacto. Pero hay que ponerle el cuerpo, hay que ir con todo con esta ley, porque sola no te garantiza nada. Acá todo cuesta plata. Los documentales los podemos llegar a hacer a pulmón, pero una ficción ¿quién la banca? Tenés muchos puntos sin resolver. Ni siquiera está claro que quieren las diferentes agencias del Estado: cambiar los contenidos, el lenguaje, ahora, de acá a 20 años, etc. Todo eso no está claro.

 

Quizás la intención del Estado sea que surja de otros actores de la sociedad civil, pero ese proceso lleva tiempo…

G: Sí, pero además lo que hay es muchísimas mezquindades, rencillas, que hace que no se pueda juntar gente a producir cosas. Y también están los viejos actores de los medios marplatenses que no se van a quedar de brazos cruzados, van a actuar. Yo no soy muy optimista en ese sentido. Es difícil que ellos no ocupen un espacio, pero por lo menos que estén lo menos posible. No podemos eliminar aquellos productos que nosotros consideramos que no son parte de lo que debería ser la nueva comunicación. En esta disputa intervienen relaciones de fuerza, de poder, conflictos. A ver, es muy difícil que aquellos sectores no salgan victoriosos de este combate.

C: Lo vimos en Canal 10: cuando se presentó la Ley en La Plata. El canal no presentó ni 10 segundos de esa noticia, todo esto digitado por la producción del noticiero. Eso fue una censura. Y tenés hasta la misma gente que podría beneficiarse de la ley, los trabajadores de los medios, con resquemores con respecto a la aplicación de la misma. Les dan la espalda, por miedo o conformismo.

G: Cada rama gremial tiene una particularidad. Los trabajadores de TV tienen un prestigio social distinto. Son una especie de “aristocracia obrera”. Tienen un “aura social” distinta que hace que tengan una actitud diferente frente a los reclamos gremiales. También son cabezas “colonizadas”.

C: Muchos no intervienen en los conflictos dentro de los mismos medios, no se solidarizan con los reclamos de los pares. Es más, no cubren esos conflictos, como si cubrirían uno en el puerto o en otro sector.

Es que sólo un cambio en la sociedad puede llevar a “quebrar” esas subjetividades…

G: Claro, pero yo no se cuanta de la gente que está en los medios va a servir para un proyecto diferente. Hay que cambiar la cabeza, la identidad.

Pero si trasladamos el foco, ¿qué rol puede cumplir ahí lo publico?

C: Bueno, por ejemplo, está colgada la implementación del canal de la Universidad. Ya está otorgado. Hace falta la decisión política. A su vez, el “nodo” de producción de contenidos lo articula la Universidad. Si se toma aquella decisión se pueden incentivar las nuevas producciones, sin el impedimento que te pueden poner las pautas publicitarias, porque ya tenés varias cámaras que están reclamando se modifique en la ley.

G: Hay que precisar también que es lo que pasa con Radio Universidad, qué es, cual es su propósito, quién la escucha (o la tiene que escuchar).

C: Es que la Universidad sería la herramienta para canalizar la nueva oleada comunicacional en la ciudad, porque es el espacio no privado. El “nodo” es el encargado de conseguir el financiamiento para las nuevas producciones, debe gestionar y avalar los proyectos que seleccione. Es el interlocutor para gestionar y habilitar las nuevas producciones.

G: Yo agregaría dos cosas, del plano de lo práctico y de lo teórico. Primero: el tipo que maneja el nodo es el Secretario de Extensión dela Universidad, un tipo piola, pero tiene muchas tareas para resolver además de gestionar el nodo. Se necesita una persona que se dedique a hacer eso solamente. Después está en los demás potenciar la aplicación. Segundo: acá el desafío de la Universidad debería ser el nodo. Los circuitos por donde discurre el modelo comunicacional vigente es muy fuerte, muy difícil de combatir ¿Cómo intervenís entonces? Lo que te queda es “molestarlos”, interrumpiendo sus circuitos con “terrorismo simbólico”, mediático. Meterles otros contenidos, otros discursos. La Universidad tiene la “legitimidad social” para encarar este rol. Desprenderse de esta oportunidad sería muy triste. No debe desaprovechar su capital social para construir otros lenguajes, para pelear contra los poderes mediáticos de la ciudad.

 Alejandro Morea y Alejo Reclusa- De la redacción

1. Comenzado en el año 2005, en aquel entonces tras una idea original de Cecilia Palmieri y Gustavo Contreras. Y finalizado en el año 2007. Entre otras instancias fue exhibido en el marco de la 5º muestra “La Imagen del Sur”, en la ciudad de Córdoba, España. Además participó de varios festivales a nivel nacional.
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